Sobre la TR-808 y “Sexual Healing”: 12 sonidos que trascendieron su época…

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Aprovechando la llamada de revisión del mítico hardware Roland TR-808 por parte de la compañía, la caja de ritmos más influyente, enfocamos tímidamente sobre la intrahistoria de “Sexual Healing”, último brillo de un Marvin Gaye que cambió para siempre la manera de percibir aquellos 12 sonidos…

“On his coffee table was an avant-garde, French sadomasochistic book, full of cartoon drawings of women who were sexually brutalized”.

Por aquel entonces, Marvin Gaye se encontraba ubicado en Bélgica, concretamente en Ostend; ya con dos tormentosas relaciones a sus espaldas, habiendo dejado Motown después de 20 años de fructuosa trayectoria no exenta de desavenencias con el conflictivo daddy Berry Gordy Jr. y sumergido en su catálogo de adicciones, el cantante y compositor pretendía utilizar unos meses de anonimato y reserva para dar forma al que iba a ser su primer álbum con otra discográfica que no fuera el pequeño gigante nacido en Detroit.

Obviamente resentido creativamente hablando y percibiendo él y su entorno una curva descendente desde “I Want You” (con los fascinantes, subjetivos, aunque incomprendidos en su día “Here, My Dear” y “In Our Lifetime” como últimos pasajes en Tamla), Gaye quería imprimir nuevas variantes a su sonido, fijándose poderosamente en el sonido Island (Sly Dunbar, Robbie Shakespeare, etc) y dejándose llevar por el impacto inmediato que tuvo en él el Reggae contemporáneo descubierto en su estancia en Londres, poco antes de trasladarse a los Países Bajos (anteriormente también residió en Hawaii). Su estancia en la zona fue gratificante y determinante para su inmediato y dramático futuro (de hecho, un biopic centrado en la etapa, también titulado “Sexual Healing”, se está preparando).

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No está claro, a pesar del detallado pasaje en la completa biografía “Divided Soul” (incluida en nuestra lista de esenciales “Letras Musicales”) sobre aquel final de 1981. En aquel preciso momento, el periodista y escritor David Ritz (autor de, entre otras, las biografías de B.B. King, Ray Charles, Aretha Franklin, Smokey Robinson, Jerry Wexler o Etta James) se encontraba visitando a Gaye en su apartamento alquilado, proporcionado por el empresario belga Freddy Cousaert (quien le ofreció dinero, facilidades y medios para que el artista pudiera redirigir su carrera), dispuesto a tener largas conversaciones y entrevistas a nivel personal; Gaye estaba literalmente recluido en aquel hogar postizo, junto a sus músicos de confianza Gordon Banks y Odell Brown, quienes buscaron la manera de dar un satinado caribeño a alguno de los singles que compondrían “Midnight Love”.

Ritz consiguió esquivar la prohibición de que ningún periodista o crítico podría visitar a Gaye en su estancia en Bélgica, encontrándose al músico navegando entre cómics sadomasoquistas y otras publicaciones relacionadas con el sexo. Como adecuado consejo, el escritor recomendó a Gaye una “cura sexual”:

“He knew the track had potential. On his coffee table was an avant-garde, French sadomasochistic book, full of cartoon drawings of women who were sexually brutalized. I told Marvin, ‘This is sick. What you need is sexual healing, being in love with one woman, where sex and love are joined instead of sexual perversity.’ Marvin liked the concept of sexual healing, so he asked me to write lyrics to go with this concept”. –David Ritz.

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A pesar de que Gaye solo dedicó un “gracias” a David Ritz en los créditos de aquel “Midnight Love” (literalmente, escribió: “Thank You to David Ritz, whose brilliant literary mind created the title ‘Sexual Healing”), la realidad se había desarrollado en otra dirección; según el autor, él mismo escribió la letra de aquel blockbuster premiado con Grammy como si de un poema se tratara, en no más de media hora: “I wrote most of the lyrics, including all of the verses and the chorus lyric, and Marvin wrote the melody and the bridge lyric. I wrote the lyrics like a poem, and the entire lyric was finished in about 30 minutes. Marvin immediately loved the song, and he thought it would be a hit. He said, ‘This is what I’ve been looking for’“.

Al no observar su nombre como co-autor de la letra, Ritz comenzó un largo recorrido hasta conseguir su justa recompensa ante el éxito del comeback single de Marvin Gaye; aquel conflicto se extendió y coincidió con el terrible ocaso del cantante como persona y artista, acelerado por su vuelta al clima negativo y repleto de malas vibraciones que iba a encontrar en Estados Unidos, a su vuelta de Europa después de pasar 3 positivos, tranquilos años en Bélgica.

Mientras Gaye se desmoronaba, acentuaba su dependencia con las drogas y aumentaba su “paranoia”, Ritz reclamaba sin éxito (al parecer, Gaye le ofreció inicialmente algo de dinero, para después justificar la acción con un difuso comentario que apuntaba a sus “obligaciones contractuales” con CBS) su derecho a aparecer como co-creador de aquella determinante canción: “His dramatic decline coincided with me wanting to get my money and song credit. I had no choice but to approach him and ask, ‘When will I get my writer credit and money?’ He was having a long and torturous breakdown. As a result of his state of paranoia, he perceived me as an adversary”. Más tarde y en perspectiva, la sensación es que “Sexual Healing” pudo ser el último brillo de creatividad y sinceridad de una estrella condenada a ahogarse en el mal camino; algo amplificado claramente por su muerte en horribles circunstancias el 1 de Abril de 1984.

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“What you need is sexual healing, being in love with one woman, where sex and love are joined instead of sexual perversity”.

Harvey Fuqua, mentor y productor de confianza de Gaye y de otros de aquella generación, fue el encargado de dar forma final al track (de hecho, los susurros del principio fueron grabados por él y no por Marvin) y al álbum al completo, que contó con un excelente plantel de músicos y todas las comodidades ofrecidas por el Studio Katy en Bélgica; el conjunto ofrece apuntes transgresores con respecto a la anterior carrera de Gaye, como por ejemplo las notas de sintetizador tocadas por el propio cantante en “‘Til Tomorrow” o, como más popular matiz, la presencia de la Roland TR-808 en la base y armazón de “Sexual Healing”.

La máquina, probablemente la caja de ritmos programable más famosa de la década y de todos los tiempos (Roland la lanzó sin demasiadas expectativas unos meses después de que saliera al mercado la no menos famosa Linn LM-1), jugó un papel crucial en la elaboración de la canción; anteriormente se había rastreado su presencia en alguna composición de la Yellow Magic Orchestra o del propio Ryuichi Sakamoto, aunque nunca se la había divisado a ella y a su percusión explícitamente artificial, inconfundibles handclaps o poderoso bass drum en terreno remarcadamente “Pop”. No sería descabellado apuntar a que el patrón rítmico de “Sexual Healing” rivalizaría en importancia con el de “Planet Rock”, el influyente éxito de Afrika Bambaataa & The Soulsonic Force, que fundía la experimentación de Arthur Baker con la mitificada máquina con diferentes rasgos “prestados” de Kraftwerk o Babe Ruth.

La Roland TR-808 cambió el transcurso de la producción musical en la década de los 80 y concretamente provocó un irremediable impacto en el género Hip Hop, R&B y Dance; sus características aportaron autosuficiencia compositiva al usuario, un fácil manejo y un precio asequible para la calle; su secuenciador interno y su posibilidad de “disparar triggers” la convirtió en una máquina determinante para, por ejemplo, toda la primera generación de productores de Chicago, Detroit (Cybotron) o todo el caldo de cultivo Electro radicado en las costas de Estados Unidos (desde el Miami Bass a Egyptian Lover pasando por todo el espectro G-Funk).

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Marc Piñol explicaba así su importancia en un reciente artículo coral publicado por esta misma casa: “Me gustan mucho las cajas de ritmo de Roland. Por su sonido definitorio, su secuenciador interno y sus capacidades de conexión a otros cacharros, algo que muchas otras cajas de hoy en día no tienen. Y es que no son sólo cajas de ritmos per se, si no que la función de disparar triggers desde el secuenciador interno las convierte en un aparato esencial y extrañamente menospreciado (probablemente por el hecho de ser un tanto esotérico). De hecho, los trigger son tan esenciales que, sin ellos, gran parte del house de Chicago o de la obra de Aphex Twin ni siquiera existiría”.

Pero no nos desviemos: “Sexual Healing” y su estructura de percusión fluida y seductora marcaron el porvenir de toda una generación de productores: desde Kashif, Loose Ends, Keith Sweat (con su paralelismo más revelador en el hit “Make It Last Forever” de 1987 o su tardío “Twisted” en 1996, este último sampleando el propio “Sexual Healing”) a Glenn Jones (su éxito “We’ve Only Just Begun” comienza prácticamente idéntico), muchos fueron los arquitectos R&B que se apropiaron de aquella erótica, sensual forma de slow-jam, pensando en ese tipo de percusión espaciosa y cálida como uno de los factores clave de muchos de sus singles; a raíz de aquella pasión por la utilización de este tipo de hardware y maquinaria en el terreno, en muy poco a tiempo se fueron sucediendo los progresos y mutaciones estilísticas, llegando al New Jack Swing de Teddy Riley y compañía o el ya mencionado House o Garage con focos en Nueva York y Chicago. La 808 se introdujo de manera irrefrenable y no solo como un matizado particularmente característico en la industria musical, sino siendo el primer equipo o instrumento electrónico capaz de servir de denominador común entre un gran abanico de géneros.

Aunque Sly Stone o Prince habían ya experimentado ampliamente con otras formas de caja de ritmos primigenias, ningún otro modelo ha consguido unificar en la misma conversación a Charanjit Singh, Newcleus, los Beastie Boys o Talking Heads, observándose además una importante ristra de cualidades que le ha aportado durante décadas el aura mitológica prácticamente inagotable: sus rasgos técnicos (alabados de manera unánime y que la convierten en una pieza de ingeniería sin sinónimos, aún hoy en día), aspecto y limitación inherente de sus únicos 12 sonidos (bass drum, snare drum, tom, conga, rimshot, claves, handclap, maracas, cowbell, cymbal, open hi-hat, closed hi-hat), enlazados con la virtud de impulsar de manera definitiva la transición entre el proceso de composición clásico y el proceso tecnológico en el que hoy se ha convertido.

Frankie Pizá


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