Eric Copeland “Joke In The Hole” / “Masterbater”

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Eric Copeland de vuelta a DFA casi diez años después del último disco que editaron Black Dice en el sello (“Creature Comforts” de 2004). En perspectiva, han pasado muchas cosas en el discurso sonoro de Copeland con Black Dice e iniciando su obra en solitario en 2007 con “Hermaphrodite” (en esta ocasión para Paw Tracks, sello ligado a Animal Collective). Pero en todo este proceso hay algo invariable, la mutante alucinación que supone la obra de Eric Copeland y Black Dice. Puestos a recordar, a mi memoria viene una de las primeras entradas que escribí para Concepto Radio el año pasado a propósito de su último disco “Mr Impossible” y una mirada retrospectiva a su obra, señalando su obra como incomprendida pero visionaria a cada nuevo album. Esta no pertenencia a ninguna escena en el momento que lanzaban cada album, fue mucho más radical desde la salida de DFA como relataba en aquel artículo y ahora, una década después la vuelta a DFA le llega en un momento en el que quizás su música sea más comprensible o el entorno más favorable.

Los sonidos escondidos en los discos de Black Dice desde “Load Blown” o “Repo”, han ido encontrando una vertiente pop surrealista y plunderphonica en la obra de Copeland en solitario, al mismo tiempo que ha ido creciendo el culto hacia nombres que hacian de la mixtape un nuevo arte y la recuperación del chopped & screwed en nombres como DJ/PURPLE/IMAGE (Alex Gray/Heat Wave), James Ferraro(Bodyguard/Bebetunes), Chuck Person (Daniel Lopatin), Pat Maherr (Dj-YO YO Dieting/ Diamond Catalog), John Olson (Wolf Eyes/Henry & Hazel Slaughter) e incluso recientemente un nombre mucho más asociado al drone metálico y apocalíptico como Campbell Kneale (Birchville Cat Motel) en su referencia como Our Love Will Destroy The World para el sello Reckno con “Jet Plane Joy”; creación de sellos como Beer on the Rug o establecer un modelo de crooner pop desde manipulaciones similares como Dean Blunt (especialmente en “The Narcissist”). Eric Copeland, sigue sobreviviendo con sus mismas referencias y fijaciones al paso del tiempo, pero el entorno como decía se vuelve más amable con él. De algún modo, Black Dice han sido los Disco Inferno de nuestra generación.

Con estas circunstancias presentes, tras dos discos inspirados como “Waco Taco Combo” y “Limbo”, llega el momento de enfrentarnos a un doblete de referencias para DFA que vuelven a ser, de nuevo, fascinantes como son el ep de adelanto “Masterbater” y el larga duración “Joke in The Hole”. En conjunto, estas dos obras son indisociables y “Masterbater” se consagra en la obra de Copeland como el single más tremendo desde aquel “Cone Toaster” hace una década. “Masterbater” es un corte de más de once minutos que en el fondo parece una mixtape en si misma o una especie de preview en soundcloud de fragmentos de lo que vendría a ser su nuevo album ya que la correspondencia del pitch va fluctuando entre fragmento y fragmento en una suerte de pasatiempo entre distintos estilos encontrados en una especie de plunderphonic mixtape que simula como dicen en la hoja de promoción que estas ante Copeland manejando el dial de manera caprichosa, dejando que entre meditabundas manipulaciones hagan entrada toques “pop” atiborrados de codeina y emoción a cámara lenta, mientras Copeland los utiliza como cortina de humo hipnótica para renglón seguido volver a introducir una nueva perversión rítmica llevada hacia el loop incesante, con un nivel de adicción que me recuerda a aquella maravilla editada por Beer On the Rug de los portugueses Mediafired. Este ep es oro puro.

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Este cambio estilístico, en teoría mas abstracto y caótico funciona con una mayor naturalidad también en formato largo en “Joke in The Hole” y sus once composiciones que vuelven a entremezclar el hipnotismo en breves loops que van siendo asaltados por melodías sin previo aviso desde el inicio con “Rokzi”, un corte que podría encontrarse en cualquier disco de Black Dice desde “Creature Comforts” (“Beaches & Canyons” tienen una propulsión y alma distinta), con ese mantra troglodita y altas dosis de surrealismo que a mitad de composición vuelve a girar desorientada y melódica hasta toparte con “Grapes”, con ese adictivo residuo de sampler de órgano viéndose envuelto por un falso funk, proto-house como mantra infinito en el cual imaginarte bailando en tu cerebro tan solo a las neuronas más resistentes. Pero sin duda, una de las piezas centrales del disco se condensa en los ocho minutos de “Tinkerbell”, apoyada en una rítmica sinuosa y una progresiva malformación que va recordando la conexión de The Durian Brothers, Sculpture, JFM o Thought Broadcast con el trabajo de Black Dice.

El tono caprichoso y el gancho melódico vuelve a aparecer en “Flushing Meats”, una pieza que te hace recordar incluso a la una versión atiborrada de narcóticos a Avalanches y que fue editado como single en Calico Corp el año pasado, un año en el que completó una excelente tanda de singles donde también brilló “Car Alarm”. Después de este corte , las siguientes piezas serán breves ejercicios mucho más eufóricos y breves como en el caso de “Babes in the Woods”, que empieza con ese fragmento propio de banda sonora de Disney reinterpretada por Tonstartssbandht y acaba derivando en una métirca de esquizofrenia disco, sin contar con un corte como “Bobby Strong”, que te va induciendo al movimiento de pies de manera obsesiva, algo que Copeland no había centrado su mirada con tanto esmero en ningún otro de sus discos. “Shoo Rah”, tiene un aire cercano a la de las mixtapes de Andy Votel remozado por Mordant Music y “Cheap Treat”, es una hilarante muestra de house de toques synth y new wave que conectan con todo el universo de Beer on the Rug y similares que comentábamos al inicio de la reseña y cuyo contrapunto anestesiado se expande en el corte final con “New Leather Boogie”. Coperland opta por intentar crear una obra más libre y dejar momentáneamente el intento de casar la radicalizada estética sonora de Black Dice en formatos relativamente más pop, ahora el mantra se centra en crear un conjunto en constante evolución rítmica, devorando, masticando, escupiendo y regurgitando cualquier estilo hasta remodelarlo de manera acorde con su imaginación.

No es fácil acercarse al universo de Eric Copeland y no salir con una sonrisa tras escuchar “Masterbater” y “Joke in The Hole”, como siempre con portadas delirantes demostrando un sentido del humor socarronamente perverso. La imaginación desbordada y atropellada de Copeland consigue además en estas dos entregas abrirse con más claridad hacia un terreno de perversión sonora en el que poder disfrutar de su compañía este verano cada vez más caluroso en el que podemos imaginar el sonido de los vinilos de los que ha tomado samplers derritiéndose en la cabina del dj del chiringuito de la playa de turno, incluso a él también , quedando tan solo un panorama de huesos en descomoposición y una rítmica en estado de desintegración. Siempre quedaría una sonrisa y un último baile con el mojito en la mano. O decirle a tus amigos que los mensajes virales de Julio Iglesias tienen ya la gracia en el ojete. Doblete necesario y paso adelante de Copeland.

Fran Martínez


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