M!RA 2012: En movimiento

La primeras sensaciones que uno tiene al llegar al M!RA pueden valer para resumir todo el festival: sonido nítido, ritmos fracturados, excelente disposición escénica en su escenario principal (dos pantallas circulares y una estructura en relieve lista para ser mapeada en el centro), imágenes cautivadoras por doquier y una doble y notable acepción de la palabra espacio: el que uno tiene para moverse -clave- y el mismo ídem que alberga la cita, una fábrica de principios de siglo XX (la Fabra i Coats) que por un momento, aunque sea un espejismo, convierte Barcelona en el Berlín que debería ser más a menudo. Precios asequibles, buen ambiente y muchas caras conocidas harán el resto. Además, claro, de un cartel equilibrado entre lo mejorcito de la nueva (y no tan nueva) electrónica local y astros underground de fuera.

Todos estos primeros y estimulantes elementos se dan ya casi todos juntos en los últimos 20 minutos del directo de Wooky, que permanecería fijado al final de la noche como uno de los momentos altos en la recapitulación mental ya de vuelta a casa. En su live sonido e imágenes -paisajes urbanos o naturales nada obvios- casaron muy bien; nada sorprendente al saber a posteriori, por boca del propio Albert Salinas, que el barcelonés viene trabajándolo desde hace ya algún tiempo con un artista visual. Su música sonó también muy sólida: menos cósmica y cyberdélica, más cubsita y penetrante. También más bailable.

Escapada al segundo espacio para entrar en calor. Tono blanco-colmillo y atmósfera ligeramente viciada. Quizás fueran las ensoñaciones sonoras sin miedo a la abstracción de Nev.Era (dos últimas referencias en Lovethechaos); o tal vez las imágenes proyectadas sobre dos pantallas-gasa, finas como dos lonchas de pavo ahumado, y colocadas en primer plano por delante del músico, para dar más protagonismo al “mira” que al “escucha” (a lo Global Communication, para entendernos). Una buena idea, aunque no del todo bien resuelta. La ausencia de bajos durante toda la noche tampoco ayudó, especialmente a un Alizzz que, unas cuantas horas después, supliría tan importante handicap para su discurso a base de dinamismo, maximalismo y esas melodías que no le cuesta nada encontrar, con hit final incluído.

Hacía tiempo que no sabíamos nada de Eedl (puntal del sello spa.RK y, por extensión, del rigor electrónico patrio), y a tenor de lo escuchado no han estado perdiendo el tiempo. Envolventes e imaginativos, no necesitan golpes de efecto ni grandes cambios para convencer y enganchar. Las figuras y caligrafías de Alba G. Corral resultan idóneas para ilustrar las filigranas compositivas del dúo local, pero el impacto sobre el publicó se fue diluyendo extrañamente a medida que avanzaba el concierto. Problemas técnicos, parece ser. Ametsub había maravillado a todos los que tuvimos la suerte de verle el año pasado, un mediodía de lluvia intensa en el Jardín Botánico de Gijón, dentro de la programación del LEV. Esta vez empezó más suave y bucólico, como si quisiera poner banda sonora a los glaciares y mantos de nieve propuestos por el navarro Snack!, en una simbiosis entre productor y realizador que pareció también venir de lejos. Todo muy Boards of Canada durante un rato, hasta que el japonés subió el tono (que no la velocidad) para llegar a un crescendo sónico la mar de hermoso.

Ya se sabe que en los festivales -como en la vida- es obligado cenar, sobretodo si se quiere llegar entero y con un mínimo de dignidad al desenlace, y uno se pierde inevitablemente actuaciones por las cosas del comer. Vi tan poco de Crisopa que no sería justo escribir ni una línea, pero el eco de polirritmia que dejó en mis tímpanos obliga a mención; también a estar más atento a los horarios la próxima vez. De Sistema, del cual solo pude apreciar otro tanto, me llegaron también únicamente buenas palabras. Si no llegamos a tiempo para su show fue en realidad por culpa de “The Particle”, una escultura sonora y lumínica en movimiento que levantó aplausos unánimes y espontáneos en la primera planta. Es obra de Álex Posada, para que quede en acta.

La recta final, con tres primeras espadas del universo UK, apuntó de entrada al baile con el live de Hyetal, que trajo los primero bombos a negras, handclaps y “uuuuhs” de la noche. Todo bien, con clase, aunque olvidara por momentos su habitual cuidado del detalle y el requiebro. Nada grave, en cualquier caso. A Lone la gente le tenía ganas, y lo suyo funcionó igual de rodado -y por las mismas razones- que el directo de Hyetal: su rave-house eufórico de cristalina querencia noventas convence más por arrojo que por capacidad de sorpresa, pero es indiscutible que llega, y llega bien: los speakers lanzaban electro ácido pero la atmósfera en la pista era de puro funk. Hubiera sido perfecto programarlo para cerrar el festival.

Capítulo aparte merece lo de Actress. No tardó en correr el rumor de problemas con una tarjeta de sonido y que sus malas pulgas habían ya salpicado a algún miembro de la organización…, alimentando así un poco más esa imagen de artista aislado, arrogante y desprendido que le persigue. Es vox populi también que sus directos pueden alcanzar elevadas cotas de fascinación y extasis o bien desesperar hasta al más optimista de los heads. Los prolegómenos, se notaba, hacían temer lo peor. Y, de hecho, a tenor de gestos y comentarios oídos al vuelo ya en plena actuación (ahí va uno: “vinga, arranca, collons!”) muchos de los presentes se llevaron fijo un bonito chasco. Pero igualmente también apuesto a que los que escucharon con atención apreciaron el genio del londinense. En realidad sólo había que dejarse llevar por su techno arrastrado y fibroso, y asombrarse, con reverencia incluída, por la capacidad que tiene el hombre para moldear sonidos, texturas y ritmos. Ajeno como siempre a la audiencia y el espacio en el que actúa, ofreció a quien quisiera entenderlo una palpitante demostración de improvisación sónica en vivo, experimentando en todo momento consigo mismo y sus circunstancias, buscando rutas y encontrando numerosos hallazgos por el camino. No fue ni mucho menos un concierto redondo, pero no parece que sea tampoco lo que pretende: como ya hizo en “R.I.P.”, Cunningham soltó su música para poder él respirar, permitiéndonos tan sólo ver un esbozo inacabado (y por tanto imperfecto) de un universo sonoro que se intuye en constante expansión.

Carles Novellas

Fotos: Alba Rupérez

Foto portada: Ceci Fimia


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