Vereker “EP 1″ + “EP 2″

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Tras firmar un 2012 realmente apabullante cerrado con la excelsa recopilación “American Noise”, el catálogo del neoyorkino Long Island Electrical System comandado por el implacable Ron Morelli nos sigue devolviendo en este inicio de año con los dos eps del Oliver Vereker la excitación que nos asalta ante cada nueva entrega del sello. Oliver Vereker, nativo del Reino Unido pero ahora asentado en San Francisco, nos entrega dos eps de debut realmente arrebatadores y con incisiva precisión en sus contrucciones de techno deformado entre sintes y house (ácido) mutante, coordenadas que definen perfectamente el poder corrosivo del catálogo del sello y que le acerca a Legowelt, Steve Summers, Two Dogs in a House (al impacto de “Eliminator ii”) o el poder corrosivo de “This is Crime and Lace” de Torn Hawk, por citar algunas muestras dentro del catálogo. “EP 1” se abre con la contagiosa montaña rusa de “Rosite”, transitando entre la corrosión de Legowelt, Mutant Beat Dance y Black Meteotic Star para ir degradando el encanto melódico en un mantra obsesivo y esquizofrénico donde hacer retumbar las paredes en cualquier sesión marciana.

El pulso Techno se adueña de “Disconnect” y se entronca de nueva en una repetitiva propuesta por un mantra rítmico que autoimplosiona una y otra vez en una maniobra cercana a Randomer, Mickey Pearce, Delroy Edwards o una versión más narcotizada de Karenn. El primer artefacto se cierra con “Falling”, una muestra mucho más relajada y sensual que circula entre el hipnotismo de Luke Vibert y el house narcotizado donde se adueñan de la vigilia robotizados ecos vocales que no dejan en ningún momento relajarse ante el material encerrado en esta primera parte y nos sirve para tomar aire antes de adentrarnos en el frenético inicio del “EP 2”, que vuelve a retar nuestro equilibro en su inicio con la apisonadora “Fear EatsThe Soul” que se adueña de una atmósfera opresiva y vampirizadora que no suelta la dentellada al igual que Objekt o el carácter intrincado de Nonplus que se extiende en la bola de fuego de “Next”, persiguiéndote en sus devaneos sintetizados como presa fácil de un mantra rítmico que se reitera hasta machacarte en lo que son perfectas compañeras para encauzar mutantes sensaciones en sesiones de techno y house bizarro, el que realmente alimenta. El punto final, lo pone el ácido devenir de “Untitled” y sigue presentándose como perfecta herramienta para agitar desenfreno en la pista, fiesta casera o clandestina de turno. En definitiva, maléficos y electrizantes ejercicios de debut para Oliver Vereker, quién sigue ayudando a mantener firme el pulso en la yugular de esa manada de peligrosos lobos errantes que configuran L.I.E.S. Larga vida a la jauría.

Fran Martínez



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