I Bop: El nuevo furor en las calles de Chicago…

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“I jack, I ball, I bop, I flex”. (DJ Nate).

El Yang recibe al Ying: El Bop surge en Chicago como antónimo de la escena drill

Chicago lideró en 2012 el índice de homicidios registrados en todo Estados Unidos, con más de 500. Hoy en día, la windy city y principal foco de actividad en el estado de Illinois, estaría fuera de la lista negra que dicta y alerta sobre las ciudades más peligrosas del terreno: allí seguiríamos encontrando a Baltimore, Memphis, Milawaukee, Gary o Filadelfia, incluso Oklahoma City o Houston antes de divisar a Chicago, que consiguió mermar su récord de criminalidad y mala fama el curso pasado, descendiéndolo drásticamente hasta un nivel que no se veía desde 1972, según explicaban en Fox News a comienzos de este 2014.

La realidad en Chicago acaparó portadas y la atención de los principales tabloides o medios de comunicación entre la segunda mitad de 2012 y comienzo de 2013, principalmente por los más de 40 homicidios sucedidos y registrados en Enero de ese curso, y la preocupante acentuación de la muerte de menores de edad, como el estudiante Hadiya Pendleton, de 15 años de edad y que fue asesinado cerca de la antigua casa de Barack Obama, activista por el beneficio de la comunidad en el South Side a partir del ecuador de los 80.

Fuera de los datos o estadísticas, Chicago se ejemplificaba en ese período temporal como uno de los sitios menos recomendables para pasar una temporada en Estados Unidos y, una única localización para que comenzara a generarse la típica mitología maligna que siempre acompaña a estos dudosos honores de encabezar listas de este tipo. Anecdóticamente o mejor, directamente relacionados, la escena street Rap en la ciudad, conocida con la denominación macabra de drill (en muchas referencias, Chicago pasaba a llamarse irónicamente Chiraq e Illinois recibía su modificación hasta convertirse en el menos amistoso Drillinois), ascendía y protagonizaba su momento de más holgura justo en el punto de inflexión que desencadenaba la tormentosa oleada de homicidios en la urbe. En ese momento, aparecía por ejemplo “Finally Rich” de Chief Keef, joven y problemático líder de los Glory Boyz.

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Esencialmente, la escena drill a la que nos referimos y que ha conseguido no solo cierta repercusión en el negocio Hip Hop (también reputación), bebe de la estela callejera de mecas como Atlanta o Memphis, siendo la primera la más próxima en cuanto a características sonoras y temáticas: de las enseñanzas de Gucci Mane, Lex Luger o similares recogieron inspiración una troupe de jóvenes dispuestos a emular aquel sonido volcando en su ADN la problemática real del presente en Chicago, como si de una representación o ilustración del clima de violencia, agresividad y tensión perpétua se tratara.

De la opresión nace la creación, dicen: acompañados de un ambiente turbio, homicidios, armas y un acentuado nihilismo y negatividad, Chief Keek, Lil Durk, King Louie o el arquitecto Young Chop se referían coloquialmente a su comunidad con el nombre de drill, de traducción literal “taladro” y que viene a ser un término sinónimo de asesinato que oiremos a pie de calle. Drill no es Trap, aunque ciertamente se parecen como si de parientes cercanos se tratara; la diferenciación principal es geográfica y en cuanto a contexto (además de que uno sería contemporáneo del otro), siendo o al menos pareciendo exponencialmente más radical el caldo de cultivo drill si lo comparamos con la etapa dorada del Rap en Atlanta, debido principalmente a mencionada epidemia de crimen y sucesos, que han aportado un valor añadido de realidad y empatía por parte de los espectadores e incluso víctimas de esa espiral de violencia.

Tanto ha ascendido la comunidad en un año y medio que prácticamente ha monopolizado la atención musical hacia la ciudad y los contratos millonarios han volado, se han ido sucediendo con poquísimo margen de tiempo: precisamente es la enorme conexión con el contexto de la ciudad y su coherencia junto al imperante clima de Chicago lo que ha acelerado el nivel de popularidad de la escena, llegando a este punto del presente totalmente sobresaturada de imitaciones, artistas y melodías entre inquietantes y agresivas. Digamos que se ha acabado redundando de manera irremediable. Aunque eso no quiero decir ni mucho menos que haya pasado la euforia; de hecho, es ahora cuando comienzan a publicarse documentales explicativos sobre el drill y sus principales protagonistas, acercando aún más al mundo ese núcleo radical que ha conseguido empatizar tanto con las minorías más desfavorecidas como con la élite de la industria.

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La variada y florida gráfica de estilos con representación fuerte en Chicago también ha ayudado: como hemos comentado en más de una ocasión, el despunte en terreno vanguardista y concretamente en la escene electrónica europea del Footwork y la degeneración desde el Juke han contribuido a enfatizar aún más la atención hacia Chicago. El R&B de la ciudad, los exponentes ubicados en Chigeria o activos aislados como Brenmar, Supreme Cuts o THE-DRUM han acabado por completar el cuadro, realmente apasionante y con ese matiz radicalmente futurista impregnando toda la pintura. Por no hablar de agentes libres como Mick Jenkins, el embajador Soul-Trap MC Tree, la versátil Tink (en principio, sin ninguna conexión con Sasha Go Hard o Katie Got Bandz, ladies sí integradas a la comunidad)  o el colectivo SaveMoney, del que se descuelgan Vic Mensa, Caleb James o el gran Chance The Rapper, otra voz autorizada a pesar de su juventud.

Paralelamente al ascenso de la redundancia en la escena drill, su rápido crecimiento popular e identificación de sus activos de más peso, Chicago ha ido rebajando dramáticamente su mala fama, al menos sobre el papel: después de una segunda mitad de 2013 limpia y con buenos números en cuanto a sucesos, la ciudad del viento ya no es la postal de criminalidad y terror que creíamos sería durante varios años. No quiere decir que el temor haya descendido, y que la problemática en una de las zonas más segregadas de Estados Unidos haya desaparecido, pero la abundante amenaza de Chief Keef y de sus letras, la poca esperanza que transmitían algunas manifestaciones, ya no es tan pura como antes. Existe algo de artificio que ha viciado toda la comunidad y, de manera inevitable, una temática más ilusionante, fresca y por qué no decirlo, frívola, comienza a llamar a la puerta y a sacar la cabeza de la alcantarilla.

I Bop

Como el ying y el yang, en Chicago aparece el Bop, o más bien Bopping: el primer rastro que llegó de la estética puramente enfocada a la danza en un principio fue dentro del vídeo para “My Niggaz” (éxito extraído de la aclamada “Drilluminati” de King Louie y una producción visual de DGainz aka Duane Gaines), donde observábamos a un joven bailar en plena calle prácticamente en cuclillas, moviendo sus brazos y rozando rodillas y codos de forma inexplicablemente adictiva. El portador de ese fluido estilo de baile y protagonista inesperado del videoclip es Travon Biggs, Kemo, o Lil Kemo, conocido en el West Side de Chicago como “The King of Bop” y que tan solo cuenta con 18 años de edad: uniendo el frenetismo psicótico del Footwork, acrobacias o pasos que remiten al R&B y cierta extravagancia (hay quienes encuentran conexión con el legendario cooking dance de Lil B) encontramos el bopping, una tendencia que se ha extendido dentro de la zona local únicamente utilizando Youtube y que tiene sus orígenes o primer registro histórico en la década de los 50 y principios de los 60 en la misma Chicago, según se apunta en Steppers Express.

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Entre la experimentación y la apropiación en el terreno de la danza, el bopping surge como la última invención callejera en Chicago y la perfecta confrontación entre Hip Hop, R&B y música Dance, orientada al club: además y como principal particularidad, el Bop es el antónimo del drill, una genérica en crecimiento donde no hay oportunidad para la negatividad ni la lírica pesada, todo es desengrasante, sencillo, colorido y el tono amenazante desaparece, para ser sustituido por una felicidad que roza lo cursi, hortera e incluso lo patético en ocasiones. El Bop es una explícita fusión de Hip Hop, la más edulcorada rama del Trap en Atlanta (auto-tune a tope, con Future como principal maestro y Rich Homie Quan como contemporáneo más observado) y el choque con el Dance.

El #bopping ha necesitado tan solo un verano con plena actividad en YouTube para instalarse completamente en las calles de la ciudad: fiestas locales, patios de instituto, niños, adolescentes y veteranos bailan al son del Bop en Chicago, utilizando al principio una banda sonora nada cuidada y casi improvisada, que ha ido perfilándose y puliéndose de manera específica con el transcurso y crecimiento de la tendencia. Éxitos como “All I Know” de Stunt Taylor, “It’s Foreign” de Shawty Doo o, principalmente “Fiesta” del dúo Sicko Mobb son ahora considerados como los primeros clásicos del Bop. Todos están estrechamente conectados con el drill, al menos en tema de estructura; en cualquier caso, el optimismo (melodías simples, estridentes, sonrientes), vacile y pretensiones nada conceptuales (únicamente buscan el entretenimiento, servir de apoyo para el baile, nada que se asemeje a trascender, así que no esperamos líricas profundas) acaban por diferenciarles en el poso dejado.

Artistas como Breezy Montana, Sicko Mobb, Shawty Doo, Lil Tay, Trilla, Stunt Taylor, grupos como M.I.C (Lil Chris, el de “Bop Like Me”, Mikey Dollaz y I.L Will) y el productor Leekeleek como homólogo de Young Chop en la tendencia, empezaron a enviar sus composiciones y singles a Kemo para que él pudiera interpretar y perfeccionar el baile y seguir colgando sus vídeos en YouTube y, posteriormente, que tuvieran su sitio en Wala Cam, el website especialmente centrado en los avances en cuanto a tendencia de baile en Chicago controlado por Wala Williams, portal que figuró como la puerta de entrada al conocimiento del Footwork por parte de la audiencia europea. Kemo suele colaborar con el segundo activo principal del Bop, el tejano Daryon Simmons aka DLow (creador del llamado DLow Shuffle, colgaron su primer vídeo juntos en Mayo del 2013).

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Dentro del Bop, y después del origen localizado en Kemo y su creatividad, hay tres nombres clave que se han encargado de hacer resonar cada vez con más fuerza y fuera de Chicago a la tendencia: son DJ Nate, los mencionados Sicko Mobb y el DJ  de radio DJ Moondawg. El primero, Nathan Clark, es contra pronóstico, uno de los primeros links que indirectamente conocimos (y valoramos negativamente) del Bop: después de aparecer en 2010 como uno de los nombres más prometedores del Juke en Chicago, con su debut en Planet Mu (“Da Trak Genious”), DJ Nate cambió de registro inesperadamente con su mixtape “Flexx Washington”, en la que abrazaba el auto-tune exagerado y el R&B como crooner decidido. Fue visto desde aquí un movimiento inexplicable, pero con cada vez más información sobre el Bop, hemos ido atando los cabos: el single “Gucci Goggles” se convirtió en otro clásico de los inicios del Bop en 2013 y acaparó las listas de éxitos locales.

Los segundos, Sicko Mobb, tienen ya un contrato multi-millonario con Sony/ATV: “Fiesta” (palabra clave en el Bopping, a menudo también modificada como la suerte de apodo coloquial “FeFe” y que es la principal abreviatura para referirse a una de esas reuniones festivas en las que se procede a practicar el bop, una de esas celebraciones en las que se ha desarrollado el estilo), “Zoom Zoom” o “Young Heavy” son ya ejemplos básicos: modulaciones vocales extremas, que coquetean con lo alienígena y un tono entre romántico y simpático, han acabado por ser las mejores cartas de presentación para el bopping y las características de su banda sonora.

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DJ Moondawg por su parte, es el autor y curator de la primera recopilación o conjunto que da existencia palpable al bop: “We Invented The Bop” llegó a los principales servicios de expansión de mixtapes y material gratuito a finales de Enero, consiguiendo en poco tiempo una recepción universal. Gracias a la compilación, de 13 cortes, el Bop está en boca de todos como el siguiente nivel en la historia musical urbana de Chicago. Aunque ya conocemos los mecanismos inherentes de Internet y la globalización para hacer que una pequeña tendencia local en Chicago se expanda como un virus por medio mundo, asombra de nuevo la rapidez con la que este tipo de subidas y bajadas drásticas van acorde con el contexto social de la zona donde emergen y, en última instancia, cómo suelen ir anidadas a cierto estado de ánimo.

El Bop es júbilo, emoción, celebración, agilidad, un estilo que presenta en equilibrio hipervitaminado una patente hibridación electrónica, R&B, Hip Hop y gracias a sus orígenes como danza, lo enfoca prácticamente todo a la pista de baile. En cualquier caso, lo que más sigue sorprendiendo es el particular contraste con la todavía corriente principal en el Hip Hop de la ciudad; donde el drill es negro, el Bop es blanco, donde uno es decadencia, violencia y mal rollo, otro burbujea, salpica de regocijo y entusiasmo. Sorprende principalmente por una peculiaridad: uno es la posible degeneración de otro y ambos se han casi solapado en el tiempo.

Frankie Pizá


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