Yong Yong “Love”

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Lo del tándem portugués (Lisboa) formado por Rodolfo Brito y Francisco Silva con su trabajo “Love” es toda una sorpresa para servidor. Desde hace tiempo en la web se viene destacando por parte de Pizá muchos de los artistas surgidos desde latitudes portuguesas comprometidos con una visión deformada del ruido en una línea de experimentación que los equipara con muchos de los artistas referentes, que por tradición suelen proceder de Estados Unidos o el Reino Unido. Con el paso del tiempo, vamos completando un mapa amorfo entre la sobreinformación que nos proporciona internet y descubriendo geografías diferentes como puedan ser la belga con el sello Vlek y artistas como Dolphins Into The Future, Ssaliva, Innercity o el caso de la camada portuguesa con Sturqen, IVVVO (que ha entrado en el catálogo de Opal Tapes recientemente), Tropa Macaca (éstos editando en el sello de Ford & Lopatin, Software), Mediafired (cuyo trabajo se reedito en el muy al alza Beer On The Rug) , Gala Drop (formación rock que ha colaborado con Ben Chasny y cuyo batería también gira con el duo Hype Williams) y sellos como Terrain Ahead o Exo Tapes. No se si es necesario comparar esta generación con el producto patrio, que también tiene estandartes y valores pujantes pero no me gustaría caer en comentarios que traten de rebajar o tomarse a pitorreo los activos nacionales, algo que tradicionalmente ha gustado mucho. Aunque lo de meter el dedo en el ojo del vecino es algo que estamos más acostumbrados a ver en un portugués como Mourinho.

En todo caso, la descontextualización y la cada vez más difusa labor de agrupar a músicos por escenas con denominación de origen va perdiendo sentido e incluso Brad Rose en la entrevista que le realizamos, no tenía muy claro que entender ahora mismo como escena en estos parámetros (opinión a considerar teniendo en cuenta que se encarga de regentar un sello como Digitalis). Muchas palabras y consideraciones después, nos queda por delante disfrutar de “Love” y, créanme, hay razones de sobra para ello. Editado por el sello inglés Night School, que demuestra una afinada selección de artistas en sus pocas referencias como los trabajos de Divorce o Group Rhoda, “Love” es un trabajo que tiene sabor a clásico lo-fi tras sus 14 viñetas de deformadas aproximaciones a un universo tan diverso que aunque nos traiga aromas de otros artistas conocidos, solventa la problemática de ver alrededor de su nombre referencias a bandas como Hype Williams, Ssaliva o los primerizos Peaking Lights (etapa “Imaginary Falcons”), Sand Circles o en definitiva muchos artistas de Not Not Fun o NNA Tapes. En el fondo, es una deformación más del punk cacharrero o como si Siltbreeze se dedicase a la música de sintetizadores, un espíritu que va desde las anomalías del “Alien Soundtracks” de Chrome, pasando por la discografía de Michael Morley (The Dead C) como Gate, el “Twin Infinitives” de Royal Trux hasta llegar a nuestros días con la incomparable batidora del dúo formado por Inga Copeland y Dean Blunt o las abstracciones de Ferraro.

Lo complicado del asunto, es la capacidad del dúo Yong Yong para engatusarte con tantos apuntes melódicos evanescentes y costrosas deformaciones en sus composiciones. Desde el inicio con el corte titular, parecen adentrarse en esas sinfonías synth de Aaron Coyes, Ferraro, Sun Araw o Matrix Metals en una suerte de sinfonía que te envuelve en una estampa cinematográfica melancólica que “Spray” con sus ecos dub en el apartado rítmico parecen hacer un guiño  a Hype Williams incorporando además voces de conversaciones en la composición pivotando en una suerte de ensoñación en la que conducirte a una suerte de alucinación triposa que te hace observar la realidad a cámara lenta (bueno, como estar de fumón vamos). Hay cortes que se adentran en el misterio como “Track 3” pero con las notas de piano melancólicas flotando me recuerda a la intro del “Imaginary Falcons” o “Synthy” del “936”, creando una nostalgia hacia aquellos discos (favoritos personales) de nuevo que personalmente le añade un valor añadido y al mismo tiempo, vuelvo a caer en consideraciones percusivas que pivotan entre el olor jamaicano y el Egipto lunar de Sun Ra o las primerizas interpretaciones de Moondog tan bien representados en “Monc-co”, un requiem a Spencer Clark en “Mongo” o “Esc-Mio Popular”, la desfachatez de “Tocha” cercana a Tonstartssbandht o la referencia psicodélica encubierta a la NNCK con “Sticks and Bones May Brake My Stones” y el minimalismo sintetizado de new wave imperfecta con “Helder” (aún leo ese nombre y con este sonido 8 bits me acuerdo del defensa que fichó hace tantos años el Depor) o rastro hip hop imposible de “Bujuman”, aunque dejan para el final la chaladura más divertida con “Bzzzr” una sinfonía mutante que pone el broche a un disco con una capacidad macabro y maliciosa de adherirse implacablemente, explorando en un terreno conocido pero con unos resultados mucho más que notables. Sobresaliente. Es como observar un espécimen extraño de ave posarse en tu ventana, vale que tiene pico, plumas y alas como todos; pero cojones que raro es el jodío.

Fran Martínez


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