Fela Anikulapo Kuti: 75 años del rebelde que “tenía la muerte en el bolsillo”…

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Hace dos días, Fela Anikulapo Kuti hubiera cumplido 75 años; a buen seguro y puestos a imaginar, si el VIH no se hubiera cruzado en su vida a mediados de los 90, hoy por hoy seguiría luchando a su manera contra las injusticias sociales, el desequilibrio ineficiente y el control político fraudulento en África, concretamente en su país, Nigeria. Porque cuando tocó despedirse del polivalente músico en 1997, no solo sus músicos, mujeres y extensa comuna de sirvientes y compañeros quedó desnuda, sin la protección que el carisma inaudito de Fela proporcionaba; África, como continente y como unidad, quedó huérfana de una de las personalidades que más ha dado por su progreso, por su “cambio”.

La vida de Fela Kuti podría sintetizarse en algo como “una lucha perpétua contra lo establecido”, una batalla intensa y de desgaste que el nigeriano emprendió en todos los sentidos y direcciones, tanto musical, como social o política; ya desde sus primeros pasos con los Nigeria ’70 (más tarde los Africa 70), y cuando sus letras comenzaron a cargarse de amenazas con la ineptitud del gobierno o las llamaradas líricas empezaron a concretarse cada vez más a la horrible actualidad de la región, Fela se mostró como un rebelde con causa que no estaba dispuesto a que nadie, ni nada, le diera ninguna orden, y ni mucho menos le dijera como tenía que pensar. El punto de inflexión en su curtido carismático e ideología, aún candente en nuestros días, fue su cambio de apellido: decidió eliminar su Ransome de nacimiento y modificarlo por “Anikulapo”, que significa algo así como “tengo a la muerte controlada”, o en algunas ocasiones, “tengo a la muerte en el bolsillo”. Kuti era consciente de que moriría antes de que alguien le dictara su destino.

Ya desde su juventud rechazó cualquier orden predeterminada o autoritaria; su madre, Funmilayo Ransome-Kuti (activista y de la que heredó el aspecto combativo anticolonialista) y su padre, el reverendo Israel Oludoton Ransome-Kuti (pianista y primer presidente de la Unión de Maestros Nigerianos) habían imaginado para él una vida próspera como empresario o abogado, y rápidamente nada más tener la edad adecuada le hicieron viajar al Reino Unido en busca de una formación óptima. Fela Kuti tenía claramente otra idea del asunto: en 1958 desembarcó para cursar estudios de medicina pero en menos de dos meses cambió de opinión y se matriculó en la prestigiosa escuela Trinity School of Music, donde comenzó a interesarse por la trompeta, la música afro-cubana y a idolatrar a sus dos primeros ídolos, los Rex Jim Lawson y Víctor Olaiya. Aún así, su contacto con Estados Unidos sería determinante en varias ocasiones: tal y como destacó en varias ocasiones, fue la escucha de algunas grabaciones de Charlie Parker y Miles Davis lo que le hizo decidir focalizarse casi completamente en el saxofón y la sección de vientos, mandando a un segundo plano el piano que su padre le había inculcado desde pequeño y también el instrumento más clásico de Nigeria junto a la percusión y los instrumentos tradicionales.

Fela Kuti/ Felt Forum/ NYC 11/1986

“A buen seguro y puestos a imaginar, si el VIH no se hubiera cruzado en su vida a mediados de los 90, hoy por hoy seguiría luchando a su manera contra las injusticias sociales, el desequilibrio ineficiente y el control político fraudulento en África, concretamente en su país, Nigeria”.

En Fela comenzó a construirse poco a poco una conciencia única, una llama espiritual que le haría caminar hasta los últimos días de su vida; aún estando en Londres, y relacionándose ampliamente con la juventud africana allí estacionada, observó las grandes posibilidades que resultarían de la utilización de la música tradicional para trasmitir un mensaje poderoso que tuviera que ver con el total inconformismo; también en la época, más o menos en 1960/61, se caó por primera vez con Remilekun ‘Remi’ Taylor y fundó su primera banda, los Koola Lobitos, con los que daría forma al conocido Afrobeat. Pregresando en complejidad una vez el mensaje de Fela y su espiral vital fueron necesitando más “espacio”, el estilo comenzó como una simple unión del tradicional Highlife del Oeste africano y su poderosa sección de vientos, el Jazz estadounidense y los ritmos cíclicos, hipnóticos que desde niño había comprendido.

Su inventiva y pasión por traer la “novedad” a la música que se servía por aquel entonces en el África occidental siempre fue muy fuerte, aunque estuvo convenientemente alimentada por algunos puntos de inspiración clave: en 1968, ya de vuelta en Nigeria, justo antes de su viaje a Ghana por recelo con su patria (a la que acusaba de no valorar suficientemente su música transgresora, por aquel entonces solo estilísticamente) y a nada de dejar su trabajo como productor en la emisora National Broadcasting Corporation, entró en contacto con la música de James Brown y su banda, en aquel tiempo ya abanderada por los Fred Wesley, Bobby Byrd o Maceo Parker. Aquel sonido, que sometía casi todo el peso de la composición en el ritmo, la percusión y los vientos, además de dejar abierto un canal a la improvisación nacida del directo y las largas, hipnóticas interpretaciones de Brown, que dejaba aire a los solos y quitaba importancia a la melodía, iluminaron a Fela Kuti para extender sus composiciones y abrazar cierto nivel de “libertad” estructural.

Más tarde, su muy conocido viaje a Estados Unidos acabó por abrir los ojos al futuro rebelde: Sandra Smith le introdujo dado su incipiente carácter activista en el movimiento y partido de los Black Panthers, conociendo su filosofía y lucha muy de cerca, relacionándose con los primeros estadios del comando radical afroamericano y algunas de sus personalidades clave. Allí no solo comprendió lo importante que era el adecuado conocimiento de la historia de su continente y el injusto lugar en la cronología que los blancos ricos habían reservado para él, también comenzó a nutrirse de una actitud de aires nacionalistas que marcaría su devenir. El Fela Kuti que desembarcó en Estados Unidos en 1969 no era el mismo que regresó a Nigeria: su cambio mental se complementó con un desastre organizativo sin precedentes, en el que muchos de los músicos no tenían los permisos suficientes para tocar en el país y otros tantos se fugaron por los problemas institucionales, hubo desavenencias con promotores locales y el músico tuvo que marcharse por una seria amenaza de deporación.

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Fue en este punto en el que la furia compositiva, creativa y el compromiso con África iniciaron una evolución exponencial dentro de Fela Kuti: cambió primero el nombre de su banda a Nigeria ’70, para identificarla bien con sus raíces, fundó su República de Kalakuta (en realidad una cooperativa musical donde solía reunirse con su familia, músicos y otros activos en favor de la independencia) y comenzó a cantar en inglés (en pidgin, concretamente, alternando con yoruba), con la pretensión de universalizar su mensaje, cada vez más sólido y también arriesgado. A medida que la lírica de Fela fue enfureciéndose contra el gobierno, más o menos en 1972 (y cuando ya sus actuaciones en el Hotel Empire eran regulares), y éste es uno de los puntos clave en la vida del héroe, su vida comenzó a volverse externamente confusa, anárquica y conflictiva. Observaba los problemas, las deficiencias, y las retrataba, extendía con su mejor arma: la música. El problema, además del discurso combativo y sin segundas lecturas, era su perfil cada vez más parecido al de un delincuente, crecía y crecía sin impedimentos de ninguna clase.

Consumía marihuana con libertad, su machismo y modo de vida con la mujer como sumisa ya era algo común en Kalakuta, su libertinaje topaba de bruces con su pasado recatado y buenas enseñanzas; fue en 1974 cuando un encuentro fuerte con la policía sucedió a las leves persecuciones que había comenzado a sufrir, se le intentó implicar en un asunto precisamente relacionado con la marihuana pero consiguió escabullirse aportando los excrementos de otro acusado que no había consumido drogas. De allí nació “Expensive Shit”. Más tarde llegaría “Zombie”, una de sus mejores grabaciones y uno de los ataques más directos y desvergonzados contra la clase militar de su país; precisamente el atributo “zombie” se refería a la metodología y actitud de los soldados, lo que según cuentan provocó un segundo atentado indiscriminado a Kalakuta, donde más de 1000 soldados destruyeron prácticamente la totalidad de la comunidad y residencia, incluido estudio, muchas grabaciones originales y lo más importante, ocasionándole la muerte a la madre de Fela, por aquel entonces con 77 años (de su trágico fallecimiento, surgiría el posiblemente más impactante track de Fela: “Unknown Soldier”).

Sin prisa pero sin pausa, Fela Kuti fue convirtiéndose a ojos del gobierno en uno de sus principales enemigos, un sujeto dotado de la misma hipocresía (proclamaba, criticaba, pero su modo de vida no era nada parecido a la rectitud) que él obsevaba en el aparato político; en cualquier caso, Fela no fue únicamente un rebelde en ese sentido, también lo fue en muchos otros. Por ejemplo el musical, rompiendo completamente con el convencionalismo en cuanto a estrategia mercantil y pura concepción de la interpretación: su banda ascendió de 9 a 16 miembros, con el saxofonista Igo Chico como segundo de a bordo, se mudó del Afro-Spot al Surulere (el club de Chief SB Bakare), primer local al que comenzó a llamar “el santuario” y a tratarlo en términos casi religiosos, sus veladas (diarias, en muchas temporadas) se hicieron más intensas (casi ceremoniales, con rituales, magia, etc), menos estridentes y más complejas en cuanto a musicalidad y estructuras.

Fela Kuti live at The Academy, Brixton, London, UK 12 November 1983

“Sin prisa pero sin pausa, Fela Kuti fue convirtiéndose a ojos del gobierno en uno de sus principales enemigos, un sujeto dotado de la misma hipocresía (proclamaba, criticaba, pero su modo de vida no era nada parecido a la rectitud) que él obsevaba en el aparato político”.

Aquella actividad, frenética, permitió a Fela tener la oportunidad de llegar a los estudios de EMI en Apapa (Lagos) con mucho material recién salido del horno; el buen entendimiento con la compañía local, le daba la facilidad de que sus grabaciones estuvieran disponibles en muy poco tiempo y su cada vez más popular relación con el gobierno desencadenaban el interés de toda la zona. Fela grababa versiones extendidas de las canciones que más éxito tenían en el Surulere y pronto éstas estaban sonando por toda Nigeria. Fela concibió esta estrategia como el vehículo principal de su “campaña” musical y política en la década de los 70; si el gobierno le agredía, él respondía con acusaciones directas, explícitas, y moviendo sus letras de manera efectiva, llegando a los oídos de cualquiera que quisiera escucharlas.

Con Fela convertido en un símbolo para Nigeria y buena parte de África, siendo el enemigo público número uno para el gobierno en Lagos, éste continuó su evolución espiritual, vital y musical, todas ellas con sus pros y contras; decidió construir un nuevo estudio, totalmente autónomo, y rechazó la idea de seguir perteneciendo a una discográfica, valorando definitivamente la idea de ir por la vía independiente (a menudo las grandes disqueras se convirtieron también en su objetivo: de la época surgieron éxitos como “ITT” (“International T’ief T’ief”), en la que agrede verbalmente a la compañía, propietaria por aquel entonces de Decca). Cuenta la leyenda, además, que en cierto momento de los 70, la propia Motown quiso hacerse con sus servicios; Fela consultó a un hechicero su decisión, y finalmente rechazó. Fela estaba totalmente en contra de la compresión del arte musical, y por tanto de las grabaciones de 2 o 3 minnutos estrictamente dirigidas a la radio y popularizadas por el “occidental”.

Posiblemente fuera el primer artista africano en dar la espalda a las grandes multinacionales y decidir dar salida a sus grabaciones por cuenta propia; aquel movimiento creó algunas grietas entre sus próximos y músicos, a los que Fela no pagaba con regularidad debido al importante gasto y su naturaleza descuidada. Además, en 1978, y después de su matrimonio con casi una treintena de mujeres y los conflictos ocasionados durante el FESTAC 77 (Second World Festival of Black and African Arts, en el que el gobierno decidió silenciar a Fela a toda cosa, previendo la llegada de invitados extrangeros a la zona, que por supuesto ya habían oído hablar de él, su militancia y sus trifulcas en periódicos como el New York Times), en el Festival de Jazz de Berlín fue literalmente abandonado por sus músicos por culpa del rumor de que el líder iba a utilizar la recaudación para costearse su primera campaña política para alcanzar la presidencia.

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“Posiblemente fuera el primer artista africano en dar la espalda a las grandes multinacionales y decidir dar salida a sus grabaciones por cuenta propia”.

Musicalmente independiente, con una legión de seguidores cada vez más fuerte, siendo acuñado como “presidente” por la resistencia en Lagos, con su harén de mujeres jóvenes creciendo y con Kalakuta convertida en un centro neurálgico del comercio (de droga), la perspectiva inmoral de Fela Kuti se elevó al mismo nivel que su determinante espiritualidad eclipsaba su progresión musical; comenzó a leer literatura esotérica y otros documentos que postulaban que la historia y tradición africana había sido modificada por los estudiosos anglosajones; el peso de la música en su vida fue decreciendo, incorporó parte de sus acompañantes femeninas a la banda, como coristas o simples bailarinas, parte de sus músicos (entre ellos, Tony Allen o Henry ‘Perdido’ Kofi) acabaron por dejar de trabajar por culpa de su irresponsabilidad y su vida se convirtió en una suerte de endogamia en casi todos los sentidos. Su pasión por revisar la cronología panafricana se tradujo en un rebautizado de su banda, que pasó a llamarse Egypt ’80.

Con ellos visitó Europa en uno de sus tours más aclamados, una gira por varios países en la que Fela quedó sorprendido por el inesperado buen recibiemiento: sus hazaás musicales y políticas habían tenido el efecto imaginado por el nigeriano. A pesar del éxito comercial y de crítica de la sucesión de conciertos, siguieron las discrepancias entre Fela y sus músicos, entre los que ya se encontraba un joven Femi Kuti. A partir de 1980, y ya con su partido político ondeando (el “Movimiento del Pueblo” o “MOP”, literalmente “Movement of the People”), su música quedó ensombrecida por la intensidad de su lucha política y su entorno comenzó a contaminarse cada vez más: aunque él profesaba rechazo a cualquier otra droga que no fuera la hierba, la entrada de la heroína y otras sustancias por mediación de sus músicos había convertido a un tanto por ciento de su séquito en yonkis. Aquello, tachado de criminalidad por el gobierno, afectó directamente a sus candidaturas a la presidencia, en 1979 y en 1983, ésta última también rechazada y que culminó con su ingreso en prisión durante 20 meses, acusado de contrabando y de burlarse de las leyes monetarias de su país.

Cuando cambió el gobierno en 1986, Fela fue liberado de su cautiverio; a pesar de que su actividad contra el gobierno decreció gradualmente, centrándose su mensaje más en la hipocresía del mundo occidental y las imposiciones del hombre blanco en general (solidarizándose con Sudáfrica y el Apartheid, por ejemplo, o dando salida a sus 28 mujeres después de absolver su matrimonio, el cual conectaba con las directrices de la sociedad moderna, dominada por la injusta explotación económica y barrido de la cultura ancestral, esa que él tanto amaba y defendía). A comienzos de los 90 sus composiciones seguían siendo complejas y caracterizándose por su incisivo mensaje (“Army Arrangement”, “Beasts of No Nation”), su estilo de vida fue restaurándose en gran medida, aunque su salud comenzaba a debilitarse, su desviación espiritual ganaba protagonismo y a pesar de los cambios, en el seno del gobierno aún quedaban muchas células anti-Fela.

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En 1997, visualmente dañado por la enfermedad, Fela moría un 2 de Agosto; nunca, desde más o menos 1992, año en que comenzaron los rumores de su infección, dejó que se le tratara (a pesar de que en su familia había autoridades en medicina, como Koye o Beko, identificaba el VIH, así como el Sarcoma de Kaposi derivado del mismo que acabaría con su vida y el uso del condón, como “acciones del hombre blanco”); dejó su tierra, el universo que él mismo se había creado a imagen y semejanza, erguido, sin bajar la guardia y lo más importante, sin dejar de pisar su “santuario”. El entierro de Fela, precedido por un aluvión de críticas contra el gobierno, al que se acusaba de matar al patriarca, duró tres largos días en el que las celebraciones, la rabia, el entusiasmo y el recuerdo a la personalidad de Fela Kuti inundaron Lagos.

Aún hoy, las tradiciones que Fela plantó en la República Independiente de Kalakuta siguen cultivándose por sus cercanos y descendientes en Lagos, sus hijos más conocidos, Seun y Femi, extienden su mensaje musical por todo el globo y sus valores eternos, nacidos del rechazo sistemático, radical a lo preconcebido y a la injusticia en cualquiera de sus personificaciones, siguen candentes en sus canciones y en todo el legado que nos regaló durante sus más de 40 años de carrera. Su terrible carácter, promiscuo, testarudo, protestante y crítico, alimentan una leyenda que no ha tenido precedentes. Fela fue un rebelde de libro que se levantó con convicción, dispuesto a trazar su propio destino y que nadie consiguió derrocar a pesar de los múltiples intentos: un músico, un ejemplo, un espíritu de hierro que con la música como única arma, ha conseguido ascender hasta la inmortalidad.

Frankie Pizá


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