Straigh No Chaser: El misterio Monk

El inicio es fulgurante, directo, sin preámbulos: Monk en el escenario, acompañado de un trío (probablemente Charlie Rouse al saxo, Ahmed Abdul-Malik al contrabajo y Roy Haynes a la batería) interpretando “Evidence”. Monk está de pie y gira sobre si mismo como una peonza, moviendo los brazos a espasmos, poseído por la música. Rouse termina su solo y él, como volviendo a la realidad, corre a sentarse delante del piano para seguir con la pieza, aporreando las teclas (con Monk queda claro que el piano es un instrumento de percusión) y moviendo el pie derecho de forma frenética. La cámara se acerca y le vemos sudando, su rostro coronado por uno de sus estrambóticos sombreros, la boca abierta, el gesto convulso. Está otra vez en trance.

Así ex (así era, mejor dicho) Thelonious Monk, genio del jazz, hombre de pocas palabras, ser humano esquivo y bastante ido, músico superlativo. “Straight, No Chaser” (dirigido en 1988 por Charlotte Zwerin, la misma que estuvo detrás de “Gimme Shelter”, sobre los Rolling Stones) indaga en su vida y su obra, y arroja algo de luz sobre los contornos del maestro, pero fracasa (puede que incluso adrede; y, en cualquier caso, es un fracaso de una gran belleza) en contarnos quién es Monk, qué pasa por su cabeza, de dónde sale tanta inspiración, qué piensa, qué siente, cómo se comporta en su día a día. Se conocen casi todos sus datos, sabemos mucho, y la película no escatima en ofrecerlos: su infancia en San Juan Hill, sus estudios en la Julliard School, los primeros años en el club Minton’s de Harlem, la revolución del bebop, su primer contrato con Coleman Hawkins… Pero el misterio sobre el genio sigue intacto, y la película no lo descubre, probablemente porque no hay manera de descubrirlo.

Cuando habla, algo que sucede sólo de vez en cuando, Monk balbucea, tartamudea, no acaba las frases… se muestra irónico y agudo, aunque también a la vez dulce y tranquilo, incluso resignado, como cuando se queja a los productores del estudio en el que está ensayando (con Teo Macero al mando) de que no le hacen ni puñetero caso y no graban cuando él lo ordena. Su voz es quebradiza, su acento apenas inteligible; para aquellos que sigan la serie norteamericana “Treme”, es muy evidente que David Simon y Eric Overmyer (sus creadores) se inspiraron en Monk para crear el papel del trombonista Antoine Batiste. De hecho, Wendell Pierce, el actor que encarna a Batiste, se antoja como el intérprete perfecto si algún día alguien se atreve con un biopic sobre la gigante figura de Monk. Su parecido es sorprendente. Quizás Clint Eastwood, productor de “Straigh No Chaser”, podría atacarlo, cómo ya hizo en su momento -con excelente resultados- con la vida y la obra de Charlie Parker (“Bird”, 1988).

Pero volvamos a la película. Las imágenes en blanco y negro de los directos de Monk, extraídas muchas de ellas de un tour del año 1967 filmado por Christian Blackwood, forman el corpus del film y poseen un poder cautivador innegable: podemos disfrutar sin cortapisas de clásicos como “Round Midnight”, “Bright Mississipi”, “Epistrophy” o “Just a Gigolo” viendo de cerca cada uno de sus gestos, con esas manos llenas de anillos moviéndose por el teclado como si fuera lo más fácil del mundo, a veces incluso tocando con los nudillos o con los codos. Sólo por este material la película ya vale su peso en oro. Pero además hay un buen puñado de imágenes y declaraciones muy significativas que nos acercan al hombre: el momento en el que, en plena actuación en Londres con un octeto, se levanta del piano y ordena al trompetista que pare; una aparicion televisiva, aún siendo muy joven, con Count Basie mirando fijamente de muy cerca, algo que al parecer le molestó bastante; las declaraciones de Charlie Rouse (saxofonista habitual de Monk) o el mánager Harry Colomby; y, por supuesto, su relación con Nellie, la mujer que estuvo a su lado toda la vida, siempre discreta y siempre atenta a sus necesidades: Nellie poniéndole la americana y el abrigo antes de salir a la calle, Nellie contando billetes en la sala de embarque de un aeropuerto, Nellie atendiendo al camarero de un hotel que lleva la comida que su marido acaba de pedir, aún metido en la cama…

Capítulo aparte merece, cómo no, la llegada, hacía el final de su vida (también hacia el final del metraje) de la baronesa Pannonica de Koenigswarter, mentora, amiga, compañera de noches interminables. Nos metemos en su piso de New Jersey infestado de gatos, con el skyline de Nueva York justo delante; la vemos fumar con una larguísima boquilla; y la oímos hablar de Monk, de cómo le conoció, de cuánto le admira, de su enfermedad. Una hermosa amistad, aunque los malpensados puedan considerarla –no sin razón– como una relación un tanto “ambigua”.

Dos imágenes finales muestran por qué, sin embargo,  es tarea casi imposible llegar al fondo de la personalidad de Monk. En la primera, nuestro hombre da vueltas sobre si mismo, y cuando para dice: “esto es algo que hago bastante a menudo. Si cualquier otro lo hace en medio de la calle le ponen una camisa de fuerza, pero en mi caso sólo dicen ah, es Thelonious Monk, dejadlo, está loco” (en otro momento, más adelante, lo vuelve a repetir, con un baile impagable, en el vestíbulo de un aeropuerto). En la otra imagen, muy sutil, Monk está sentado en un avión a punto de despegar: sus ojos apuntan al infinito, imposible saber dónde se encuentran sus pensamientos; de repente se acuerda que tiene que atarse el cinturón de seguridad, y después descubre (o recuerda) que le están grabando, mira a cámara y sonríe con franqueza y candidez, como si acabara de despertar de un sueño.

Ya lo dice su hijo, Thelonious Jr., en un momento del filme en el que recuerda sus ensimismiamientos y su comportamiento errático, bordeando la esquizofrenia: “Es francamente difícil saber quien era en realidad”. “Straight No Chaser” es un magnífico, bellísimo intento de averiguarlo.

Carles Novellas

Nota:  muy recomendable también sobre la figura de Thelonious Monk es la biografía “Monk”, escrita por Laurent de Wilde, publicada en castellano por Alba Editorial


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One Response to Straigh No Chaser: El misterio Monk

  1. x says:

    Muy interesante. Una figura imprescindible la de Monk. ¡Gracias!

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