Primavera Sound 2013: nuestros nombres propios…

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Hagamos una pequeña reflexión: ¿Quién lee a estas alturas una crónica sobre un evento o sobre un acontecimiento concreto? ¿Quién reserva una parcela de su agenda o dedica aunque solo sean 15 minutos a leer, contrastar, valorar las opiniones de algunas personas que a menudo, también estuvieron ahí? Lo más seguro es que cualquier persona que empiece a leer esta crónica, ya se haya formado su propia opinión global sobre el pasado Primavera Sound, de manera muy poco probable sacando sus propias conclusiones después de digerir lo visto y sí habiendo localizado la “dirección general” de los hechos, aquella que al final acaba siendo aprobada de manera unánime: la que sale en los libros de promoción y libretos que se repartirán en la edición siguiente.

Hoy en día, con la inmediatez como imperante, con la posibilidad de que cualquier usuario en casa, haya podido ver el concierto de Nick Cave con más detalle que los que intentamos hacernos con un sitio entre la masa, de qué sirve la opinión de un ser que lo único que ha hecho es rebotar como una peonza entre concierto y concierto sin degustar por completo absolutamente nada? Está por supuesto que hay opiniones que valen más que otras, gente que cree a unas plumas o directamente las cree a todas, tragando sin filtro o simplemente defendiendo a la visión de los hechos que más tenga que ver con sus recuerdos del acontecimiento. Cada vez con más asiduidad, un periodista destinado a un festival o macro-evento, en el que el plantel y el timeline están precisamente estructurados para que no se pueda abarcar todo, ha perdido prácticamente su función informativa, divulgadora: el festival se divulga por sí solo, planeando streams vía Youtube y un usuario que no haya podido asistir ya está suficientemente bien informado a través de los muros o cuentas Twitter de sus amigos y afines.

¿Qué podemos aportar nosotros? Una opinión muy cerrada, radical, quizá. Una sinceridad arrolladora, probablemente. O mejor optamos por darle sensacionalismo al tema, mejor enfocamos la crónica como algo puramente personal, casi gonzo, centrando nuestra atención fuera de los espectáculos, muy subjetivo y en el que tienen mucha más importancia las aventuras de faldas y las tendencias en cuanto a estupefacientes. Riámonos de nosotros mismos, es la única manera de darle algo de interés a lo que alguien pueda decir sobre algo que ya todo el mundo ha presenciado o probablemente todo el mundo sepa. Es atractivo, sin duda, aporta una chicha que hoy por hoy no puedes regalar a un lector, simplemente dando un repaso muy fugaz por los mejores conciertos de un festival en el que ha habido más de un centenar de ellos. Además y por si fuera poco, últimamente todas las crónicas de eventos acaban reduciéndose a los platos fuertes únicamente, dejando de lado absolutamente, olvidando directamente aquel concierto al que no se pudo llegar por puro cansancio, porque el escenario estaba en el otro punto del recinto o porque directamente no te apetecía ver. Bien, sigo preguntándome, qué coño vamos a aportar nosotros?

Pues lo que buenamente podamos, obviamente. Pero intentando digerir previamente los contenidos o apreciaciones que durante la maratón de 3 días conseguimos almacenar, intentando sonar creíbles y no corriendo a escupir pensamientos porque debemos ser los primeros en publicar la crónica, para así ganar la carrera a la vista de los usuarios, esos que se han quedado en casa, y que tomarán como buena la primera opinión que les pase por delante. Esa carrera es estimulante, sin duda, pero no es sana ni verdadera: aquí preferimos dejar que una opinión se cultive con más calma, ya que no solo los ojos y las sensaciones inmediatas intervienen en ese hecho de construir una visión sobre algo o alguien. Intervienen muchas más cosas, que con tantísima rapidez, estamos perdiendo de vista, igual que nos perdimos aquel grupo que la mayoría de crónicas dicen, aseguran, les sorprendió sobremanera.

A todo esto: hablaremos de lo que vimos, únicamente.

Jueves: Death Grips o cómo sentir el infierno cerca de ti…

death grips

Posiblemente, después del festival y mirando en panorámico, tan solo dos cosas dejaron boquiabiertos a los presentes: el frío y Death Grips. El primero fue un invitado inesperado para muchos, vaticinado por otros, pero que a pesar de su persistencia, no arruinó la experiencia planteada por la organización, que realmente roza el sobresaliente. Todo hay que decirlo, y cuando es verdad mejor que mejor: posiblemente tengamos en nuestra geografía el acontecimiento de estas características mejor orientado y engrasado de todo el globo.

El Jueves, primer día para muchos invitados y día intrascendente para otros tantos, posiblemente regaló alguna de las mejores experiencias del weekender; empezando por el hecho de tener a la plataforma Boiler Room enclaustrada dentro de la programación de manera virtualmente improvisada y por que ésta además contara con representación nacional. Lo primero que hay que destacar es que la iniciativa, en sí, plana, como forma, fue algo descafeinada: la luz del día no hacía ningún favor a la estética que todos recordamos cuando pensamos en Boiler Room y el emplazamiento, a pesar de estar bien pensado, era complicado. Aún así, se consiguió transmitir el concepto, trasladar el dinamismo del cartel aglutinado con algo de coherencia y el hecho de notar (muy mínimamente) que aquello estaba siendo visto por usuarios de todo el mundo.

BeGun consiguió levantar los primeros ánimos con una cuidada selección en la que prácticamente se pudo escuchar de todo y preparó exquisitamente bien el terreno para Headbirds, primer activo conocido del Segell Del Primavera que basó valientemente toda su actuación en material hecho en nuestra geografía, dando coherencia a un buen puñado de cortes también de estilos muy variados. De Cardopusher a Clip! y sin olvidarse de nadie, demostrando que aunque no nos lo creamos, podemos plantar cara a las principales potencias electrónicas. Aunque su sesión hubiera sido de mala calidad, que no es el caso, tan solo el arrebato de completar todo su discurso tirando de iguales y compañeros de escena le debería regalar un puesto cómodo en cualquier crónica de este tipo.

Pional también sorprendió, sobre todo a los que nunca le habían visto detrás de los platos; fue la oportunidad de ver en otra situación a un artista formado a través de sus propias canciones y producciones, no apoyándose en el respeto o repercusión de sus selecciones. Disfrutó (él), nosotros y se permitió algún crédito digno de un gran ojeador de la pista de baile; combinó House, Acid, clásicos de Chicago y algún hit vintage que oxigenó con gran clase. Antes de esperar a Actress y viendo venir la predecible actuación de Simian Mobile Disco, marché a ver qué me ofrecía en directo Jessie Ware, uno de los productos mainstream británicos mejor llevados de la actualidad.

headbirds

Sosa, sin presencia, graciosa, risueña, sin forzar mucho su voz y en definitiva cumpliendo a duras penas, pero cumpliendo. Me pareció siginificativo el volumen de gente que acudió a verla, si soy sincero. Hecho que habla estupendamente de la influencia y buena promoción que en general gastan todos los proyectos de este tipo venidos de UK. Hubo momentos de soberano aburrimiento, básicamente por la intención del directo, que intentaba parecerse lo máximo posible a las grabaciones originales, incluidas las baladas. Como era también previsible, los mejores momentos fueron cuando sonaron los tres singles producidos por Julio Bashmore y Dave Okumu.

Jackmaster siempre arrastra miradas, su estatus completamente sobrevalorado hace que se pose sobre él muchísima atención que él suele destilar con asombrosa tranquilidad. Cuando se dirige a la cabina, la mayor parte del público sabe que se va a divertir; es una de las cosas buenas del DJ británico, que irradia ese poder y esa convicción, algo que disimula muchas veces sus errores de planificación y cambios bruscos de narración. Buenas mezclas, Techno como patrón dominante y algún detalle de calidad en forma de clásico o híbridos House/Bass que le hicieron salvar la papeleta. Lo de Tweak-A-Holic fue arena de otro costal: puede parecer una teoría extraña, pero Jackmaster funciona mucho mejor cuando hay clásicos R&B y olor 80′s en el ambiente. Una faceta limitada que explota poco pero que de sobra es el perfil que mejor cuajó en este fin de semana; intercalando clásicos de Chaka Khan, Luther Vandross y similares consiguió levantar a un público muy mermado por el paso del impreciso Four Tet.

Actress, con lo acostumbrados que nos tiene a sus viscerales apariciones, normalmente de negro impoluto y con cara de profunda concentración en, únicamente, lo que está haciendo, sorprendió por su afabilidad y simpatía: no sonrió en ningún momento, eso no, pero sus movimientos detrás de los platos y gestos transmitieron menos tensión de lo normal, se le veía fresco y eso se tradujo también a su selección. Música Disco, Deep House clásico, algún desliz en forma de interludio y un avance poco a poco hacia la abrasión y oxidación a la que nos tiene acostumbrados.

Uno de los platos fuertes del día fuerte (según nuestras preferencias) era Killer Mike; ver al gigante de Atlanta encima del escenario ya justificaba haber tenido que desplazarse a Barcelona y lo cierto es que no defraudó. Experto a pesar de su reciente popularidad gracias a su alianza con El-P e inimitable rotundidad al micro, desplegó de manera autónoma todo su increíble arsenal de recursos y espectáculo, demostrando y poniendo en evidencia las diferencias entre un MC completo y verdadero y uno de segunda fila. Aunque fue un directo muy lineal y sin grandes altibajos, destacó el venazo final en plan pastor o predicador con el que Killer Mike sorprendió, lanzando estrofas de jive y Spoken Word apasionado mezclándose entre los asistentes, dejándose querer y sobre todo dejando ver que no necesita ningún tipo de apoyo o decoración para cumplir expectativas y ganarse al público.

killer mike

Death Grips fueron por derecho propio y tal como se preveía, los protagonistas de la noche; a pesar de la ausencia repentina del líder y batería Zach Hill, Stefan “MC Ride” Burnett y Flatlander dieron la cara y ofrecieron lo que la gente había venido a presenciar. Temas extraídos de “Ex-Military”, un grueso recogido de su excelente primer álbum oficial “Money Store” y una puesta en escena rabiosa, de tensión continua y agresividad desenfrenada, sin límite. Gracias a las dimensiones del escenario y su buena disposición sonora, disfrutar de este concierto fue lo más parecido a adentrarse en el infierno.

Four Tet tuvo problemas, serios problemas para no solo levantar el ánimo de una grada hambrienta en una hora crítica, tuvo serias dificultades para encontrarse a sí mismo. A pesar de que su directo tiene una concepción bastante original y puede resultar diferente en cada cita, el británico tuvo que tirar de recursos de fiabilidad asegurada y pre-establecida para conseguir entrar en el clima adecuado y hacer entrar al público. La falta de pasión y algunos errores de guión (que no técnicos) sumados al bajísimo volumen del escenario Pitchfork, contribuyeron a que Kieran no tuviera la actuación deseada y sin duda una de las menos brillantes en sus visitas a España.

Llegados a este punto, no había muchas más opciones que ir a ver a John Talabot al Ray-Ban, en mi caso algo estimulado por la opción de ver al barcelonés en modo DJ, sin la envoltura de su completo directo. Una luz azul densa y omnipresente apenas dejó que viéramos sus reacciones y gestos a la hora de seleccionar el material, demasiado lineal en ocasiones y en el que no se encontraron brechas. A pesar de la monotonía y poco riesgo, Talabot desplegó su buen gusto y expresividad detrás de los platos.

Viernes: James Blake y el directo inmejorable…

james blake

El segundo día es un día de transición en casi todos los festivales: a menudo solemos quemar muchos cartuchos el día anterior, achacando el consumo a la euforia de la llegada y todo eso, dejando muchas energías por el camino. Además, el frío se endureció y se hizo aún más difícil de soportar, disminuyendo los movimientos al mínimo. Teniendo esto en cuenta y considerándolo como contexto, no estuvo del todo mal esta segunda jornada, marcada obviamente y para los que lo presenciamos, por un directo inolvidable de James Blake que evidenció su supremacía como uno de los músicos más influyentes del momento en el sector semi-avant-garde. Las expectativas con este segundo día estaban más bajas, aunque aún así pudimos presenciar propuestas del todo convincentes.

Una de ellas no fue Solange; la hermanísima de Beyoncé, con un discurso muchísimo más elegante y sacando partido no solo a su belleza sino a grandes músicos y productores que gravitan a su alrededor y barajando un repertorio con grandes posibilidades, se mostró insípida y poco entregada en su visita a tierras españolas. Ni la presencia de Dev Hynes ni el encadenamiento de sus mejores singles consiguieron quitar la narcolepsia a una cantidad considerable de asistentes, que seguramente peregrinaron al Pitchfork con el objetivo de presenciar otro tipo de espectáculo mucho más animado, dinámico y fresco. En ese sentido pecó en los mismos factores que Jessie Ware: querer plantear un directo demasiado calcado a las composiciones originales, sin sorpresas, sin errores.

Llevaba tanto tiempo esperando ver a The Jesus and Mary Chain que, como tantas veces ocurre con este tipo de cosas, me dejaron más bien como estaba.  Particularmente, me sonaron a medio gas. Entre sus temas desfilaron Happy When It Rains o Head On y por supuesto Just Like Honey (interpretado junto a Bilinda Batcher). Es muy probable que sus más fervientes fans no compartan opinión, pero había algo que me dejaba más cerca de la escucha en casa que del momentazo de estar a metros de la banda (muchos metros, claro, seguramente en la sensación que me llevé también tuvo algo de culpa el hecho de que este año costara tanto vivir la experiencia del live sin dejarte el cuello mirando una maldita pantalla).

solange

Daughter tuvieron una puesta en escena íntima pero potente, su toque shoegaze y las texturas oscuras de temas como Still (que en directo hacen pensar en el sonido de Esben and the Witch, sobre todo en las partes instrumentales) conseguían emocionar de manera visible al público congregado en el Vice. La voz entrecortada de Elena Tonra entre canción y canción, agradeciendo al público el estar ahí, creo que nos puso la piel de gallina a todos. Casi tanto como escucharle cantar Winter. Algo que en casa ya supones que va a ser de lo más bonito de ver-oír en directo, pero que supera expectativas. Y que -desde mi punto de vista- aún superaría más si ese lado de la improvisación que ya poseen fuese llevado al extremo.

Posiblemente aquí coincidiremos con el grueso de asistentes al PS: Tinariwen fueron la gran sorpresa del festival, para algunos inesperada y para otros lógica. El Ray-Ban, siempre muy dado a propuestas más exóticas y coqueteando con la música tradicional, el Afrobeat y el folklore, dada su excepcional disposición de estilo anfiteatro, albergó uno de los conciertos más estimulantes, entretenidos y refrescantes que este año desfilaron por el Parc del Fòrum. Los tuaregs trasladaron al escenario toda la autenticidad del Sahara, el clima y la pulsación rítmica original, combinada con la adaptación melódica a la guitarra psicodélica; como dice mi buen amigo Katza, “cualquier música que lleve dosis de verdad impresas en su ADN siempre vale la pena”.

Aunque pasó por un dudoso y titubeante momento de transición, el joven James Blake es uno de los arquitectos más importantes de la realidad electrónica actual, un visionario que supo almacenar en un mismo discurso el reduccionismo Bass, el culto a las bajas frecuencias, el Soul, el detallismo de la IDM y el Ambient e insuflar a todo ese contenido grandes rasgos Pop muy asequibles. Con “Overgrown” todavía latente y como uno de los indiscutibles álbumes del año, el británico está ya cómodamente consolidado como artista, mucho más seguro de sí mismo y de lo que tiene que ofrecer al público. Un directo perfecto desde el primer matiz al último; con un Airhead preciso y emotivo, con una sección de percusión que varía y aplica nuevas visiones a tracks más o menos clásicos, como “CMYK”, un control meticuloso de todos los aspectos (la entonación, los silencios, el delay, el reverb) y ofreciendo un espectáculo inmejorable, simplemente sobresaliente y que nos dejó completamente saciados para toda la noche.

tinariwen

Más tarde, Swans irrumpieron en el Ray-Ban con su inconfundible puesta en escena y su incomparable devastación hipnótica que con gran densidad se extendió sin límites a prácticamente todo el festival (no hacía falta estar delante para asistir a los eternos y contundentes recitales de Gira y compañía). En el mismo escenario, y dejando un reposo para que la onda expansiva se disolviera, apareció un Caribou enfundado en sus vestiduras como Daphni dispuesto a desenfundar todo tipo de armas sonoras para el disfrute del personal. A pesar de que fue una sesión algo caótica en ocasiones y la dirección nunca estuvo clara, un final con el eterno y atemporal “Over And Over” de Sylvester hizo a todos creernos que estábamos en el Paradise Garage agotando nuestras últimas fuerzas.

Hubo quien se ensimismó tanto con los bailes de The Knife que no vio “lo del timo” a la primera (ni a la segunda, ni a la tercera, ni en los corrillos que se formaban al día siguiente despotricando el paso del dúo por el festival). Las danzas tribales de un equipo de bailarines -al que de vez en cuando se unía la propia Karin Dreijer-, junto con unos planos perfectamente cuidados de dicho espectáculo -mostrados a través de las pantallas del escenario-, a muchos nos hicieron obviar el sonido pregrabado que predominó durante buena parte de la actuación. Fueron uno de los nombres que más dieron que hablar antes de su actuación en el festival y han conseguido seguir en esa línea días después de su puesta en escena.

A Disclosure, reconozco públicamente, les tenía muchas ganas. Los hermanos Lawrence cumplieron expectativas con un directo muy enfocado a la pista de baile (a pesar de los ya conocidos problemas de sonido del escenario Pitchfork). Nos deleitaron con algunas de las grandes joyas que nos han ido dejando ver a lo largo de los últimos meses como F for You o el remix del tema Running (de Jessi Ware), pero también tiraron de trabajos anteriores como What is in Your Head (Face EP). Su particular oda a la música house, colmada de voces femeninas, nos hizo sudar a pesar del frío de la segunda noche en el fòrum.

Sábado: “It’s Wu motherfuckers”

Wu-Tang-Clan-

Ya completamente mermados por el trajín de los tres días, con pies, espalda y cuerpos resentidos, nos dirigimos al recinto con el único objetivo de acabar dignamente el festival. A simple vista, y lanzando un rápido barrido al cartel del Sábado, había dos objetivos muy claros: Wu-Tang Clan y Nick Cave. A pesar de llegar con las fuerzas justas y tener dos platos fuertes como esos esperándonos, dimos la talla.

Quizá los primeros minutos de Dead Can Dance sirvieron para paliar la resaca, recomponerse, ubicarse en el lugar donde se está (es el Primavera, joder, ya es hora de enterrar la de ayer y empezar la de hoy). Escuchar la voz de Lisa Gerrard llenando cada recoveco del escenario Ray-Ban y notar la esfera mística que envuelve sus actuaciones era la terapia que muchos necesitábamos para afrontar el último tirón del festival, con el fórum apestando ya a ácido y a habitación cerrada tras fiesta de tres días. En su directo pudimos escuchar Anastasis, su trabajo de vuelta a los escenarios tras 16 años sin editar un álbum. Y una vez que nos hicieron el tratamiento debido de rehabilitación con voces de ensueño, el brebaje y la vuelta al mismo estado de ayer a estas horas eran necesarios, urgentes. Hubo que abandonar la zona antes de verlos terminar.

Nick Cave fue, muy probablemente, el gran protagonista de la noche del sábado. El gentleman con pinta de ganarse la vida en el mismísimo infierno vendiendo absenta y otras drogas, parecía haber calculado al detalle la manera de dejarnos boquiabiertos. Huracán Cave. El derroche de energía que pudimos ver en escena ya lo quisieran algunas bandas de rock que no pasan de los 23 años. Lo de Cave, de todas formas, nunca ha sido normal. Cumplió todos los clichés de lo que viene siendo un DIRECTO APOTEÓSICO, así, con mayúsculas. Empezó con Who U R, primer tema de su último álbum, cantó grandes glorias como The Mercy Seat y cerró con la canción que da título a este último trabajo (Push the Sky Away), con la que nos estremeció hasta el infinito. Y desde ese día no he vuelto a escuchar ese tema final como lo había hecho hasta entonces; piel de gallina convertida en una parte más de las primeras notas en cada escucha, sin vacile, y ojalá nunca cambie. Los Bad Seeds, que en esta ocasión -a diferencia de Coachella- no iban acompañados de más músicos, estuvieron soberbios. Y de todo esto se deduce un resultado de “nos ha sabido a poco”, pero la intensidad ya había hecho mella. Sobre todo en el momento en que Cave se metió entre las primeras filas, alzándose en pie sobre los que cogieron buen sitio para babear de cerca y sujetarle con el máximo cariño/fanatismo posible, el de “si cae, que se rompan mis dientes, no los suyos”.

nick cave

A priori, no imaginaba que el directo de Liars fuera a sonar tan rotundo (a pesar del sonido Pitchfork [otra vez]). Su último trabajo, WIXIW, lucía en directo con un toque mucho más festivalero. Con garra. Angus Andrew se pasó media actuación agitando su corta melena. Y los demás sin poder parar de movernos. Puesta en escena discotequera/buenrrollera de esas que obligan a quedarse un buen rato a pie de pista. Todo lo que se escuchó llevaba impregnado el rollo dance del tema Brats. Todo beats, todo melodías fácilmente bailables.

El rubio no le quedaba bien a Alice Glass. Parecía dar por terminado su carácter post-punk. Después de pasar por una etapa en que sus directos tenían toda la pinta de “ahora mismo nos vamos”, Glass se ha teñido de rosa y los Crystal Castles han vuelto a recoger -en cierta medida- esa primera esencia que caracterizaba sus directos. Cuando Alice era morena y visceral. Cuando sonaban salvajes. Después de un desencanto/odio por el que muchos pasamos en su última etapa (materializado en su actuación en Razzmatazz hace algunos meses), parecen estar llevando a cabo una reconquista. En su directo del sábado en Primavera Sound todo sonaba -precisamente- más “directo”. Los teclados de Ethan se veían reforzados por la ayuda de su compañera, de una mejor manera de lo que pudimos ver en aquel concierto. Glass parece haber echado más horas de ensayo y para bien, prácticamente todos los temas sonaban diferentes.

El problema no fueron Wu-Tang Clan, el problema fue que actuaron en un festival que no admite delays, descalabros de horario, de ninguna manera puede haber algún bis. El concierto de la crew más influyente de la historia del Hip Hop contemporáneo necesitaba de ese momento en el que el público toma el control de la acción y pide hasta saciarse. Una hora pelada de concierto en la que comprimieron prácticamente todas sus etapas, incluyeron “algunos” de sus temas más representativos y diseccionaron el “Enter the Wu-Tang (36 Chambers)” perfilando un directo comprimido e intenso. RZA, GZA y Ghostface Killah fueron los que más y mejor llevaron la batuta, hubo un tímido homenaje a ODB en el que se pidió la participación del público y uno de los momentos más destacables fue la exhibición en modo Roc Raida de los DJs del escuadrón, quienes deleitaron al público con sendos Beat Jugglings, después de un previo discurso de RZA que se encargó de reivindicar la figura del DJ original.

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A pesar de mi insistencia en la negativa, al final diversas circunstancias me hicieron presenciar una parte del espectáculo que el agrio Scuba había preparado para la ocasión. Escondiendo su condición de abogado de la más monótona mediocridad Techno/House y cada vez menos atendido/observado por el sector subterráneo, el inglés asentado en Berlín y capo de Hotflush se escondió detrás de una pirámide de metal que, no aportó ningún plus a su espectáculo plano y gris, y que supongo venía por su reciente obsesión con los triángulos. No había ninguna expectativa, y a mi alrededor escuché varias personas insultándolo realmente enfurecidos, algo cada vez más común cuando se asiste a una actuación de uno de los tíos más insoportables del circuito.

El pionero del Dabke Omar Souleyman era una de las propuestas más excitantes programadas a última hora; el sirio regaló un espectáculo incomparable y sacó su perfil más bailable recogiendo el testigo de los devastadores Nurse With Hound. Como última parada del festival, tuvimos que asimilar el gran error de dirigirnos al escenario Pitchfork a contemplar a un muy afectado DJ Koze, alcoholizado, torpe y que no dejó de encadenar horribles transiciones una detrás de otra destinando todos sus esfuerzos a disimular la catástrofe. Mientras, en el escenario Ray-Ban, Coco optaba por cerrar el festival oficialmente lanzando uno de los temas que más se relacionan con el sueño americano, “Don’t Stop Believing” de Journey, una decisión horrible pero inesperada que a buen seguro hizo llegar al clímax a todos los fanáticos de Los Soprano.

Frankie Pizá, Alicia Álvarez Vaquero y Fran Martínez

Fotos: Erez Avissar, Tonje Thilesen y Eric Pàmies


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