Dwellings “Don’t Say Nothing” + Druss “S/T”

DWELLINGS

Seguimos rastreando las nuevas maniobras del colectivo Gnod, tras la celebrada aparición del trabajo “Presents… Dwellings & Druss”, donde (como el nombre indica) nos presentaban las nuevas aventuras en las que se embarcaban dos de sus miembros a lomos de la manipulación electrónica alimentada de unas composiciones abatidas con referencia industrial, cargas de épica drone y como no, una deformación rítmica que aglutina memorias techno y noise. Tanto en estos dos trabajos, como en el anterior de Gnod, la asistencia de Stephen Bishop (Basic House / Opal Tapes) es otro indicativo de la carga de profundidad de estos dos miembros de Gnod, a los que ahora somos capaces de identificar como son Chris Haslam como Dwellings y Paddy Shine tras Druss. Tesla Tapes, es el vehículo editorial creado para las excursiones de sus miembros y experimentación individual, como también lo fueron anteriormente las dos primeras reseñas conformadas por Marlene Ribeiro como Negra Branca o Andy Blundell alias de Raikes Parade.

Con la entrega de estos dos últimos trabajos por Dwellings y Druss, sentimos especial atracción al serpentear alrededor de la convergenia predominante en la electrónica inglesa experimental alrededor de referentes como los de Downwards, Opal Tapes,Subtext, Nick Edwards, Blackest Ever Black, Mordant Music, etc., al mismo tiempo que alimentan una sensación de trance épico derrumbado cercano a la nueva regeneración de Young Hunting como Dalhous, siendo capaces de introducir además del habitual imaginario industrial puntos de conexión con la década de los noventa y claro está, cuando surgen estos atípicos dentro de una tendencia que se estaba empezando a hacer uniforme y reconocible en sus artistas, es de agradecer encontrarnos con nuevos rasgos dentro de los nuevos nombres que siguen apareciendo. Además, como hacía referencia en las reseñas de Acteurs o Gnod, es curioso observar como músicos con background cercano al rock se adentran en estos parajes revisitando una nueva actitud “punk” para el contexto actual.

El trabajo de Chris Haslam en los cuatros cortes de “Don’t Say Nothing”, profundiza en las coordenadas presentadas en el trabajo anterior apadrinado por el colectivo madre y mantiene las características de aquellas dos composiciones donde el sentimiento de opresión que entrelazaba a Pete Swanson con Ekoplekz se mantiene constante y amplifica la tono abrasivo épico que obviamente está acostumbrado a manejar (aunque articulado en un lenguaje de jams de rock psicodélico) y es capaz de avanzar hacia una rítmica mucho más apocalíptica y laberíntica, sin recurrir a conceptos vanguardistas. Aquí se va al grano, el impulso mecánico se sacude desde el inicio con “Frame Speed” una distópica visión a caballo entre el drone derrotado de Vatican Shadow o Christian Cosmos unido al arsenal incesante de ritmos y loops repetitivos que marcan el pulso hipnótico y desolador de esta aterradora pieza, que al mismo tiempo podría imaginarse entre el exceso y el delirio rave siendo invadida por espectros o alguna mierda parecida. “Drone Invasion”, se presenta variando los patrones rítmicos recordándome la maniobra de Dalhous recientemente al igual que otras referencias de Opal Tapes como pueda ser Personable, otro ejemplo de derivación hacia terrenos de creación psicodélica a través del ritmo y en parte las nuevas aventuras emprendidas por Brad Rose en el último trabajo de Charlatan, Ricardo Donoso o Prostitutes (es decir, Digitalis).

DRUSS

“Holographic Mirror”, rebaja la tensión desde el inicio con una rítmica más juguetona y casi jugueteando con el electro (como haría Gavin Russom en sus buenos tiempos , particularmente el de Black Meteoric Star o remezclando a No Fun Acid, y no con la empanada que lleva ahora) para ir añadiendo capas de efectos para aumentar la sensación ácida y malsana entre tóxicas sacudidas de vaporosas capas de pesticidas. Con el final de “Wave Propagation”, volvemos a la mortecina épica drone que remite a maestros del tono shoegazing como Tim Hecker y a un punto final a esa especie de narrativa donde se entremezclan imágenes de euforia clandestina de las raves de los años 90 (en sí, otro acontecimiento “punk” en su generación) con la perspectiva del desencanto y la frustante realidad (incluso la pérdida de emoción y la evolución del concepto raver) que acaba resultando un compendio entre lo nostálgico del pasado y lo estimulante del presente. “Don’t Say Nothing” habla en un discurso claro y conciso de más cosas de las que podríamos imaginar desde la advertencia de ese título.

Con Paddy Shine el punto de unión con Dwellings es la rave apocalíptica y así lo expresa como Druss en este trabajo sin título. Con la portada de un joven Éric Cantona enfundado en la camiseta del equipo que le vio debutar en la primera división francesa en la temporada 83 como es el Auxerre y desde luego, una de las figuras de culto , “punk” además sin duda, de los seguidores del Manchester United. Pero seguimos con la sombra rave y en este caso, el trabajo de Druss si que presenta similtudes evidentes desde el inicio en el extenso “91 Outside” con el trabajo de Container, Ricardo Donoso y de nuevo, Personable. Esa historia contada por Donoso en “Assimilating The Shadow” donde hablaba de las experiencias raves y la categorización de “morning dance music”. Al igual que él, el trance y la desorientación consiguen habitar en mantras progresivos entre Klaus Schulze y Manuel Gottsching unido a la pisada de Carl Craig en cualquiera de sus alias o clásicos como Robert Hood, Joey Beltram  y Terrence Dixon. En el fondo, es una nueva y ensombrecida forma de ver el legado de Pete Namlook y su sello Fax, esta vez rediseñada desde la sacudida industrial, que aparece en la parte final del corte empujándonos hacia terrenos cercanos a Sandwell District, pudiendo imaginar a Peter Sutton y a Karl O’Connor asintiendo con la mirada desde la lejanía.

En la segunda cara, “Rain/Inside 92” el lenguaje de Druss evoluciona y comienza con una rítmica intrincada cercana a Henry Hazel Slaughter, Mestaplice o Three Legged Race al mismo tiempo, que a los primeros Emptyset o Byetone derivando hacia el esquelético pulso misterioso de Mordant Music, aunque en sus veinte minutos la montaña rusa sigue derivando y empujándote al  trance entre los distintos ecos hasta derrotarte completamente con sus ejercicios resueltos con el equipo formado compuesto por: “MFB synth, Yamaha keyboard & Drum machine(s)”. Muchos nombres para definir este lenguaje oscurantista electrónico, la verdad, y casi que me hace plantearme otro tipo de argumento como es la manera en que la escena norteamericana de NNA Tapes y otros tantos sellos que editan exclusivamente en cassette es retomada desde Inglaterra con el esencial primer año de Opal Tapes (conexión con Stephen Bishop obvia por la impliación en estos trabajos) y ahora con Tesla Tapes. En conjunto, dos piezas extenuantes e impactantes. Mismos adjetivos se podrian emplear para ambos trabajos que nos hacen estar vigilantes con las nuevas andadas del colectivo Gnod hacia donde irán. De momento, con esta nueva orientación, “In Gnod We Trust”.

Fran Martínez


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