40 años de “Innervisions”: El sumun creativo de Stevie Wonder…

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El debate sobre cuál de los discos editados y completados por Stevie Wonder en los años 70 está lejos de tener una opinión o apreciación ganadora; desde “Music Of My Mind” a “The Secret Life of Plants” en su discurso confluyen rítmicamente y sin brechas una exquisitez crítica, una originalidad lírica y una exploración musical inusual y difícil de igualar si quisiéramos encontrar algún sinónimo que compartiera con él la misma época. Si quisiéramos poner algo de contexto: fue Curtis Mayfield el que pavimentó el camino de la libertad artística y autonomía expresiva por primera vez desde su propio sello Curtom, rompiendo esencialmente con el artista afroamericano considerado poco más que un “entertainer” o un cantante de baladas. El de Chicago consiguió plantear un tipo de producto nunca antes visto, un músico y cantante mucho más comprometido con los problemas de su raza, los problemas sociales y políticos de su país y que complementaba toda esa ambición con una inventiva en términos de innovación musical realmente esperanzadora.

En líneas generales, y antes de la revolución artística de Mayfield, sin entrar en especificaciones, se había quizá palpado algún esfuerzo en trasladar los conflictos raciales en las manifestaciones de Nina Simone o Sam Cooke, pero sobre todo en James Brown: con su “Say It Loud: I’m Black and I’m Proud” se rompió el hielo y se pegó el más fuerte e impactante golpe sobre la mesa, trasladando a la música y al escenario lo que ya se venía sintiendo en las calles o en otras disciplinas en buena parte de la década de los 50 o 60, pero sin salir de los arquetipos básicos que dominaban el R&B de la época. El mensaje era poderoso, pero todavía estaba ausente de la elegancia e innovación que más tarde adquiriría en las manos de Mayfield o Marvin Gaye y sus colaboradores.

Observando el emporio Motown en su mejor momento, la misma década de los 70, presenciaremos a un Berry Gordy realmente preocupado porque sus principales artistas no se levantaran ante los convencionalismos impuestos por la marca y no adquirieran motivaciones demasiado puntiagudas que pusieran en entredicho la simplicidad y su mensaje “positivo”; el magnate luchó de manera encarnizada con Marvin Gaye cuando éste decidió dar forma a “What’s Going On”, una reflexión, una iluminación y posiblemente la más sofisticada crítica a la sociedad norteamericana que jamás se haya escrito. Gordy no quería ver peligrar la imagen de su sello mojándose demasiado en temas candentes y mucho menos quería perder el control total sobre una de sus estrellas. Aquel movimiento creativo de Gaye supuso un renacimiento y al mismo tiempo el fin de la era dorada de la Motown: se acabaron los hits y los singles prefabricados dirigidos al público blanco entusiasmado con las aptitudes afroamericanas, llegaba la hora de decir algo de verdad.

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Poco tiempo después, un joven Stevie Wonder de 21 años recién cumplidos se acercó al despacho de Berry para renegociar el contrato inicial que le ligaba a Motown: demandaba libertad total para su próximo álbum, ninguna interferencia de la compañía en términos de producción y contenido, y sobre todo que no se interviniera ni se pusieran impedimentos por la letra de “I Wanna Talk To You”, una de las primeras canciones de Stevie Wonder en relatar la problemática racial entre blancos y negros, utilizando como vehículo una conversación entre un joven afroamericano y un viejo sureño. Estamos ante el advenimiento de “Where I’m Coming From”, antesala de lo que un año después perfeccionaría “Music Of My Mind” y que mostraba por primera vez al joven genio de Detroit preocupado por otro tipo de temáticas menos banales y sobre todo ansioso por explorarse a sí mismo como músico.

En cualquier caso, “Where I’m Coming From” y a pesar de suponer el primer punto de inflexión en la carrera de Wonder, seguía de alguna manera conectando con el periodo primitivo del de Detroit: melodías animadas y directas, los Funk Brothers de apoyo y los rasgos más característicos de la Motown persistían. Para encontrar el verdadero paso hacia delante tenemos que fijarnos en “Music Of My Mind”, para el que habla la mayor obra maestra concebida por Wonder y el documento que puso la primera piedra del “periodo clásico” del multi-instrumentista; nada en Motown editado anteriormente se podía ni asomar a la fluidez entre mensaje y experimentación estilística de aquel álbum; no solo coincidieron los primeros coqueteos con el sintetizador de Wonder (con el T.O.N.T.O. o el Moog) o su transgresión en las técnicas de producción, también se observa el punto más alto de “entusiasmo” creativo de su carrera, se percibe una frescura e inspiración únicamente presentes cuando un músico está hambriento por expresar. “Superwoman (Where Were You When I Needed You)” o la magnífica “I Love Every Little Thing About You” escrita para Syreeta (a pesar de su temática puramente romántica) deben ser consideradas el embrión del mejor Stevie Wonder: aquel que enseñó a Motown que un álbum largo no debía ser una colección de singles bien marcada, y que también debía ser una obra con capacidad narrativa completa, con pasajes fluyendo y relacionándose temáticamente entre ellos.

A partir del suceso del introspectivo “Music Of My Mind” Wonder solidificó su relación con los que serían sus hombres de confianza durante casi toda la década: Robert Margouleff o Malcolm Cecil (Tonto’s Expanding Head Band), consejeros y co-productores que serían los hombres en la sombra de cualquier éxito del músico en los 70. También se auto-afirmó en sus ideas líricas y musicales: las grandes orquestas de cuerda fueron sustituidas por experimentos con el ARP 2600 o el Moog, su exploración con el clavicordio Hohner, el Fender Rhodes o la armónica cogió fuerza, su perfil Funk fue acentuándose y la fórmula fresca, original y dotada de gran expresividad fue concretándose dando como resultado “Talking Book”, álbum que abrió definitivamente las puertas populares a Wonder y que sentó las bases de su definitorio estilo. El prensado original de aquel álbum editado a finales de 1972 rezaba: “Aquí está mi música, todo lo que tengo decirte es como me siento. Tu amor mantiene mi amor fuerte”.

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Es el inicio del Stevie Wonder idealista, caracterizado por una particular espiritualidad y su habilidad para dar un toque impresionista a temáticas muy diversas; “Superstition” o “You Are The Sunshine Of My Life” le proporcionaron además determinantes sucesos comerciales, sus primeros Grammy y la oportunidad de abrazar un sector de público mucho mayor y ya prácticamente universal. Pero todavía podríamos decir que Stevie Wonder estaba inconscientemente marcando todas las pautas y patrones que llegarían a su clímax en “Innervisions”: la intrépida fluidez narrativa y creativa de “Music Of My Mind”, los rasgos musicales y distinciones que se plantearon en “Talking Book” y la suma de preocupación social, inspiración lírica y su “extraordinaria visión humana” (como comentó en su día Peter Shapiro) desembocaron en un lenguaje único, rico y completo. Variedad de estilos, variedad temática, versatilidad y un músico que toca, compone, escribe, canta, arregla y produce en 7 de 9 canciones en el mismo disco presentaron un bocado inigualable para la crítica musical de la época, que casi automáticamente destacó “Innervisions” como el mejor álbum de Wonder hasta ese momento.

Era un 3 de Agosto de 1973, justo tres días antes que un grave accidente de tráfico cambiara el devenir interno y mental de Wonder para siempre. A la vuelta de un concierto en Greenville (Carolina del Sur) y circulando de noche a las afueras de Durham (Carolina del Norte), Stevie Wonder descansaba en el asiento delantero de un coche manejado por John Harris; en un momento del viaje, un camión cargado de troncos y de gran altura que viajaba delante de ellos, frenó de manera imprevisible debido a un despiste del conductor, provocando que parte de la carga cayera directamente sobre el coche de ambos; uno de los troncos impactó directamente en la cabeza de Wonder, provocándole un traumatismo craneal severo que lo mantuvo en coma hasta cuatro días.

“… I would like to believe in reincarnation. I would like to believe that there is another life. I think that sometimes your consciousness can happen on this earth a second time around. For me, I wrote Higher Ground even before the accident. But something must have been telling me that something was going to happen to make me aware of a lot of things and to get myself together. This is like my second chance for life, to do something or to do more, and to value the fact that I am alive”. (Stevie Wonder).

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Aquel acontecimiento ya nunca pudo separarse de “Innervisions”, que acababa de salir al mercado. La reacción ante la música que algunos cercanos trajeron al hospital mientras Wonder estaba en coma, sus primeros intentos con el clavicordio en plena recuperación, la sensación de reencarnación que flotaba en el ambiente del músico y en su interior supusieron una especie de revelación: “Nunca se puede cambiar nada de lo que ya ha ocurrido. Todo pasa como tiene que pasar”, dijo después del accidente, observando el suceso como un punto de inflexión divino, una segunda oportunidad. Si Wonder ya atesoraba un marcado perfil espiritual y una profunda fe católica, el accidente que interrumpió su proceso creativo y la enorme gira preparada para “Innervisions” acabó por abrir su mente y le llevó a “reconocer a Dios” de manera definitiva. A partir de ahí, Wonder concibió su música como una manera de transmitir su mensaje universal.

Aunque el álbum fuera creado antes, “Innervisions”, su repercusión y la reacción popular y crítica se identificó y vio plenamente afectada por la emoción del suceso y posterior iluminación de Wonder, viéndose en perspectiva como su obra determinante en términos personales: su vuelta pública al escenario fue en Marzo de 1974 en el Madison Square Garden, todavía con la cabeza y frente magulladas y dirigiéndose a los más de 20.000 espectadores comentando un emocionante “doy gracias a Dios que estoy vivo”. El contenido del álbum, que narraba con inteligencia problemas y temáticas muy conectadas con la sensibilidad callejera y racial, ofrecía una visión plácida, colorista y “espiritualmente tranquila y en paz” de las mismas, desprendiéndose de cualquier tipo de agresividad o confrontación que en aquella época solían estar a la orden del día. Wonder no se limitaba a criticar, también ofrecía una respuesta, una solución basada en el amor.

“Too High” comienza el álbum combinando Jazz, exploración al Moog y sensibilizando al oyente de los problemas que pueden traer las drogas, por aquella época una de las problemáticas que más azotaban a la población afroamericana; en “Visions” Wonder viaja a otro estado mental sentado a bordo de su piano (y acompañado, entre otros, por la exquisita guitarra del gran David T. Walker), fantaseando con un sitio donde predomina el amor; “Living For The City”, la pieza clave de la narración, plantea la historia de un joven de Mississippi pobre e intentando abrirse paso en la gran ciudad, ofreciendo no solo una crónica, un relato sintetizado y agudo de los problemas que el negro de a pie sufría a diario, musicándolo con una arrebatadora combinación de baterías marcadas y la intervención de increíbles melodías de sintetizador.

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“Higher Ground”, otro de los éxitos comerciales del álbum, empuja a la gente a “despertar”, dejar de escuchar la política y solidarizarse con el día a día de la calle, mientras que “Don’t You Worry ‘Bout A Thing” propone un mensaje plenamente positivo y refrescante, aunando e incorporando matices latinos y visión multicultural al catálogo de Motown casi por primera vez. El fenomenal cierre de “Innervisions” llega con “He’s Misstra Know-It-All”, una composición magistral que va encolerizándose durante su timing y que habla de ese “hombre con un plan fraudulento” al que hay que parar los pies, al que critica señalando que “habla demasiado” y que si no estuviera tendríamos claramente “una Tierra mejor”. Se ha rumoreado en varias ocasiones que el personaje que inspiró esta, la más feroz crítica del álbum, fue Richard Nixon (también un single posterior, “You Haven’t Done Nothin’”).

“Innervisions”, ya con 40 años de edad, significa un punto determinante en la carrera vital y musical de Stevie Wonder, que además visto en perspectiva es capaz de hablarnos de manera muy gráfica sobre el devenir artístico del genio y también de la música negra en general: su riqueza en cuanto a composición y lírica, la habilidad de juntar realidad social y hacerla fluir con su marcada visión espiritual evidenciaron el mejor momento de la carrera de Wonder, un momento en el que todas sus virtudes y aptitudes aparecieron y se mostraron de manera equilibrada.

La música negra no volvió a ser la misma a partir de “Innervisions”: fue el primero en presentar experimentos técnicos y estilísticos de tal calibre a gran escala y fue capaz de concebir un nuevo modelo de Pop mucho más completo, consciente y avanzado que lo que Motown había edificado una década atrás. Un modelo que más tarde se acrecentaría con “Fulfillingness’ First Finale” y llegaría a su máximo nivel de perfección, diversidad y brillantez en “Songs In The Key Of Life”, la culminación por así decirlo de la etapa en la que Stevie Wonder estampó su huella imborrable en la historia de la música.

Frankie Pizá


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6 Responses to 40 años de “Innervisions”: El sumun creativo de Stevie Wonder…

  1. Doc Jota says:

    Increible review de uno de mis albums favoritos de la historia, un clasico imprescindible que todo el mundo deberia escuchar antes de morir.
    Me quito el sombrero, enhorabuena

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