Rabih Beaini “Albidaya”

Albidaya

Hay motivos de sobra para estar atentos a toda la actividad en torno a la figura del libanés afincado en Europa Rabih Beaini (Italia/Alemania), desde sus trabajos en torno a patrones house/techno como Ra.H y Morphosis, el ruidista y experimental acercamiento del colectivo parido en Venecia llamado Upperground Orchestra de los que es uno de los miembros estables y fundador desde su creación en 2002, sin olvidar la sensacional labor editorial en Morphine Records donde ha editado muchos de sus trabajos y ha ido abriendo paso a nombres tan estimulantes como las deformaciones industriales y techno norteamericanas de Container y Metasplice, nombres que acabarían consagrándose como Madteo o leyendas como Anthony Shake Shakir e Hieroglyphic Being.

Pero su primer trabajo en nombre propio se encarga de abarcar una faceta completamente desconocida en su música, aunque la coherencia con la que aborda el tratamiento sea del todo coherente al sumar todos los rastros de su trayectoria. “Albidaya” se puede traducir como “el comienzo” y decide buscar cobijo en el sello de su Líbano natal como es Annihaya Records (del que tan solo conocía la referencia de Sun City Girls) y cuyo objetivo en su catálogo es mostrar una “deconstrucción y reciclaje de la música tradicional popular”. Este elemento, Beaini lo exprime de una manera personal y acercándole de algún modo a la visión de algunos de los artistas presentes en el catálogo de PAN y aunque parezca que funcione en oposición al resto de su trayectoria adquiere mayor sentido a cada escucha.

Para “Albidaya”, Beaini recurre a dos de sus acompañantes en la Upperground Orchestra como son Piero Bittolo Bon y Tomasso Capellatto para realizar una sesión de grabación comisionada por los fundadores del sello Raed Yassin, Sharif Sehnaoui y Hatem Imam, de la que obtenemos ocho cortes donde podemos recorrer desde el tono tradicional en un aspecto deformado entre diferentes aproximaciones que van desde el ambient hasta el jazz, prevaleciendo la naturaleza de la sesión improvisada en el resultado final.

El disco se abre con aires arábicos con “Light Within the Light”, donde creo entrar entre los ecos espirituales del viaje de Lloyd Miller y el enfoque de improvisación cercano a Keith Rowe y demás experimentadores electroacústicos al que se añade un constante espectro de interferencia electrónica a su alrededor y que en “Maples & Rocks” deambula entre el mantra del sintetizador de un modo psicodélico y balsámico y al mismo tiempo, reaviva el espectro jazzy en una especie de cósmica estampa que me recuerda en ese plano a la No-Neck Blues Band que con la interferencia jazz del saxofón rebusca en una emoción mucho más conectada con el planteamiento tradicional del sello y cuyo tramo final nos remite en la melodía de sintetizador a paraderos de nuevo asiáticos a lomos de un sonido exótico-kraut pantanoso. Una auténtica delicia.

En el disco, encontramos tres breves piezas bajo el nombre de “Kessara”, que parecen abonarse a la lógica percusiva donde abonarse a la polirrítmica deconstrucción de tradiciones ritualistas. Lugares tradicionales de los que parece escaparse un corte como “Taranta”, que se acerca en parte al trance synth/concreto de factura analógica de Keith Fullerton, No Fun Acid o Hieroglyphic Being. Estas diferentes aproximaciones añaden riqueza al álbum, mientras que en los cortes más extensos deja que el aquelarre espiritual sobrevuele gracias a bizarradas como “Ya Shater”, donde se incluye algún sampleo gutural mientras que se diluye todo rastro instrumental que ubique nuestra mente al Este de Europa y sea el ruido quien se encargue de conducir un corte que bien podrían haber ideado Scott Foust o Graham Lambkin. También hay lugar entre toda esta mixtura mutante un lugar para dejar que se cuele una estampa mucho más melancólica como el drone-ambient de “Song of Extreme Happiness”, donde los efectos electrónicos sobrevuelan alrededor de un mantra pastoral bucólico hasta que el tono romántico en el saxo de Bittolo Bon sobrevuela con la misma candidez que Arve Henrikssen.

El resultado final de “Albidaya” es un disco complejo que sigue revelándonos nuevas facetas de Beaini cada vez más estimulantes, planteándonos preguntas hacia donde puede seguir evolucionando su obra, si pretenderá armonizar todas estas facetas en alguno de sus alias o los derroteros editoriales de su sello. Respuestas que si están al nivel de “Albidaya”, serán completamente marcianas y estimulantes.

Fran Martínez


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