Alrededor de FKA twigs: ¿Dirección al futuro?

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Antes de nada: ¿Alguien puede ver este vídeo sin inmutarse?

Recuerdo que antes de trascender desde YouTube hacia la realidad existía cierta unanimidad que aseguraba que aquella voz era de una norteamericana. Yo mismo caí en aquella impresión la primera vez que me topé por casualidad con “Ache” y su siniestro e impactante videoclip imaginado por Grade Ladoja (ahora, aquel inquietante visual que encabezó nuestra lista de mejores videoclips de 2012, ha sido editado acreditando también a FKA twigs como co-realizadora). Aquella voz de ángel caído, levitando dulcemente en un ambiente enrarecido, no podía venir de otro lado que de Estados Unidos: su obvio parecido a los tonos de Janet Jackson, Cassie o Aaliyah y las propiedades alucinatorias del producto en líneas generales parecían subestimar automáticamente cualquier otra procedencia.

Esa natural dirección de pensamiento esconde una suposición tan hiperreal como pudo ser en un momento la “imagen” de Twigs, ahora FKA twigs: que el futuro del R&B contemporáneo es tan solo patrimonio estadounidense, de sus grandes discográficas y de su tradición. No me imagino tratar el tema de FKA twigs, su peso en el día de hoy y potencial influencia, sin pasar por aquí en primer lugar: alguien recuerda algo de lo que ocurrió en UK desde la desaparición de Sade y hasta la aparición de Jessie Ware o toda esta nueva generación de artistas que han asimilado los códigos mercantiles, estilísticos y estéticos del terreno R&B contemporáneo mejor que nadie? Seguro que sí, pero a botepronto es complicado nombrar alguien que haya dejado huella de verdad.

Fijaos que ahora mismo el presente lleva ahora mismo un acento británico muy marcado, pero en ningún momento se nota en la particularidad fonética. Al revés, todos los artistas que podamos recordar en menos de un minuto pueden pasar perfectamente por americanos: Dev Hynes, Kwabs, Michael Kiwanuka si nos acercamos al Soul de aspecto clásico, Sampha puede recordar a una fusión entre R. Kelly y John Legend, la propia Jessie o incluso Fatima (parcialmente germinada en Londres, aunque de origen escandinavo). Claro que existen BANKS, Kelela, Solange, SZA, Kilo Kish, Phlo Finister o el proyecto The Internet, y la historia parece reñida, pero me atrevería a jurar que nadie tiene tantos ojos encima que FKA twigs. Es la carta ganadora, la pieza más pesada del puzzle (quizá Beyoncé tenga algunos más, pero ya por pura inercia).

El género, ya disuelto prácticamente entre las nuevas leyes Pop, aquellas que van redefiniéndose con mucha velocidad según las necesidades del público y el mercado de las tendencias, es un campo difícil de delimitar; proyectos válidos con más o menos inclinación R&B se encuentran en todas partes, desde nuestra pobre España hasta la colorida y rica en matices Sudáfrica, pero en nuestra realidad actual no solo cuenta la calidad o directrices de un producto, sino todo su envoltorio e impulso promocional. Recordemos que vivimos un momento en el que la globalización ha empujado al público a un virtual colapso, y que cada vez es más difícil llamar su atención.

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Todo este mecanismo entre la realidad y la hiperrealidad que interviene hoy en día como ingrediente principal a la hora de encumbrar artistas a una fama superlativa, superior a lo normal, comenzó con Michael Jackson o Madonna: como bien se apunta en un ensayo perteneciente a “Jacksonismo”, Jeremy Gilbert sostiene que “la sobrerrepresentación visual de Michael Jackson lo había privado de una de las condiciones de las que depende ser ‘real’”. También explica que “una de las cosas a la que nos referimos cuando decimos que un objeto o una persona es ‘real’ es que existe al menos un cierto límite a la cantidad de veces que podemos ver su imagen reproducida a diario”.  Básicamente, el engranaje de una figura como Jacko, al que solo un 0’004 por ciento de la gente que lo conoce ha podido estrecharle la mano en vida, llegó a tal punto que distorsionó la idea de que fuera “real”, convirtiéndolo casi en una abstracción. Su propia maquinaria acabó engulléndolo.

Por ejemplo, con Lil B ocurre algo parecido: asumimos que hay una persona y un “yo auténtico”, pero si lo pensamos friamente, es posible que tanto o más válida sea la idea de que el rapero tan solo es una ilusión existente en Internet, en Tumblr, en Instagram y en YouTube. Digamos que la rivalidad entre el “yo auténtico” y la construcción fictícia, el debate entre ambos raseros está a la orden del día e incluso llega a asimilarse con regularidad. No estoy comparando a FKA twigs con Michael Jackson o Lil B, solo faltaría, pero observo en la británica algunos detalles que probablemente aún puede controlar que pueden hacerla explotar como un nuevo estándar dentro de esta tónica, por llamarla de alguna manera. Su magnetismo natural así me hace vaticinarlo.

No quiero perderme; tenemos la asimilación de códigos en UK, un panorama que aporta la frescura necesaria para que el R&B no se haya convertido en el diván de unos lamentos andantes como son Frank Ocean o The Weeknd; tenemos un grueso de oyentes saturados a los que hay que alimentar con algo más que música o un estribillo pegadizo; tenemos la cada vez más importante presencia o personificación digital, el hecho de “no solo habitar Internet, sino dirigir las miradas de todos los que habitamos allí de manera eficaz” que ha acabado tergiversando cómo valoramos los productos (parecen haber ganado terreno los conceptos, la imagen, la ilustración y la apariencia, cualidades que normalmente se venden mucho antes que la música en sí misma).

Es como empezar la casa por el tejado, aunque con algunos matices. La clave está en que hay que generar expectación, y hay muchas formas de conseguirlo. En el caso concreto de FKA twigs, al principio y hasta su relativa explosión este 2014, existía la sensación de que estábamos ante una especie única, moderna, donde lo “moderno” es algo que rompe cánones y resulta atractiva en todos los sentidos; su imagen y rostro visual inteligente, parecía esquivar todos los arquetipos hasta el momento conocidos; una joven entre gótica y futurista, entre inocente y maligna, radicalmente transgresora a nivel estético y una actitud esquiva, que eludía cualquier objetivo y que tan solo se veía representada por un calculado encadenamiento de videoclips imponentes que acabaron por generar, junto a la música, una lógica erección multitudinaria.

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La joven británica de 25 años de edad, Tahliah Barnett, con orígenes jamaicanos y algún rastro español en su árbol genealógico, abandonó progresivamente ese estado “de culto” provocado por la poca información y lo apasionante de sus representaciones (la mayoría responsabilizadas a Jesse Kanda, una suerte de guía en lo artístico introducida en la ecuación por el propio Arca) cuando su nombre se modificó al que hoy conocemos. En aquel momento, yo mismo la postulaba como una “Grimes en negativo” y decía cosas como éstas en un artículo para la antigua PlayGround: “En FKA twigs hay dramatismo y gusto por extenderse fuera de los límites de la realidad; sus canciones tienen propiedades psicodélicas y normalmente presentan a la cantante como una presa en cautiverio, susurrando desde la oscuridad, de manera difusa; su apoyo instrumental es vanguardista y sofisticado, igual de inquietante que su personalidad”.

Luego llegó el fichaje por Young Turks y muchos, inevitablemente, pensamos: otro producto increíble cazado por la industria. Daba igual que Young Turks sea un sello más o menos modesto si lo comparamos con alguna multinacional, daba igual que “EP2″ continuara brillando por su coherencia en todos los sentidos (imagen, sonido, producción, lírica, discurso), era como si oliéramos que la joven FKA fuera a convertirse en un fenómeno internacional y, por eso, perder toda su esencia. Por uno momento no pensamos que “ese era el plan desde el principio”. Su halo underground se iba difuminando a medida que los objetivos del producto se cumplían: primero idealización, luego diferenciación y más tarde intentar no desbaratar todo con la temible irregularidad cualitativa o musical.

“Cuando la calidad del producto haya establecido la fama de la marca, la marca será la principal cualidad del producto; no su calidad”. (@HammerClumme).

Las canciones de “EP1″ y “EP2″ no presentaban muchas diferencias en cualquier caso. En la reseña para el segundo, comentábamos: “Aunque en el white label inicial y de debut poseía una magia perturbadora única, inexplicable, aquí encontramos 4 cortes excelentes y en los que FKA twigs marca mucho más sus rasgos principales. Se sigue explotando el tono ketaminoso, suspendido y de grandes propiedades etéreas, pero sin caer en la exageración; “How’s That” da inicio al timing con fraseos delicados y frágiles que chocan con la pesada producción de Arca; “Papi Pacify” sigue con la fórmula de cuasi contradicción entre la compleja, elusiva configuración instrumental y las contenidas llamadas vocales de la inglesa, que parece una presa atrapada, subyugada, en cautiverio”. 

Hacia el final de la reseña y no sin antes cuestionarme cuánto duraría la integridad de la cantante, decíamos: “Sin entrar en comparaciones, ni mencionar estilos como Trip Hop o similares concordancias, posiblemente éste sea el proyecto R&B mejor trabajado del año: canciones perfectas, de aspecto vanguardista y una relación única, no contraproducente, entre productor y cantante”.Por el momento todo correspondía y la idea de que FKA tan solo fuera una electrizante presencia a expensas de la inspiración y talento de Alejandro Ghersi aka Arca, permanecía tan solo “latente”.

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Finalizado 2013 comenzaron a surgir las voces que catalogaban a la inglesa procedente de Gloucestershire como la princesa del “avant-R&B” (una de las muchas formas de llamar al sitio en el que el género es menos convencional e inventivo, alternativo); unas voces que caminaban de la mano de una creciente inseguridad alrededor de la dama y su consistencia musical, su dependencia del decorado y las manos externas, su interpretación en directo y si realmente cumpliría en todos los ámbitos las expectativas que estaba generando. Ella, por su cuenta, se ha asegurado de afirmar que sigue con los pies en la Tierra; en una reciente entrevista para Pitchfork, comentó: “I always flirt with the idea of working with someone big and famous, but it hasn’t really happened for me yet. I’m still an underground thing”.

Es pronto para considerar a FKA twigs ni una cosa ni otra: ni un fraude más ni el absoluto futuro del R&B en el que se mirarán las nuevas generaciones. Lo que sí se observa es que casi todo en la joven parece ir ligado a la contradicción, y eso es algo muy sugerente visto desde una barrera. Como ella misma, bailarina profesional, ha relatado, pasó varios años apoyando con sus cualidades para la danza en costosos videoclips para otros artistas, incluso llegando a participar en producciones de la BBC en las que se parodiaba a Beyoncé (quién le iba a decir a Barnett que acabaría transitando un camino parecido al de la figura internacional que contribuía a “ridiculizar”), para después acabar (justo antes de enfocarse en su carrera), en la comunidad alrededor de los cabarets en Londres.

Existe un fuerte contraste entre su imagen artística lujosa, extravagante, cuidadosamente provocativa, algo altiva y su verdad personal: una chica humilde que a menudo tiene que pedir dinero para sobrevivir a su padrastro, según ha confirmado; tampoco la presión con la que tenía que lidiar FKA twigs ante la llegada de su consagración vía álbum debut estaba en consonancia con esa realidad diaria. Las aspiraciones no siempre coinciden a la misma altura que los recursos. La pregunta que me hago es: ¿Puede tenerlo todo FKA twigs? Resplandecer gracias a unos atributos perfectos (ligereza, sensualidad arrebatadora, lujuria contenida, polivalencia) y además ser la personificación del trabajo detrás de todo el decorado? Parece que sí, sino me agarro a estas frases suyas: “I love my music, so I want to produce, write, and serve my music. I’ve had to learn about EQ frequencies, and programming, and space, and clutter, and how to be a better piano or bass player, everything”.

FKA TWIGS LP1

“I love another, and thus I hate myself”. (De Sir Thomas Wyatt, utilizado como subtítulo para “LP1″).

Su “LP1″ también tiene al contraste como columna vertebral: la propia imagen de portada ya incita a la tristeza y al estupor, al mismo tiempo. La mayoría de las canciones incluidas desprenden una sexualidad relativa (“Some of the songs that people think are the most sexual are not at all to me. Like when I sing, ‘If you want to touch me you can do it with the lights on,’ that’s a metaphor for letting certain people see the different, ugly sides of you that others won’t be able to see”), el clima que se extiende bascula entre la pasividad y la agresividad, pero ella asegura que el concepto detrás del disco va más encaminado a un “malestar” desgraciadamente común a casi todas las personas: “When you love someone you give them everything, but then they turn out to be a dick, and everything gets chucked back in your face. Then you’re insecure, paranoid, and jealous, and you’re obsessed over that person”.

Y después de todo, ¿ha estado o está al nivel de las expectativas? Creemos que sí: FKA twigs ha esquivado la presión y las miradas sobre sus serpenteantes, hipnóticos movimientos con la misma agilidad que ha sabido progresar musicalmente en su disco de debut, un trabajo que a pesar de hacerla (a ella y a su voz) más presente y protagonista, sigue deslizándose de manera atrevida en otra dimensión, con respecto a sus contemporáneos. Parte de la culpa la tiene el venezolano, que aporta la enésima contradicción al conjunto: aunque el tema instrumental no es un die hard únicamente encarado por Arca, su presencia anómala, la manera en que teje esos escenarios mórbidos y dinámicos es inconfundible.

Más que avanzado, yo lo observo como un producto muy estimulante que alcanza propiedades de varios sectores, es un poliedro de varias caras que según por donde se observe puede ser tenebroso, refractante o dulcemente violento; alta tecnología aplicada al género. Pero lo que más destaca de “LP1″ no es ni “Two Weeks” y su pretenciosidad visual escrita por Nabil, tampoco es “Pendulum” y su carga masoquista, ni mucho menos son los excelentes singles “Lights On” o “Video Girl”. Lo que trasciende es el dibujo más completo de lo que muchos imaginamos debería ser la “fémina R&B” del futuro: magnética hasta su último rasgo/movimiento/gesto, frágil e intensa, estéticamente en otro nivel y unas características que sin reñir con el pasado (es más, hay algo que nos conecta con él en su voz), miran a un punto mucho más lejano.

FKA twigs es un ejemplo de cómo comenzar la construcción desde el envoltorio hacia dentro, y no errar en el intento: dosis a cuentagotas de sus indudables virtudes, acompañadas de misterio justo, un producto de calidad y un talento colectivo detrás de su portavoz. El futuro, ese que parece estar rediseñando a su imagen y semejanza, al menos en lo que al R&B/Pop se refiere, dirá definitivamente si estamos ante algo suficientemente consistente o un ensayo momentáneo que nos haya mostrado por una mirilla cómo sonarán nuestros próximos 10 años.

Frankie Pizá


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