Cindytalk “A Life is Everywhere”

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El legado de Cindytalk sigue en constante evolución gracias a esta segunda etapa emprendida por Gordon Sharp (definitivamente en solitario) desde 2009 en eMego, refinando cada vez con mayor precisión hacia el drone minimalista todas las influencias que han caracterizado a su obra: vanguardia, ruido, intimidación, power electronics, industrial, post-punk, rock, etc, en una batidora de una primera etapa que abarcaba fantásticos trabajos durante la década que comprende el período 1984-1994, con dos puntos de inflexión entre el punto inicial con “Camouflage Heart” con la formación de Kinnison (que falleció en 2008), Clancy (miembro fundador junto a Sharp) y John Byrne hasta el extraño punto final de “Wappinschaw” (1994), dejando entre medias fabulosos experimentos donde “In This World” (1987) sigue brillando con una entidad propia (además del recuerdo imborrable de sus aportaciones vocales a This Mortal Coil en las versiones de Modern English, “Sixteen Days”, o Big Star, “Kangaroo”).

Una vez finalizada esta etapa, el rescate de Gordon Sharp por eMego sigue con la lógica de su catálogo estos años y para este 2013 nos promete una buena cantidad de referencias en este aspecto como ya comentábamos la de Robert Hampson (que también compartió un split en 2010 con Cindytalk), Daniel Menche, COH, Locust, Russell Haswell & Yasunao Tone,… Su primer trabajo para eMego con “The Crackle of My Soul” (2009) indicaba los nuevos caminos que tomaría el proyecto de Sharp, donde la composición digital sería la guía en esta nueva etapa solitaria y con el recuerdo de la muerte de Kinnison, optando mucho más por experimentar en terrenos ambient en “Up Here in The Clouds” (2010) y “Hold Everything Dear” (2011) conformando una trilogía agria , triste y al mismo tiempo dejando un rastro de belleza decadente en todos ellos gracias al tratamiento sonoro empleado, compensando pasajes de oscura demonización con pastorales estampas melancólicas.

Con “A Life is Everywhere”, el enfoque se repite pero se vuelve mucho más extremo y tenso, dejando que el peligro y el vértigo se apodere de una manera directa del disco, aunque al final el resultado del aquelarre esté envuelto de un romanticismo inclemente y perturbado. Es la sensación que podría describir con precisión el corte inicial con “Time To Fall”, capaz de conectar con un inicio donde el tono ambiental y los sonidos percusivos que nos rodean me recuerda a Philip Jeck al mismo tiempo que parece apoderarse del entorno un pasaje mucho más oscuro y tormentoso derrotando el sentimiento placentero inicial por una ráfaga de ruido que tampoco llega a ser molesta y busca en el tono neoclásico del final de la composición un espacio entre Pimmon, Lawrence English y Chris Watson, absorbiendo esa energía entre un tono mucho más melancólico. La presencia rítmica que se cuela en este disco sirve para diferenciarla con mayor precisión de la trilogía anterior y el primer arrebato abstracto y desfigurado lo encontramos en “My Drift is a Ghost”, dejando que las referencias al power electronics o a la época industrial estén presentes diluidas en dos niveles, el peligroso y el lecho emocional que impone en un ensimismado drone en un segundo plano, atacándolo de manera inclemente pero con un elemento constantemente purificador y sanador.

La tormenta sigue inclemente en “To a Dying Star”, implosionando en una cascada de efectos y ruidos que dejan paso a la poética estampa de la explosión estelar, dejando restos en flotación y de nuevo, llevando al extremo su sonido, induciendo un mantra incómodo, cósmico e irresistible al mismo tiempo. Un disco que sería deseado dentro del catálogo de PAN, Blackest Ever Black, Hospital, Subtext o Touch, que encuentra en “Interruptum” una auténtica estampa pesadillesca y torturada donde conecta con The Haxan Cloak, Kreng o Roly Porter aunque obviamente sin deuda alguna. Conforme vamos acercándonos al final del disco, el preámbulo de deformado dub e industrial de “As If We Had Once Been” arrastra una dinámica rítmica siendo atacada entre las intermitentes reverberaciones de sus interferencias y el eco emotivo pujando hasta que definitivamente, el ruido hace gala de toda su inclemencia inconexa en los cortocircuitos iniciales de “On a Pure Plane”, arrastrando todas las deformaciones de un disco de una manera terrorífica y apabullante al mismo tiempo que imaginamos el cielo con los tonos neoclásicos de banda sonora aislacionista que los acompañan, tensando la cuerda y exprimiendo sus volúmenes en una puja dramática que se resuelve desbanenciéndose y dejándonos en un limbo que sirve de punto intermedio. Tal vez suene reiterativo, pero de nuevo nos encontramos con un apasionado y apasionante trabajo de Gordon Sharp, figura indispensable sin duda. Lección magistral.

Fran Martínez


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