Native Instruments y Serato: caminando hacia la “eliminación total de la memoria del tocadiscos”…

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La democratización de la tecnología DJ tiene sus cosas buenas: accesible, barata, cómoda y con infinitas posibilidades. Sumada a la revolución del MP3 y el detrimento de los formatos físicos, ésta a dado lugar a una nueva generación de selectores, DJs y artistas mayoritariamente más centrados en aspectos técnicos que en la propia música. Marcas como Native Instruments o Serato se apresuran a etiquetar este quizá último estadio en la transición analógico-digital como “la revolución del DJ digital”, algo que encubre cautelosamente un objetivo distinto: la venta en masa de herramientas y un mayor consumo tecnológico, desplazando a un segundo plano a la música, que ya no es un negocio solvente. 

Hace tan solo unos días, la noticia de que Native Instruments pretendía comprar lo que queda de la marca Technics y la producción restante de los modelos de tocadiscos 1200 y 1210 con maliciosas intenciones orientadas a la extinción total del producto colapsaba redes sociales y provocaba un estado de alerta o incomodidad muy extraño; la información, falsa, era tomada por cierta por los que no conocían el portal de noticias electrónicas en tono jocoso e irónico Wunderground, poniendo el salto en el cielo por frases como “we want to remove the memory of the turntable”, atribuidas a Michael Dressler; otros por su parte consideraban la broma pero observaban aquellas palabras inventadas con cierto desasosiego, como si de un punto de inflexión revelador “estuviera pasando” en estos precisos momentos.

En aquella noticia, se imaginaba a Dressler presentando un plan fatídico para el DJ analógico: ofrecer a todos los usuarios de Technics un cambio por un controlador o instrumental para DJ digital creado y producido por Native Instruments. Acción estratégica que no dista mucho de las políticas empresariales de algunas empresas en otros sectores: utilizar un mayor volumen de capital para comprar empresas degeneradas que representan “flecos” o quistes difíciles de borrar y que impiden la realización de un plan mucho mayor y a largo plazo. Uno de los párrafos más inquietantes y demoledores de aquel fake, era éste:

“We are at the beginning of a digital revolution and we at Native Instruments want to be the people leading the charge. We’re taking DJing into the twenty first century and beyond. We want to make a DJing experience so perfect, that beats will never be out of sync and pitch will be set automatically with the touch of a button but we cant do this with constant reminders of the past”.

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El sistema estrella de Native Instruments, derivado del primitivo Final Scratch ideado por Stanton y que recibe el nombre de Traktor, ha evolucionado más rápido que cualquier otro elemento de similares características en el mercado, siendo el primero en mutar y enfocar en la mencionada “experiencia del DJing”; fue el primer software en incorporar un sampler integrado, loops automáticos y posibilidad de remix en vivo, además de tener un motor de sincronización pulido hasta el mínimo detalle y un programa que puede funcionar independientemente de si se posee el hardware o no.

Comodidades que aceleran la máquina de la disciplina y la sitúan en un punto totalmente desnaturalizado y del que no se puede volver: DJs atormentados por carpetas y carpetas de música que nunca usarán, tools que nunca probarán y que nunca utilizarán, principiantes o veteranos asfixiados por las posibilidades. Al otro lado, jóvenes sin vergüenza alguna que apuestan fuerte por las nuevas tecnologías, dotados de algo de oído musical y que deciden entrar en ese círculo vicioso de auto-engaño en el que la técnica, la destreza, lo puramente técnico, se suple con grandes alardes y montajes de música “de calidad”. Es anecdótico, observar cómo algunos de los DJs, selectores o simples intérpretes que mejor partido sacan al arsenal de herramientas que propone Traktor, sean también los que a menudo música más bochornosa suelen escoger para presentar en público. No se puede generalizar, pero el perfilarse como un fuerte y arriesgado abogado por las nuevas tecnologías no asegura en ningún caso un buen gusto musical: el día que Traktor incorpore un sistema que permita trasladar conocimiento de décadas y décadas, tardes y tardes ojeando vinilos a cerebro ajeno, entonces podremos comenzar a hablar.

“Es anecdótico, observar cómo algunos de los DJs, selectores o simples intérpretes que mejor partido sacan al arsenal de herramientas que propone Traktor, sean también los que a menudo música más bochornosa suelen escoger para presentar en público”.

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La habilidad igualando BPMs, el gusto por ese factor tan humano como es la  imperfección, el sosiego eligiendo cuidadosamente el siguiente vinilo, la sensación ritual de preparar una maleta ya no tiene sentido, es parte del pasado y podríamos ya considerarlo casi artesanía; el grueso del público que algún día quiere convertirse en DJ ya no pasa por ese ciclo de enseñanzas, no hace falta si tenemos la posibilidad de dejar el trabajo sucio a algoritmos digitales mientras nosotros nos ocupamos de elegir lo mejor para nuestra audiencia, esforzándonos por elevar a otro nivel el arte de poner discos. Tocar beats en directo, remezclar, preparar bootlegs, mezclar cuatro canales al mismo tiempo y otras virguerías que, en realidad, someten a tal presión a cualquier artista que acaban descentrándole de la vía que se pretendía facilitar: ocuparse únicamente de seleccionar la mejor música.

No es que el remedio sea peor que la enfermedad, ni mucho menos, la gran fisura de todos estos adelantos y surtido de posibilidades es que nunca llegan anidados a un respeto por la música y aunque se llenen la boca dándole el protagonismo, solo hacen que enterrarla como algo secundario: si se invirtiera un 10% del capital para I+D en programas de adiestramiento o divulgación musical apropiada, tendríamos muchos más DJs preparados “técnica” y también “mentalmente”. El concepto del DJ y la “cultura general” que debe tener para contentar a todo tipo de audiencia no se ha aprendido desde el principio o no se ha querido aprender, refiriéndome a las principales marcas que comercializan sistemas dirigidos a la experiencia completamente digital: se ha pasado por alto u obviado de forma sistemática como uno de esos flecos de los que hablaba antes, pequeñas telas de humo anticuadas que se entrometen en el beneficio potencial de un producto. ¿Para qué promover música de calidad o cierto sentido común al DJ moderno, si lo que queremos es que cualquier usuario compre nuestros aparatos y juguetee con ellos hasta que se canse o diga “basta, ya no quiero ser DJ”? Lo que interesa es que haya los máximos DJs o proyecto de ellos posibles, son todos compradores potenciales.

Serato, la compañía más respetada (aún y por poco tiempo) dentro del sector, anunciaba hoy mundialmente que dejaría de actualizar su sistema (hasta ahora) estrella: el Serato Scratch Live. En contraposición, desvelaba sus planes para centrarse completamente en el Serato DJ y su evolución (un paso adelante en lo que fue Serato Itch, únicamente pensado para controladores vía MIDI y con DVS integrado), con las intenciones ocultas de hacer la competencia a la todopoderosa Native Instruments y sus productos, entre ellos el Traktor pensado para iPad o iPhone: no complicaciones, BPMs olvidados, total sincronización en cualquier sitio y a cualquier hora.

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Una lástima que una compañía como Serato, que inició su camino presentando el “sistema senior” dentro del Final Scratch: un software medido a la perfección, que imitaba el tacto del vinilo al 99% y que estaba preparado para principiantes o para expertos turntablistas. Materiales caros, buen sonido y una bien pensada interface que fue cayendo en detrimento no solo por culpa de la competencia (que ofrecía más por menos precio), también por la inestabilidad del hardware o la imposibilidad de utilizar el software libremente. Una estrategia que hizo aguas hace un par de años y que relegó definitivamente a la compañía a un segundo puesto, sitio que en este tipo de batallas puede traducirse casi como la incómoda “cola”.

“¿Para qué promover música de calidad o cierto sentido común al DJ moderno, si lo que queremos es que cualquier usuario compre nuestros aparatos y juguetee con ellos hasta que se canse o diga “basta, ya no quiero ser DJ”? Lo que interese es que haya los máximos DJs o proyecto de ellos posibles, son todos compradores potenciales”.

Que Serato pierda totalmente su personalidad por culpa del avance en el mercado de Native Instruments y quiera ahondar en un concepto innovador pero a la larga perjudicial para la “imagen” del DJ es una muy mala noticia; que los usuarios de SSL se encuentren a partir de hoy con un software que no recibirá actualizaciones y está destinado a convertirse en una pieza de museo como el FreeHand es una mala noticia; que cada vez se oigan menos las voces que tachan de artificial la postura del DJ contemporáneo, más centrada en las habilidades y control de ciertos programas que en la propia música es una muy mala noticia; que a pesar de la legión de puristas enfadados, híbridos a medio camino entre lo analógico y lo digital, usuarios a los que no les preocupan este tipo de cuestiones y otros que solo observan el djing como una manera de presentar sus playlists de Spotify hayamos dejado que esta tónica se convierta en mayoritaria es una tragedia.

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No lo es por que yo mismo le tenga miedo a las nuevas tecnologías, sea un anticuado o lo observe desde un punto de vista demasiado “clásico”, al contrario: mi voto es sí a las facilidades, a la innovación y a la evolución, pero siempre y cuando la música salga bien parada en la ecuación. Lamentablemente y valorándolo con detenimiento, no llego a otra conclusión que el pesimismo ante esta “revolución”: sigo pensando que la balanza está descompensada y que se busca  adormecer, debilitar la iniciativa de público y DJ con miles de botones, colores, opciones y knobs, se está distrayendo al grueso potencial de lo realmente esencial: contar, narrar, trascender, evocar, sugerir y hacer vibrar al receptor sin perder en ningún momento de vista la calidad.

Por supuesto, este tipo de debates y cuestiones llegan finalmente y después de mucho teorizar a un punto muerto del que no se puede escapar: la abstracción y posición relativa a la hora de considerar a un DJ o a un artista según nuestro propio baremo: según lo exquisitos o sibaritas que seamos lo veremos desde una de las esquinas, la más oscura e intransigente concretamente, si le quitamos hierro al asunto y éste no tiene tanto peso en nuestra escala de valores, daremos por buenas muchas más opciones. El problema es que de los primeros ya quedan cada vez menos, se trata de una especie (también) en proceso de extinción y una actitud antigua que representa una minúscula parte del gran combate entre las actitudes que hoy en día se pueden adoptar a la hora de “ser DJ”. Ya casi demolida por un ejército de aficionados a los que se les regala y vende comodidad, adelantos y una sensación fraudulenta de “ser el mejor” centralizada en lo que puede comercializarse más fácilmente: los materiales, y no la música, ya que ya nadie compra música. Pero esa es otra historia.

Frankie Pizá


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8 Responses to Native Instruments y Serato: caminando hacia la “eliminación total de la memoria del tocadiscos”…

  1. alvaro says:

    Desde luego desde que se inventó este sistema de c´pdico de tiempo nunca más se va a volver a usar los vinilos tradicionales!
    Es cuestión de tiempo

  2. Walter says:

    Comparto con mucha nostalgia lo mismo, Dj se nace, no se hace. serato scracht live – forever..

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