¿Qué esperamos en 2014? Tips para encarar el nuevo curso musical…

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Empieza el desmadre, como diría Fran Martínez. Las retrospectivas mirando a 2013 se han acabado y toca encarar un nuevo curso musical que se prevé intenso, igual o más activo que el anterior y a buen seguro capaz de desquiciarnos por momentos. Bien, dispuestos a sonreír un momento ante la próxima avalancha de material, noticias y otras acciones, proponemos unos cuantos tips, deseos o peticiones al supremo, cosas o acontecimientos que nos gustaría experimentar o que nos gustaría que no pasaran. Unas sencillas y otras más complejas, otras apuntando a disyuntivas morales difíciles de solucionar y otras totalmente subjetivas. Ojalá se cumplan algunas, aunque tenemos poca o ninguna esperanza.

No acabar odiando a OutKast

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No han esperado ni a que salgamos del modo vacacional, han sido inclementes y todo apunta a que será un año marcado por el regreso, forzado o no, de una dupla enormemente mitificada en muchos círculos. OutKast son un proyecto de culto, “Southernplayalisticadillacmuzik” es aún para muchos el link que conectó la esencia G-Funk, el dirty south consumido por aquel entonces (1994) a toneladas en East Point (el instituto de Atlanta donde se conocieron André 3000 y Big Boi) y elementos tradicionales de la tradición afroamericana, como el Jazz o incluso el Spoken Word.

La pregunta sería: puede una campaña promocional gigante de la que ya estamos oyendo sus primeros pasos y balbuceos acabar con el prestigio del dúo de un plumazo? Primero es el Coachella, luego será el Primavera Sound, o el Sónar Festival, hasta completar los más de 40 festivales que pretenden pisar los veteranos. Ya se oyen los primeros rumores de regreso creativo: un nuevo álbum traerá consigo un adelanto de single, un rumor orientado a los créditos de producción, adelantos multiplataforma y, posiblemente, el infierno sobre la Tierra. Aunque opten por el modelo Beyoncé, aquello de soltarlo de una tacada para pillar a contrapié, el daño será el mismo.

El deseo de volver a ver a OutKast encima de un escenario, volver a oír del proyecto (bien, mal, regular) o estrecharles la mano en algún backstage es lícito, lógico y normal. No lo es tanto la creencia de algunos sectores de la industria de que maniobras de desgaste como las que se prevén en este caso sean beneficiosas para artistas y su legado. No creo que sea por dinero, vamos.

Que el subterráneo de la escena electrónica se congele…

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Se congele, sí. No como un fotograma, ojo. Que bajemos a temperatura bajo cero. Definitivamente parece que el futuro electrónico en términos de innovación y rotura de estructuras, segmentos y acciones predeterminadas pasa por el desarrollo no solo anecdótico de la anomalía más interesante aparecida en los últimos tres años: el conocido como “glacial sound”, “neo Grime” o “sub zero Grime”. Ya hemos hablado de él (primero aquí, luego ahí): es alienígena, minimalista, fino y muy líquido, marcado por una exuberancia melódica sin igual y una gran sensibilidad apocalíptica. Lo practican Logos, Visionist, Filter Dread, Rabit, Lotic y otros jóvenes como Murlo, SD Laika o la pareja Inkke & Finn en mayor o menor medida.

Aunque el Grime en sí mismo ya es una deformación bastarda y sucia, ésta estética consigue aportarle un brillo y misticismo únicos, tan solo insinuados por Zomby en su más reciente etapa (la que implica a “Dedication” y “With Love”); además del aspecto más lujoso, el género de las 8 barras consigue un valor añadido en cuanto a higiene y elegancia. Se trata de una reducción casi comparable a las de la alta cocina: en ocasiones tan solo quedan las ráfagas melódicas y notas entre tristes, inquietantes y amenazantes, con todo el armazón evaporado. Desde aquí aconsejo seguir muy al detalle a los integrantes de esta escena virtual, ya que probablemente ellos sean los causantes de las mejores noticias electrónicas del año.

Esperamos que lo de la retirada de Actress sea una ilusión…

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Si Darren J. Cunningham no hubiera lanzado palabra alguna sobre el objetivo detrás de “Ghettoville”, quizá lo hubiéramos percibido. El nuevo, según el londinense su último álbum largo como Actress, podría haber resultado del todo premonitorio: más nocivo, enfermizo y mortuorio que nunca, el cadáver de Actress parece andar a duras penas entre la niebla y la distopia urbana, casi como un zombi urgando y olfateando el que será uno de sus últimos bocados. Lejos de ser el más importante documento del británico, “Ghettoville” sí es el documento que mejor le define y culmina la (como el mismo lo llama) “imagen” de Actress.

De acabar, mejor acabar así: planteando en la misma y compacta narración sonora una vuelta a tus orígenes y a su vez una ilustración completa de lo que el proyecto viene a significar, tanto para ti como para los que han intentado comprenderlo durante años. Porque la música electrónica necesita más artistas y no tantos productores, porque aunque suene a tópico, necesitamos más proyectos que de verdad cuenten algo y sean capaces de seguir cambiando el juego. No puede ser, ahora y por fin con una distribución óptima gracias a Ninja Tune, que Actress se desvanezca en la misma oscuridad que apareció un buen día de 2004.

Que Lil B tome las riendas del mundo de una vez por todas…

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Va siendo hora. Todo sería mejor si todos al unísono, en la intimidad y en nuestro esparcimiento social diario practicáramos BASED. ¿Qué es BASED? He intentado dar una explicación coherente en varias ocasiones, en directo y en privado, pero lo que realmente sujeta a ese tipo de “ideología” barata, positivista, anclada hasta el fin de los días a un redentor como es Lil B, es precisamente que no hay por donde agarrarla. ¿Autoayuda? Es posible. ¿Promoción? También. ¿Excentricidad? Claro. Pero oigan, lo prefiero al lío que tenemos armado ahí fuera.

Adorar a un payaso como el de Berkeley se me asemeja como la mejor opción posible para el globo en estos momentos: me imagino acabar todas las comidas o reuniones, salidas nocturnas o citas con un “que Dios bendiga a Lil B” o algo parecido. Le observo en cuadros y fondos de escritorio. Una biblioteca de gifs animados con su cara o el ya tradicional “Thank You BasedGod”. Ahora, 2014, año programado para que por fin, el que también es uno de los más prolíficos artistas Hip Hop jamás nacidos o primer y más carismático meme de la industria, va a sacar su primer álbum oficial, es momento de efectuar el cambio. Dar ese paso. Porque Task Force es mi ejército y Lil B es mi maestro.

Entre el feminismo y la pechuga.

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¿Lo del feminismo no es ya un poco de otra época? ¿Por qué Beyoncé después de enseñar pechuga como la que más y seguir explotando su cuerpo en su inmejorable cadena de videoclips se escribe un ensayo pro-feminista evidenciando su malestar consigo misma? ¿Por qué te preguntas si eres una mujer objeto cuando otra parte de ti es casi una apología en el mismo sentido? ¿Por qué los artistas en general cuando llegan a una cierta posición creen ser una encarnación activista, tendiendo al modelo Rosa Parks o Martin Luther King Jr.? Tiene que ser por pura publicidad: ahora enfrentarse a años de represión por parte de la industria es la tendencia, posicionarse y crear la polarización, llegar al ejército femenino de chicas que quieren ser como tu, bailar como tu y tener tu cuerpo es lo que vende, hay que dar ejemplo, adoctrinar sobre lo ya adoctrinado.

Perdona, pero no me lo creo. Un punto de vista propio: ya hace tiempo que debimos dejar atrás cuestiones tan primitivas como éstas, valorar a la mujer artista precisamente como artista y no como divertimento, es innecesario bañar tus actos impuros con una pseudo-sensibilización absurda. Claro que el sentimiento no es general, y la sociedad parece retroceder en vez de avanzar, pero dejemos de evidenciarlo. Saben, prefiero a Tinashe, una ilustración de la verdadera influencia de Beyoncé en la industria musical contemporánea: tiene talento, atributos, no se avergüenza de enseñarlos en Instagram cada dos por tres y ni una palabra de cuestiones ya olvidadas. Al menos ella no esconde su realidad con finísima hipocresía, en forma de panfletos totalmente pasados de moda.

Parad de asaltar a J Dilla, ha sido suficiente!

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Madlib comentaba alto y claro el otro día que con él, el día que muera, “esto no pasará”. Y es que se ha hablado mucho de la insufrible dosificación que se está efectuando con el material de J Dilla, una explotación nada bien vista en algunos círculos y que se encuentra en una de esas disyuntivas morales que no tienen a nadie como justo vencedor: por un lado el productor de Detroit no hubiera gustado de ver su material inédito, escondido a voluntad, esparcido en pequeñas dosis, estirado hasta la pesadez, y por otro dichas acciones están facilitando la vida a su familia después de su muerte, dura y muy cara.

Desplazando en cualquier caso el dilema que implica saquear o no al beatmaker más mitificado de los últimos 10 años, u olvidándonos de si él hubiera querido o no que este tipo de maniobras fueran efectuadas (no olvidemos que todas y cada una están realizadas por la fundación controlada por su familia o, en última instancia, con su consentimiento), la verdad es que la figura de Dilla Dog se está viendo claramente debilitada; no se puede utilizar todo lo guardado en cajones sin criterio alguno, buscando convertir la memoria del productor en algo permanente, ya que corres el riesgo de derrumbar lo que el artista consiguió en vida. Si los beats estaban bajo llave, era por algo. Eran malos, estaban incompletos, no tenían la magia de otras producciones. Haciendo que trasciendan solo enturbiarás su imagen, y provocarás dudas. Y también que se añore cada día más.

Que sigamos viendo grandes reediciones

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Este año se cumplen veinte de la salida de “Illmatic”. Con tan solo decir eso o recordarlo, ya sabemos o nos podemos imaginar lo que va a pasar o, debería pasar; visto lo visto el año pasado, en el que 2013 estuvo cargado de recuerdos Hip Hop que apuntaban al ocaso de la golden era, concretamente a 1993, no extrañaría que en 2014 se pusiera de nuevo en práctica la misma tónica. Y es que si tu material actual dista mucho de ser lo interesante y apasionante que fue en tus inicios, márcate una buena reedición, con caja de lujo y canciones extra; haz un pensamiento interno y no hagas titubear tu legado con nuevos singles enlatados, explota de nuevo tu debut y déjate de experimentos.

También cumplen años “Ready To Die”, el increíble debut de Jeru The Damaja, el “Hard To Earn” de Gangstarr y, más inquietante todavía, el ya mencionado “Southernplayalisticadillacmuzik” de OutKast. Lo temible es que todo esto comienza a verse venir: tan solo consultando hemeroteca o archivo podemos predecir qué artistas, álbumes o proyectos serán en su veinte cumpleaños revitalizados o reivindicados con un único objetivo: seguir ampliando la billetera.

Y si Ron Morelli se tomara un descanso, un año sabático?

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Nadie se lo creería, eso lo primero. Alguien se lo tiene que recomendar, algún buen amigo o consejero. L.I.E.S. ha marcado la última generación electrónica norteamericana de manera indivisible, proponiendo un flujo continuo de material planchado a la antigua, descuidada y sin apenas parafernalia, tomando las decisiones que nadie tomaría y editando lo que nadie editaría por una cuestión única: el dinero, la pérdida del mismo en concreto. Ron Morelli, además de gestionar de manera lúcida la imagen y actitud de su sello, y descubrir a gran velocidad nuevos e interesantes talentos, se ha caracterizado por apostar casi a ciegas por material que nadie más plancharía.

El resultado ha sido una “personalidad” que funde el formato club menos convencional con la experimentación electrónica más ruda y excéntrica, una consecución no solo beneficiosa en términos de producto o marca, también favorable en vistas al propio Morelli, que ya se pasea como un auténtico gurú contemporáneo. Está en ese punto en que conviene parar, mirar desde la barrera tu gran obra y descansar la mente. Él me dirá que hay que aprovechar el tirón, que las cerillas se acaban cada vez más rápida en este mercado. Pero yo le diré que cuide la salud de su sello, que después del corto plazo está el largo plazo.

No escuchar nada parecido

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Es terrible, eh? La mejor y peor manera de unificar dos de los productos británicos más odiosos y populares: la degeneración del prodigio Skream y la contínua insolencia y actos propios de una pseudo-divinidad como Morrisey. Lo hace además con una brillantez casi cómica: nada se me asemeja tan inútil como esta remezcla, nada tan gratuito, inapropiado y destructor para ambos. Lo gracioso es que Skrem juega con el mejor legado de los Smiths sin ningún reparo, con violencia y descaro, creyendo firmemente que les hace un favor dando su propio punto de vista. Lo mejor: el rebosar de comentarios apuntando un “deja a los haters, lo haces genial, sé tú mismo”.

Soportar el empacho

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Es muy fácil arrimarse al ganado, se le divisa desde lejos y su calor es acogedor, reconfortante. Predicar justamente contra las inclemencias del flujo informativo, cultural y el consumo irrefrenable al que nos obliga la sociedad y aparato digital es también muy sencillo, yo mismo lo he hecho en varias ocasiones. Ese rollo de mirar hacia atrás, en un punto romántico y en cierta manera llorica, pidiendo que la máquina pare, casi suplicando que no haya más lanzamientos en una semana, ni más discos que no escuchar, ni más artistas a los que conocer o analizar.

Ya basta: soportemos el empacho. Las listas son muchas porque la gente las lee, activa el consumo de contenido y favorece el tráfico, además de poner un broche de oro a un curso repleto de trabajo y horas sin dormir. Es muy fácil pedir que todo se pare y no se provoque una exagerada acumulación de archivos en tus favoritos o carpeta de descargas, pero es complicado observar cómo cada día somos nosotros mismos los que lo requerimos. Lo pedimos, lo deseamos, lo masticamos y queremos más. Más y más. Estallar. “Es que no se puede opinar de tal cosa sin haberla asimilado, es muy pronto”. Tonterías: asimila con rapidez, la misma de tu conexión a Internet. O haces eso o te retiras.

Mirar hacia dentro

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La publicación del libro de “La Cidudad Secreta”, por parte de Munster Records, es más que anecdótica; Jaime Gonzalo escribe un relato interesantísimo y con mucha perspectiva de la Barcelona pre-olímpica, una etapa en la que se generaron y desarrollaron las más apasionantes formas sonoras no solo en la ciudad condal, también en todo nuestro país. Auténticos fuera de serie como Victor Nubla, Jordi Sabatés (en la foto), proyectos como Suck Electrònic o similares, gente que confeccionaba su propio software y hardware, individuos prácticamente olvidados hoy en día, un presente irónicamente marcado por la exaltación ante una “nueva escena electrónica en Barcelona”.

Nada que decir al respecto, pero sería apasionante, puestos a pedir, que gracias al empuje de una “nueva” generación, todo el sedimento y cimientos que trabajaron en épocas no tan fáciles fueran desenterrados en su justa medida: miremos hacia dentro, hagamos ese ejercicio, será del todo sano. Domestica Records, Wah-Wah, Vampisoul y otros sellos como Anòmia ya lo están haciendo.

A Prince

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Basta de fiestas pijama, basta de singles esporádicos, basta de quitarse y ponerse en Twitter, basta de conciertos carísimos y otros por sorpresa solo para unos cuantos afortunados, basta de tonterías: que vuelva a los estadios, a las giras mundiales y que regrese a salvarnos del infierno en el que estamos sumergidos. La música le necesita, mucho más que él a ella.

Frankie Pizá


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4 Responses to ¿Qué esperamos en 2014? Tips para encarar el nuevo curso musical…

  1. Pedro says:

    Muy bien todo, y añadiría como colofón que aparte de Prince vuelva también D’Angelo, que ya está bien hombre.

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