Forest Swords “Engravings”

forest swords tri angle

Han pasado tres años tras la estocada fulminante de “Dagger Paths” y “Rattling Cage”, un compendio de composiciones absolutamente arrebatador y cuya suma de referencias le otorgaba una naturaleza  familiar y lógica desde el eco de la repetición. Con “Engravings”, volvemos a encontrarnos con las mismas coordenadas y referencias que en los trabajos anteriores, mejor pulidas las aristas, con un empaque sonoro mucho más brillante y una lógica continuista dentro de su universo sonoro. “Engravings” no es un disco en el que Matthew Barnes trate de re-configurar todo su universo y la catarsis desde la evolución de su paleta de referencias. En parte, esta continuación se ha demorado en el tiempo por diferentes motivos personales que Barnes ha ido revelando en diferentes entrevistas y cuando ha vuelto a la grabación del material de “Engravings” ha seguido su línea de progresión lógica desde el universo de “Dagger Paths” y la refinación palpable en el single “Rattling Cage” (trabajos editados por Olde English Spelling Bee y No Pain In Pop, sellos cuyos catálogos siempre han demostrado un gran olfato para los fichajes de nuevos valores) hasta recaer en el sello Tri Angle, sello que comenzó entregando discos de gran calado emo-tivo en el apartado electrónico y serpenteos r&b (desde Balam Acab, Holy Other o Clams Casino hasta Evian Christ) escalando hacia unos trabajos que ensucian de tormenta y lastran de granito como los tratados imprescindibles de la nueva generación inglesa representada en algunos nombres capitales como The Haxan Cloak, Vessel y el que nos ocupa con Forest Swords.

Esta reconversión paulatina de Tri Angle hacia terrenos mucho más pantanosos siempre mantiene un enfoque brillante y luminoso como distintivo de la casa, pero evita caer en la excesiva pedantería emo en la que podría haber caído su catálogo de haber seguido profundizando en el factor evanescente (sonorojante e intrascendente). Por suerte, ese no ha sido el trayecto. Con The Haxan Cloak y Forest Swords se ha introducido en terrenos obviamente cercanos a la psicodelia malsana y en el imaginario de vudús y ritualismos folclóricos que representan tanto Barnes como Krlic, aunque con marcadas diferencias (aunque en ambos discos hay una conexión por la fijación en la muerte en sus títulos “Excavation”/”Engravings”). En el terreno del imaginario utilizado por Barnes, comenta la fascinación por motivos de la cultura vikinga en Liverpool a los que dedica canciones como “Thor’s Stone”, el uso de la percusión de una manera cavernaria y primitiva, jugando con estas bazas para trazar puentes al UK garage y como post-ismos o evoluciones derivadas de la generación dubstep (ese modo de buscar el tratamiento minimalista de las texturas vocales como emoción abstracta más que mensaje).

El saber manejar de manera repetitiva el aspecto de spaghetti western o surf narcotizado desde las lágrimas de Rowland S. Howard, el temblor de Hugo Race o la decadencia de Heroin In Tahiti en las guitarras, los ecos y bajos de la cultura dub para conseguir un impacto profundo, bañarlo con sintetizadores y elementos ocasionales que remitan a culturas del Este de Europa e incluso un potente imaginario que remite hacia territorios asiáticos. Esta utilización de elementos se hace de una manera simplificada, precisa y repetitiva , casi aplicando esta fórmula como si fuera un mantra tibetano, que si nos fijamos en la definición del término mantra encontramos:

Al concentrarse en la repetición del sonido, todos los demás pensamientos se desvanecen poco a poco hasta que la mente queda clara y tranquila. Los mantras pertenecen pues al domino de lo sagrado, constituyen el lenguaje divino, y su eficacia es perfecta, “siempre y cuando sean pronunciados correctamente”.

Al escuchar “Engravings”, también me acordé de las imágenes que decoraban algunas estancias en la Alhambra (de las pocas cosas que aprendí en Granada en el aspecto cultural, ya que lo de la escena indie granadina es una de las grandes mentiras que se han preservado en este país) de motivos geométricos y cuya simetría era perfecta. Estos motivos, trataban de alcanzar una apariencia infinita, como una oración perpétua y mantra a la divinidad de Alá en estos arabescos y en las poesías infinitas de yeso que formaban parte de sus paredes. Así, desde elementos y materias primitivas se puede trazar una comparación con el material sonoro de Barnes que emplea, como decía, infinidad de loops de sus diferentes elementos dejando que sea el ritmo cavernario y el pantanoso derivar psicodélico y polvoriento de sus punteos de guitarra nos acerquen de nuevo al hueso y al goteo de sangre.

El inicio del disco con “Ljoss” nos sirve como puente a su último corte del single “Rattling Cage” titulado “Hjurt”, donde introduce una “jota” después de la primera vocal como referente a la cultura nórdica que comentábamos anteriormente. No solo mantiene similitudes en este aspecto, nos devuelve al western-dub imaginario empezando con un delay “tremoloso” inicio (tremolar en valenciano significa temblor y como referencia al efecto) y nos devuelve a parajes donde nuestra mente se deja ir en el pulso dub y la psicodelia al incorporar las voces distorsionadas también de reverberaciones, donde ir añadiendo nuevos punteos y sonidos de manera progresiva buscando una épica minimalista, al mismo tiempo que mantiene un aspecto triunfal al verse acompañado por esa paleta rítmica de cavernario r&b.

“Thor’s Stone”, empieza casi adentrándose en unos breves instantes en la metálica deformación sonora y demonizada de The Haxan Cloak pero el sonido del piano envolviendo la composición desde un loop incesante va dejando paso a sonidos procesados de sonidos de viento (me gustaría pensar que son cornetas vikingas en honor a los sacrificios a Thor) y a voces que envuelven un giro que parece emprender una marcha ceremonial. “Irby Tremor”, mantiene ese referente de aplicar interferencias sonoras que evocan momentos de confrontación y desembarco, motivos sonoros que amplían el espectro sonoro de Barnes al aparecer con una mayor frecuencia interrumpiendo sus estampas de abstracción psicodélica. Pero comentaba, gana en añadidos puntuales pero en ningún momento pervierte la esencia de su sonido aunque por otra parte, se pierde la sensación de soledad de sus anteriores trabajos por una mayor euforia , aunque tampoco es que estemos hablando de su música como la alegría de la huerta como para calificarla como triunfal, siendo muy pocos los cortes que parecen adentrarse en la romántica decadencia del debut como “Onward”, aunque en su parte final decide emprender una pequeña sinfonía sintetizada que me recuerda a los momentos más solitarios de “The Soft Bulletin”.

En la parte central, tenemos “The Weight of Gold” y vuelvo a tener la sensación de familiaridad con  el material del single “Rattling Cage” y el empleo de las voces que consiguió refinar con mucha más precisión en dicho single, aunque obviamente el contrapunto y la manera en la que Barnes termina de asentar todo el aspecto de amor por el r&b es en “Anneka’s Theme” y recordarnos su versión de Aaliyah de su debut con “If Your Girl” (además de colaborar con Tom Krell en el último disco de How To Dress Well en el corte “Cold Nites”). Entre medias, está “An Hour” y el loop entre pianos donde se cuelan referentes africanos como de una kalimba (o tal vez una mbira). De nuevo, el incesante e interrumpido empleo de los loops se encuentra en “Gathering” y me recuerda al mismo tiempo al uso del sampler de manera imaginativa que empleaban Disco Inferno para crear una sensación pop tremendamente reconocible entre una cascada de experimentación abstracta que les hacía realmente únicos, al igual que a Matthew Barnes con “Engravings” ya que muy pocos se han acercado a sus territorios en estos últimos tres años, tal vez Raime en su corte “Your Cast Will Tire” por poner un ejemplo.

Para el final, se reserva una elegía y despedida donde trata de alcanzar un momento de paz victoriosa y de catarsis emotiva en “Friend, You Will Never Learn”, deja entrar una rítmica aparentemente más frenética (si lo comparamos con el resto de sus cortes donde reina la sedación) para ir alzándose en un viaje redentor como se relata en el libro tibetano de los muertos y tras el ciclo de 49 días alcanza la reencarnación y el renacimiento su alma. Esa catarsis emotiva y apasionada en la secuenciación cada vez más abigarrada es un recurso propio también de la épica post-rock, aunque por suerte nos referimos a este término a su definición inicial e imaginativa redefinición de patrones tradicionales del rock.

“Engravings” era sin duda alguna uno de los discos más esperados de esta temporada y se puede decir que de ningún modo ha decepcionado, unido a que su factura es imponente y tremendamente brillante. Tampoco se puede decir que sea una revolución dentro del universo creado por el alma de Matthew Barnes tras Forest Swords, pero como un mantra, marcha hacia la redención desde las cavernas repletas de carne y hueso pero conocedoras de que algo más tiene que haber cuando las emociones se convierten en todo lo que puedes poseer. Un disco redondo en definitiva, pero que plantea al mismo tiempo un callejón sin salida para Barnes al conseguir refinar al máximo todas sus posibilidades y de qué modo conseguirá imaginar una vía de escape para no convertirse en un cliché de sí mismo. Hasta que eso suceda, disfrutar queda.

Fran Martínez


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