Nuevas sensibilidades en el Hip Hop: vuelven el amor o la tristeza por medio de la caricatura y la hiperrealidad…

i love hip hop

¿Os habéis dado cuenta de que en el mundo del Hip Hop apenas se habla ya de amor? Cualquiera observando el panorama pensaría que realmente el género no da cabida a sentimentalismos, a emociones demasiado profundas o poéticas; más bien las leyes están programadas para estándares explícitos, superficiales, tópicos y clichés a menudo vulgares que pueden contarse con los dedos de una sola mano (el matón, el putero, el drogadicto, el rico, el famoso o todo junto). No es que los arquetipos intelectualmente más cultivados hayan descendido con las ya más de cuatro décadas en las que se ha puesto el estilo, pero resulta anecdótico que las muestras de contenido “romántico” o dedicado sin prejuicios al “amor” se remonten a los primeros estadios del Hip Hop.

Llegó un momento de ruptura, a principios de los 90, con el estallido del Gangsta Rap en la West Coast y el declive de la golden age en el que ese tipo de emociones parecieron extinguirse de manera irreversible del panorama o diseño del género; las ñoñerías, el desamor y el anhelo por la mujer amada o su adulación quedaron relegadas a un R&B contemporáneo que las explotaría mejor y más en consonancia (no evitando la buena relación con algunos elementos importados del mismo Hip Hop), así como el sexo en su clave más erótica y elegante; la versión machista, barriobajera y básica por su parte está presente en casi el 90% de los raperos de hoy en día. El aspecto y normalización del Hip Hop ha vetado la entrada a cualquier tipo de romanticismo literal, que no la introspección (un recurso más común en líneas generales).

Suena lógico si nos fijamos en el presente Hip Hop o en el de sus últimos 15 años: nadie hubiera imaginado a un Gucci Mane llorando por un amor platónico, ni a N.W.A. apetecía observarlos seduciendo a chicas de forma clásica. Más bien lo que el género pedía y pide mayoritariamente es masculinidad, congenia mejor con las bases del mismo y sus rasgos (hubo otros intereses, obviamente, como ya traté aquí). Suena extraño si profundizamos un poco más: probablemente el Hip Hop, un estilo o forma de expresión nacida para el entretenimiento, la fiesta y la diversión de unas minorías, sea uno de los géneros mejor preparados para tratar “emociones”, dada la complejidad que puede adquirir lírica, mensaje y decorado instrumental.

A voluntad o no, el Hip Hop se ha convertido en el estilo más dado a las caricaturas, a la banalización, el abaratamiento y a la exageración; puede ser combativo, sí; puede ser crítico, sí; puede ser inteligente, sí; puede ser locuaz, ágil, rebelde, también, pero normalmente y en su amplia mayoría es simple y predecible. Es tremendista decirlo, pero si echamos la vista atrás para buscar las muestras románticas que nos regaló el Hip Hop, casi todas las que podamos analizar llegaron con algo de carga “irónica”; como si el MC estuviera bromeando con aquello de enamorarse de una mujer, como si no fuera posible caer en las garras de una fémina siendo tan promiscuo, fuerte y poderoso. Es lo que parcialmente trascendió en su día cuando LL Cool J editó “I Need Love”, una de las primeras baladas Hip Hop después de “The Lover In You” de Sugarhill Gang y que dividió temporalmente a sus fans y contemporáneos.

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“A voluntad o no, el Hip Hop se ha convertido en el estilo más dado a las caricaturas, a la banalización, el abaratamiento y a la exageración; puede ser combativo, sí; puede ser crítico, sí; puede ser inteligente, sí; puede ser locuaz, ágil, rebelde, también, pero normalmente y en su amplia mayoría es simple y predecible”.

El famoso videoclip ligado a la canción, una absoluta obra maestra (editada en 1987, inspirada en el “Zoraida’s Heartbeat”, con la percusión puesta por la TR-808 y los tonos de piano a base de Yamaha DX7) y de las últimas demostraciones “sesudas” de que el amor no estaba reñido con el Hip Hop, evidenciaba a partes iguales algo de absurdez implícita (sobre todo en el mood susurrante cuasi-postizo del que se sirvió el rapero) y las contradicciones/problemáticas que la fama podía acarrear (Michael Jackson ya lo hizo en 1983 con su famoso “Billie Jean”, otro mágico single en el que se reflexiona sobre la exposición).

Cuidado no malinterpretar ni confundir: antes y después de LL Cool J ha habido sonadas muestras de temática amorosa dentro del género, pero apenas han ocurrido como anécdotas. Tenemos a Big Daddy Kane con “Smooth Operator”, Slick Rick con el fundamental “Teenage Love”, Whodini y su “One Love”, Eric B & Rakim con “Mahogany”, “Brown Skin Lady” del dúo Black Star, el clásico “Bonita Applebum” de ATCQ o “The Light” de Common son algunos ejemplos clave de que esa “intención” nunca se ha diluido por completo. Joder, hasta Diddy tiene un single en el que clama “I Need A Girl”; más tarde irrumpiría Drake en escena, para cambiarlo progresivamente todo. El canadiense describía a su mujer ideal en aquel “Best I Ever Had” y de paso, estrechaba con su polivalencia las líneas estilísticas del R&B, el Pop y el Hip Hop. (¿Habéis visto? No pasa nada si no nombramos a Kanye West, todo sigue igual).

Las emociones esenciales y más “humanas” se sirven a cuentagotas en el entorno Hip Hop, predominando retratos de afroamericanos agresivos, gángsters de medio pelo, adolescentes problemáticos gustosos de vandalismo, onanismo o gusto por lo estrafalario acercándose a lo enfermizo, el cuadro de joven intimista criado en un contexto difícil que surge victorioso gracias a su talento y creatividad. Son pocas las excepciones que rompen con lo normal (también hay emcees “normales”, no son todo personajes de cómic), pero cada vez más: el rabioso anárquico o contrariado de manera desmesurada con su realidad social y digital (Death Grips), el pueblerino honesto que intenta transmitir positividad desde su posición presumiblemente secundaria (Pepperboy, Alpoko Don, etc) o el místico espiritualmente adelantado que manda lecciones de sabiduría entre sus versos con una clase despiadada (Ka).

El positivismo se abre paso en el Hip Hop.

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“La repercusión de Lil B podrá medirse y palparse 20 años después de que lanzara su primer based freestyle en MySpace. Algunos aún se echaran las manos a la cabeza y gritarán ofuscados ante tal afirmación, y es a ese tipo de sujetos con poca perspectiva a los que les invito a ver al MC californiano no como un simple rapero, de técnica horrible y temática inconsistente, sino más bien como un concepto en sí mismo”.

El color dominante es el oscuro, y no por la raza: la negatividad cubre el Hip Hop desde que algunos tenemos uso de razón y para encontrar buenas vibraciones hay que buscarlas muy a fondo o recurrir a Jurassic 5, OutKast y proyectos de ese tipo; siempre el daño, la crueldad, la auto-defensa, la locura, el ego, la calle y la sombra, de Company Flow a Dr. Octagon pasando por Nas o Roc Marciano. El positivismo todavía es contracultural hoy y más dentro de un género encadenado a las injusticias perpetradas en el asfalto, un sector en el que se hacía difícil sacar la cabeza proclamando verdades insulsas y tirando a surrealistas, impartir juicios simples y perder el rictus serio hasta que llegó Brandon McCartney a escena.

(Anexo: el Bop, joven movimiento germinado en Chicago, también ha sido determinante para la instalación del buen ánimo en el género, funcionando como la antítesis de la carga negativa de la escena drill).

La repercusión de Lil B podrá medirse y palparse 20 años después de que lanzara su primer based freestyle en MySpace. Seguro. Algunos aún se echaran las manos a la cabeza y gritarán ofuscados ante tal afirmación, y es a ese tipo de sujetos con poca perspectiva a los que les invito a ver al MC californiano no como un simple rapero, de técnica horrible y temática inconsistente, sino más bien como un concepto en sí mismo. El “Dios baseado” puede ser considerado perfectamente un artista conceptual una vez consideramos su influencia multi-plataforma y nos damos cuenta de que no hay figura más coherente en relación con su entorno y ninguna que haya roto desinteresadamente más convencionalismos en esto del Hip Hop.

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¿Por qué debemos observar a un chiflado vulgar como Lil B, que versa sobre el cuidado de sus mascotas, su dolor de espalda o predica citas motivadoras que invitan a la reflexión superficial como un “artista” de peso? Vamos a intentar explicarlo, a grades rasgos: 1) Lil B ejemplifica como ningún otro la fórmula irreal del “cantidad es calidad” en nuestro presente de consumo frenético, en el que la rapidez de reacción y creación valen más o llegan mejor que la precaución y cocina a fuego lento.

2) Fue el primer rapero en abrazar Internet como su casa y no únicamente como una herramienta de distribución; Lil B ha entrado en simbiosis total con la red y su ritmo de publicación es parecido al de cualquier TL en Twitter; su presencia se diversifica entre Tumblr, Instagram, Facebook, memes de todo tipo y YouTube, plataforma de la que fue también pionero, instruyendo a muchos sobre cómo sacarle el verdadero jugo con perseverancia y periodicidad.

3) Lil B se ha convertido no en un invitado de Internet, sino en parte de Internet: en una ocasión afirmó que su adicción no es realmente rapear o subir al escenario, sino “la red” y todo lo que conlleva y le regala, apuntando cosas como “tengo mi mundo de fantasía en el que todas las chicas me aman y se hacen fotos con mi nombre inscrito en su cuerpo”. Lil B no existe fuera de Internet, solo tiene sentido dentro, como si de un Neo se tratara. De hecho podríamos incluso preguntarnos si existe de verdad: su sobrerepresentación a todos los niveles y en diferentes variantes (gifs, vídeos, fotos, audios) no asegura que Lil B no sea una construcción fictícia, una abstracción de nuestros días. Pensemos que todavía no ha ni debutado oficialmente y sus conciertos se cuentan con los dedos de dos manos.

4) La total ruptura de convencionalismos y vía de escape que ha supuesto para esquivar el conservadurismo Rap; en una zona como la West Coast, influenciada de manera determinante por la tendencia Gangsta Rap/G-Funk, sorprender con un buen humor que sobrepasa lo excéntrico, reírse de sí mismo de manera absurda y proclamar el amor universal o la ideología “Based” (“ser uno mismo”, “estar bien contigo mismo y tu alrededor”) era, al menos en el año 2009/2010, tirando a temerario. Lil B es un terrorista benevolente del Hip Hop: ha buscado ofender deliberadamente auto-proclamándose gay, celebridad, princesa y deidad antes que ningún otro, comprendiendo que la polémica no es maligna, sino que significa “más atención”.

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“Lil B no existe fuera de Internet, solo tiene sentido dentro, como si de un Neo se tratara. De hecho podríamos incluso preguntarnos si existe de verdad: su sobrerepresentación a todos los niveles y en diferentes variantes (gifs, vídeos, fotos, audios) no asegura que Lil B no sea una construcción fictícia, una abstracción de nuestros días”.

5) A pesar de su resonancia sin igual, ha evitado por ahora la corriente principal. Ha trascendido la viralidad o cualquier campaña de márketing programada para ser multidisciplinar y llegar a todos los públicos: sus fans son una legión, una guerrilla dispuesta a hacer lo que sea por Lil B y por defenderle. De la Task Force ya hablé en su día en este artículo, rescatando frases de fanáticos del MC como “before I got into Lil B, I was super uptight” (Emmett Tyler):

“Existen fans que leen contínuamente sus enseñanzas, transmiten su ideología via redes sociales, le mandan mensajes buscando consejo para problemas sentimentales o existenciales, miembros activos de la comunidad BasedWorld que encuentran el amor o grandes amistades compartiendo ese requisito común: la admiración por Lil B. Son pocos los artistas que pueden vacilar o presumir de tal fidelidad y repercusión. Lil B representa algo así como un anti-artista, una figura enlazada con la música pero que ha perdido toda la conexión con ella, siendo ésta un simple complemento de algo mucho más grande y que crece a cada segundo. Una persona que no necesita promoción, ya que miles y miles de células interconectadas y repartidas por todo el mundo ya se encargan de eso. Lil B lo único que tiene que hacer es seguir predicando con su mensaje: “hacer felices a los demás”.

6) Su mixtape “Rain In England” podría considerarse uno de los inicios del movimiento cloud-Rap/Ambient Rap que infectó mayoritariamente el subterráneo del género a principio de la década; Lil B demostró no solo un exquisito oído para los instrumentales y los beatmakers (dando la alternativa a Mike Volpe aka Clams Casino), también y para diferenciarse encaró bases o estructuras frecuentemente desechadas por otros raperos.

7) Es el típico individuo de la clase que desencadena odio entre sus compañeros de aula pero al que todos acaban imitando. Ese amor enmascarado que todos hemos sentido alguna vez. Y qué cojones: ¿Quién no ha intentado practicar el “cooking dance” alguna vez repitiendo “swag” de manera compulsiva? Todo eso se lo debemos a él.

post-BasedWorld

Introducing ILoveMakonnen

“No solo el modelo absurdo y promocionalmente válido de Lil B es ya un estándar, también lo son sus gestos y particular expresividad”.

Es evidente que el paso de Lil B ha dejado un camino que seguir, o más bien un huerto que cuidar a otros artistas jóvenes y nuevas generaciones. Su sinónimo blanco es RiFF RAFF, un personaje de comedia, ignorante, con acento sureño y dudosas dotes para la lírica que ha conseguido, al igual que Brandon, crear un universo paralelo alrededor de sus ropas extravagantes, su vocabulario y tendencia al exhibicionismo vía redes sociales, tipo Vine o Instagram. Es un producto, es una pantomima, pero de nuevo células como RiFF RAFF son capaces de llegar más al grueso de la población que un rapper con el ceño fruncido, por la facilidad que tiene cualquiera de sentirse identificado con su conducta. Es gracioso, hace reír.

Es una caricatura, dentro de un género dado a ellas de manera irremediable. Teatro para amasar fans que se dejan llevar por la inercia, con el menor esfuerzo y mínimos méritos posibles. No solo el modelo absurdo y promocionalmente válido de Lil B es ya un estándar, también lo son sus gestos y particular expresividad: mirad a ILoveMakonnen danzar distendido y dejándose llevar por la gravedad y no me digáis que no observáis un nuevo prototipo de Lil B. El joven de Atlanta es una anomalía en un terreno violento y en el que abundan otro tipo de clichés callejeros; su entonación provoca ternura y gracia, su aspecto vulnerable, casi de bufón, aporta confianza; reflexiona sobre ansiedades adolescentes y las tristezas del día a día en su barrio, pero nunca desde una posición de “enfado”, más bien de júbilo y entendimiento.

Hay una evidente pasión por el presente que sirve de denominador común: desde Lil B, RiFF RAFF a ILoveMakonnen o el movimiento Sad Boys, todos se observan influenciados por los problemas y vicisitudes del ahora, evitando no solo cualquier forma de revivalismo, sino centrándose en emociones y sentimientos que comulgan con la actualidad. Es ahora cuando aparece el término “emo”, frecuentemente utilizado para describir esta nueva estela de jóvenes afligidos y que tienden a exagerar rozando la comicidad o la broma con esa “tristeza” latente y que no se corresponde con una “tristeza clásica” (provocada por circunstancias vitales comunes), sino que parece coincidir con un “lamento generacional” o “desesperanza colectiva”.

“Los gángsters también lloran”.

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Entre otras cosas, el personaje de Tony Soprano sirvió para desmontar el diseño romántico del gángster, el dibujado por “El Padrino” o posteriormente filmes como “Godfellas” o “Scarface”: el traje de sastre había desaparecido y el código de conducta disuelto entre lonchas de embutido siciliano, el matón hortera adicto a su propio producto también y todos esos perfiles habían dado paso a un mafioso igualmente resuelto con sus tareas pero internamente, en la sombra, atormentado y deprimido por no poder lidiar con las cuestiones más cotidianas, como críar a su hijo, soportar a su madre o contentar a su mujer.

Un gángster con ataques de pánico, visitando a una terapeuta y abriendo su corazón; un Soprano en contínuo debate con su apariencia, deber y emociones más antiguas; un ejemplo de criminalidad, peligro, desprendiéndose de su careta y mostrándonos su verdadera persona; un personaje aristotélico capaz de llevar el mundo a su espalda y no rechistar, porque su imagen debe transmitir una seguridad implacable. Tony es probablemente la mejor representación imaginable de lo que ocurre hoy en día en el Hip Hop y las nuevas sensibilidades más acorde con nuestros días que poco a poco se van abriendo paso.

Raperos con lágrima fácil, representación del lloriqueo en arquetipos no ligados con actos que transmitan debilidad, caras rudas dejándose llevar por las emociones sin vergüenza ni filtros, sollozando y aplicando un dramatismo cuasi falso como alternativa. En cierta manera es una manera directa de romper con lo establecido: si el problemático criado en las calles había perdido ya credibilidad ante los ojos de la mayoría, era hora de sustituirlo por el adolescente con déficit de atención, atormentado, presionado y sucumbido por todas las posibilidades que la sociedad pone a su servicio.

Sad Boys, Yung Lean y su particular exotismo.

SAD BOYS

“Un chico sueco, joven y aún en el instituto, exageradamente blanco y que de manera descarada falsifica el tipo de actitud que ha aprendido desde joven sentado delante del ordenador, combinándolo con las pasiones de su edad: vestido como un negrata, pañuelo en la frente y rebozado en imaginería virtual, rostros de Pikachu, vasos de corcho con codeína, referencias infantiles, manga y escenarios ultra-coloridos que parecen generados a partir del estado mental que genera la bebida Monster”.

En cualquier caso los Sad Boys no parecen asfixiarse en su propio llanto, que digamos. Responden a la sobre-estimulación a la que nos condena la sociedad actual beneficiándose de ella y navegando entre un refrito de rasgos culturales de los que se apropian de manera indebida. Son conscientes de la globalización, el spam, los engranajes de las grandes marcas y el surtido de modelos de conducta que conducen nuestra civilización, pero no rechazan esa realidad, a diferencia de Death Grips (por ejemplo), sino que deciden utilizarla como parte de su propia personalidad, una amalgama de gestos, sensibilidades y técnicas aprendidas por imitación.

Un chico sueco, joven y aún en el instituto, exageradamente blanco y que de manera descarada falsifica el tipo de actitud que ha aprendido desde joven sentado delante del ordenador, combinándolo con las pasiones de su edad: vestido como un negrata, pañuelo en la frente y rebozado en imaginería virtual, rostros de Pikachu, vasos de corcho con codeína, referencias infantiles, manga y escenarios ultra-coloridos que parecen generados a partir del estado mental que genera la bebida Monster: la exaltación, la cafeína, el azúcar representado en cucharadas equivalentes a una lata de esa pócima artificial y adictiva. Es un diccionario de emoticonos viviente. Es un emoticono.

La fórmula es exótica, donde el exotismo es entendido como una “rareza, algo fuera de lo normal” y que rompe estereotipos. La sensación al ver a ese chico joven escandinavo disfrazado de negro y divagando entre cultura popular con sus frases y gestos se parece a buen seguro a la que recorrió el cuerpo de las personas que observaron a un pequeño Michael Jackson interpretar a capela el éxito “I’ll Be There” no habiendo llegado ni a la pubertad; la sensación se divide entre extrañeza y asombro, igual que cuando nuestros antepasados oyeron por primera vez el torrente de voz de Joselito en uno de sus filmes en blanco y negro. Ese tipo de choque o confrontación también interviene a la hora de valorar a Yung Lean, líder de los Sad Boys en Estocolmo y guía de una comunidad que no para de extenderse a través de los conductos digitales.

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Su movimiento es apasionante por varias razones: 1) No hay donde posicionarlos todavía, son una brecha outsider aún por comprender en su totalidad. Tan solo existe unanimidad a la hora de ligarlos con los daños colaterales del cloud-Rap y la creciente sensibilidad “emo”. 2) A pesar de ser forasteros jugando a unos códigos que solo conocen de oídas, no sería descabellado catalogarlos como el siguiente nivel después de la irrupción de Odd Future y su renovación de lo que entendíamos por “crew” (ellos adaptaron el modelo que se quedó en Wu-Tang Clan, incorporando frescor, Punk, rebeldía, vandalismo y hormonas adolescentes en contacto con mucho talento natural).

3) Su deje satírico, surrealista, provoca que piense en una nueva versión de la ecuación “blanco quiere ser negro”, ya que parecen tomárselo a la ligera, banalizando lo que una década antes Eminem se tomaba muy en serio. Imagina a Malcolm X (quién antes de adentrarse en la Nación del Islam se alisaba el pelo para parecerse a sus modelos blancos) observando atentamente un show de Yung Lean y te darás cuenta de hasta qué punto los roles se han invertido. 4) El desconcierto que producen parece su centro de gravedad; basta observar las inverosímiles, variadas descripciones que la presencia y música de Yung Lean provoca, recogidas en este curioso artículo por el blog de Jeff Weiss (mi personal favorita, por servir como síntesis básica: “Rapping about being sad and depressed over gigantic dreamy beats”).

A veces me detengo y pienso que quizá no solo Lil B o las necesidades expresivas del presente vital han sido los causantes de esta nueva tendencia a impregnar Rap de ironía, tristeza y exageración: quizá la luminosa época cloud-Rap, con sus rasgos extraídos del Ambient, el New Age y el Downtempo, con artistas clave como Clams Casino, Main Attrakionz o Friendzone, han llegado en cierta manera a afectar el ánimo del género, abandonando su naturaleza puramente instrumental para mutar en un diseño completo, que implique también mensaje y versos. Es irremediable, quiero decir, conectar esos puntos y considerar a Yung Lean y algunos de sus contemporáneos como una nueva etapa de aquello que comenzó con singles como “I’m God”.

Little Pain (también conocido como Conan O’Cryin) o por ejemplo Prada Mane son algunos continuístas negros del patrón Yung Lean: aquí la pauta se vuelve a revolcar y tenemos a dos jóvenes afroamericanos tratando de seguir una postura “transgresora” iniciada o al menos explotada por un blanco europeo que a su vez ingiere conducta y rasgos del rapero estándar afroamericano; escogen beats de aspecto parecido, tienen a Suicideyear como principal autoridad instrumental y se dan buenos empachos de auto-tune a voluntad, facturando mixtapes y proyectos al mismo nivel pero sin la tendencia hiperreal que Yung Lean adopta a conciencia. (donde la hiperrealidad es ese escenario en el que ya no existen cosas reales o su representación, sino solo simulacros de ellas).

PXXR GVNG: son pobres, esponjas pobres.

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“Ellos están tristes también, pero hay una diferencia: están orgullosos de ser pobres y de vivir entre adversidades que, como ciudadanos, no podemos controlar”.

Yung Beef aka Lana del Rey se puede observar como nombre de usuario del joven rapero en YouTube. No hay nada a su alrededor que me ayude más a sintetizar la naturaleza de la nueva comunidad creativa nacida en el ambiente de clase baja española como es el PXXR GVNG: son esponjas que han sabido absorber los efluvios y tendencias más interesantes venidos de Estados Unidos y hacerlos también suyos. Ese tipo de descontextualización de un elemento Pop o célebre también se observa en Lil B, el primer emcee capaz de decir que era “Paris Hilton”, “Miley Cyrus” o vacilar a un jugador de la NBA como Kevin Durant.

Yo mismo narraba sobre el germen del PXXR GVNG o los Kefta Boys a finales de 2013: “Adentrémonos en la calle, en las zonas más desprotegidas y en consecuencia, en el caldo de cultivo generado por Internet; aunque la mayoría de los protagonistas inciden en que “no hacen Trap”, lo cierto es que 2013 ha dibujado una pequeña escena de Rap callejero y (quizá por casualidad) con la vista puesta en la ciencia Brick Squad, una serie de jóvenes que a pesar de no sentirse plenamente identificados con la estética street de Atlanta o drill en Chicago, coinciden anecdóticamente con el sonido más barato, intrigante y macarra de los Gucci, Young Scooter o Chief Keef”.

“Lo cierto es que es complicado arbitrar la cuestión y el plantel de promesas como D. Gomez, CECILIO G., Jay Smuzz, Kefta Boyz, Pawn Gang, SRGIO MALAKAY, Etre Supreme, Young Beef o Steve Lean se perfilan más como un producto generado por varios afluentes que por algo conciso; la imaginería entre gótica y bizarra de los LIL UGLY MANE o el RVIDXR KLVN, la tradición G en España, la estupenda multiculturalidad sonora encontrada en nuestra geografía y, en efecto, la cadencia amenazante programada por el maestro originador Lex Luger”.

Comenzaron su andadura ejercitando el código street Rap/dirty south y las estructuras Trap, más tarde decoraron su discurso con imaginería gótica como el RVIDXR KLVN y en última instancia han asumido cierta normalización, haciendo más evidente la identificación con la problemática social, económica y política de nuestro país y cogiendo prestadas algunas cosas del movimiento Sad Boys. Ellos están tristes también, pero hay una diferencia: están orgullosos de ser pobres y de vivir entre adversidades que, como ciudadanos, no podemos controlar.

los gangsters también lloran

“Resulta interesante lo que proponen estos cuatro gatos, ya que combina a la perfección con el sentimiento de inseguridad generalizado en nuestra geografía; desconfianza, ascenso de la criminalidad, recortes sociales, desilusión y decadencia son lamentablemente el mejor contexto para estas propuestas”.

Siguen creciendo; D. Gómez y Yung Beef (quién clama en su Twitter cosas tan reales como “SI NOAN SUFRIO PENASSS NO PUEDEN SABER CANTARRR”, “LA MAFIA DEL AMOR” o “MUSICA POBRE”) son junto al productor Steve Lean las puntas de lanza y los que mayor cantidad de miradas reciben, no viéndose intimidados en ningún momento por los focos y maximizando su ritmo de trabajo; mixtapes, colaboraciones, vídeos caseros, acciones en YouTube y una “vida plena, activa” en redes sociales caminan en paralelo a su evolución musical, la que últimamente ha incorporado apasionantes acentos venidos del terreno latino, el Dancehall o el Reggaeton, de gran presencia (no lo olvidemos) en España.

Ellos son claramente el nuevo horizonte en una anticuada industria Rap en España: dominan el juego y condiciones virtuales, corresponden con las necesidades cada vez más altas de los usuarios y al igual que Lil B o los Sad Boys, no evitan el presente ni añoran el pasado. Lo estético y las coincidencias de tonalidad o decorado son secundarias: la clave de su importancia y la de los demás sujetos tratados aquí está en la crucial incorporación de nuevas sensibilidades en el Hip Hop, algunas no transitadas y otras completamente olvidadas por los estereotipos que se han alzado con la victoria en los últimos 20 años de su historia.

Frankie Pizá


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