Matana Roberts “Coin Coin Chapter Two: Mississippi Moonchile”

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Se esperaba con ganas el nuevo trabajo de Matana Roberts después de un primer volumen en 2011 y comentar su creadora que se trataba de una serie de 12 trabajos en torno al concepto de: “Using the language of acoustic jazz to look at ideas of race, class and gender politics in American society“. De entre la lista de invitados y vocalistas podemos encontrar desde un cantante de ópera a las incursiones de las diferentes aportaciones de su sexteto y en esa comunión espiritual de diferentes lenguajes, conversaciones y poesía se desarrolla un discurso templado y que en esta ocasión evita adentrarse en terrenos donde el fervor y la rabia también estaban presentes, apuntes percusivos mucho más acusados en determinados pasajes, etc.

Con este segundo volumen “Missippi Moonchile“, el piano parece tomar un valor mucho más pronunciado y el tono nocturno de su título nos ofrece una versión ensoñadora por momentos, en la que recostarnos y reposar después de la lucha que planteaba la primera entrega y con serpenteos vocales que parecen acercarse en algunos momentos a una extraña comunión entre la última etapa de Nina Simone y Alice Coltrane como me transmite “River Ruby Does“, aunque realmente mencionar alguno de los títulos en los que está fragmentado este trabajo me parece una labor algo tosca e inadecuada, ya que el disco parece plantearse más como un conjunto homogéneo y viaje en el que la división de las canciones es casi arbitraria y tal vez tan solo sean parte de un mensaje a transmitir por Matana Roberts. Este disco quizás está más cercano a la parte más melosa de Don Cherry, Charles Mingus y al karma de celebración de Pharoah Sanders que a la unidad espiritual de Albert Ayler.

El tono arrullador se va desarollando y cuantas más repeticiones se van usando de las diferentes lineas melódicas vamos encontrándonos con una mayor comunión y entendemos progresivamente la comunicación del mensaje que Roberts nos plantea, las voces se van modulando desde el histrionismo de lo operístico de Jeremiah Abiah, al momento swing bop de Matana en un tono de crooner y relatando historias que me recuerda igual a  Tom Waits que a Bessie Smith en algunos giros, capaz de adentrarse en terrenos mucho más clásicos que casi remiten a Dizzy Gillespie, además de plantear horizontes más vibrantes encauzando su mirada hacia Horace Tapscott o la belleza de la orquesta de Don Ellis. Llegando casi al final, entre una comunión gospel y coral para encaminar el cierre del disco nos terminamos de despedir de un disco vivo y celebratorio, una unión donde el gozo marca el camino hacia la paz.

La manera de intentar escapar de una realidad en la que todos los elementos que parecen otorgarle bienestar a los demás se convierten en elementos con lo que no podemos interactuar desde el placer y nos va dañando, pero no siempre tiene que ser así. En resumen, un sobresaliente disco que busca en otras direcciones y rastros del pasado, convirtiéndose en un viaje a través de diferentes lenguajes alrededor del jazz. Podéis ir en paz.

Fran Martínez


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