Paul Jebanasam “Rites”

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Volvemos a sumergirnos en la oscuridad de la tormenta ambiental de mano de Paul Jebanasam y su primer trabajo de estudio para Subtext con este “Rites”, tras inaugurar la serie de grabaciones en directo del sello en 2011 con “Music For The Church of St John Baptist”. Las valoraciones de su obra, resultarán redundantes para los seguidores de la web y de este tipo de propuestas, sin ir más lejos tan solo basta con revisar recientes miradas sobre los discos de Cindytalk y de Kareem en los pasados días. Y si volvemos la mirada y rastreamos por completo el álbum, podemos apuntalar una serie de similitudes sonoras y estilísticas alrededor de una serie de artistas que en las últimas temporadas vienen raptando nuestra atención, empezando por sus compañeros de sello Roly Porter y el dúo Emptyset, primera parada obligatoria para definir las coordenadas de este trabajo, ya que “Rites” apuntala de una manera mucho más panorámica y cinematográfica la desintegración sonora que representaban los discos de estudio de Roly Porter “Aftertime” o “Demiurge” de Emptyset. Curiosamente, los tres artistas se encuentra en un terreno similar cuando observamos las grabaciones de los directos o instalaciones sonoras “Fall Back- Live At Aldeburgh” (Roly Porter) o “Material” (Emptyset), con este “Rites”, compartiendo un sentido mucho más épico y descriptivo en las composiciones (o ahogadas letanías). De algún modo, “Rites” es ahora mismo el sonido que mejor define a Subtext hasta el día de hoy (a falta que vuelvan a retorcerlo en futuras entregas sus integrantes).

La lógica del sello, funciona a todos los niveles, desde el apartado sonoro hasta el gráfico y visual de sus instalaciones, llegando a converger en similitudes con un sello del calado histórico de raster-noton (aunque también podríamos nombrar a Sähkö). Si ampliamos el campo de visión, este año encontramos excelentes trabajos como los anteriormente mencionados de Cindytalk y Kareem, además del imponente tratado sonoro de Mohammad o The Haxan Cloak. Entre ellos, hay una pasión desbocada y un sentimiento abatido confrontado entre una maraña de tratamientos digitales y analógicos del sonido (en cada uno ponderado de una manera distinta) que hacen de cada escucha parezca un ritual donde afilar el cuchillo y calentarlo para dejarte marcar su nombre en la espalda. Si seguimos volviendo la vista atrás, encontramos un punto definitivo dentro de este género del ambient con aliento industrial, cavernario y de algún modo “metálico” como fue el trabajo de Ben Frost con “By The Throat” en 2009 (y disco del año en The Wire).

Ese énfasis en hacer eclosionar el ambient y el drone music con todo tipo de referencias que nos habían acompañado durante la década pasada en otros trabajos encontraba un punto de unión en aquel trabajo, donde se observaba la vena ruidista, ambiental, la neoclásica, minimalismo drone, espasmo metálico y manipulación sonora digital, unificada. Aunque estos años, se ha seguido haciendo un mayor recorrido hacia la experimentación analógica y otras vertientes como las que se apoyaban en trances percusivos, al final encontramos con el paso de los años un valor de vértice en aquel disco, cuyas virtudes se han ido extendiendo en otros artistas. El aliento helado de la manada de lobos de aquella portada, sigue envolviéndonos en “Rites” , y deja rastro al mismo tiempo para que en sus cinco piezas que en conjunto completan una banda sonora afligida, romántica y dolorosa (parece que esté comentando un disco de Godspeed You Black Emperor hace más de diez años, aunque aquí no hay épica victoriosa por ningún lado y tal vez nos podemos acercar con mayor precisión a las maniobras de Sunn 0)))) que se describe a la perfección en el texto que acompaña al disco, donde podemos leer:

The pieces explore the central themes of grace and savagery contrasting historical musical languages with the emergence of visceral sonics and immersive tonality, overlaying the past on to the present and considering the possibilities of sound as an eternal, universal medium embedded within the order of civilisation.”

Salvajismo, ritual, tensión, intriga…, términos con los que hemos navegado en los últimos tiempos en los discos de leyendas como Thomas Koner, Richard Skelton, Kevin Drumm o Mika Vainio, al igual que con Kreng, Gabriel Saloman o Rainforest Spiritual Enslavement, entre una lista cada vez más extensa (tan solo basta con pegar un vistazo a las reseñas que les hicimos en esta web para comprobar la similitud de adjetivos para definir su música). ¿Qué puede tener de atractivo de nuevo el volver a una estética ritual? Mi respuesta, obviamente, es una apreciación completamente subjetiva. Tal vez, lo que hace tan intenso imaginar esas vidas y sociedades primitivas es una vía de escape a la inclemencia social que se extiende en la actualidad, un mundo que puede resultar sobresaturado para muchos (en todos los aspectos) y que necesita escapar de vez en cuando en su imaginación hacia pensamientos donde los terrores no tenían justificación científica alguna, dejando que lo irracional fuera el hilo conductor. Estos discos funcionan como refugio emocional del lado que imaginamos más salvaje y alejado de toda humanidad, aunque al final sabemos que esta recreación mental es tan solo un mero pasatiempo. También podríamos acercarnos a pensar que está relacionada con el contexto de crisisy se presenta abatida. Podría servir ese enfoque la verdad, pero supondría una visión demasiado plañidera a mi gusto.

Con una mirada altiva, entramos en la descriptiva introducción del primer fragmento de “Rites”, que con una pesambre introductoria nos navega por una desolada estampa que en su tramo final se trastabilla para entregarnos el primer mazazo del disco, como es “Rites II”, donde el ruido se va apoderando de la decadente estampa sonora hasta enfrentarla en metálicos impulsos que se descargan súbitamente en una percusión (curiosamente,extraída de la manipulación de un piano) que nos empuja hacia Raime y a una marcha penitente donde escuchamos las cadenas acercarse de nuestros demonios apresados entre una densa niebla y progresando entre el lodazal. Esta estampa, se trata de recomponer con el tono neoclásico del tercer fragmento y vuelve a someternos al impacto desgarrado en “Rites IV”, con ese aspecto percusivo intentando sobrevivir a la saturación digital y el espasmo visceral, dejando que al final acabemos pensando en que esta música, al igual que la de Coil, está perfectamente pensada para ser reproducida en la oscuridad. Al final, con “Rites V”, tenemos la salida que sirve de epílogo a esta apasionante obra, que sigue amplificando las maniobras surgidas de Subtext y destripando la bass music mediante un lenguaje que conoce otros apasionantes puntos de conexión como hemos mencionado. Escuchar este “Rites” me devuelve a la memoria aquello de “In Bristol With a Pistol”.

Fran Martínez


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