Kerridge “A Fallen Empire”

a fallen empire

Después de seguir cada uno de los pasos de Samuel Kerridge en Downwards con sus dos anteriores ep’s que reseñamos en Concepto Radio (como fueron “Waiting for Love” y “From The Shadows That Melt The Flesh”), dedicándole un introducing, etc. manteníamos una confianza ciega en el debut anunciado para Downwards este año. La pregunta acerca de qué le hacía diferente ante otros largos también interesantes programados para esta recta final de año (como el caso de Shifted en Bed of Nails) estaba en parte, en las sensaciones de sus dos EPs donde pese a transitar por un lenguaje reconocible y cuyas influencias eran palpables, había un tono de saturación y ruido que nos hacía traer a nuestra mente a Roly Porter, Cindytalk, Ben Frost o The Haxan Cloak.

Elementos que tratan de recrear atmósferas de sensaciones negativas y descorazonadas, como si fueran las tripas las que estuvieran siempre convulsionando en primer plano. Desde la estética de guerra y catastrofismo de su artwork (y superando en este mismo territorio a otro veterano de la escena noise como Gabriel Saloman en su último trabajo “Soldier’s Requiem”) la voz que surge de “A Fallen Empire” es negra, ponzoñosa y en claro proceso de putrefacción. Una mugre etiquetada normalmente como techno, pero que de algún modo es la manera de expresarse de una generación que toma estos orígenes e influencias hacia terrenos de experimentación rock o punk. Es la mirada hacia la maldad, dejar que ese referente aparentemente gótico sea maquinado hacia un nuevo universo de expiación.

Encontrarse con “A Fallen Empire” es un golpe certero en el estómago, un disco estructurado desde sensaciones monstruosas (como las de las tubas gigantes en su artwork cuya finalidad era bélica) y que va absorbiendo al oyente en una épica a cámara lenta dejando que todos los elementos que habíamos apreciado en sus EPs se vayan desarrollando en una lógica progresión que da partida en “Chant”, tal vez recibiendo este título como el canto pre-bélico antes de entrar en la batalla y retorciéndose en un mortecino ritmo que parece tomar recuerdos tanto de Karl O’Connor, Nocturnal Emissions, P16,D4, Ramleh, The Haxan Cloak o Sunn 0))). Para “Black Sun”, el drone noise abrumador entre cánticos corales en el fondo parece una suerte de intersección entre Phurpa y Russell Haswell, saturada y con esa cualidad de sonar de una manera tan agonizante como la de “By The Throat” de Ben Frost o el “Relief” de Kevin Drumm. Más desconcertante es después un corte tan marcial como “Death is Upon Us” sometido a la deambulante y correosa recreación ácida pasada de vueltas orbitando de manera insistente sobre nosotros, como planeando una especie de bombardeo aéreo (aunque no sabría decir si en su imaginario estaría el uso de drones).

“Straight To Hell”, sigue mordiendo el mismo veneno de Shapednoise con ese tono misterioso y surgido de la brutalidad , mezclando el tono litúrgico del espamos metálico del que tanto le une a The Haxan Cloak e incluso a Skullflower y nos recuerda que hay muchas obras de este tipo que tienen detrás a músicos con un claro background o gusto por el metal. Más curiosa, es la manera con la que pretende adentrarse en territorios que parecían hasta ahora exclusivos de Shackleton para envolverlos en una sobredosis de alucinaciones espasmódicas en “Scare Tactics”, ganando en una mayor épica que me trae recuerdos del último trabajo de Roly Porter. Curiosamente, hay un corte titulado “Heavy Metal”, que quizás de todos los que hay en el disco es el que menos me recuerde a este género y si a la visión de Olaf Bender en “Symeta”, aunque el tono de banda sonora para un club lleno de cadáveres es quizás más acertada (y por seguir con el humor de Eugenio, también llena de fregonas). Cda uno de estos cortes, es capaz de ir desarrollándose, quebrándose y buscando el momento para salir de su refugio y asestar puñaladas por la espalda.

Lo que no tiene nombre es el final con “Disgust”, una perfecta manera de cerrar un disco mirando hacia un futuro hardcore y enfermo como Russell Haswell apoderado del espíritu de perversión drum n bass de Lee Gamble conducido por Merzbow y una manera de mostrarles a Demdike Stare nuevas vías de enfocar su discurso que trata de penetrar desde la serie “Test Pressing” en el sentimiento raver de principios de los noventa. En definitiva, un álbum exagerado, poderoso y épico, desbordante desde la masterización a cargo de Matt Colton. Todo el arsenal necesario para mostrar a un imperio derrumbándose y a un músico ejerciendo una tiranía impasible en nuestros oídos. Victoria épica.

Fran Martínez


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