Powell “Club Music”

powell-5.8.2014

Está lo genuino, y después lo inimitable. A bordo de ese adjetivo o característica deberíamos encontrar pocos sujetos o nombres, si nuestro oído no nos falla en el análisis contextual: Actress, Burial, Aphex Twin, Onoehtrix Point Never y pocos más me vienen a mi a la cabeza así, rápidamente. Oscar Powell lleva tiempo ganándose un puesto en esa escueta lista con un pulso moderado pero maníaco: es desde sus tímidos inicios un proyecto del que no existe sinónimo y uno de esos pocos que consigue moldear el ecosistema a su favor (basta observar el desarrollo de su sello, Diagonal, en paralelo al de su discurso, que a pesar de lo que algunos creían, no le cuesta encontrar otras propuestas “parejas”). Es abrupto, seco, áspero y sus composiciones son accidentadas: muchos de sus planteamientos parecen mateduras de pata realizadas a drede, un típico “no quería poner eso ahí”. Son lineales y díscolas al mismo tiempo, agresivas y contenidas, disciplina luchando a mamporros contra la indisciplina.

Después de dos remezclas de sublime virulencia para Silent Servant o Ike Yard, el británico firma “Club Music”, su estamento más inspirado desde “Body Music”, hasta esta semana el último EP que lanzó en su propio sello: aunque sus contribuciones a Liberation Technologies (“Fizz”) y a The Death Of The Rave (“Untitled”) han seguido la línea y conservando propiedades, en esta colección de tres cortes originales Powell despliega todo su sarcasmo y rebeldía, aplicado directamente a lo que todos entendemos por “estructuras convencionales”, ya sean rítmicas o melódicas. Ruido, rasgados de guitarra de aires no-wave, pulsos solitarios, Jungle, cazos, metales, beats encrespados, post-Punk, golpes bajos inesperados pero sobre todo una manera de juntarlo todo que deja a cualquiera mirando al suelo.

En este caso la creencia de “el estilo es la ausencia de él” vendría muy bien, aunque matizado; Powell recurre a elementos desnudos la mayoría, ya sea ruido, ráfagas electrónicas oxidades o baterías sencillas, pero su virtud (o locura) está en el punto de vista a la hora de armar todo en una “composición”; “So We Went Electric” no tiene patrón fijo y cuando creemos que lo hay, Powell lo desestabiliza; un fluido electrónico enfermo y un ritmo mínimamente mecánico es a lo único que nos podemos agarrar, ya que todo lo demás llega sin previo aviso, a bocajarro, jugando con el contraste sucio y repentino, como el que realiza cualquier tarea en el último momento.

“No U Turn” es más de lo mismo, aunque se reconocen más elementos “básicos”; una protuberante línea de bajo, una batería rockera y unas cajas dispuestas para amplificar la sequedad natural del corte; todo son en definitva golpes, puñetazos, una ristra de jabs de izquierda en línea recta. La ecuación crece con “Maniac”, corte que introduce al señor Russell Haswell a lomos de una TB-303, aplicando un leve texturizado lisérgico al acabado, pero no restando al fin y al cabo protagonismo al autor, Powell, que ésta vez sí parece llegar a su cenit: sobre un ritmo que parece desmembrarse a cada compás decide aderezar con unos motivos de guitarra eléctrica totalmente fuera de sentido, unas voces escupidas, un saxo histérico que aparece sin motivo y unos pellizcos analógicos que hacen todavía más difícil mantener la lógica. Probablemente, el cierre de este EP sea lo más apasionante lanzado durante este 2014, a todos los niveles: une a Tuxedomoon con Pan Sonic y tendrás un ápice de lo que Powell pretende ser, un individual sin rival en su surrealista dirección creativa.

Frankie Pizá


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