Sónar 2013: desde la sinceridad y el mal sabor de boca…

portada copia

Los gigantes también tienen que reflexionar de vez en cuando. Es parte de la grandeza, van implícitos, los momentos en los que no se cumplen las expectativas y se debe coger perspectiva para seguir avanzando. Si hace menos de un mes comenzábamos nuestro resumen del pasado Primavera Sound 2013 con un breve alegato contra el propio formato de la crónica y su poco beneficio/importancia a largo plazo (y cada vez menos al corto), hoy debemos casi contradecirnos por completo al tachar de esencial el tener la oportunidad de dar una opinión clara, real y verdadera sobre lo que fue el veinte aniversario de nuestro festival más internacional, influyente y respetado.

Aunque las opiniones nunca suelen presentarse con gran unanimidad y en el caso de conciertos, actuaciones concretas, existen muchas perspectivas igualmente válidas, hay algo que suele quedar como poso en la memoria de casi todos los asistentes a un evento de estas características. Eso son las sensaciones, las vibraciones, y en este caso específico, el mal sabor de boca; no se trata de una mala representación, un problema de organización o uno de esos fallos de principiante que sabemos que Sónar nunca volverá a tener, tampoco es cosa de un sector de la programación ni una extraña decisión logística o sonora, es la confluencia/consecuencia de muchas circunstancias las que hacen que muchos de los que se acercaron a Barcelona se lleven un recuerdo de bajo perfil de esta, a priori, importantísima edición, por todo lo que significaba.

A nosotros no nos importa la sensación generalizada, en cualquier caso: como hablábamos en aquella pasada perspectiva y análisis del pasado PS, una crónica de un evento se basa esencialmente en un punto de vista subjetivo, una opinión única e intransferible que cada vez tiene menos interés o provoca menos influencia, debido a la inmediatez con la que los contenidos y su consumo viajan hasta nuestros sentidos (y en un sentido mínimo, es compartida o no por los lectores). Aquí, si hablamos de Sónar, de su veinte cumpleaños, ese tipo de opinión personalizada se revaloriza por un simple factor que poco a poco se va convirtiendo en una constante: la frecuente falta de crítica a la hora de evaluar estos acontecimientos, el redondeo automático, la ausencia de conclusiones y la imperante sensación de que no se está contando absolutamente nada. No vaya a ser que nos quiten la acreditación para el año que viene. Pero yo me pregunto, qué hay mejor que ser sincero con algo tan grande, tan inmenso como Sónar? Alguien así, debe estar preparado para cometer, asimilar y recuperarse de sus errores, como siempre lo ha hecho.

Ocultar ese tipo de sensaciones de las que hablaba es, en este caso concreto, totalmente innecesario e incluso contraproducente; algo como el ente Sónar se merece que le hablemos con franqueza y sin contribuir a la masa de crónica forzadas, embellecidas y que únicamente se quedan con lo bueno, aquellas que conseguirán que el festival barcelonés no siga evolucionando y aprendiendo de sus errores como cualquier ser humano. Nosotros, al igual que hace tan solo un año nos vimos obligados a ensalzar una fantástica edición del mismo evento, hoy debemos calmar la euforia y sacar a relucir nuestro perfil más crítico, casi por necesidad, y con el deseo de que Sónar siga siendo el festival de música electrónica más completo de Europa. Al menos nosotros nos quedamos más tranquilos.

Hay que apuntar, antes de empezar a comentar nuestra perspectiva de algunas de las actuaciones, los tres factores clave que influyeron de manera determinante en nuestro parecer sobre esta edición del festival. El recinto de día, nuevo, más amplio, la apuesta más arriesgada de Sónar en su veinte aniversario, resultó ser un arma de doble filo que contribuyó irremediablemente a que algunos de los asistentes acabaran por no reconocer los rasgos más carismáticos de la cita en sus dos décadas de vida: esos son las calles del Raval, los estrechos pasillos hasta llegar al antiguo Dôme, las salas del Macba y los coloquios cerca de la zona del Sónar Hall, por ejemplo. Se intentó recrear la experiencia, de nuevo con el césped artificial y respetando los espacios al máximo, pero sin llegar a emular el “flow” que la otra sede conseguía desprender. Será cuestión de tiempo, de acostumbrarse, o como dicen, “de darle una oportunidad”, pero lo cierto es que las escaleras mecánicas, la disposición y el aspecto general no han cumplido aún nuestras expectativas personales. Pero ya se sabe, en estos casos, para gustos los colores. También vimos mucha gente encantada, y al final es lo que cuenta.

Lo que no cabe duda es que el nuevo emplazamiento influyó y mucho en el resultado final del festival y las iniciativas que pasaron por la edición de día; sí es verdad que el nuevo Complex respira mejor y sobre todo mayor, que en el nuevo Hall se respira comodidad y que en el Village sigue haciendo la calor insoportable pero también carismática de Sónar. En ese sentido, el principal enemigo de los artistas no fue ni mucho menos el escenario, sino el sonido: extrañas sucesiones de fallos técnicos, limitaciones inesperadas y poco apropiadas sonorizaciones para algunos espectáculos asolaron la programación como nunca antes se había visto. El protagonista fue sin duda el Dôme, cimentado bajo un techo de latón y sufriendo quizá el peor sonido de todos los escenarios: conciertos con varios instrumentos que acabaron empastados en su mezcla final, volúmenes bajísimos y que no se correspondían con el peso del artista correspondiente o dBs que desaparecían sin dejar rastro cuando uno menos lo esperaba.

Jueves 13 de Junio

oddisee

Jueves, primer día para muchos y apertura oficial del festival, resultaba a priori una de las jornadas más interesantes y sobre todo exuberantes. Por supuesto, después de recoger nuestra acreditación, el primer paseo de rigor por las nuevas instalaciones para cogerle la forma y explorar la zona y localizar las barras, era pisar el nuevo Dôme, hogar de la RBMA que se encargarían de destapar nuestro querido colectivo Agorazein, grupo de hambrientos, sensatos y talentosos jóvenes madrileños encabezados por C. Tangana. En su directo, a pesar de la hora y la responsabilidad de romper el hielo, se percibió perfectamente los rasgos que han encumbrado al colectivo como una de las propuestas más serias y a la vez frescas del panorama: versatilidad, elegancia, madurez y un discurso que destila la energía de la calle y lo convierte en algo inteligente, no barriobajero ni agresivo, transmitiendo valores sin caer en la chabacanería.

A pesar de que Manto, Jerv y el propio Fabbiani demostraron su total compenetración e inspiración, como estaba mandado el que despuntó fue el antiguo Crema, llevando y marcando el ritmo de la actuación, que llegó a un punto álgido en el momento en que se interpretaron varios temas de “LO▼E’S” utilizando hardware original y dejando a un lado el tocadiscos o sampler. Se recreó la experiencia Agorazein de manera muy bien calibrada y se pudo observar como el discurso gana enteros en directo. Una lástima la falta de ímpetu provocada por el horario: con la gente entregada, otro gallo hubiera cantado. (Frankie Pizá).

Con Oddisee, la gente ya estaba un poco más animada y metida en su papel, y aunque éramos más bien pocos, sin duda alentamos al de Washington DC, que acompañado (entre otros) por Olivier Daysoul, consiguió facturar un inolvidable directo de inesperada agilidad y dinamismo. Una actuación tan completa, con momento vertiginosos, clásicos, fluyendo sin prisa entre el Hip Hop apasionado, Boom Bap tradicional y matices Soul/Funk, solo podía arruinarse con un mal sonido. Llegó un momento que los siete instrumentos del conjunto parecían estar comprimidos (muy apretados) en una sola forma de onda que por su falta de nitidez acabó desvirtuando el material, de altísimo nivel. (F).

blancoi

Roc Jiménez es hace tiempo uno de los baluartes experimentales más respetados de nuestro país, fuera y dentro de él. Su proyecto y excesivo homenaje a la estela Rave, EVOL, programado como una suerte de síntesis de aquellos rasgos, reduciéndolos al mínimo de sus posibilidades, lleva casi una década sin marchitarse. Su puesta en escena, excéntrica, bizarra, asfixiante y única, consiguió estremecer al público asistente, que se debatía entre el cólico de sonido Hoover y en la posibilidad de visualizar completamente a la mascota que acompañaba al de Barcelona. (F).

Mykki Blanco fue la primera actuación que pude ver del festival, y la verdad es que constituyó un buen comienzo. A pesar de que yo esperaba ver al rapero caracterizado como en cualquiera de sus vídeos o portadas, y me llevé un pequeño chasco, el artista fue interpretando su repertorio entre movimientos obscenos, animando al público que miraba con una gran sonrisa cada ocurrencia. Empezábamos a pensar que no estaba en su salsa por la distancia física que conforma la situación elevada del escenario, hasta que le vimos saltar y perderse entre el público. Acto seguido, llegó “Wavvy”, invitando a los asistentes a subir a la palestra. Todos muy animados, aunque desde aquí hago un llamamiento a aquellos que en vez de bailar y entregarse al momento, se dedican a mirar su móvil junto al artista como si nada fuera con ellos. WTF!!!!, que está actuando para tí! (Irene Gobet).

Tratamos de llegar al final de Metro Area, pero llegamos al Dôme y Branko ya había empezado su set, acompañado del solvente MC angoleño Kalaf, también integrante de Buraka Som Sistema. Al principio pinchó unos temas de House facilón, por lo que nos ausentamos un rato para ver qué hacían los aclamados Lindström y Todd Terje; todo el Village a sus pies y un bonito y envolvente live de Space Disco construído con cantidad de cacharrería analógica, tal vez demasiado cargado de melodías. Y al volver a subir a la Red Bull area, el jefe de Enchufada había despertado ya su furia tropical. Después de hacernos la foto de rigor con Mykki Blanco, que rondaba por ahí, éste se subía al escenario y Kalaf le pasaba el micrófono para que improvisara sobre los kuduro-beats de Branko, quien nos hizo bailar en modo bellaco, agresivo y sudoroso hasta poner fin a nuestro primer dia de Sónar con la archiconocida instrumental de “Kalemba”. (David Torres).

Viernes 14 de Junio

za

We Like Turtles también sufrieron en sus carnes las consecuencias de ser un artista nacional novel: horario no acorde con sus posibilidades y la responsabilidad de hacer un buen papel en un Dôme casi vacío. Aún así, el dúo de Tarragona ofreció una impecable sesión a cuatro manos en la que se olió el clima 90′s y se optó por desgranar su propio ADN como proyecto: Acid House primigenio (el momento clave fue cuando se lanzó el siempre infalible “Acid Tracks”), Masters At Work, Nueva York y algunos clásicos que bien podrían haber puesto a una pista (llena) patas arriba. (F).

En contraste con el calor, la solana y el deporte de esquivar guiris acangrejados llegamos al oasis del SonarComplex, con aire acondicionado, la absoluta oscuridad (móvil en mano para saber dónde estaban los asientos, que yo no veía ni la silueta) y la voz sensual y aterciopelada de Laia. Jansky presentaba su debut, “Un big bang ala gibrella”. La pareja comenzó a interpretar su repertorio, ella hipnotizando, él lanzando sus bases electrónicas y en ocasiones tocando la flauta travesera. Sólo hubo un pequeño percance con el micro de ella (se apagó, básicamente) que interrumpió el dinamismo de la actuación; ella, evidentemente molesta, se disculpó y prosiguieron. Por cierto, el vestuario de Laia muy llamativo, a mí me recordaba a un ave, aunque supongo que la intención era hacer un guiño a la temática de los pompones y las animadoras del Sónar? (IG).

Para mí fue una de las (muy escasas) sorpresas agradables del festival, y cuando lo he dicho por ahí, alguno se me ha echado encima con un “pero cómo es que no les conoces?!”. Bueno, pues no les conocía, y realmente no tenía ni idea de a qué sonaban, porque yo no soy muy de leerme la descripción del artista ANTES de escucharle, prefiero que sea al revés. Y ahí llego yo, sintiendo que me dirigía al infierno con cada paso que daba hacia el recinto y según iba escuchando el estruendo del interior de la nave. Mi sorpresa cuando veo que Za! son dos, sólo dos personas los responsables del jolgorio. Acojonante. Maestros, sí señor. Entre uno, con una melena envidiada por una servidora, que canta, grita, toca la guitarra, la trompeta, y le da al sample y a los pedales, distorsionando todo y retorciendo. Y su colega, marcando ritmos con la batería, tocando el teclado, haciendo coros, dejándonos sin aliento… Momento álgido aquél en que el tema comenzaba como un canto mongol, o aquél en que rapeaban, o aquél en que el batería decidió cantar por todos y cada uno de sus micrófonos, o en el que agradecían el trabajo del sonidista o en el que saludaban a su ex bajista. Vamos, muchos momentos álgidos. (IG).

atom

Atom TM hace tiempo que vive de rentas; la escuela raster-noton en general hace años que no avanza, pero sí sabe sacar partido a su distintivo universo renovando tímidamente las propuestas y ofreciendo cada año nuevos matices tanto en el terreno visual como sonoro. Digamos que, veas a quien veas, te llevarás la misma impresión: beats marcados, proceso digital, precisión quirúrgica, visuales rítmicamente coordinados, ondas que se alteran y animaciones en el caso de Uwe, que aportan algo de frescura a lo matemático y encorsetado de su discurso. La crítica o banalización de marcas, la imaginería consumista y la sociedad moderna a través de símbolos reconocibles pero manipulados también la conocíamos, pero en el nuevo Hall lució sobremanera. (F).

Después de comer un menú regular, desafiamos al hardcore-sol de las 17:30 para ver un rato de Foreign Beggars. Los espitosos ingleses entraron a trapo, con su fórmula agresiva, facilona y muy macarra (hombre, con beats de Noisia cualquier cosa suena macarra), levantando rápidamente los ánimos del Village. Cuando llegamos al Dôme, éste estaba lleno y muy animado, y el público totalmente dedicado. bRUNA repasó su último disco, “Thence”, con un sonido brillante, melódico y detallista, cimentado en la IDM y los parámetros Club, en una actuación que se vio ensombrecida por los problemas que padeció a causa de un hardware rebelde que le dejó colgado unas cuentas ocasiones. Aún así, el público demostró un apoyo y solidaridad absoluta a la hora de animar al artista, confirmando su entrega y complacencia por lo que escuchaban. (DT + IG).

jj doom

Y llegó el inesperado timo, jugarreta de la noche: JJ DOOM. Me lo estaban avisando: “Ya verás que la lía”, “sus directos son horribles”, “a mi me defraudaron”. No quisimos hacer caso. Ver por primera vez a Dumile en persona, con todo lo que lleva en su espalda, historia, influencia, mitología, era una oportunidad única. Ilusionados, y casi por primera vez en todo el festival, buscamos un buen sitio para disfrutar de lo que al final fue un bochornoso espectáculo que nunca debió suceder. 30 minutos de retraso, pitidos, hasta que un Jneiro Jarel muy valiente decide tomar las riendas del asunto y salir al escenario a rimar, animar y calmar al público, sobre sus propios beats. DOOM sigue sin aparecer y se masca la tragedia: o no ha venido, o está borracho, o algo ha pasado. Finalmente y suponemos que para (por lo menos) hacer las fotos de rigor, el MC hace su aparición agotado, desorientado, sin atinar más de dos versos seguidos y sin dar la sensación de imponente presencia que todos esperábamos de él. Llovieron vasos, más pitos y la indignación se apoderó de mi: decidí marchar de allí antes de ver con mis propios ojos la decadencia total de un mito. (F).

Alizzz inauguraba la noche en el SonarLab (como suele ser costumbre con los artistas españoles, inaugurar los escenarios a horas tempraneras y con poco tiempo para probar) y como era de esperar, su sesión comenzó con poco púlbico; pero a medida que avanzaban los minutos, llegó a reunir a un gran número de asistentes. Remarcamos la parte visual, acompañada de los embates luminosos de las propias creaciones de Alizzz (como las reunidas en el lanzamiento de su último EP con Arkestra) junto con temas de productores que abogan por el maximalismo electrónico como Rustie. Nos encantó el detalle de poder ver a su familia apoyando al artista en su gran actuación .(IG).

Raime tienen un directo único, y cuando las condiciones son favorables, aún más: la disposición técnica del Sónar Noche amplificó la distinción del discurso de los británicos, explotando su componente esotérico y favoreciendo la hipnosis que sus producciones (entre la tradición Industrial, la destilación Bass, el Dub y el Dark Ambient) y maravillosas visuales en slow-motion buscan provocar en los oyentes/asistentes. Los de Blackest Ever Black tenían una seria tarea añadida en su actuación: contener a miles de fanáticos de Kraftwerk que esperaban hambrientos a los robots. Lo consiguieron y por un momento hicieron olvidar a muchos el objetivo real de su llegada tempranera al recinto. (F).

kraftwerk

Kraftwerk estuvo muy bien, la verdad, pero únicamente por sentimentalismo de los allí presentes. No necesariamente es una crítica o un punto negativo, al revés: normalmente y con leyendas de este calibre, el público llega muy ilusionado, preparado para dejar pasar cualquier error o fallo a sus ídolos, dispuestos a disfrutar del hecho de poder ver encima del escenario a auténticos pesos pesados. Al menos, Kraftwerk respondió y ofreció un espectáculo sostenible, muy entretenido, y no llegó a la vergüenza provocada por New Order el año pasado. Sonaron (extensos) todos los grandes temas, desde “Computer Love” a “Autobahn” pasando por “The Model” y con varios momentos clave como el de “Numbers” o “Trans Europe Express”. ¿El 3d? Hace ganar enteros pero molesta más que beneficia: con una sala atestada, tener un complemento más en tu cara sudada  se convertía en un problema más. (F).

Me lo habían contado, pero no lo había visto hasta aquel momento: Oneman es posiblemente uno de los DJs más capacitados de nuestra era y, uno de los poseedores de una virtud normalmente ignorada, la de nunca defraudarte. Somos, en líneas generales, muy bondadosos con la figura del DJ, ya no se exige tanto y el oficio lo ha notado con creces. El inglés delimitó pronto su territorio con piezas clave, oscilando entre House, hibridación Bass de nuevo cuño y tentativas a la rítmica Hip Hop, aunque poco a poco fue liberándose de una presión inicial implícita y dejándose llevar por otra cosa cada vez menos presente en las actuaciones o selecciones de cualquier DJ: el riesgo. Armand Van Helden, Prince o alguna perla más indeterminada llovieron como si de agua bendita se tratara, y un Oneman capaz de moverse a su antojo por estilismos y géneros hizo mucha mella en la primera jornada nocturna del festival. (F).

Recuerdo haber visto vídeos de C2C con los colegas en mis años de estudiante, y de flipar con lo que hacían. Pero de esto hace ya unos 10 años. El “boom” del turntablism en grupos está ya bastante desfasado en el tiempo, sí es verdad que es bastante espectacular y tal, pero me resulta difícil entender por qué estaban programados C2C en el Sónar 2013, de noche y en horario de máxima audiencia, y más aún compartiendo escenario con Oneman y Objekt. Los franceses empezaron el show con Bass y scratches sin venir a cuento, y lo acabaron exactamente con las mismas performances con las que ganaron la DMC. Entremedio fuimos al Sónar Club para ver un rato de Major Lazer. No sé cuanta gente habría en el escenario, pero la puesta en escena no estaba nada mal (lluvia de confeti incluida cuando tocaron el “Pon De Floor”). Conducidos por el Capitán Diplo (quien hizo doblete esta misma noche – tío, no tenías por qué pinchar el maldito “Get Lucky”), pudimos comprobar cómo la formación mantuvo el público on fire en todo momento. (DT).

karenn

Después de una extensa conversación con Xavi Puig de Post Club, acerca de discos de Ghetto House, de Hardcore, de los DJ’s ansias con afán de protagonismo que te echan de la cabina y demás cosas, nos fuimos a ver a este curioso, gracioso y polémico personaje que se hace llamar Skrillex. Y ahí estaba, vistiendo una camiseta del Barça customizada, metido en una especie de “nave espacial choni”, acompañando su estridente música con proyecciones de zombies, sangre y gore en loop, y animando con el micro a los miles de chavales (y no tan chavales) que estaban disfrutando con su show. A ver,  la música de Skrillex es lo que es (motosierras, subidones guarros y poco más), pero de repente éramos unos cuantos “de oído fino” haciendo el tonto y bailando con su música (rula por ahí una foto de nuestro editor Frankie Pizá bailando como un badman con Skrillex de fondo). La verdad es que pasamos un buen rato, supongo que es una situación comparable a ver un directo de Lory Money o Leonardo Dantés. “Skrillex es un montro”. (DT).

Karenn, la pareja formada por Blawan y Pariah, fueron casi con toda seguridad lo mejor de todo el Sónar de Noche; los británicos demostraron con seguridad la fortaleza del proyecto y desplegaron en poco más de una hora todas sus mejores cartas. Armados hasta los dientes de hardware, fueron implacables e inundaron de metralla Techno y estructuras de cemento 4×4 el escenario, evidenciando ellos solitos el buen estado del revivalismo industrial dentro de la escena electrónica en UK. No tuvieron piedad y nosotros tampoco deseábamos que la tuvieran, nos ofrecieron lo que esperábamos con crecer. Bravo. (F).

De Derrick May yo esperaba demasiado, conflicto interno que también contribuyó a que mis sensaciones generales ante algunos artistas fueran parecidas a la desilusión. El pilar de Detroit, padre de Transmat y del himno de esta edición del festival, es casi siempre una garantía detrás de los platos, una propuesta enérgica, variada, desenfrenada, al fin y al cabo divertida y con cierto halo purista. Aún así, ni sonó el deseado “Strings Of Life” lanzado por su propio autor, ni se observaron los signos de señorío y experiencia que necesitábamos: 4×4 aburrido, Techno y Hard Techno de vieja escuela enlazado sin pasión, sin amor, sin comprensión. Plano, sin carisma (que ya es difícil hablando del mismísimo Derrick May) y para olvidar. (F).

Sábado 15 de Junio

aluna

El sábado nos levantamos con el tiempo justo para ir a comer algo rápido con parte del equipo de Post Club (ésta vez, el elegido fue un bar de la Avenida Mistral, hospiciado por un simpático chino), e irnos pitando para ver a Fatima Al Qadiri. Sí, nos perdimos a Lost Twin, un chico encantador a quien tuvimos la oportunidad de conocer el día anterior, y no sabéis la rabia que me dio. Tan sólo he escuchado buenas palabras de su live, estoy seguro de que fue tremendo. Nada más llegar al Village nos encontramos con la kuwaití en su faceta de DJ, basando su set en una combinación de Tropical Bass (hubo un momento Moombahton y todo) con Rap South-oriented y macarra. Más que suficiente para que nos pegáramos unos bailes, aunque no llegamos a percibir ni rastro de esta esencia oriental, desértica y psicodélica que tanto le caracteriza. Lo más sorprendente fue la actitud de la chica, muy seria y totalmente a su bola, sin hacer ningún gesto hacia su público. (DT).

Los americanos Chromatics presentaron su muy bien recibido último disco “Kill For Love”. Ruth Radelet actuaba como protagonista, apoyada por el compositor y cerebro del proyecto Johnny Jewel, encantando al ya muy numeroso público reunido en el Sonar Village con su Pop Electrónico, que a pesar del romanticismo que desprende era capaz de hacer mover sin descanso a sus oyentes. (IG).

Llegamos tarde para ver a Beardyman, pero nos dijeron que no hizo nada espectacular, y que empezó a poner zapatilla a los 10 minutos de empezar su live. Era el turno de la señorita  Mary Anne Hobbs. Después de una intro burialesca, pinchó el “Poison Dart” de The Bug & Warrior Queen a todo volumen, subidón momentáneo. Y siguió prácticamente toda su sesión de este palo, con “clásicos” de Dubstep y Grime de 2007 y 2008; sí, sonaron bangers de Plastician, Joker, etc., y los bailamos, pero lo que esperaba de esta mujer es nueva mierda, unreleaseds, sorpresas. Supongo que fue su particular forma de celebrar su enésimo paso por el Sónar.  Miss Hobbs cerró su sesión encadenado el Harmonimix del “Changes” de Mala con un tema de Reggae muy bonito, mientras con una sonrisa, nos inmortalizaba con su iphone(DT).

krystal

En el escenario del village, AlunaGeorge presentó su refrescante y sofisticada propuesta, aunque también presentó ante los ojos de todos sus muchas deficiencias como proyecto y como espectáculo: prácticamente toda la atención se posa en Aluna Francis, y aún sabiéndolo (ella y todos), la cantante no se esfuerza al máximo en sus interpretaciones, mostrándose en ocasiones insípida y sin carisma. La intervención de músicos e instrumental de apoyo le da más fuerza a los singles, pero acostumbrados a las conseguidas coreografías que suelen verse en sus videoclips, se echó de menos algo más de “dinamismo”. Un directo corto, fácil y sin ninguna sorpresa, independientemente de lo divertida que sea su música. (F).

Estoy dividido con Krystal Klear: lo primero el sitio, el Dôme, y su sabida inestabilidad sonora, luego la selección, fácil y sencilla, optando por lo seguro y no arriesgando ni una pizca, dando al público lo que había venido a oír y bailar sin ni un mínimo de resistencia. Pero lo cierto es que, y esto es verídico, fue uno de los pocos que hizo que mis zapatos ardieran, me hizo oler muy de lejos el Paradise Garage con su selección y qué cojones, hizo que el buen rollo se aposentara firmemente en aquella sala. Sisters Sledge, Black Ivory, Cheryl Lynn y compañía hicieron gala de una infalible condición entre otros muchos clásicos. El momento cumbre, para bien y para mal, fue el de “Get Lucky”, metido a calzador entre la colección de hits y que, no sonó tan mal como me esperaba. Sí, podría habérselo currado más, pero eligió explotar esa faceta suya atendiendo solo a un objetivo: el baile. (F).

Exactamente qué hacen TNGHT detrás de todo el espectáculo de luces? Lunice selecciona el track en Ableton y HudMo aprieta el play? Solo hay un MPD en la mesa o hay más de uno? O HudMo hace todo el trabajo y Lunice solo baila, pasea su ego por el escenario? Bueno, el directo en sí está bien, también ofrece lo que el público quiere y se corresponde con coherencia con el discurso del dúo, pero eso no quita que siga siendo una de las fórmulas creativas más sobrevaloradas de la actualidad. Sí, el Hip Hop y su rítmica han conseguido desvirtuar y amoldarse completamente a las necesidades Club, el género y a través de la beat-construcción más callejera, los residuos sureños y la burbuja Trap, ha conseguido asaltar las pistas de baile como siempre había ansiado. Pero joder, no hay para tanto. Y Hudson Mohawke debe controlarse con el alcohol o lo que sea que esté tomando. (F).

jurassic 5

A Fernow le tenía ganas, la verdad. Vatican Shadow es uno de nuestros proyectos más idolatrados a diario en la web y conocemos de cabo a rabo su discografía, así como comprendemos su razón de ser, que se amolda perfectamente al clima apocalíptico que la sociedad moderna está viviendo. Dominik, capo de Hospital Productions y también conocido como Prurient hace valer su experiencia en el directo, su veteranía en el campo de los Power Electronics y manipulación Noise para perfilar una puesta en escena animal, bruta, sádica, y sobre todo muy directa; walkmans, sonido extraído de tape y pedales, delays feroces y bases ya programadas que el ahora en Los Ángeles hace oscilar y descuartiza con rabiosa vehemencia. No es el directo más espectacular del pasado Sónar, pero sí uno de los más impactantes, por todo lo que lleva implícito. (F).

Llegamos a la actuación de Jurassic 5 cuando ésta ya había empezado, pero qué mejor recibimiento que entrar en el recinto del SonarPub con los versos de “Break” caldeando el ambiente. Ésta era probablemente una de las actuaciones que más ilusión me hacía ver, y probablemente haya sido una de las mejores para mi. El grupo, acompañado de Cut Chemist y Dj Numark, repasaron parte de su discografía transmitiendo buen rollo y felicidad, haciendo participar a los asistentes que de buen grado levantaban las manos al ritmo de “Freedom” y coreaban los estribillos, aplaudían el show de scratch de los Djs con sus bizarros aparatos (un turntable con forma de guitarra, un mega plato gigante, etc)… El fin de la actuación me cayó como un jarro de agua fría; corta, para mi, pero esto es algo que no puedes evitar en un festival con un line-up tan profuso como es Sonar. (IG).

Después de alcanzar unas necesarias birras, huimos rápidamente del Sónar Pub (Ed Banger showcase, you already know)  para ver la fugaz sesión de Melé. Y digo fugaz porque, aparte de que no paramos de bailar y swagear, este notas pincha a la velocidad de la luz. Justo llegamos estaba el “Put cha back in it” de DJ Sliink (no nos costó demasiado entrar en calor), y a partir de ahí un mejunje de Trap, Tropical y Dubstep (eso sí, con alguna pastelada incluida). Se pinchó el Beamer (cómo no), el “Night” de Benga, hubo hasta un instante de Juke (creo que era Slick Shoota), todo muy bien menos Kano en el mic que me sobró un poco. El único tema que puso casi enterito fue el “Bam Bam” de Sister Nancy. (DT).

garnier

Había leído por ahí que Skream “ya no siente nada por el Dubstep”, y que “ahora pincha House y Disco”… pero tenía que escucharlo para creerlo. Y efectivamente, basó su set del Sónar en House, UK Garage y pinceladas Disco. Lo fuerte es que tampoco estuvo tan mal. Sí que es verdad que me habría encantado en verle en 2008, pero han pasado unos años ya.  Por lo menos pinchó el “Erotic City” de Prince, el “Soul What” de Boddika y cosillas así. Se le veía suelto y muy feliz, a través de las pedazo  pantallas podíamos ver las botellas de Smirnoff y Cacique rulando por ahí, se lió una buena allí arriba… Creo recordar que finalizó con el clásico “I Feel Love” de  Donna Summer y Moroder. (DT).

Ya había visto en acción a Anstam, el enigmático teutón que a pesar de haber protagonizado un giro creativo realmente incoherente, sigue despertando mi interés (quizá el único artista de la plantilla de 50 Weapons junto a Shed que consigue que no deseche mis esperanzas en el sello) por su directo, feroz, fuerte, serio, implacable y bien armado. Aunque la hora no invitaba a apreciar completamente lo que allí estaba sucediendo (en el Sónar Car todos los gatos son pardos a cierta hora de la madrugada), el germano estuvo muy inspirado, atando cortes de su etapa primigenia y sirviendo una hora de Techno con matices industriales que sabe sostenerse haciendo equilibrios entre la complejidad rítmica, el clima intrigante y la fórmula Club. (F).

Me cuesta decir esto pero, muy a mi pesar, Laurent Garnier fue uno de los baches del festival: quizá por lo idealizado que tengo al francés, uno de los pocos selectores a los que hoy en día aún se puede mirar con respeto y admiración, su sesión no acabó de convencerme. Esperaba mucho más de él, de su disposición, del momento, de la importancia de la cita y la responsabilidad de cerrar un veinte aniversario de Sónar. Me pasó también con Derrick May; esperaba riesgo, detalles de grandeza, notas imperiales, y lo único que recibí fue un principio con la versión instrumental de “Blackwater”, juma plana, subidones baratos, algún timbal y tan solo algún detalle clásico que amenizaba la espera de “ese gran momento” en el que Garnier toma el control y te lleva donde él quiere. Sigue desprendiendo clase, sus maneras son únicas, pero se nota su pérdida de motivación y estímulos. Hace tiempo que dejó de tener hambre, algo que también debe respetarse en cualquier caso. (F).

Un poco hartos de las atmósferas de Garnier, fuimos a ver qué cierre nos proponían nuestros homies de Classicworks en el Sónar Car… y la verdad es que no nos defraudaron. Nehuen y Cardopùsher nos mostraron la cara más ruda y agresiva de la marca;  botellas de agua, homenajes Acid como el “Acid Badger” de MPIA3  o el “Real Thing” del propio Cardopusher es justo la mierda que necesitábamos para mantenernos en pie después de tres intensos días de fiesta (la verdad es que daba miedo mirar los rostros de los elementos allí presentes, para qué engañarnos). (DT).

Fotos: Sónar Festival


Contenido relacionado:

6 Responses to Sónar 2013: desde la sinceridad y el mal sabor de boca…

  1. Ja says:

    “Al menos, Kraftwerk respondió y ofreció un espectáculo sostenible, muy entretenido, y no llegó a la vergüenza provocada por New Order el año pasado”

    ¿El concierto de Kraftwerk? ¿Vergüenza? jaja,ajaja, pobre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>