Alrededor del formato cassette: ¿Qué piensan los que aún lo consumen?

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Mañana, 7 de Septiembre, se celebra en todo el mundo el primer Cassette Store Day, iniciativa con dos objetivos claros: homenajear al cuasi desaparecido formato en su 50 aniversario y seguir la tónica encabezada por el Record Store Day, que con varios años celebrándose, se ha convertido en una cita ineludible para los coleccionistas, aficionados o fetichistas del formato vinilo. Una primera edición que tendrá sus núcleos calientes en Estados Unidos, UK y algunas zonas de Europa, aquellas en las que aún el consumo esporádico de las cintas es reseñable.

Muchos comentan que el cassette es el formato “más humano” de todos. Si lo pensamos bien, están en lo cierto: la cinta magnética de uso doméstico no fue solo todo un avance en cuanto a sonido y comodidad (o accesibilidad y precio), también se enlazó de manera directa con el auge del capitalismo y el consumo cultural en masa, iniciando la primera gran era de “intercambio” musical entre individuos. Su aparición fue todo un fenómeno que además, fue progresivamente mutando hasta que acabó convirtiéndose en una reliquia: primero revolucionó el mercado por su “portabilidad”, después dio la oportunidad al usuario de manipularlo directamente (pudiendo grabar, re-grabar y desechar aquello que ya no era de su gusto o viceversa), más tarde se edificó todo un mercado negro de ediciones caseras, bootlegs y grabaciones de radio inéditas a su alrededor y por último favoreció a los artistas emergentes y jóvenes talentos, quienes por primera vez tenían la oportunidad de grabar su música y transportarla sin desembolsar grandes sumas de dinero. El humano, siempre está presente.

Recientemente y acentuándose en los últimos 5 años, el cassette ha vuelto a recobrar una minúscula presencia dentro del sector musical independiente y no sujeto a grandes objetivos mercantiles; artistas debutantes, sellos con poco capital o simples amantes del formato ya etiquetado como “de culto” proponen lanzamientos limitados en este formato, buscando recuperar parte de la filosofía que la cinta poseía antaño y de paso, ganar algo de exclusividad. La proliferación de esta práctica se ha extendido mucho, sobre todo en el terreno electrónico tachado de “underground”: sellos como NNA Tapes, Hospital Productions, Peoples Potential Unlimited, Opal Tapes o iniciativas como la de Awesome Tapes From Africa han ayudado a que se vuelva a dar algo de valor al hecho de adquirir un cassette. Quitarle de encima la sensación de estar cometiendo una locura en los tiempos que corren.

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Ya es una opción más: muchos se han hecho con viejos equipos, walkmans enterrados o incluso se piensa en comprar pletinas para manufacturar cintas para uso personal o con el fin de comercializarlas. No es solo un fleco más de la euforia por lo vintage, DIY o la emergente actitud de considerar a formatos de este tipo como objetos casi de decoración; poco a poco se va retomando el interés y re-descubriendo las posibilidades de un vehículo arcaico pero con grandes particularidades gravitando a su alrededor. Su textura, su envoltorio, la sensación ritual de rebobinar y volver a reproducir, las conexiones con nuestro pasado y, por qué no decirlo, la más pura nostalgia.

Lejos de ser un ejercicio melancólico, el próximo y primer Cassette Store Day promete revalorizar aún más el formato, extendiendo la tendencia que lo sitúa de nuevo como recurso válido y fomentando adecuadamente su consumo; serán muchos sellos pequeños y desinteresados los que como Leaving Records, utilicen dicha cita para lanzar novedades exclusivas y otros complementos, oportunidad única para conseguir música que a buen seguro no volverá a editarse. Nosotros, por nuestra parte, hemos querido preguntar a seis consumidores habituales sobre la cinta de cassette, algunos de sus recuerdos y el que para ellos es su ejemplar preferido. Es la mejor manera de contar y trasladar la naturaleza que ha adquirido el formato en nuestros días, preguntarles a los que todavía conservan ese singular espíritu. (FP).

Antònia Folguera

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Mi tape favorita es esta. Es un split cassete editado en Poprebop Records. F.S Blumm en la cara A y Bradien en la cara B. Es una mezcla de loops, instrumentos y grabaciones de campo muy lo-fi, el tipo de sonido ideal para editar en cassette.

Por que elijo cassette? Antes de que existieran los mp3eses no era compradora de cassettes, pero si grabadora de cassettes. Me encantaba grabar canciones de la radio y programas enteros. El filesharing de la época pre-internet consistía en intercambiar discos con los amigos y grabártelos en cassette. Compro cassettes originales desde hace unos 4 o 5 años. Por cuatro duros te llevas un recuerdo bonito a casa después de algún concierto o alguna feria o mercadillo musical. Luego a nivel de sonido, el cassette añade una capa sónica extra que le va muy bien a determinados tipos de música.

Sobre el estatus actual del cassette: Imagino que la atención que está recibiendo el formato en la actualidad es una combinación de nostalgia, y necesidad de generar algo que tangible y valioso. Me explico: El cassette es muy barato de producir, se pueden hacer tiradas cortísimas (muchas ediciones en cassette no son de más de 30 ejemplares), pesa muy poco y ocupa poco espacio, esto lo hace un formato muy amigable a la hora de enviarlo a la otra punta del planeta sin que los gastos de envío multipliquen por dos o por tres el precio del producto.

Y volviendo al tema del sonido: ahora mismo hay una atención grande. enfocada en el sonido del cassette. No hay semana que no aparezca algún cassette o disco basado en material sónico de cintas perdidas y olvidadas. Por razones no se si sonicas o de necesidad (tal vez las dos cosas) hay varios sellos, de esos súper bien “comisariados” apostando por el cassette, entonces no es extraño que el formato en este momento reciba atención -no me atrevo a decir que tenga éxito o popularidad- ya que tan solo vendiendo unas 20 copias en Bandcamp, se pasa a formar parte, aunque sea tan solo unas horas de la lista de los “best sellers”

Arnau Sabaté

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“Home Taping is Keeping the Music Alive”.

Mi experiencia con la música se remonta a mediados de los noventa. Por aquel entonces yo aún era pre-adolescente, y el pequeño de tres hermanos que tenían nueve y quince años más que yo. En aquella época ellos estaban descubriendo la música, principalmente británica, y en mi casa sonaban discos constantemente. No tuve más remedio que educarme en un entorno en el que la música era lo más importante. En esa época no conocía ningún formato más que el casete, ya que era la forma más fácil a través del cual compartir experiencias. Ha cambiado todo mucho desde entonces, la forma de vivir y escuchar la música, principalmente. Básicamente porque ahora todo es mucho más espontáneo y caduco. Recuerdo vivir un descubrimiento musical mucho más intensamente en el pasado, y ahora no puedo evitar recordar este formato con como algo muy romántico, y es que mis primeros descubrimientos musicales los hice con la ayuda del casete y de compartir música con mi hermano mayor, que cada día me grababa una canción distinta en un recopilatorio, y que escuchábamos entero antes de ir a dormir. Soy incapaz de recordar el tracklist entero, pero gracias a ese casete descubrí a los Madness, a The Specials, los Beatles, The Clash, el Elvis…aunque perdí esa cinta, puedo afirmar que sin duda esa es la más especial que ha pasado por mis manos.

Ya en el instituto, yo y mi Walkman éramos inseparables. Cada día iba y volvía escuchando música en casete, y siempre en recopilatorios que intercambiaba con los amigos con portadas curradísimas hechas a boli y rotulador. Tengo centenares de cintas de punk y de Hardcore, y de música jamaicana en casa. Entre las más amadas tengo el disco de Desperdicis Clínics, el Azken Guda Danza de Kortatu, el primer disco de The Specials, el London Calling de The Clash y el Vivos 88 de los Decibelios. Todo eso se fue a la mierda cuando llegó el cd, pero por suerte desde hace un tiempo parece que el casete ha vuelto para quedarse, alumnos para los enfermos coleccionistas como yo. Actualmente vuelvo a comprar casetes, pero lo hago con ansias de consumir y coleccionar. En estos momentos no es el formato más cómodo, aunque yo los puedo escuchar en el coche, pero si el más especial porqué detrás del casete hay una filosofía, la de compartir música y experiencias. Para mi eso es lo más bonito de todo, aunque en una época hubiera quien dijo eso de “Home Taping Is Killing Music”. Como contemporáneos, suelo comprar lo que saca Ekoplekz o sellos como Anthropofagic Tapes, Boston Pizza, Musagre, San José Tapes o Anòmia.

Ra Malone

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“Señor Cassette, no nos dejes”.

Existen objetos que han estado presentes a lo largo de nuestra vida que recordamos de manera especial. En mi caso, uno de ellos bien podría tratarse del Cassette, o más conocido vulgarmente entre todos nosotros como “Cinta”. Un formato que en los últimos años había desaparecido del mercado pero que poco a poco está volviendo, al menos como objeto de culto resguardado en las ediciones de pequeños sellos discográficos underground (muchos de ellos empiezan a ver la luz ahora, otros han declarado su amor decantándose por este soporte).

El Cassette siempre me ha parecido un soporte revolucionario, no por su calidad de sonido y todavía menos por su tosco mecanismo (las enganchadas de la cinta, suciedades de sonido, el tener que rebobinar o adelantar para encontrar el inicio de un track,…). Con la etiqueta de revolucionario me refiero más bien a ese ESPÍRITU LIBRE que tiene impregnado ya que se trata de un medio duplicable de manera doméstica, lo que provocó los primeros tambaleos a la gran industria discográfica establecida –en muchos casos con sus altos precios- ya que facilitaba el “pirateo” y, lo más importante, te permitía un intercambio musical -y de conocimientos- con los tesoros sonoros de otros colegas. Seguramente, ningún joven de los 80’s y los 90’s se salva de haber duplicado una cinta de otra prestada por algún amigo o de un Compact Disc alquilado en una Fonoteca. Además, muchos de esos jóvenes también los podemos meter en el saco de las personas que hacían grabaciones extraídas de la radio, realizando compilaciones de lo más variopinto. Y más aún, seguramente te pudo pasar como a mí, que entrado el siglo XXI no te podías desprender se ese formato pues el vehículo que conducías y su sound system pertenecían al siglo anterior.

Otro recuerdo que tengo del Cassette trasciende lo musical ya que a final de los 80’s pude disfrutar de un ZX Spectrum +2 de Sinclair, uno de esos ordenadores que te pegabas una hora para cargar un videojuego -los cuales venían codificados en una cinta magnetofónica-. Por ello, no solo relaciono el Cassette con la música sino que también lo hago con el juego. En definitiva, con la DIVERSIÓN.

Muchas cintas las recuerdas con cariño en muchos casos por algo que trasciende a su contenido: como el primer Cassette que tuviste en propiedad (uno con temas en español de Bola de Dragon Z), cositas que te atraen cuando eres un chaval sin apenas experiencias como el Code Red de Jazzy Jef & Fresh Prince (Zomba, 1993), o Cassettes como por ejemplo el Homework de Daft Punk (Virgin, 1996) –un álbum magnífico cuya senda que luego no han sabido mantener los franceses-.

Como os comentaba al principio, en los últimos años del siglo XXI muchos sellos underground de música (experimental, beats, downtempo, electrónica, etc.) han retomado las ediciones de tiradas ultra limitadas en Cassette –en muchísimos casos acompañados de la descarga digital al comprarlo por Bandcamp u otros rincones webs-. Algunos sellos que considero interesantes en este menester son: Tape Famous, NNA Tapes, Field Hyms o Awesome Tapes From Africa (y su magnífica recuperación y difusión de la música del continente negro en el formato que nos ocupa). Todos muy recomendables.

En mis últimas adquisiciones “caseteras más destacables podemos contar alguna publicación del sello californiano 100% Silk o de Losonofono (con el Paper Boat de Markis Sage), pero lo que realmente está resaltando su presencia en mis estantes con estos cofres de plástico y cinta magnética es el género del modern funk.

De los Cassettes de modern funk adquiridos últimamente, uno que me ha calado mucho está firmado por el sueco Sasac  en Omega Supreme Records (Portland) sin ningún título que lo encabece. Aunque ya han pasado unos meses desde que salió al mercado –en diciembre del 2012-, no  he dejado de escucharlo con frecuencia, ya que contiene unos tracks funky atmosféricos que están al nivel del mejor DâM-FunK. Bajos sintéticos cargados de groove recorren toda la cinta magnética con sus 16 trabajos, donde destacan: All Pleasure, Garden Sounds (dos cortes que también podemos encontrar en un 7” editado un poquito antes en el mismo sello), Libra, Du Jour o algún tema más cercano a los beats abstractos como Off World Leisure Gardens. En definitiva, un album cargado de sentimiento y melodía espacial que te puedes chupar de principio a final sin darte cuenta, si no fuera porque has de darle la vuelta en la pletina. Con esta cinta Sasac me ha enganchado hasta tal punto que el citado Garden Sounds ha pasado a convertirse en el tono de llamada de mi celular, gracias a la edición digital que acompaña a la compra del cassette. Indicar también, que Omega Supreme recientemente ha lanzado un LP de Sasac –en formato vinilo- titulado Ultra, que incluyen buena parte de los tracks de este cassette junto a otros nuevos.

Sin abandonar Portland y haciendo referencia a otro artista sueco, me gustaría hacer también una mención especial en estas líneas para la edición en este mes de septiembre en el sello Ausland del álbum The Future, realizado en 2008 por el artista Beem –encuadrado en el género del skweee-. Un álbum que tuvo una distribución gratuita y que recibió las mejores críticas por parte de público y prensa en su momento. Ahora, Ausland ha decidido iniciar su trabajo editorial con el lanzamiento de este álbum en formato cassette. Otro impulso que demuestra que este soporte -con el que hemos crecido, compartido, aprendido y nos hemos divertido- tal vez ya no tenga una presencia clara en las tiendas (físicas y on-line) de música pero es evidente que se niega a desparecer y caer en el olvido.

¡¡Feliz día Internacional del Cassette!!

Enrique Ramos

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Mi cassete favorito es el “Light Green Leaves” de Little Wings. Ese disco salió en su día en tres formatos: CD, LP y cassete, cuando estos dos últimos formatos se daban casi por muertos. Para este disco Kyle Field (la persona tras Little Wings) decidió enseñar todo el proceso hasta tener el disco acabado y se valió de las características de cada formato para enseñarlo. El CD es la versión de estudio, el disco acabado. El LP es una reunión de amigos que se aprenden las canciones en un día y las graban en directo el siguiente. Y el cassete son recortes de las grabaciones que hacía mientras componía el disco. Me encanta ese cassete porque reproduce el proceso de composición de uno de mis discos favoritos sin ningún tipo de filtro. Se escuchan los “cleck-clecks” de poner a grabar y cortar, las repeticiones de algunos fraseos hasta encontrar la palabra exacta, gimoteos reproduciendo una melodía que luego sería la canción… Me gusta que los artistas tengan una conciencia del formato como parte de la creación y no sólo como capricho estético. Las canciones se concibieron al lado de una grabadora de cassete. Así es como sonaban en la cabeza de Kyle Field cuando las hizo.

No suelo elegir el cassete. Lo compro y lo escucho cuando no tengo opción de tenerlo en otro formato. Pero si me gusta cuando la música parece ir de la mano con mi idea del cassete: como algo sucio, que puede deformarse con los años, y que se escucha como un continuo. Es un gran formato para escuchar noise, guarrerias lo-fi y música un poco deforme. Para el resto, no lo tengo en mucha estima más allá de la nostalgia. No me gusta demasiado el ejercicio de nostalgia kisch que parece haberlo hecho reflotar el formato. Lo mejor del cassete era lo fácil que era de transportar y grabar, y su precio, algo que actualmente no tiene ningún sentido más allá de la estética: Nadie usa ya walkmans ni radiocasetes portátiles, sino aparatos de mp3. Los aparatos de música suelen venir con una sola platina o con ninguna (adiós a la idea romántica de grabar una cinta) y, por si fuese poco, las cajas de plástico que contienen el cassete se rompen con sólo mirarlas. Es un formato destinado al maltrato al que le sienta bien música sin vocación de permanencia. Por eso que me repatea como objeto de coleccionista o culto romántico. Lo veo algo impostado, un ejercicio extraño de nostalgia de algo que no has vivido. Si la música acompaña es perfecto, si no lo hace me da dolor de barriga. Pero quizá es porque me hago mayor y más cascarrabias.

Blanca Martínez

silk

Apoyo el kasette como forma primaria pero todavia eficiente de DIY.

En cuestiones económicas —> Una cinta te cuesta de 5 a 10 dólares, 3,33$ o 6 X 25 pavos si pillas rebajas en según que sello. Incluyendo artwork que en ocasiones están pintadas a mano por los propios músicos y la mayoría te dan un código de descarga en digital too.

En cuestiones cualitativas—> carece de sentido que todo sea producido en dicho formato. Es un apoyo a grupos emergentes, primeros eps o lps que posiblemente no lleguen a ser editados en otro formato. Algo casero bonito, barato y perecedero. Algo tan viejo como mantener vivo el espíritu juvenil de las maquetas. NO me parece PROBLEMA entender el formato como algo desechable, pagar el equivalente a tres cañas por música que vas a disfrutar durante CUATRO meses, lo que sea que va a durarte la cinta.

En cuestiones socioculturales—> la cuestión no es oponer formatos,  sino identificar CUAL ES apropiado para según que música o que tipo de consumidor. Yo (22 años, en oposición a todo tipo de fetichismo a objetos pseudoculturales) no pienso acarrear toda mi vida dondequiera que esta vaya a estar con una colección de vinilos, ni siquiera con una colección de cintas. Las cintas mantienen ese punto de romanticismo + ritual de escucha  pero sin el componente snob y de longevidad que la historia del vinilo lleva detrás.

Apunte final: Recuerda todos esos discursos medio apocalipticos en torno a la desaparición de intermediarios entre creador artista y consumidor fan debido a la revolución tecnológica que iban a llevar a la industria a la ruina??

ESO ya ha ocurrido, eso es palpable MAS QUE NUNCA, además de la proliferacion de nichos y sellos independientes  en la  escena de kasetes contémporanea. Y no solo ha desaparecido parte de la industria o toda en el proceso sino también la prensa porque la realidad ES que nadie quiere quedarse sin trozo del pastel por diezmado que sobreviva.

Mi cinta favorita:

Es una cinta de Silkies (muchachas garajistas californianas dos temas o cuatro ahora no te lo puedo desir exactamente porque no tengo ordena para chekear y la cinta me la cargué hace tiempo) La carátula solo iba impresa a una cara, los nombres de las canciones ni aparecían, la cinta era de un solo color sin una letra en ningún lado.  :___( el caso es que representa TODAS las virtudes del formato en sí mismo.

Primeros dos temas de una banda desconocida muchachas jóvenes veintipocos.

El realise digital se hizo via Young Latitudes, sello digital veinteañeros españoles además aunque luego el casete fue editado en otro sello.

La consumidora YO, misma edad, mismos gustos.

El proceso en la mayoría de estos casos: DEL BANDCAMP a tu casa es equivalente a poner la sexta tres un día de resaca en el que HECHAN cadena de favores pero en MUSICAL. No hay que ser un lince para comprender EL bien en ello.

Déborah G. Sánchez-Marín

la luz damp face

¿Y por qué no? Hasta hace bien poco era una compradora de vinilos bastante compulsiva. Probablemente, aunque estoy pelada, habría sacado dinero de donde fuera para seguir comprándolos y seguir ampliando mi colección. Sin embargo, lo cierto es que en el último año solo he comprado un vinilo y siete cintas. En un momento determinado del año pasado empecé a cuestionarme a mí misma, a la relación que establecía con el producto y la manera en la que estaba disfrutando del mismo. Las conclusiones a las que llegué no me gustaron, fundamentalmente porque me vi perpetuando un modelo que hasta entonces me había parecido el mejor, pero que comenzó a resultarme hasta doloroso. Al comprar, ¿a quién le compro? Y, ¿qué compro? ¿Un producto? ¿O compro música? La posesión del objeto como máxima, objetos, discos que reproduzco de higos a brevas… pero ¡eh, lo tengo! Un modelo que se cimentaba en apelar siempre a la nostalgia, al museo, al embalsamamiento… De alguna forma, sentía que estaba alimentando a un cadáver.

Ahora no me importa tanto a quién escucho, a veces ni recuerdo sus nombres. Tampoco me preocupa tener una lista de mis diez grupos favoritos y las diez mejores canciones… Al reflexionar sobre cómo estaba comprando música, llegué también a cuestionarme el tipo de música que estaba escuchando. Esto no quiere decir que haya dejado de escuchar a los grupos que siempre me han flipado, pero de alguna forma me siento liberada, porque ya no siento que tenga que tener sus discos pillando polvo en una vitrina de mi casa. He descubierto nuevos grupos, webs de música, plataformas online, yo que sé… El mismo streaming que antes odiaba. Muchos de estos grupos no van a llegar quizá a nada, no sé si van a triunfar, básicamente me la pela. El hecho es que algunos me alucinan, siento que disfruto de la música, y no de un jodido producto. El hecho de comprar cintas en detrimento de los discos es básicamente por este motivo.

He descubierto bandas que me gustan, bandas de lo inmediato que sacan sus trabajos en casete. Creo que es redundante enumerar las razones por las que una banda saca su trabajo en cinta, y además no soy una experta, pero si este año he llegado a comprar casetes en detrimento de los discos es primero, porque me apetece premiar al grupo por su trabajo, y porque creo que es lo justo, y segundo, porque la cassette es a menudo una pequeña obra de arte. Cintas recicladas, regrabadas, repintadas, a veces incluso a mano, ponen de manifiesto una relación más directa entre artista y escuchante. Creo, además, que no existe ningún revival de la cinta, sino un reconocimiento, quizá tardío, a una cultura y a una forma de hacer música que nunca llegó a irse, porque liberar música en forma de casetes, y hasta cierto punto escuchar música en forma de cassette, es una declaración en contra de la formula imperante de mercado.

Mi cinta favorita, quizá porque es la que más he escuchado, es “Damp Face” de La Luz. Me recuerda a esa música de carretera que sonaría en las películas de Russ Meyer, bandas de chicas haciendo música, bandas de chicas conduciendo como locas a través de carreteras desiertas a toda velocidad, llenando a su paso todo de arena y polvo… Primero las conocí por su bandcamp, las escuché muchísimo y me fliparon. Cuando sacaron las casetes en Burger Records, me la compré, no lo dudé.


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