Psicodelia digital: De Hecker a Lorenzo Senni por la vía rápida…

LorenzoSenni_640x420

“It’s deeply hypnotic, sort of the audio equivalent of a pipe smoking hobby”.

Probablemente nadie se acuerde, a no ser que la experiencia fuera totalmente trascendente por circunstancias especiales, de la primera vez que comió unos huevos fritos. Al contrario, todos recordamos con más o menos detalle, el momento en que entramos en un club por nuestro propio pie, e incluso la vez que comenzamos a experimentar con alguna droga, legal o ilegal. Las sustancias estupefacientes tienen ganado un sitio en nuestros cerebros, un espacio que han ganado a base de regularidad o de impacto súbito, según a quién se le pregunte: normalmente la experiencia no varía demasiado, oscilando entre la incitación o simulación de estados psíquicos alterados, ya sea de euforia, trance o relajación. Según el colocón y el contexto acompañante, nuestro recuerdo es amargo, insípido, orgásmico o terrible.

“Estos tíos están jugando con nuestra cabeza”. Es lo que en cierto momento de 2008, escuché de la boca de uno de mis cercanos cuando, inesperadamente (todo sea dicho) confluimos más de cuatro personas en el mismo cuarto escuchando a un volumen aceptable “Sun Pandämonium”, segundo álbum para eMego de Florian Hecker, el triturador digital de Augsburg. En aquel presente ni mucho menos me preocupaba el procedimiento detrás de cualquiera de este tipo de obras, tan solo recibía algo de mi atención la forma y el contexto: recuerdo que encontré la brecha que me llevaría al nombre y material de Hecker a través de “Satanstornade”, una de las anomalías más extrañamente adictivas jamás publicadas por Warp y que había sido concebida por Russell Haswell y Masami Akita (Merzbow). Tenía un número de referencia satánico (666) y fotos de navajas, cuchillos expuestos en la portada y contraportada.

pan 15 web_a

Aquello era daño cerebral, recuerdo que pensé cuando la segunda o tercera reproducción se alargaba: me sentía entre repugnado y abrumado, era mi primer choque consciente con la disciplina Noise y los sonidos digitales extremos. Aquel vómito continuo de frecuencias saturadas, rotas, accidentes y capas de basura sonora alteraron mi percepción como años después lo haría aquel micropunto que un buen amigo sirvió en nuestras manos primerizas un frío día de invierno. Me forzaba a escucharlo, tenía ganas de conocer, de explorar y sobre todo, de entender aquella concepción, aquel maltrato desmesurado que entonces tan solo me resultaba incómodo.

Lejos de sentirme apasionado por el contenido sonoro, recuerdo que me fijé indirectamente y de manera totalmente natural en cómo actuó éste y otros discos en mi cuerpo: ante una escucha continuada de ejemplos como “Acid In The Style Of David Tudor” (Hecker, 2009), la sensación de letargo, de suspensión, la sensación de estar flotando en el colchón que te mantiene y que el techo cada vez está más lejos, acaba convirtiéndose en un bloqueo sensitivo, una catarsis de extraña naturaleza que te acaba sumergiendo al completo en aquella terrible sucesión de fases, ciclos y abruptos cambios de tono.

Años después descubrí la existencia de la “droga digital”, “droga auditiva” o “e-drug”, con la que me sentía, automáticamente, muy identificado: una vez leído un fragmento en un blog perdido, que hablaba de algunos tipos comercializados directamente en Internet, sus efectos y proceso de utilización, pensé en que yo ya había probado aquello, y me lo había facilitado un sello discográfico ubicado en Viena. Entonces me vino a la cabeza aquella tarde, en la que después de aquel tímido trance, cualquiera podría haberme arrancado los recuerdos o secretos más profundos posados en mi agujero mental con tan solo un poco de palabrería.

heckerhaswell

Aunque nunca han supuesto un problema (al menos aquí, en cambio en China no pueden decir lo contrario), y ni mucho menos se ha pensado en ilegalizar el consumo o distribución de las drogas auditivas, sí hubo cierta resonancia internacional ante el estallido de la práctica en 2010/2011. Creo que la manera de tomarlas o exponerse a ellas no ha cambiado hoy en día: se trata de latidos binaurales, secuencias distintas de sonidos programadas para cada oído que actúan de manera concreta en el cerebro, estimulándolo de diferentes formas e incluso pudiendo emular o imitar drogas conocidas, como la ingesta de cocaína (euforia, excitación), la marihuana (relajación, alucinación) o el LSD (hipersensibilidad).

Suelen ser paquetes disponibles en archivos comprimidos y que se deben “ingerir” en sesiones de 15, 30 o hasta 40 minutos: zumbidos, ruidos, tonos, va variando según el efecto que queramos conseguir. No generan adicción y no hace falta que te muevas de tu habitación. Y en teoría, no hay efectos secundarios. Esto último es lo que realmente ha determinado que nunca hayamos notado que las “e-drugs” hayan trascendido más de lo usual y en lo que incidí una vez me topé con “Proper Headshrinker”, álbum lanzado por el dúo EVOL (Roc Jiménez de Cisneros y Stephen Sharp) el pasado año vía eMego. Ahora tengo mucho menos tiempo para degustar este tipo de obras y observar los efectos que tienen en el receptor, suministradas a un volumen alto y en plenitud de condiciones, pero eso no me evitó pensar “¿qué pasaría si llegara a reproducir estos 10 cortes seguidos durante horas? Al momento imaginé algún antiguo interrogatorio del KGB, en los que trataban a los acusados con grabaciones de cerdos gritando.

No me refiero al sufirmiento que pudiera provocar en el oyente, sino sencillamente qué estado alterado podría generar una exposición exagerada a tal producto sonoro, que podríamos conectar obviamente con Hecker o Russell Haswell bajo el cobijo de aquello que llegó a llamarse “Computer Hardcore”. Ellos, prefieren llamarlo “computer music for hooligans”: el proceso de EVOL es el de la “Rave synthesis”, que consiste en el desmontaje de los rasgos sonoros de dicha cultura y la posterior re-construcción en diferentes formas, todas poco ortodoxas. Patrones a menudo con algo en común, que nosotros mismos ya hemos asimilado, dispuestos al revés o de una manera que no imaginábamos: desnudos, simples, con desarrollos simples, cíclicos, mínimos cambios, deformaciones de fase sutiles y alteración prácticamente imperceptible de tonos característicos del hoover sound o de ritmos básicos. Ellos se refieren a menudo a la técnica con un término adquirido como es el homeomorfismo, que viene a ser una “deformación continuada”.

roc

“Creo que no tiene mucho sentido repetir por repetir, por nostalgia en el mal sentido de la palabra. Isabelle Stengers lo llama “reclamar el pasado”, que no es resucitar una tradición, sino reactivarla. A mi lo que me interesa es coger las cosas que me atraen del pasado, desmontarlas, coger las partes que quiero y llevarlas a un lugar completamente distinto, porque en su contexto original no llegaron a desarrollarse de ese modo. No porque estén mal, sino porque en ese contexto las cosas fueron como fueron”.

“Me interesa mucho desmontar cosas y ver cómo se pueden reconstruir, llevarlas a un terreno totalmente diferente. Por ejemplo, este último año hemos estado haciendo cosas que no solamente beben de la música de baile en cuanto a sonidos o referentes, sino que además utilizan estructuras como patrones rítmicos muy claros. Pero aún así es fácil llevarlo a un terreno distinto: si rompes cierta periodicidad y ciertas normas, aunque sea rítmico, enseguida te vas a otro lugar. Y eso es súper poderoso porque todavía confunde más. Los elementos y la estructura están ahí, pero algo no es del todo familiar, y esa es la idea”…

Eran palabras del propio Cisneros en una reciente charla con Arnau Sala, artista experimental barcelonés. A pesar de que parte del tratamiento o el concepto está dirigido a someter sonidos a una programación poco natural o una descontextualización, la sensación del oyente es la de estar escuchando una de las formas más “puras” de música electrónica, en el sentido más literal de la palabra. Con mínimos elementos, trabajados desde una posición oblicua, algo retorcida y abandonándonos a merced de la repetición, podemos adentrarnos en una experiencia auditiva que roza lo psicodélico y, según nuestra propia sugestión, que ésta se vea más o menos amplificada.

A diferencia de EVOL, el antes mencionado Florian Hecker juega con la manipulación de rasgos 100% artificiales y sin ningún aditivo que nos conecte con el pasado. Centrándonos en la que quizá sea su obra más impactante a niveles de “experiencia auditiva”, “Acid In The Style Of David Tudor”, y aconsejando que la susodicha se consuma con un equipo de sonido al nivel de la misma, observaremos como alrededor de las piezas creadas con la combinación de un computador analógico Comdyna y el modular Buchla nuestro catálogo de sensaciones es realmente ecléctico. Desde el estrés a la angustia pasando por momentos de extraña hipnosis, provocada por esos complejos arreglos y la imprevisibilidad de su choque con el oyente.

eMEGO094_Cover_21FEB_RZ.indd

La imaginación y desnaturalización con la que Hecker procesa y modifica es tan intensa, que una immersión completa puede deparar cambios en nuestra percepción para siempre. Si la reproducción es completa y llegamos a enfrentarnos a “Ten”, el corte final que simula una dosis binaural esculpida en 3D y que es capaz de abrasar cualquier cerebro como una tortura china, ya no obviaremos nunca más las propiedades psicodélicas y alucinatorias que este tipo de productos “académicos” pueden llegar a contener. De todos los nombres que aparecerán en este artículo, Hecker es sin duda la pieza más desbocada y en cierta manera, malévola: su planteamiento cuadra precisamente con lo que se quiere dar a entender, anteponiendo la experiencia provocada por el diseño de sonido a la composición o la forma del mismo.

Del CSIRAC al Fairlight llegando a los lenguajes de programación musical como Max/MSP, la síntesis en tiempo real de SuperCollider o la manipulación generada por algoritmos, de nombres como el de John Chowning, Gordon Mumma a Pluramon (Marcus Schmickler), Mika Vainio o el propio Robert Henke (Monolake, Imabalance Music), la música electrónica generada por ordenador es una rama tan amplia que posiblemente tengamos que colgarle la etiqueta de inabarcable. En cualquier caso, enfocando al presente y en proyectos que proponen experiencias auditivas altamente preparadas para alterar nuestra psique, centraremos ahora nuestra mirada en activos experimentales que, con una idiosincrasia propia, consiguen que su trabajo se pueda contemplar desde un punto de vista técnico, compositivo y en función del impacto que pueda causar su colisión con nuestras neuronas.

Escuchando, por ejemplo, “Dunno”, uno de los primeros trabajos conocidos del artista italiano Lorenzo Senni y que fue lanzado en 2010 vía su propio sello Presto!?, podemos observar un fuerte paralelismo con el trabajo en la década de los 70 de Chowning, principalmente con composiciones tímidamente ebrias y de desarrollos impredecibles como “Turenas”: Senni programa convulsiones digitales extremas y de quiebros viscerales que absorben para después deconstruir los rasgos Rave, aplicándoles un tratamiento altamente sofisticado y tecnológico, desnaturalizando así su concepción originalmente austera, barata, chapucera. Este planteamiento cambió relativamente en “Quantum Jelly”, debut en eMego en el que se dispuso a, como EVOL, aislar la parte más característica de la disciplina Trance (sus arpegios y evoluciones melódicas) para presentarlas desnudas y más estilizadas, para así poder apreciar mejor el arquetipo básico.

Gábor Lázár

En cierta manera, Senni conecta mejor con otros deconstructores de la memoria club como son Lee Gamble, de nuevo EVOL o Mark Fell: así como el británico responsable de Sensate Focus o SND se centra en las imprevisibles ecuaciones y cambios rítmicos para dar la vuelta a convencionalismos que van desde el House al Techno, Lorenzo incide en la luminosidad cegadora de las melodías del Trance de los 90, la progresión de acordes Dance y la delgadez, fluidez inherente del sonido, trasladando todo a una cámara de experimentación refrigerada e introduciéndoles propiedades aerodinámicas, preparándolas para su exposición en una suerte de museo futurista.

Siguiendo en la línea de la síntesis, la reducción de alta definición y la experiencia auditiva que además de provocar mayor o menor desconcierto en el espectador, re-programe leyes sonoras ya escritas dándoles directamente media vuelta, el húngaro Gábor Lázár, fundador de la compañía experimental Last Foundation en Budapest, es el siguiente artefacto que debemos intentar comprender; un sonido que se basa en el automatismo a base de algoritmos y los cambios generados de manera aleatoria, modificando una sola nota y provocando un efecto entre confuso y turbador en el espectador, que ve como baterías, sonidos o un tejido de pequeños drops fluyen sin sincronía o compenetración, propulsados por una fuerza intangible. Ya lo puso en práctica en su pasado “Split” junto a Russell Haswell (editado por su propio sello en cassette) y lo ha perfeccionado para “ILS”, lanzamiento impulsado por la marca dirigida por Lorenzo Senni, Presto!?

De la nota de prensa de “ILS”, destaca esta frase: “There’s a level of comfort in hearing the same note pushed and pulled in different directions”. Es una apreciación realmente interesante y verdadera: el planteamiento, por naturaleza limitado, empuja al oyente a agudizar la atención y observar las distintas vías y destinos que puede adquirir un simple sonido, amplificando de paso su percepción sensorial. Sumergirse en las ráfagas rítmicas propuestas por el húngaro me recuerda en parte a algunos trabajo del británico Russell Haswell, otro nombre de indudable referencia si vamos en esta dirección.

dunno_front

Aunque recientemente está ocupándose de explorar el factor más físico de su personalidad con proyectos como el de Concrete Fence junto a Regis, “37 Minutes Workout” (que marcará su debut en Diagonal) asoma como una nueva obra maestra en la que el veterano optará por incidir casi completamente en la teoría y modificación rítmica; cortes 100% basados en la percusión analógica y que someterán a ese elemento a la degradación accidental y sorpresiva, nunca progresiva. En esta síntesis con gran apego por la improvisación (en algunas de las piezas hay coléricos cambios de ritmo y ráfagas de terrible saturación, seguidas de tramos asombrosamente delgados y minimalistas) encontraremos señales que nos conectarán con lo propuesto por Ron Morelli en “Spit” (una suerte de Gherkin Jerks curtido en metralla) o por el mismo Gábor Lázár, por aquello del elemento único.

Haswell es también autor de una de esas “multi-sensory experiences” que sirven de hilo conductor en este texto: “ACID nO!se Synthesis” fue lanzado también por eMego en 2011, acompañado de instrucciones para disfrutar en plenitud de la audición. 17 formas de onda con su correspondiente oscilograma y que varían entre los pocos segundos de duración a los más de 10 minutos; las piezas más largas suelen ser las que mayor quemazón e intensidad llevan implementada, provocando incomodidad y trance en el oyente cuando la escucha es continuada. Señales únicas aisladas y maltratadas, dobladas, distorsionadas y retorcidas con agresividad y un componente que se repite en casi todos los casos: la imprevisibilidad.

Hacia el final de este artículo no puedo evitar pensar en aquellas leyendas urbanas o, a veces, realidad, que apuntaban a mensajes satánicos en algún álbum de Death Metal del más violento y turbio, una lo reproducías al revés. Al igual que ciertas personas probaron o seguirán probando suerte en busca de ese tipo de mensajes del maligno, es probable que si no nos exponemos al completo a escuchas como las recomendadas indirectamente en este texto nunca lleguemos a saber de las posibilidades que traen en sus entrañas. Aunque todo depende de la predisposición de cada oyente, no podemos obviar que existen productos que, totalmente desencadenados de su contexto histórico, pueden pasar por auténticas drogas digitales.

Frankie Pizá


Contenido relacionado:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>