Ensemble Economique “Melt Into Nothing”

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Brian Pyle sigue en línea ascendente con su proyecto Ensemble Economique al ir madurando una visión cada vez menos borrosa y abstracta en su música, una vertiente que incluso podría considerarse “pop” y que lo aleja del trabajo más psicótico de Starving Weirdos y del inicio de andadura que supuso Ensemble Economique en 2008. Su música ha madurado hacia un lenguaje igualmente descorazonador pese a ser una vertiente más abierta que las oscuras atmósferas de trabajos como “Psychical” o “Standing Still, Facing Forward” en 2010 hasta el desgarro de canciones teñidas de emoción como las del impresionante “Fever Logic” en 2013, un material que serpenteaba entre la magia desolada de Hood, el bucolismo de Loren Connors, Talk Talk y la característica condensación oscurantista desde los sintetizadores.

Un proceso que al ir mostrándose más abierto y definido alrededor de estructuras más reconocibles en sus composiciones, nos entregaba al mismo tiempo una mayor carga de dramatismo y desgarro, consiguiendo Pyle en este material mostrar una debilidad transparente y, al hundirnos en esas miserias nos tendía una trampa al amplificar el impacto de su música hacia niveles en los que los parámetros pop (shoegazer, atmosférico,… llámese como más guste) se mueven en una línea peliaguda y sutil.

Con su vuelta al sello alemán Denovali, después de entregar dos trabajos el año pasado como “Interval Signals” y el tremendamente recomendable “Light That Comes, Light That Goes” (realmente curiosa su versión del clásico ochentero “True”), vuelve con “Melt Into Nothing” otra portentosa muestra de sus capacidades para manejar referentes lúgubres del pop desde el shoegazing del referente manido de 4AD hasta el pop ténue de Tropic of Cancer, etc. Una definición que parece indicarnos lugares ya demasiado utilizados, pero que en el aire de fragilidad y desvanecimiento Brian Pyle consigue elaborar un discurso propio y singular, siendo capaz de integrar diferentes facetas de su obra en un complejo entramado de apariencia frágil y cristalina que nos va envolviendo en una particular catarsis y laberíntica sensación psicodélica en la deslumbrante y masajeante factura de sus seis cortes. Al igual que el clásico “Restless Idylls” de Tropic of Cancer, Dirty Beaches, Zelienople o el proyecto de Mike Connelly con Clay Rendering, estamos ante una perversión melancólica y casi romántica en la que Ensemble Economique ha vuelto a darle un punto más de lustre.

El inicio del disco es una clara muestra del por qué adjetivar sus composiciones con estos últimos adjetivos, “Your Lips Against Mine” y su perfección clásica de synth pop donde aparece una voz femenina (DenMother) entre lánguidas reverberaciones de la guitarra nos conectan con otra época tres décadas atrás en el tiempo, balanceándose en el deshielo y capturando la necesidad de escapar hacia la posibilidad de otras realidades menos trágicas. El derrumbe sigue lapidándose en “Make – Out in the GDR”, una composición donde el órgano añade ese aspecto crepuscular a una serie de grabaciones y sonidos que añaden un enfoque de banda sonora que inician un camino en el trabajo que nos va apartando de esa orilla en teoría cálida para ir alejándonos hacia un terreno apagado y tenebroso.

Con “Hey Baby”, es el momento en el que Pyle vuelve a sacarse de la manga una composición torturada entre el escuálido empuje de la percusión y la lánguida sonoridad de la guitarra que sigue abandonándose a la pasión y el pulso psicodélico, hasta construir una pieza del brillo de “Fade for Miles” que captura a la perfección buena parte de la transición en la obra de Pyle en sus cerca de diez minutos, tras una intro de dos minutos nos vuelve a dejar en el altar donde Pyle va desintegrándose en una pieza de creciente intensidad y afectación, manipulando a fuego lento las atmósferas hasta ir retorciéndolas e inducir un trance desde la rareza y fractura.

“Never Gonna Die” nos devuelve a ese cobertizo de emociones a cámara lenta que me recuerdan a Zelienople pero siempre con el factor diferencial de la capacidad de introducir extraños laberínticos y repetitivos loops percusivos de Pyle, más cercanos a la vertiente pop de Michael Morley como Gate (por ejemplo) o a Hype Williams, aunque la pasión es manifiesta cuando Pyle se deja llevar por la pasión en su interpretación vocal en una llamada agónica. El corte titular, cierra el álbum en una preciosista vuelta de tuerca similar a la de “Make – Out in the GDR” y que podría estar cercana incluso a las perversiones ambientales de Forest Swords o The Fun Years.

“Melt Into Nothing” es un disco tremendamente abierto y transparente, un refugio reconocible y agradablemente amargo, un disco en tránsito entre la duermevela y la ponzoña lúgubre, siendo muchas de estas descripciones una inprecisa definición de un disco absolutamente deslumbrante. Simple y llanamente, un disco imprescindible dentro de su discografía.

Fran Martínez


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