Dirty Beaches “Drifters / Love is the Devil”

Dirty-Beaches-Landscapes-In-The-Mist

La vida está llena de sorpresas. Con esta frase, creo que tampoco le voy a descubrir nada a nadie que no sepa ya de antemano. En esta ocasión, sirve para ilustrar otra de las acostumbradas prácticas que solemos realizar muchos melómanos en algún momento con algún grupo/músico en concreto. No es que le tuviera tirria al taiwanés Alex Zhang Hungtai (aunque vive en Montreal), ni mucho menos. Esta apreciación ocurre por 2009, aproximadamente, tras el lanzamiento de su ep “Night City!” en el catálogo del interesantísimo sello Night People (misma cosecha en la que se publicó el apasionante “Imaginary Falcons” de Peaking Lights en dicho sello). Eran unos años, en los que el sonido cavernario y el rock experimentaba con el formato de baja calidad de nuevo y el patrón garagero volvía a recobrar cierta predominancia después de unos años donde el post-punk centraba la atención, días aquellos donde reconocíamos las virtudes de los trabajos de Thee Oh Sees, The Hospitals, Sic Alps, Blank Dogs, Crystal Stilts,Times New Viking, Wavves, etc. Al mismo tiempo, debutaban Moon Duo con el apasionante “Killing Time” y el single “Love on the Sea”.

Mucho se podía leer por aquellos días de bandas de garage que parecían que iban a tomar el relevo de los lanzadísimos Black Lips, aunque la parte más jugosa estaba en la que retomaba el espíritu mugriento inicial de Royal Trux o la demencia del catálogo Siltbreeze, por ejemplo. El material de aquel debut en ep de Dirty Beaches, por sus fijaciones sonoras, transferían una imagen encorsetada en cuero, carretera, perfume barato, alcohol, neón y cigarrillos envueltos por una sensación de dejadez y neblina que me resultaba similar con el ep de Moon Duo. En aquella época, decidí que me tenía que quedar con uno de los dos como estandarte de esa decadencia que entremezclaba los universos de Martin Rev y Alan Vega con los de William Friedkin (no se por qué me viene a la cabeza “To Live and Die in L.A.”) y otros metrajes de serie negra. En aquel momento, estuve más pendiente de los movimientos de Moon Duo que de Dirty Beaches y años después, he acabado desechando esa manía personal gracias a este fantástico pastiche sonoro dividido en dos partes tituladas “Drifters/ Love is the Devil”. Siguiendo un poco más con aquella manía, conforme fueron pasando los meses y esta generación subterránea seguía con distinta suerte y acierto sus diferentes trayectorias, algunas de ellas desaciéndose de la manera más ridícula de toda aquella violencia y azufre que suele atraerme de estos géneros. La bofetada que se fueron dando Moon Duo (sin hablar de la banda madre Wooden Shjips) con sus discos, ha sido realmente dolorosa quedándose en una pulcritud sonora exageradamente aseada e insípida.

Ese agotamiento, tampoco me hizo disfrutar de “Badlands” en su momento, un disco aparentemente menos ambicioso que ha acabado convirtiéndose en un refugio que en el que seguir redundando las virtudes de aquel ep de 2009. Dicho alejamiento, también me hizo pasar por alto sus diferentes movimientos en formato ep donde iba creando pequeñas bandas sonoras con “Practical ESP OST” (2011), “The Hippo OST” (2012) y “Water Park OST”(2013) (que se pueden encontrar en su bandcamp), que han acabado siendo el territorio en el que se ha abonado en este nuevo album y tan buenos resultados le ha dado, además de recoger innumerables parabienes por parte de distintos medios. Los argumentos que se esconden en “Drifters / Love is the Devil”, tienen que ver con la edad y el desamor y en parte, es una temática muy parecida con la narración personal inicial que he ido realizando. Aunque en este caso, la historia acaba de distinta manera: el disco de desamor de Alex Zhang y mi disco de reencuentro con Dirty Beaches, de hecho la soledad también ha sido en mi caso un factor determinante para volver a reencontrarme con su música, al convertirse en la banda sonora de mis jornadas de estudio. Este uso, me vuelve a recordar que el sentimiento del creador es muy difícil de ser transferido a cada uno de los distintos oyentes de un disco.

Para la primera parte del disco, titulada “Drifters”, Alex Zhang une sus fuerzas con un interesante trío de músicos también procedentes de la escena canadiense como son Shubhayan Roy (miembro de Grand Trine, de los que recomiendo su ep “Sunglasses” ), Bernardino Femminielli (otro músico de Montreal, cuyos trabajos en solitario son más cercanos a la generación drone-electrónica progresiva-ambient, etc), Francesco De Gallo, más conocido por su más que interesante proyecto Hobo Cubes (además del sello Hobo Cult) y la percusión de Jesse Locke, completando la travesía que emprendió Hungtai desde sus inicios como hombre-banda en solitario. Esta primera parte del disco, grabada en el estudio de Montreal (La Brique) nos remite al sonido característico de Dirty Beaches, con ese rock cavernario que planta su amor por The Cramps y el minimalismo sintético de Suicide, afilando de nuevo composiciones de impacto instantáneo entre los distorsionados fraseos vocales buscando a la versión de Elvis que no conseguía el éxito y acababa atrapado por noches interminables, menudeando por las drogas de mayor pureza falsificando recetas e intentando sobrepasar el síndrome de abstinencia de la morfina con una insatisfactoria reacción a la cocaína, sudorosa y desquiciante. Ese paseo entumecido, da lugar con “Night Walk” y posteriormente, repetimos de nuevo en la facilidad de generar una estampa cinematográfica con un título tan explícito como “I Dream in Neon”, donde podemos incluso recordarnos por los paseos espirituales marianos de Gaspar Noe en “Enter The Void”, aunque obviamente, el factor novelesco norteamericano y beat está presente desde la la declaración de amor por la literatura de Burroughs en la hoja promocional de este disco.

“Belgrade”, es la primera toma de contacto instrumental del disco y me recuerda en parte a todos aquellos parajes del sello Not Not Fun, gracias a la mezcla de minimalismo synth, garage y dub que se podía encontrar en su catálogo, hasta conducirnos a la deliciosa psicodelia errática de “Casino Lisboa”, construida con los elementos temblorosos que perdieron algunas de las bandas que citaba anteriormente, y aunque “ELLI” suene a Suicide hasta la médula, seguramente sea una de las comparaciones que menos me importen realizar sobre una composición, también podríamos citar otras bandas de synth punk de la época como a los Screamers, pero esa sensualidad y filón irreal de Alan Vega es un lugar único, prolongando la jugada desde un plano solitario y violento con “Au Revoir Mon Visage”.

Tras esta tanda inicial, podemos seguir comentando que nos encontramos en territorio conocido con el material de Dirty Beaches, pero es justo en las dos últimas piezas de esta parte del disco donde encontramos un abandono por la psicodelia más cercana a Sun Araw, al primer Ferraro o Peaking Lights, al sello Digitalis y en esos ritmos de “Mirage Hall” incluso percibimos el perfume de cafeina de Hype Williams, acabando en una segunda parte más violenta y aullando algunas palabras en castellano como “está loco!” , “yo te quiero!” y cosas por el estilo desde una desorientada esquizofrenia, finalizando esta parte con “Landscapes in the Midst”, una versión exótica del jazz noir e incluso, ya que hemos hecho una referencia al castellano, podríamos mencionar las exuberantes armonías del grupo español Finis Africae.

La segunda parte del disco, se desarrolla dentro de ese aire taciturno, que ya no solo nace de la impresión del oyente, si no que es fruto del trabajo realizado por Alex durante la noche en el estudio de grabación cuando se quedaba vacío. Esta banda sonora derrotada y melancólica bajo el nombre de “Love is The Devil”, representa una faceta inspirada, en tanto que no resulta impotente y abarca una ambientación capaz de ser sugerente en línea con el desarrollo previo del disco. Hipnótica y decaida, dejando que se cuelen distintos matices de saxo, guitarra o piano en nuestros pensamientos, resultando más paisajístico como en “Greyhound at Night” o “This is Not My City” a trazar pasajes más incómodos por las interferencias electrónicas de “Woman”, aunque lo que predomina es una especie de sensación que parece alinearse por momentos con artistas de Beer on The Rug y demás malformaciones recicladas de la basura new age, desarmándote la tacada final con el cuchillo de “Alone at The Danube River” (captando la emotividad melódica y pastoral que Tycho no encuentra y Bibio ha perdido), además de declaraciones en los títulos “I Don’t Know How To Find My Way Back To You” que cristalizan en “Like The Ocean We Part”, “Berlin” es el punto final (esto incluso puede rimar). Historias y percepciones, entre el músico y los diferentes oyentes que se convierten en múltiples, pero que comparten algo de un grandísimo valor: decidir que este disco es el que va a documentarlas. Además, sin arrepentimiento y saliendo nuevo. Catarsis del mes.

Fran Martínez


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