Grime 2.0: desde la revolución instrumental…

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Hace unos 10 años, cierto tipo de instrumentales tan solo podían conseguirse si se tenían buenos contactos dentro del territorio; algunas de las bases o beats que apoyaban a los raperos británicos únicamente eran prensadas o distribuidas en círculos muy cerrados en los que no se admitía a cualquier visitante. Tenías que ser londinense, estar allí y realmente interesarte por aquella mugrienta música nacida en los suburbios y zonas residenciales para tan solo entender la importancia de aquellos instrumentales; entre el Electro, el Funk electrónico, el Dancehall y el Hip Hop, una fórmula muy concreta de configurar sonidos se convertía en una de las tendencias más ambiciosas y “de gran carácter” que han nacido en el Reino Unido.

El Grime es, viéndolo ya a más de una década de distancia, el sonido con el que una entera generación de jóvenes británicos se identifica; su suciedad implícita, intrínseca, insalvable, su caótica determinación, la sensación de furiosa anarquía y distópico clima perturbado que consigue transmitir y mantener aún con el paso de los años y las reproducciones. Grime es siempre una música joven, rotundamente ágil y fresca, no cae en detrimento como ha podido hacerlo el Jungle o el UK-Garage, estructuras más fiables y viejas que en parte identificamos con una época inmediatamente anterior, como una antesala más moderada de lo que estaba por llegar.

Digo joven por su carisma sin ley, por ser un género creado íntegramente desde el subterráneo o el garaje de aquellas zonas residenciales en el Este de Londres gracias a PCs baratos o de segunda mano, material de bajo coste y lo más importante: ser armado con rabia y pasión por chicos sin apenas conocimientos musicales, sin apenas preparamiento para la producción, jóvenes apartados de cualquier tipo de disciplina que no fuera de las 8 barras. Grime es una huella imborrable del pasado urbano londinense; una escena que se repite una y otra vez  en la cabeza de infinidad de testigos de aquella época, una escena en que un patrón rítmico descendiente del 2-step, una exclamación que grita “sub-low”, unos bajos guturales y profundos reverberan sin parar y solo limitados por una puerta o barrera de garaje, extendiéndose más y más por las conexiones y ramificaciones que las radios piratas proporcionaron, llegando hasta nuestra actualidad.

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Esos rasgos (la juventud, la furiosa autenticidad y el ser un género ligado ampliamente al universo más callejero y desfavorecido de una zona) han mantenido al Grime dentro de las leyes del underground durante toda su historia, a pesar de haber sido un estilo capaz de reconstruir el Pop británico a su imagen y semejanza hace una década; “Boy In Da Corner” llegaba en 2003 abanderado por XL, ofreciendo una versión nunca vista del rapper británico, reformando el perfil completamente y estimulando el mercado a niveles colosales, en definitiva ayudando a que el Grime llegara a un público que jamás había visto nada igual, tan feroz y consistente. Una representación de la vida en los suburbios londinenses estaba ahí, entre R&B y Pop de todo tipo, armado hasta los dientes, como un intruso que reclama su parte del pastel.

Un año antes, Youngstar había firmado “Pulse X”, la escuadra y cartabón del género junto a “Eskimo” de Wiley (patrón absoluto del “eskibeat”) o “Creeper” de Danny Weed: el Grime había comenzado y no tenía ninguna intención de diluirse, pero tampoco de colarse en el mainstream de manera irreversible. Hoy por hoy y viéndolo en perspectiva, el Grime no ha sido mantenido ni por Dizzee Rascal ni por Wiley, dos de los pocos que consiguen hacer algo de dinero con esto, ha sido alimentado, como una hoguera que niega a apagarse, por las jóvenes escuadras de productores, crews y MCs con los pies en el asfalto. Gente que ha estado ahí a pesar de todo: DJ Magic, DJ Slimzee, Mak 10, el enano Tinchy Stryder, parte de la Roll Deep, la Nasty Crew, los Newham Generals, la Slem Dem crew o los hoy reivindicados pioneros de la revolución instrumental Ruff Sqwad. Entre otros muchos, por supuesto.

Aunque si nos pusiéramos exhaustivos, esto sería incorrecto, intentemos definir tres grandes etapas dentro de lo estrictamente Grime, un género hoy por hoy aún sin definición exacta, que se identifica mejor con un tipo de actitud que con reglas puramente musicales: nacimiento, auge y la mencionada revolución instrumental que aún hoy vivimos, y de la que somos testigos día a día. Ésta última es una de las bazas que maneja Joe Muggs, máxima autoridad dentro del género, para presentar “Grime 2.0″, una compilación que a pesar de llegar removiendo poca atención, es mucho más importante de lo que parece ante un primer vistazo.

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Llega concretamente esta semana empapada de grasa instrumental de altísimo nivel y con el cartel de “radiografía” de la etapa actual, viniendo a representar, algo así como confirmar la evolución del ADN Grime hacia otros aspectos, abandonando su ambiente cerrado y apocalíptico para colarse en las pistas de baile de todo el mundo, mostrando su estética estructural a una mayor audiencia. El primer estadio de esta revolución, la tenemos en el propio esquema instrumental, la arquitectura en sí misma. El segundo, lo tenemos en los últimos compases de la década pasada, justo cuando algunos sellos de renombre, deciden absorber, relanzar, darle un valor o mirada distinta al instrumental Grime. Esos sellos son Planet Mu o Hyperdub, entre otros.

Tenemos que retroceder al año 2001, principios de 2002 para poder hacernos una idea a grosso modo de las claves que intervinieron en el primer estadio; Rapid y Dirty Danger, chavales de primaria con apenas 10 o 11 años, reciben su primer PC de manos de sus padres. Recordando aquellos momentos, el propio Rapid confiesa: “We had a parents’ evening, and my teacher said: ‘He needs a PC, to be doing his homework, and research and stuff,’ and my dad was sort of embarrassed, so a week later he went out and bought me a Packard Bell, which came with all these programmes”. Ambos pronto se juntaron con algunos compañeros de clase, como Slix, Mad Max, Tinchy Striyder o DJ Sir Spyro, todos claramente influidos por lo que algunos grupos ya experimentados como Heartless Crew o Pay As U Go estaban haciendo en sus garajes.

Poco después llegó el FruityLoops en una de sus primerizas ediciones, muchas horas de práctica en los locales de juventud que frecuentaban o en sus propias habitaciones, dentro de sus casa en el barrio de Bow. El sonido surgió con naturalidad, abusando de procesos y herramientas baratas, virtuales, puramente digitales, creando material que hacía llegar el software a sus límites; era caótico y violento, brillante y maximalista, feroz e inflamable. Aquellos instrumentales, tales como “Tings In Boots” fueron el fuel que alimentó la escena Grime durante años y años, prácticamente hasta nuestro presente; la decisión de aquellos pequeños de plancharse sus propios dubplates, hacerse con copias únicas de sus beats, atravesar medio Londres abandonando sus zonas de comodidad y trasladándose a las radios del Norte para entregar en mano aquellos plásticos, fue una decisión que cambió para siempre el juego.

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Pocos meses después, sus beats y canciones estaban ya implantadas y pasando de emisión pirata en emisión pirata. El propio Rapid comenta: “But it felt so special. You’d make a beat in your bedroom, go to some tiny room, put it on the decks, and hundreds of people would be listening. That energy was just a next feeling, like you were on top of the world”. Se concentraban en sus proyectos de FruityLoops cuando en realidad deberían haber hecho sus deberes, aprovechaban los recreos para ensayar sus letras y mientras estaban en clase podían perfectamente recibir una llamada de Wiley casi ordenando que vinieran al estudio.

Aquellas melodías imperiales, aquellas strings agresivas y repletas de frescura adulterada, aquella compresión de bajísimo nivel, aquel sonido metálico, de tubería ha estado en las mentes y wishlists de gran parte de la audiencia Grime durante año. De nuevo Rapid, tiene una de las claves por las que aquellos primeros beats se hicieron tan aceleradamente con su sitio, y llegaron a calar tan hondo; “Those early ones were dark, but with a melodic theme. No one else knew how to put melodies in such dark music”. Aquellos jóvenes de clase baja dieron con una fórmula precoz y flexible, repleta de posibilidades, aplicando un factor humano a la crudeza Grime primigenia, dando un mayor peso al contenido y notas melódicas.  Consiguieron crear una adicción perpetua, una droga de bajo coste distribuida por la radio pirata que revolucionó el género, uno ya de por sí revolucionario y extremadamente aguerrido, aferrado a la calle. En este sentido, el propio Dirty comenta: “Most of our songs, even though they’re grime, were just really heartfelt”.

Durante la década después de aquellos acontecimientos, y casi como una condición inexorable del propio género, los fans y entendidos han crecido con viejas grabaciones en casete de aquellos tracks, rips de horrible calidad y cintas de mixes inacabados, esperando que aquellas copias o white labels cayeran algún día en su mano por arte de magia. Fue en 2012, el año pasado, cuando Magic y su plataforma No Hats No Hoods decidieron regalar al público aquella colección de beats primitivos, encapsular y editar oficialmente por primera vez uno de los pasajes más importantes de la historia del Grime en “White Label Classics”. La palabra esencial no le va grande, digamos. Ese movimiento editorial de gran audacia y esperada materialización, vino a consolidar el gran interés del terreno electrónico británico en la arquitectura Grime; después de que beats de Wiley o Terror Danjah fueran puestos en circulación como composiciones con pleno derecho, totalmente válidas sin un MC por delante, han llegado otras tan importantes como “King Original Vol. 1″, una recopilación de material instrumental creado por uno de los pilares de los Newham Generals, Footsie, entre 2004 y 2006.

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Ésta última, por ejemplo, llega con un mercado o audiencia parcialmente enganchada al Grime por su contenido instrumental, su fuerza natural aún con la ausencia de la verborrea callejera y violencia lírica; sellos como Oil Gang, Butterz, productores como Spooky Bizzle de la Slem Dem crew o el joven Darq E Freaker hacen valer sus beats como armas de destrucción masiva preparadas para casi cualquier oído mínimamente interesado, además de verse con capacidad de extender su engrasado hacia otro tipo de metas, como es el Hip Hop de calado mainstream cien por cien estadounidense (la estrecha colaboración de este último con Danny Brown es una de las claves, en este sentido).

Tracks como “Spartan” de Spooky, “Next Hype” de Tempa T, “Cherryade” de Darq E Freaker, álbumes como “Digital Kinesis” de Dexplicit, prácticamente todo de Rude Kid y otros releases antes mencionados forman parte ya de la última mutación Grime, un resurgimiento puramente instrumental que ha convertido su marca de agua digital y enfurecida en una de las influencias más flexibles del momento: sellos como Numbers, Night Slugs de forma determinante, Hardrive, Butterz o los ya destacados Planet Mu y Hyperdub han recogido esa huella estimulando no solo un mercado Bass aburrido por culpa del empobrecimiento Dubstep y su degeneración híbrida, han conseguido embarcar al género en ese segundo estadio del que hablábamos antes. Ahora y a diferencia de antes, Grime no solo es “Pulse X” y FruityLoops, es una moldura plenamente adaptable a otros estilismos, tales como el House, el Techno o el Hip Hop.

Parte de la culpa de esta extensión y afabilidad que las reglas del Grime han ido cobrando en estos últimos años, la tienen Bok Bok y compañía (Joker también, claro, y a pesar de su desvanecimiento, con su estética púrpura y reconocida como uno de los pioneros del Crunk, ayudando a extender dentro del catálogo de recursos de producción Grime las notas 8-bit, entre otras cosas) , quienes desde Night Slugs han conseguido ensamblar su pasión por el género, re-utilizando algunos de sus rasgos, dentro de una personalidad plenamente innovadora: la compañía británica se mueve en un territorio inclasificable de Club-futurismo en el que intervienen desde patrones Hip Hop y Bass, hasta matices de sobre-explotación de la 808, el Hard House de Chicago, el Ballroom contemporáneo y el Grime. A base de experimentación y tesón han unificado una fórmula electrónica envolvente que parece estar creada como parte de su imaginería visual: en 3D. Cabe recordar además, que P Jam está a nada de debutar con el sello.

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Otra clara prueba del maridaje al que se ha expuesto el Grime en estos tiempos es su asombrosa confluencia con el Techno más directo y poderoso; nombres como Kowton o Helix son los principales valedores dentro de esta aún minoritaria estela de producción, con cortes como “Stacks Riddim”, “Drum Track” (Helix) o “Des Bisous” y “KW8″ (Kowton) como ejemplos más claros y que ya sirven como estándares. También en Bristol, y como paisanos del propio Kowton, encontramos a Kahn y Neek, parcialmente enlazadas con el colectivo Young Echo y que han fundado hace muy poco un sello plenamente dedicado a albergar sus derivaciones creativas conectadas con la circulación Grime, permitiéndose también algún desliz de pura pasión Dancehall (Hotline Recordings). En 2012, juntos firmaron “Percy / Fierce”, un 12″ esencial en el que emulaban las características más peligrosas del Grime, y  que complementaron con la edición de “Gorgon Grime”, un ejercicio de bricolaje en el que mezclaron, copiaron y pegaron algunos de los momentos más épicos de la historia del género y sus emisiones de radio pirata, apoyados por el sello No Corner.

Pero la cosa no queda ahí, cuando hablamos de los factores que están haciendo caminar más allá del suburbio al Grime, sin oxidarlo: hay más productores de la sabida Bass new wave que están haciendo suya la climatología que propone el género, esa distopía de fábrica, como son Logos, apadrinado de Blackdown a través de Keysound Recordings, como es el DJ superdotado Melé (en este caso, con una dirección que le coloca claramente en la escena mainstream británica, con los Disclosure, Bondax o AlunaGeorge, apoyado por la BBC Radio 1 casi a ciegas pero que aún así deja ver en sus producciones un gran poso Grime) o es Visionist, éste último claramente colocado en una de las primeras posiciones de nuestra escala de valores, por méritos propios.

No solo mantiene, pule día a día y producción a producción un discurso muy distintivo en el que la obsesión por la 808 y la hibridación Grime/House/Dubstep son constantes, es además un infalible gestor al frente de Lost Codes, uno de los sellos que más tienen que decir en esta nueva re-formulación del léxico del género. Aunque solo tiene dos referencias, las dos son terriblemente reveladoras y a pesar de su perfil experimental, consiguen contener la llama auténtica del Grime ardiendo. SD Laika es complejo y retorcido, Filter Dread se muestra salvaje y con un punto cósmico, mientras que para la tercera entrada en su catálogo, Bloom volverá a dejar bien claro que lo de “Quartz” no fue una casualidad.

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Analizado mínimamente el extraradio (sin olvidarme de productores como Slackk o Starkey, figuras no estrictamente ligadas al género pero que sí desprenden en cada uno de sus movimientos un potente halo o ascendencia Grime), tenemos que contemplar también el futuro más cerca del núcleo; jóvenes como Mr. Mitch coquetean con las leyes del Hip Hop sureño y el sucedáneo Trap en parte de sus producciones para Gobstopper, otro de los sellos más a tener en cuenta en esta nueva ola de productores que enfocan sus maniobras sin pensar en los MCs. Mr. Mitch es el propio capo de su sello, un productor original e imaginativo que lleva el Grime a nuevos niveles, abriendo además paso a otros configuradores ligeros de edad como son el irlandés mencionado en el párrafo anterior Bloom (sí, el de “Quartz”, uno de los últimos anthems del género), Deset o Moony.

Para esta tarea de resaltar algunos de los jóvenes productores que se ven representados en “Grime 2.0″ y que no son ninguno de los nombres o protagonistas ya de crédito acaudalado que por h o por b cualquiera debería introducir en un artículo sobre el estado contemporáneo del género, es obligatorio fijarse en la importancia de una marca como es Butterz, fundada inicialmente como una noche de club por Elijah & Skilliam y que ahora está controlada por un consorcio imperial en el que intervienen otras figuras como Royal-T o Terror Danjah. Éste último, otro de los máximos responsables de la revalorización instrumental, gracias a sus agresivos y complejos beats a los que identificaba con un símbolo de Gremlinz como logo distintivo y que tras ser editados en Aftershock de manera limitada (la mayoría), se recogieron gracias a Planet Mu en la compilación “Gremlinz (The Instrumentals 2003-2009)”. Sus últimas derivaciones han sido claramente enfocadas hacia un público menos concreto y buscando un next level que Hyperdub le ha ayudado a conseguir.

Ese nivel más del que hablo es donde también encontramos ahora a Royal-T, prometedor productor que se lanzó al ruedo con imponentes instrumentales pero que gracias (o por culpa) del tutelaje de la nueva Rinse FM, ha acabado orientando su discurso a un ámbito más comercial, explotando la reminiscencia UK-Garage, 2-step y abusando de las voces femeninas. Mientras algunos esperamos que un talento como S-X explote definitivamente, otros activos unidos al ecosistema Butterz también contribuyen a llevar la fuerza instrumental lejos (geográfica y auditivamente) de los límites marcados: Swindle, el compañero de Danjah D.O.K (con su pequeña nómina en Hyperdub), MCs polivalentes como P Money o Trimbal, féminas como Flava D o grandes estandartes como lo es el de Hackney Champion, todo un patrón del género en estos momentos a pesar de sus tablas UK-Funky.

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Pero recalcar el múltiple ejército del sello no nos da la clave, el dato relevante que da una importancia superior a la media a Butterz. Principalmente, el fuerte de la etiqueta, ya convertida en el principal escaparate Grime al mundo, es la orientación de su discurso, que no se establece excesivamente dentro del subterráneo pero que en ningún momento le da la espalda. Elijah y Sklliam han sabido tender puentes entre Londres y Estados Unidos, dar a la música editada un perfil global y sus pocos prejuicios han llevado al sello a la consecución de algo muy importante: ser la primera marca dedicada a la expansión Grime reconocible universalmente, respetada de manera unánime por toda la comunidad electrónica.

Antes relataba y remarcaba la clara conexión que algunos productores Grime contemporáneos mantienen o tratan de solidificar con los sub-géneros urbanos y callejeros venidos del Sur de Estados Unidos. En este sentido, Mr. Mitch o Darq E Freaker no son los únicos que saben como evidenciar la fructífera fusión; Faze Miyake, miembro de Family Tree junto a gente como Splurt Diablo, Merky Ace (que prepara “All Or Nothing”), MIK, Ego o Shiftman, reconoce la influencia del patrón Lex Luger en su EP instrumental “Take Off”, realmente esencial y que se desmarca de la tendencia habitual de algunas de sus pasadas producciones, más agresivas, más malhumoradas y estrictamente Grime. Con un álbum de inminente aparición a través de Rinse, declaraba palabras como estas en una reciente entrevista con Dummy: “Well, I mainly listen to U.S hip hop but I keep a strong UK influence in my music. A lot of rap from America is actually on the same tempo as grime so it’s more natural. That’s really the reason why I got into it and started using the style. It might not sound identical but the drum patterns are the same: my sound is more heavy and weighty and focuses on the drums rather than synths or bass like dubstep”.

Podríamos acabar aquí, vaticinando el ascenso de algunos muy capacitados y jóvenes productores del tipo Pedro 123, Swifta Beater, Thomas Mellor o Noaipre en nuestro país, ambos dotados de una gran sensibilidad para asimilar la suciedad, crudeza y euforia incendiaria del Grime y darle una vuelta de tuerca o perspectiva muy personal; ambos además, ejemplifican perfectamente el calado que esta “revolución instrumental” ha tenido a lo largo y ancho del globo electrónico, llegando a lugares a los que el hijo fraudulento, adulterado y contaminado del UK-Garage nunca había soñado llegar (a lo sumo, sus planes estaban únicamente dirigidos al ecosistema del este londinense). El Grime es una de las grandes hazañas electrónicas de nuestro tiempo, ejecutada desde la minoría, salvajemente auténtica y capaz de mutar sin perderse el respeto a sí misma.

Frankie Pizá


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