Michael Pisaro “The Punishment of the Tribe by its Elders”

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La figura de Michael Pisaro sigue expandiéndose en solitario a cada paso editorial que conocemos de su obra. El originario de Buffalo, ha ido completando en sus distintas facetas como compositor distintas colaboraciones y pertenencia a grupos donde compartir similares coordenadas de experimentación sonora como con el Wandelweiser Group Ensemble, fundado en 1992 por Antoine Beuger y Burkhard Scholthauer , que cuenta entre sus miembros con figuras más conocidas como Radu Malfati o Craig Shepard. Sus intereses están en la evaluación del silencio y su integración, retomando los postulados de John Cage y su obra “4’33””. Su carrera en solitario fue entregando trabajos para la plataforma creada por el colectivo en Edition Wandelweiser Records, facturando diferentes experimentaciones donde las grabaciones de campo eran sometidas entre diferentes postulados donde introducir el concepto del silencio en la obra, además de diferentes tratamientos percusivos y armónicos.

Además sus conocimientos se plasman en su faceta académica como profesor y actualmente se encuentra impartiendo clases el la Facultad del Instituto de Artes de California, donde entre sus alumnas se encontraba Julia Holter (que aparece también en otro de sus trabajos editados este año “Die Ganze Zeit (The Middle of Life)” y que recuperaremos en próximas fechas). Desde 2010, también ha puesto en marcha su propio vehículo editorial para avanzar en su obra en otros campos de los que envuelven al Wandelweiser Group y dar cabida a colaboraciones a trabajos junto a Greg Stuart y profundizar en la integración de diferentes elemetos además del silencio, apoyándose en el hilo conductor de diferentes poemas como ocurre en esta entrega y en la que hacíamos referencia anteriormente, al mismo tiempo que parece emprender una nueva vertebración en una ensemble llamada Dog Star Orchestra.

La composición de “The Punishment of the Tribe by its Elders”, cercana a la hora de duración, se realizó en Neufelden (Austria) en un estudio situado en el tejado de la estación a las 8 de la mañana.  A estas grabaciones de campo se le añaden distintos elementos electrónicos, percusivos al igual que sonidos extraídos del bajo y la guitarra junto a diferentes samples que van desde Black Sabbath a los Rolling Stones. Ademas de esta explicación, el silencio entre fragmentos sigue estando presente. El material para esta grabación, en principio estaba pensando para el anterior disco mencionado, “Die Ganze Zeit(The Middle of Life)”, pero en su evolución fue sintiendo que el carácter oscuro de estas grabaciones no encajaban en este trabajo, al que después añadió otro enfoque de la poesía de Stéphane Mallarmé procedente de “Le Tombeau d’Edgar Poe”, sobre estas lineas: “Eux, comme un vil sursaut d’hydre oyant jadis l’ange /Donner un sens plus pur aux mots de la tribu” / “Calme bloc ici-bas chu d’un désastre obscure”. Como nos informa Pisaro, el protagonista de este poema, Poé, es el mensajero de un oscuro desastre cuyas consecuencias permanecen con nosotros.

Con todo este imaginario envolviendo la obra, partimos de dichas consideraciones para apreciar la evolución en su trabajo en solitario desde “Fields Have Ears”, dejando que sus diferentes conocimientos se plasmen en una obra apasionante y cambiante en sus diferentes tramos, dejando que desde la parte inicial las grabaciones se asienten en un drone y pulsación congelada hasta ir entremezclándolo con distintos entornos y grabaciones de la estación, aires tormentosos y grisáceos entornos hasta enfrentarlos con ruidos de baja frecuencia entre el cantar de los pájaros hasta que el silencio hace de bisagra entre el siguiente fragmento, donde el tono metálico de las percusiones vuelve a crear un entorno donde se integran interferencias sonoras y el ruido va creciendo hasta llegar a la mitad del disco ensimismados y atrapados en su particular visión donde los matices se van sucediendo al igual que otros maestros como por ejemplo Keith Rowe, alternando belleza y castigo, dejando espacio para mortecinos y melancólicos pasajes de guitarra entre diversos tratamientos sonoros y armónicos que nos acompañan en creciente tensión en la parte final del disco, colisionando con el sonido metálico que procesa en una suerte de aproximación a Earth , KTL o Sunn 0))), terminando el álbum con una inquietante estampa sonora propio de una marcha funeral (esta vez si palpable no como otro de los iconos de la silent music como es “Marche Funebre” de Alphonse Allais) que nos hace valorar este disco como toda una cumbre personal.

Aunque oscurantista y apagado, este trabajo respira más allá del serialismo de sus postulados y en su confuso y errático proceder, nos muestra una obra variada capaz de dar cabida diferentes manifestaciones y registros que huyen del inmovilismo téorico que quizás pueda espantar a los menos interesados y se convierte con todo derecho en uno de los discos imprescindibles esta temporada, a la que no podemos hacer oídos sordos.

Fran Martínez


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