Ron Morelli “Spit”

ron morelli spit

“The music on this record is about immediacy, pressure, monotony and stress”.

Posiblemente, “Modern Paranoia” sea, sin que yo lo sepa a ciencia cierta, el tema central de este álbum debut: probablemente ninguno de los títulos del trabajo se enlaza tanto y tan bien con la ideología que parecen querer desprender las 9 producciones que se albergan en sus entrañas. Escuchando atentamente los no más de 40 minutos de reproducción, uno se da cuenta de algunos principios básicos: la música que sale de la cabeza de Morelli es de género neutro y apenas se puede encontrar algún tipo de narración en sus notas o rasgos comunes. Pasa sin ninguna vergüenza ni preliminar de los experimentos rítmicos oxidados a los traumatismos 4×4 staurados, aparentemente sencillos y dotados de una suciedad apelmazada. En la música de Morelli no está la clave para dar contexto acertado a un trabajo como éste, la clave está en sus palabras, y también en su pasado:

“Not to make some deep intellectual fuck show of this, as it is not…it’s just stress music… jammed out quick and recorded. Last year, I was staying in an area where all the hookers did their work…all they would do is smoke cigarettes, read the paper, talk on their cell phones, and spit. They would spit…A LOT. I would step in that hooker spit on the way home, often tracking it into the apartment building as I entered. This is where the title of the record comes from”.

Ron Morelli, succionado virtual y creativamente por el trabajo como gestor y fundador de una de las etiquetas más influyentes del mercado subterráneo como es L.I.E.S., y seguramente pasando el poco tiempo libre que le queda después de sus jornadas al frente de su tienda de discos en la gran manzana mandando contestaciones a mails o hablando con su mánager, ha tardado mucho tiempo en armar esta estructura de 9 tracks con gran parte de componente improvisado en su ADN. El poco contacto con la realidad del día a día, la cada vez más inválida manera que tenemos de comunicarnos con otras personas es una consecuencia directa del peso de Internet y la vida digital en nuestra cronología; a su vez, ese factor provoca que al retomar contacto con el mundo terrenal, rechacemos en mayor grado las sensaciones que antes observábamos como naturales. La realidad choca con el humano blindado por sus perfiles sociales y su carisma digital, se da la espalda a la auténtica realidad y se prefiere seguir encapsulado en nuestro seguro y climatizado universo introspectivo.

Las palabras de Ron Morelli para definir su primer álbum son casi dignas de un sociópata, una persona asfixiada por el rumbo de la sociedad y sus propios objetivos, engullida por los acontecimientos y que a su vez, anecdóticamente, contrasta sobremanera con la actitud de L.I.E.S. como sello: máxima actividad, rapidez, ediciones limitadas pero mucho catálogo, prensado, prensado y prensado, como queriendo conservar una mecha que puede apagarse en cualquier momento. Es entonces cuando observamos la dualidad emocional del creador sobrevolando alrededor del material, podemos percibir la agonía en las notas de cada corte, una agonía que es su propia agonía mental.

Teorías a un lado, “Spit” no es un disco ni completo ni magistral, como posiblemente vayamos a leer en otros sitios, pero tampoco una desilusión; saca a relucir la cara más introspectiva de uno de los artquitectos de la escena electrónica contemporánea, un territorio que ha asumido su carácter adulterado, ha emprendido un camino más autónomo y se ha dejado de grandes despliegues y optado por ediciones descuidadas, monótonas, tan rudimentarias como los acabados de las canciones, que han fundido House, Techno y métrica club con libertinaje Noise, texturas industriales y experimentación en un líquido espeso y venenoso. En ese sentido, este álbum significa un eslabón más a la hora de dar sentido al movimiento colectivo que protagonistas como Opal Tapes, Proibito, Hospital Produciones o The Trilogy Tapes han efectuado, orquestando una influencia que ha llegado a convertir estos tratamientos en “mayoritarios” hoy en día.

Si tan solo nos fijamos en el aspecto técnico, y valoramos el material por lo que es externamente, explícitamente, tan solo encontraremos una sobredosis de distintas cajas de ritmos analógicas, un revivial de las beat-tracks o composiciones con aspecto de caras B en las que predominan las sensaciones de angustia y el desgastado a voluntad; sintetizadores que evolucionan de manera mínima y cortes que agreden a base de monotonía y penetran sin contemplaciones, de manera cruda y desnuda, sin introducciones. Techno industrial, EBM, House, Noise, Acid turbio o simples jams de hardware, qué más da; aquí lo que importa es poder darle al material alguna traducción conceptual, para que no solo veamos experimentos sin pies ni cabeza de una, hoy por hoy, vaca sagrada electrónica.

Frankie Pizá


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