FOCUS: Vogue / Ballroom

Ojalá pudiéramos, los oyentes, encontrar un camino detrás de cada sonido, de cada postura, de cada tradición extendida internacionalmente en los oscuros y pegajosos mundos de la noche, sería increíble por un momento poder visionar en un panel virtual repleto de conexiones el camino real que ha seguido una tendencia, como se ha ido disgregando, extendiendo y como ha ido mutando desde la primera vez que fue expresada, implantada o concebida. Como oyentes, también, tendemos siempre a no ver más allá del suelo o de nuestro rango de historia reciente, sin a veces contemplar que algo, eso que estás viviendo o re-viviendo –vete tú a saber– tiene más de un siglo de historia y ha llegado a ti a través de vehículos que nunca te podrías imaginar.  Pasa con todo y en todas las artes, todos los ejercicios intelectuales llevan consigo un alto porcentaje de influencias en la espalda, de copias apresuradas, de homenajes e imitaciones que año tras año se han ido manipulando, exagerando, sacando de contexto o, por el contrario, conservando, cultivando y desarrollando. En la música, la facción artística que aquí nos cita, podríamos estar días, meses o años encontrando conexiones, puntos en común y paralelismos varios, tanto en la música de Club como en el Blues más primitivo, la feroz e infinita evolución del Jazz o las fases de influencia socio-política que siempre ha tenido la música más clásica. Pero, cerremos un poco más el círculo, centrémonos en la Dance Music, la música de baile, el más primitivo germen del entretenimiento colectivo acompañado de bailes, movimientos y otras expresiones dentro de los últimos dos siglos.

Vayamos a la ciudad de New York, capital del mundo globalizado y una de los núcleos artísticos más importantes desde finales del Siglo XIX, ya constituída como uno de los puntos más importantes de Estados Unidos, dentro de la isla de Manhattan encontramos lo que en muchas ocasiones se utilizaba para denominar al Norte de la propia isla, Harlem, fundada por holandeses y más tarde controlada por británicos, quienes cambiaron su nombre de Nieuw Haarlem a simplemente Harlem (estaríamos hablando de 1664). Allí, antiguamente y ya pensando en años más cercanos a la historia que nos referimos, aquel era un territorio plagado de granjas, huertos y atisbos de pre-industria ganadera industrializada, fincas agrícolas y propiedades a nombre de James Roosevelt que mantenían a una pequeña población de familias. En 1831 llegó el ferrocarril hasta la región, favoreciendo el desarrollo de las infraestructuras y la aparición de riquezas muy a corto plazo, algo que por otra parte convirtió a Harlem en el escenario vital para muchos políticos y gente importante. Aún así, muchos historiadores definen al Harlem de aquella época como una especie de “refugio en el campo”, allí donde afroamericanos de todas partes podían viajar para encontrar trabajo en emergentes fábricas, las mencionadas fincas agrícolas y tener rentas mucho más bajas que en otros estados.

Después de una mala temporada, el pueblo de Harlem volvió a verse beneficiado por el final de la Guerra Civil (1868), volviendo a ser considerado el perfecto refugio para mucha de la comunidad norteamericana, incluso inmigrantes judíos o italianos que llegaban a través de la Ellis Island. Su desarrollo y renacimiento como uno de los centros neurálgicos artísticos de Estados Unidos comenzó justo en ese año y se extendió hasta 1920, fecha conocida y afiliada popularmente con el Harlem Renaissance –período centrado en la evolución del New Negro Movement, factor que posicionó a Harlem en el centro del desarrollo cultural y de la conciencia afroamericana, además de la redefinición social y ética quizá más importante de la raza en toda su historia–. Ya situados y como cuenta Tim Lawrence en el esencial libro “Voguing And The House Ballroom Scene Of New York 1989-92″ editado recientemente por Soul Jazz Records, el primer indicio de una masquerade party –fiesta donde parejas del mismo sexo, tanto masculinas como femeninas, danzaban y bailaban únicamente preocupados por la música y la teatralidad de sus pasos, indumentarias, máscaras y disfraces, donde confluían tanto afroamericanos y blancos pseudo-burgueses o acomodados– en 1869 dentro del famoso Hamilton Lodge.

Langston Hughes y la Harlem Renaissance

Durante finales del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX, las fiestas o balls –más adelante explicaremos el significado– repletas de subterránea comunidad homosexual, aficionados a la noche, drag-queens primitivas y otros protagonistas se extendieron  hasta el Webster Hall (119 East 11th Street), las fiestas de enmascarados poco a poco se hacían famosas e influyentes dentro del núcleo creativo y cultural de Harlem, algo que se vio intensificado por las grandes migraciones de población afroamericana que huía literalmente de las imposiciones del Sur –en 1910 había un 10% de población negra en Harlem, en 1930 estaban dotados un 70% de habitantes afroamericanos– . Todo esto sin olvidar que el Mundo había acabado de vivir su primer Guerra Mundial –1914-1918–. Aunque este es el hecho que más nos interesa, la evolución desde estas fiestas de enmascarados, gays y burguesía de la época, no hay que olvidar que el Renacimiento de Harlem es uno de los más grandes detonantes de arte afroamericano, siendo importante para la creación de una identidad literaria, artística y musical, donde entre otras cosas y como no explicaremos ahora, se encuentra el nacimiento y extensión del Jazz, la aparición del Cotton Club –club legendario destinado al divertimento de blancos a cargo de altos creativos negros o negrotarians, abierto por Jack Johnson, primer púgil afroamericano en ganar el título de los pesados ayudado económicamente por el gángster y contrabandista Owney Madden–.

En dicha década de los años 20, A’Leila Walker, popular host de las más primitivas balls, invitó a una de sus congregaciones al legendario Langston Hughes, columnista, novelista, poeta, activista afroamericano y gay venido de Misuri –parte de la élite literaria negra y homosexual de la época, junto con Bessie Smith, Countee Cullen o Richard Bruce Nugent y una de las máximas inspiraciones, por ejemplo, de Gil Scott-Heron–, quién poco después declaró dichas drag balls como el mayor y más extravagante espectáculo jamás concebido en la época, un espectáculo de color donde, además, se daban cita distinguidas personalidades blancas. Concluyó sus anotaciones y referencias al movimiento con un revelador “Harlem was in vogue”, o un “the negro was in vogue” –no fue el único escritor popular e influyente de la época que se refirió al primigenio espectáculo, también hablaron de ello Charles Henri Ford y Parker Tyler. La popularidad de estas concentraciones llegó a popularizarse por todo el territorio del alto Manhattan, llegando a congregar en algunas ocasiones hasta 5000 personas en algunas balls, entre las que se mezclaban blancos y afroamericanos. Aquello provocó que en 1923 se iniciara una criminalización de la homosexualidad explícita y la socialización entre gays y lesbianas, algo que sumado al inicio de la gran depresión a partir del año 1929 acabó mermando el movimiento durante un hiatus de bastantes años.

Igualmente, las balls, que poco a poco fueron evolucionando en su estética y desarrollo, pasaron de ser reuniones –casi clandestinas, en almacenes de tavernas, destinadas, como casi todo lo emergente en la Harlem Renaissance al público blanco– de abundante afluencia gay en los que, además de exhibirse y disfrutar de la buena música, se competían por premios destinados a juzgar las cualidades tanto estilísticas como en referencia al maquillaje, indumentaria extravagante, actitud y baile de los asistentes, a fiestas organizadas por las propias Black Queens –exactamente lo que estás pensando, una drag-queen vestida a lo Madamme Pompadour y que, inicialmente, no tenían mucho éxito en dichas balls debido al racismo extendido, de ahí su tímida rebeldía y la decisión de dejar de blanquearse la cara y comenzar con sus propios eventos– que iban emergiendo de las mencionadas y acabaron uniéndose para alquilar locales más grandes, invertir más dinero en sus fiestas y así atraer a mucho más público gay negro desperdigado por la ciudad –aquí, la sed de vicio de algunos personajes importantes, tanto llegados de la mafia y otras esferas, tuvo mucho que ver–. Lenta pero de manera firme, el movimiento drag fue extendiéndose y popularizándose entre la mayor parte de la comunidad afroamericana hasta la segunda mitad de la década de los 50 y principios de los 60, justo cuando este movimiento rompió definitivamente los límites raciales y comenzó a mezclarse con la comunidad gay latina, focalizada principalmente en el Spanish Harlem. La llamada Ball Culture, un auténtico fenómeno nacido desde la contracultura ya era más que un hecho instaurado en la ciudad de New York.

LGBT, Ball Culture, House Of LaBeija

La primera black ball celebrada en la historia fue gestionada por Marcel Christian en 1962 –ball nos llega simplemente como abreviatura de ballroom, salón de baile, algo muy extendido desde sus inicios en la LGBT: Lesbian, Gay, Bisexual or Transgender community–. Pero en la década de los 60, la creciente popularidad y extensión de los nacionalismos afroamericanos, el cambio de mentalidad progresiva que los habitantes de la comunidad negra estaban protagonizando –aquel sentimiento primigenio de lo que un hombre negro puede ser, algo diferente de lo que los hombres blancos le dicen que es– fue realmente contraproducente y muy influyente para la implantación de las balls estrictamente afroamericanas; ser negro, gay, transexual e ir caminando tranquilamente hacia una fiesta completamente maquillado y hormonado para la ocasión era realmente peligroso en el NY de la época, algo que propició que las primeras black balls se celebraran a partir de las 3, 4 o 5 de la madrugada –algo que se mantiene en nuestros días–. Aquello, a su vez, provocó conseguir salas más baratas para organizar los eventos y, que las prostitutas afiliadas al movimiento y a los pequeños clanes que ya estaban formándose, pudieran venir y participar en las mismas.

A partir de aquí surgen dos caminos diferenciados, confundidos durante años por historiadores y que representarían uno de los cambios más importantes en la historia de la Ball Culture: la aparición de las Houses o “casas”. Debido a lo mencionado antes –la creciente persecución de la raza negra y sus expresiones, complementado por la cada vez más fuerte lucha por los derechos civiles–, la comunidad gay afroamericana y latina necesitaban unas infraestructuras socio-económicas que pudieran darles la seguridad y periodicidad necesarias para celebrar las balls –en otras palabras, los primigenios clanes se convirtieron en crews o familias diferenciadas, quienes se apoyaban entre ellas y reclutaban a todo aquel gay o lesbiana con problemas familiares o de otro tipo debido a su condición, allí podía sentirse por fin respaldado y respetado–. También hay que apuntar, que dicha época fue realmente complicada para las comunidades peor vistas en Estados Unidos y en concreto en New York; las tasas de desempleo subieron estrepitosamente, la re-urbanización privada excluyó a muchas familias de beneficios que antes poseían, la disminución de los fondos para los hogares de acogida o, en general, la caída de la espiral de bienestar de la ciudad provocó una salida en masa a la calle de los individuos más necesitados.

La primera House fue fundada en 1972, cuando la drag queen Lottie convenció a la legendaria Crystal LaBeija –una de las pocas afroamericanas galardonadas con el título de Queen Of The Ball en una ball organizada por blancos– para crear The House Of LaBeija –significa belleza–, una suerte de “familia” –literal– que ayudaría a gays y transexuales amigos a desarrollarse artísticamente y, aparte, co-promover balls más frecuentemente. Con ellas nacieron las denominaciones que más tarde se extenderían a cada casa, los títulos de “Mother” –o “Father” en otras ocasiones, además de llamar a los miembros “hijos” o “hermanos”, tales como una familia real, una familia donde cada uno podía sentirse identificado y no necesitaba ocultar su inclinación sexual–. Por supuesto el título de madre fue a parar a Crystal LaBeija y, para inaugurar su reciente fundada casa, Lottie & Crystal presentaron “The first annual House Of LaBeija Ball at Up the Downstairs Case on West 115th Street & 5th Avenue in Harlem, NY.” 

El glamour de aquel evento y lo establecido por The House Of LaBeija fue extendiéndose por la subcultura gay afroamericana de Harlem y NY, así que no tardaron en llegar otras nuevas casas fundadas por otras famosas drag queens; Mother Dorian y Father Chipper crearon House Of Corey también en 1972, dos años más tarde se fundó House Of Dior (Father Jay) En 1975 La Duchess Wong y Nicole Wong fundaron House Of Wong, poco después apareció House Of Dupree, fundada por la famosa e importante Paris Dupree y Burger Dupree. Entre 1979 y 1980 aparecieron House Of Omni, House Of Ebony, House Of Chanel o House Of Pendalvis. Cuando la tela de araña de casas y títulos dentro de ellas ya estaba creada, llegó el momento de la retirada de Crystal LaBeija, sustituida por Pepper LaBeija. Las balls cambiaron también de tono y estructuras; aparecieron muchas más categorías de premios y después de cada “runaway” por la pasarela cada participante se enfrentaba a los veredictos de los jueces, que valoraban sus aptitudes en cada categoría –las había de todo tipo, desde “best man”, “best woman”, hasta “punk versus future”, “shopping through famous avenues”, “butch queen vogue femme”, “bizarre”, “american runaway”, “realness”, esta última una de las más importantes “performance”, etc… –imaginen la que allí se formaba–.

Vuelvo a comentar lo más importante de este hecho y esta evolución de la comunidad gay/transexual afroamericana hasta las casas; estas crews eran una nueva familia para sus miembros, los “hijos” consideraban a los elegidos como madre o padre sus verdaderos instructores y consejeros espirituales, algo que llenaba en muchos casos el vacío provocado por un exilio del hogar original debido a la poca tolerancia de los allegados o familiares. La aparición en escena de las casa cambió para siempre una tradición de más de un siglo de existencia, la Ball Culture moderna iba a partir de aquí a extenderse desde el más profundo underground hasta las pantallas de la MTV y las salas de cine.

Willi Ninja, Paris Dupree, Voguing

En 1981 apareció en escena el voguer por excelencia, Willi Ninja, el fundador de House Of Ninja a finales del mismo año o ya en 1982. Llegó con la convicción de implantar estéticas y filosofía asiática dentro del ya extenso surtido de pasos de baile y expresiones que se podían ver en las balls. El mismo año aparecieron los estandartes de House Of Xtravaganza; el fundador Father Hector, Carmen, David Ian, Danny, Raquel y más tarde la famosa Angie Xtravaganza. Dicha casa fue la primera fundada por latinos y, durante años, una de las más abiertas a la experimentación –sin duda la primera en extender sus manifestaciones a los clubs y salir literalmente a la calle– y evolución de la cultura Ballroom. Por otro lado, Paris Dupree fue la creadora de la primera “Paris is Burning Ball”–primera vez en la historia de las balls que se incluyó la categoría de Butch Queen Vogue Femme, una de las más famosas hoy en día–, algo que luego daría nombre a la famosa –y discutida– película-documental de Jennie Livingston –la directora comenzó grabando para un proyecto universitario y acabó vendiendo la misma a Miramax–.

Es ahí donde encontramos el nacimiento del Vogue, o voguing; según comenta David DePino –uno de los más influyentes DJs y selectores de la cultura Ballroom–, todo comenzó en el club Footsteps (2nd Avenue con 14th Street), donde se encontraban Dupree y otras black queens hablando, bailando y adulándose las unas a las otras. En un momento, Paris sacó una edición del magazine Vogue que llevaba consigo y comenzó a imitar poses aleatorias que iba viendo en las páginas de la revista y acompasándolas con el beat que estaba sonando, giraba unas cuantas páginas y volvía a imitar una pose del modelo que allí se encontraba, todo coordinado con la música y en clara actitud provocativa. Al principio, cuando nació esta tendencia, ellas lo llamaban “posing”, aunque más tarde y gracias a que todo nació de la famosa publicación, acabo denominándose “voguing”. Aunque, según aseguran algunos, hay otra historia detrás del nacimiento del voguing; la ubicaríamos en Rickers Island, prisión de New York donde se dice que los presos negros y gays utilizaban movimientos parecidos para intimidar a los guardias –algo poco sostenible en cuanto a contexto, aunque podría valorarse–. Incluso, Kevin Ultra Omni llegó a comentar que, aunque está claro que Paris Dupree fue una de las primeras desencadenantes del voguing, este ya estaba presente en varias culturas africanas antiguas y, más explícitamente, en algunas figuras del Egipto Antiguo.

La herramienta del voguing o Vogue Dance se extendió y evolucionó como la pólvora; se incorporaron estéticas del Kung-Fu e incluso imitaciones extraídas de las películas de Bruce Lee, se incluyeron referencias al mencionado Egipto Antiguo y aparecieron nuevas formas de manifestación como las de fingir insultos mediante mimo –sí, has acertado, los típicos movimientos de una afroamericana cabreada– y otras provocaciones que únicamente fomentaban aún más el instinto competitivo. Viendo imágenes de la complicación y complejidad que adquirió el voguing en poco tiempo, uno se da cuenta de la pasión y vehemencia que los participantes, hijos, padres o competidores imprimían a esta ideología. A través de ello consiguieron crear un nuevo estilo de baile diferenciado y fiel a sus principios tanto estéticos como personales, algo que como ya he comentado antes tiene mucho que ver con el breakdance.

Hip Hop, Paradise Garage y la Club Music primitiva

Pensemos por un momento –y hagamos un parón en la historia de la cultura Ballroom contemporánea– que en la época de la que estamos hablando, ya había varios movimientos establecidos de manera paralela en la ciudad de New York, escenas y sub-culturas que también tuvieron mucho que ver en esta evolución, ya que acabaron retroalimentándose entre ellas. Estamos hablando del auge de los gangs, el Hip Hop y el breakdance, así como la forma artística en calidad de protesta que es el Graffiti –las bandas eran otra forma de ver las casas, el clamor y lucha por los derechos civiles también coincidió con la liberación gay y en cuanto al breakdance, más tarde veremos la tímida conexión y confluencia con el “voguing”, ya que ambos tenían en la competitividad y la rivalidad un fuerte punto en común–, estamos refiriéndonos al establishment de la Club Music y la aparición de las discotecas a partir del modelo de The Loft, tales como el Paradise Garage, Better Days o Tracks –entre otros muchos–.

Imaginemos el escenario; las calles de NY en la húmeda y fría madrugada, múltiples razas confluyendo entre sí a través de balls, fiestas privadas o block parties, compartiendo caldo de cultivo y enlazando objetivos ideológicos, morales o vitales. Bailando, liberándose de la opresión de un sistema que los disminuía socialmente y todos los aspectos de las culturas creando un cúmulo de visionados infinitos; cómo la influencia del Voguing y las balls se extendió dentro de los Clubs como el Garage, cómo un joven de la ciudad podía alimentarse de duelos de MCs, breakdancers, expresarse mediante el bombardeo en trenes o el metro, cómo un gay podía encontrar su vía de escape en las casas o en los rituales drag. Sobre todo, cómo todo aquello, unido, corresponde con una de las épocas más excitantes de la historia, irremediablemente clave para el desarrollo de la sociedad moderna.

Y es que, cuando no había una ball –ya hablando de la comunidad en torno a las casas–, los miembros acudían al Garage –recordemos que, el propio Larry Levan fue miembro puntual de House Of Wong y que, se sabe que muchos asiduos al Garage después tomaron la decisión de formar parte de casas, o incluso crear las suyas– o al Tracks, algo que acabó fundiéndose en un amalgama musical y de baile sin precedentes; tracks clásicas latentes en las paredes del Garage –muy frecuentado por los mencionados Ganzas, diminutivo de los miembros de la House Of Xtravaganza– se hicieron también clásicos de las balls –”Let No Man Put Asunder” de First Choice, “Got To Be Real” de Cheryl Lynn, “Moment Of My Life” de Inner Life, “Is It All Over My Face” de Loose Joints, básicamente mucho del catálogo Salsoul o “Love Hangover” de Diana Ross, por citar algunos de los más importantes–. Aunque, sin duda, el factor más importante en cuanto a esta confluencia de escenas, fue la llegada en 1985 de David DePino –mejor amigo de Levan– al Tracks, donde cada Martes se podía encontrar la mayor congregación de miembros de casas, voguing, actitudes lascivas, exageración, extravagancia y Ballroom-banda sonora. Ese fue el claro detonante de la salida de la subcultura desde las Houses a la calle, a los clubs y posteriormente  extenderse casi por todo el mundo.

Malcolm McLaren, Vogue y Paris is Burning

En 1988, la dominatrix, camarera, promotora y artista de performance Chi Chi Valenti publicó el artículo “Nations” en el popular Details Magazine. En aquel importante documento, relataba con pelos y señales muchas partes de la Ball Culture y las House, además de hablar del voguing, comentar cómo los Ganzas atendían al objetivo de extender esta cultura y de referirse al círculo Haring –Keith Haring–, pintor archiconocido y muy influyente en términos nocturnos y dentro de la comunidad gay subterránea de NY. Aquel estudio, desató la extensión del voguing hasta la propias pasarelas –las originales, incluso se pudo ver la particular forma de caminar y posar exageradamente en un desfile de Thierry Mugler en París–, algo que llamó la atención del New York Times y llenó de sueños a muchos miembros de las casas y dancers de las balls, quienes anhelaban poder algún día subirse a una pasarela de categoría internacional.

A raíz de este acertado –y también desafortunado– artículo, el DJ y productor Johnny Dynell –marido de Chi Chi Valenti, uno de los favoritos de la comunidad Ballroom, habitual del Tunnel y miembro de House Of Xtravaganza– introdujo al poderoso Malcolm McLaren en el emergente movimiento mediante clips y escenas de un film-documental que todavía no estaba acabado, era “Paris is Burning”, casi en su totalidad ambientado en una ball de la House Of Dupree y que conmocionó al artista sin vuelta atrás. El resultado fue “Deep In Vogue”, título grabado junto a Bootzilla Orchestra y editado en 1989, que contó con la inestimable colaboración vocal, presencial y visual de Willi Ninja y que se convirtió en la primera visualización del modo de vida voguing en la pequeña pantalla –además, en su letra, se incluyó un extracto del artículo de Valenti destacado antes; “Sometimes on a legendary night/ Like the closing of the Garage/ When the crowd is calling down the spirits/ Listen, and you will hear all the houses that walked there before”–. En aquel tiempo, practicar voguing, ir a una ball, ser de una casa, era estar en el ojo del huracán, aquel caminar o desfilar con pasión, creyéndote una leyenda viva y siendo/pareciendo “real” era lo más comentado tanto en los círculos mainstream como underground.

También en 1989, salió al mercado “Elements Of Vogue”, uno de los primeros grandes clásicos del Modern Ballroom, grabado en Londres por Johnny Dynell y David DePino, utilizando los samples del “Love Is The Message” de la MFSB y el “Ooh I Love It (Love Break) de la Salsoul Orchestra, además de la aparición del MC David Ian Xtravaganza, mencionado previamente y que, además de firmar el título, narra en la susodicha canción las virtudes, elementos y reglas del voguing. Como digo, muy poco a poco pero de manera sólida y decidida, la Ball Culture y la tendencia del voguing iban implantándose en la conciencia popular estadounidense como algo único, ultra-hip, inmensamente cool y excitante.

También en ese año clave, el largometraje clave de Livingston vio la luz definitivamente, presentándose en múltiples salas de cine, ganando festivales y recibiendo la atención de la crítica especializada por ser un testimonio claro y sin tapujos de lo que se vivía en las balls. Las imágenes, tomadas desde 1986 al 89, cuentan con personajes estelares y footage nunca antes visto en las salas de cine, entrevistas a Pepper LaBeija, Dorian Corey o Angie Xtravaganza –fallecida en 1993 a la edad de 27 años por complicaciones con el VIH–. Paris is Burning es una historia oral, una narración a través de los protagonistas fundamentales de un movimiento que por primera vez iba a ser conocido por aficionados y cinéfilos de todo el mundo.

Aunque como digo la respuesta de la crítica aún hoy es realmente unánime ante el acierto de Livingston y el retrato de la Ball Culture, desde ciertos puntos intelectuales se criticó ferozmente “Paris is Burning” por la utilización de un movimiento establecido, muy bien estructurado y poderosamente extravagante como divertimento para población blanca como la directora, gente de buena familia o mejor acondicionados que veían a “esos pobres gays latinos y negros” vivir de un modo que ellos nunca llegarían a palpar. No les faltaba razón; aunque el lienzo es realista y simplemente te traslada a la época, sí es verdad que Livingston en parte se aprovecha de la condición marginal de los protagonistas para crear algo por entonces realmente llamativo.

El film, su visionado y edición comercial se extendió hasta 1990, coincidiendo estratégicamente con “Vogue”, single de Madonna –que, dicen, participó con un enchufe de capital en el documental– co-producido por el legendario Shep Pettibone –que introdujo una vez más el sample de “Love Is The Message”– y que batió records en las listas de ventas de aquel año. La popular artista invitaba a los oyentes con los “strike a pose”, “vogue to the music”, se inspiraba en el estilo de Willi Ninja, compartía videoclip con Luis y José Xtravaganza y se convirtió en la falsa impulsora del voguing a través de la MTV a todo el mundo.

Decadencia

Aunque a partir de 1990 la estética y banda sonora de la Ballroom Culture fue extendiéndose, separándose y mutando en otras interesantes categorías –la aparición de Junior Vasquez (Sound Factory), con sus producciones en la sombra (en muchas ocasiones nutriéndose de las voces o aptitudes de vogue dancers), singles en Strictly Rhythm o su anthem “X”, su gran rival Danny Tenaglia importando elementos tribales y los Masters At Work creando el infinito “The Ha Dance”–, el movimiento centrado en las balls no hizo más que degenerar y a partir de “Paris Is Burning”, la historia y las amargas consecuencias del desenfreno hicieron mella en la salud de algunos de los más grandes representantes. El VIH, identificado en 1981, se llevó la vida primero de Dorian Corey en 1991, Angie Xtravaganza en 1993 –aquí un fascinante artículo de Michael Cunningham sobre Angie– o Avis Pendavis en 1995.

Por su parte, Willi Ninja –no sin antes reclamar royalties de imagen por las visualizaciones del documental a Livingston junto a Dorian Corey– comenzó una carrera multi-usos en el mundo del espectáculo; promoción de clubs y fiestas, promotor, apariciones públicas, grabación de estudio o colaboraciones como bailarín puntual. Murió en 2006 después de intentar relanzar su carrera en varias ocasiones. Por su parte, Pepper LaBeija falleció en 2003 y Paris Dupree desapareció recientemente en 2011. Hoy en día, muchas de las Houses originales siguen activas; Xtravaganza, Ninja, Evisu, Chanel, aunque la más emblemática, House Of LaBeija, aún después de varias rehidrataciones, pasó también a mejor vida. Según se pudo ver en el New York Times; “Paris in no longer burning. It has burned.”

Modern Ballroom

Pero, la decadencia de las personalidades fundamentales, viajó en contraposición a la evolución musical y geográfica. Por culpa de los estragos del VIH, las presiones sociales ante el desenfreno y las contusiones morales que provocó la conversión del voguing en icono Pop, la cultura original y muchos de sus protagonistas buscaron refugio fuera de Manhattan. Así, no solo la Ball Culture se extendió por Brooklyn, Queens o New Jersey, también llegó hasta Washington DC, Filadelphia, Detroit, Chicago, Los Ángeles o Miami, entre otros lugares. El más destacado, junto al estado vecino de New York, es sin duda Washington DC; allí las casas y balls predominaron desde 1960, creciendo paralelas al movimiento de la gran manzana, bajo los mismos cánones de las “familias”, “casas” y competición con galardones, aunque con la significativa diferencia de la altísima tasa de drag queens blancas en las mismas, totalmente en contraposición de lo visto en Harlem o “Paris Is Burning”. Dicho largometraje, también influyó en las comunidades esparcidas por el país, ayudando a extender el predominio de gays afroamericanos y latinos, además de ser la primera visualización animal, no artificial ni comercial del voguing en pantalla, uno de los mayores distintivos del germen neoyorkino.

Aunque, realmente, la historia a partir de la aparición y consecuencias de la cinta de Livingston parece difuminarse por momentos; se habla de decadencia y cierre de algunas Houses, la muerte de personajes importantes en la historia y un desechado por la industria del espectáculo de lo que años antes había sido la cumbre de lo cool: el voguing. Quizá, la mejor manera de seguir la pista de la Ballroom Culture hasta nuestros días sea basándose en la música y su evolución, el desarrollo desde los tracks clásicos que ambientaban las balls, su paso y mezcla con la primera música de Club y su llegada al House literal y hoy distintivo que practican algunos DJs y productores como MikeQ. Todo comenzaría, en este sentido, con “Break 4 Love”, ultra-clásico y uno de los mejores temas House jamás producidos creado por Raze (Vaughn Mason, de la Vaughn Mason & Crew) en 1987 y que contó con la narración inolvidable de Keith Thompson. Tampoco debemos olvidar el que muchos consideran el clásico por excelencia del período de transición, “Just Like A Queen” de Ellis-D, editado en 1989 por XL y poseedor de los queen beats más utilizados y reciclados, además del mensaje y letra directamente importado de las balls.

En este sentido, nos deberíamos presentar en 1991, con la resaca de “Paris is Burning” todavía fresca y el Sound Factory en pleno apogeo con Junior Vasquez; aquel año, salió a la venta via Cutting Records “The Ha Dance” –junto a “Blood Vibes” y “Jump On It”–, el tema modelo, madre o que más manipulaciones a partir de su ADN ha sufrido dentro del desarrollo del Modern Ballroom. Su pegada, la latencia tribal, la sensualidad de sus parámetros, lo contagioso de sus sonidos y sobre todo, la estética tool que seguramente fue muy buscada por los Masters At Work ha acabado convirtiendo este título en el primer track del que se habla cuando uno se refiere a Ballroom House, el track que siempre suena en las balls contemporáneas y que se hace notar de manera exagerada en casi todas las producciones llegadas desde la escena.

La influencia de “The Ha Dance” no fue repentina, al contrario; realmente fue recogido por DJs y selectores de las balls después de la temporada de crisis y transición hasta lo que hoy conocemos como Ballroom House, una temporada en la que títulos como los mencionados “X” de Junior Vasquez –editado en TRIBAL America en 1994– o el “Cunty (The Feeling)” –producido por Rageous, interpretado por el estrafalario Kevin Aviance  y editado por Strictly Rhythm en 1996– ayudaron a crear la estética tribal-inducida y con acercamiento al House progresivo floreciente en la época. Digamos que, Masters At Work, Vasquez y Danny Tenaglia son los más importantes artífices del paso de la música para las balls a la infección de estas en la música House primigenia.  Más tarde aparecieron en escena “Witch Doktor”, uno de los primeros rompe-pistas de Armand Van Helden (editado en 1994) o el importantísimo maxi “Tronco Traxx”, de Robbie Tronco –no confundir con Robbie Rivera, que también tendría sitio en esta historia y época–, donde podemos encontrar los clásicos sin precedentes y totalmente atemporales “Runway (As A House)” o “C.U.N.T. (She’s Cunt, She’s Pussy)”.

Actualmente y seguramente saltándonos muchos clásicos que estaríamos horas rescatando, poco ha cambiado hasta la llegada de MikeQ; resumiendo tenemos una estética sonora muy parecida a la evolución del House de Chicago hacia el Ghetto House –aquella protagonizada por sellos como Relief, Cajual, Dancemania o Djax-Up-Beats y que poco a poco ha ido desembocando en los transgénicos Juke/Footwork– pero con el distintivo de la aceleración y desgaste de las líneas tribales –con mayor o menor elegancia– y los samples Disco-influenciados, algo patentado por sellos como Henry Street, Cutting, Strictly Rhythm, Underground Construction o, incluso, llegando al ya mainstreamizado Subliminal Records de Erick Morillo.

Presente y Futuro

Actualmente, las balls se siguen celebrando en New York –ahí tendríamos la famosa Latex Ball como producto más conocido– y otros estados a lo largo del país –incluso podríamos encontrar algunas tradiciones parecidas fuera de Estados Unidos–, muchas casas siguen activas y se siguen creando nuevas familias. Aunque, ya nada conserva ese glamour callejero y pasional del que hemos estado hablando todo el artículo; las viejas drag queens y miembros antiguos normalmente suelen ser detractores de las actuales congregaciones, repletas de gente y más centradas en los trofeos, la música, los complementos y sucedáneos –incluso, con posibilidades de llegar a la violencia en muchos casos– que en el verdadero sentido que dio origen a las familias, apoyarse y estar juntos durante tiempos difíciles. Aquellos ya pasaron y en general, muchas balls son ejercicios de exhibicionismo sin límites, espectáculo centrado en el frenético caminar encima de las improvisadas pasarelas al ritmo de la música que dictan los DJs del momento, única y básicamente.

Pensemos que, tanto la figura de la reina drag y otros complementos extraídos directamente de las balls, han recorrido y recorren buena parte de los clubs de todo el mundo; ya sea en toda Europa, Ibiza, Berlín o el Reino Unido, muchos de los centros comerciales de la noche más comercial y no tan comercial, cuentan con un personaje así dentro del guión, aunque sea esporádicamente. Eso nos hace pensar en lo que hablábamos nada más comenzar; cómo algo tan importante e influyente, ha conseguido pasar casi desapercibido durante años, cómo se ha omitido casi de las páginas de la historia –normalmente centradas en versiones más suaves, menos radicales y auténticas, como las que centran todo el origen de la música de club en el Paradise Garage o el The Gallery, sin entrar en ningún momento en la verdadera génesis del movimiento, la Ball Culture–, hace que observemos cómo la industria hace años que extrae células de la contracultura, las fabrica en cadena, las convierte en productos y las desecha en un abrir y cerrar de ojos.

Pero, dónde está el detonante de que ahora, hoy en día, estemos hablando de esto? Dónde encontramos el germen de la resurrección de esta historia, qué ha provocado que Soul Jazz Records dedique uno de sus impresionantes libros de fotografías en gran tamaño a un movimiento que parecía completamente olvidado y lamentablemente enterrado –porque, si no se interpreta bien, podría parecer una segunda versión de algo ya establecido y constatado–? Seguramente la respuesta sea New Jersey –obviando el loop de retroalimentación de la música y las modas, aquel que dicta qué se convierte en vintage o re-explotable y aquello a lo que todavía no le ha llegado su hora–, como el territorio más activo en estos momentos con respecto a este tema y, por supuesto, la necesidad de la escena electrónica estadounidense de reciclarse y, por último, la presencia de la siempre hambrienta UK, con la obligación virtual de siempre encontrar los cánones que deberán seguir todos sin rechistar como si de ganado se tratase.

MikeQ, Vjuan Allure, Kevin JZ Prodigy

Estos tres nombres son de aparición incuestionable en cualquier artículo que quiera mostrar, de manera panorámica, la evolución de la escena Vogue/Ballroom hasta nuestros días. Vjuan Allure, productor y DJ de Washington DC, fundador de su Elite Beatz y que lleva casi un década recorriendo el mundo extendiendo las nuevas evoluciones del panorama Ballroom; si bien sus sesiones o producciones –vendidas durante años a través de la web o transferidas de disco duro en disco duro– son claramente dirigidas al mainstream, en él encontramos el primer atisbo de modelo de ejecución a través de la manipulación del “Ha” –según comenta MikeQ en esta reciente entrevista, Allure y este hecho serían una de sus máximas influencias, al igual que comentaba Bok Bok el año pasado en Clubbing Spain, esto último algo revelador; dos personas tan separadas y conectadas al mismo tiempo por un solo disco–. Después, llegaría Kevin JZ Prodigy, la voz de Filadelfia y ahora mismo, el máximo representante vocal, speaker, MC de la cultura musical Ballroom –todo un modelo a seguir llegado directamente desde las enseñanzas de Kevin Aviance–. Este último, es también el máximo colaborador de MikeQ, el protagonista más importante actualmente dentro de este contexto, al ser el primero en tener claros objetivos de salir del mainstream en el que se encuentra envuelta la escena e ingresar –no se sabe si por conciencia propia o arrastrado por Kingdom– en el avant-garde electrónico más subterráneo.

Después de que en 2004 comenzara su incursión en el mundo de la cultura Ballroom en New Jersey –según comenta, estar muy en contacto con la escena Club en su ciudad es algo “muy Jersey”–, MikeQ –Concepto MIX aquí– comenzó a mezclarse en el entorno DJ de la escena y sus correspondientes máximos representantes en otras ciudades –véase DJ Boris, DJ Angel X, Jay R Neutron, DJ Disciple, DJ Karizma–, además de verse claramente afectado por otra de las corrientes más importantes de la actualidad y que encuentra su nexo en Newark, la Jersey Club Music de DJ Tameil, TIM DOLLA, DJ Lil Man o DJ Sliink y los Brick Bandits. Nacido como sucedáneo del Baltimore a finales de la década de los 90 y generado casi en su totalidad a través de las noches del Brick City Club, esta estética bastarda mucho más cercana al mainstream Hip Hop/R&B que el propio Ballroom, lleva años juntándose y retroalimentándose con otras influencias, causa que nos haría complicada determinar –únicamente con pequeños detalles– qué es Jersey Club, qué es Ballroom House o si todo lo nombrado podría simplemente englobarse dentro de la primera etiqueta. Recientemente, este subgénero ha visto una creciente popularidad en sectores minoritarios gracias a la crew Club Cheval, formada por Sam Tiba, Canblaster, Panteros666 o MYD, principales protagonistas de la extensión por Europa y el Reino Unido de las virulencias estilísticas llegadas de New Jersey –además de combinar con Ballroom, Juke, Footwork, Moombahton y otras acepciones–.

Pero, además de Club Cheval, encontraríamos muchos más indicios de que las corrientes más subterráneas de Estados Unidos están infectando decididamente el panorama electrónico avanzado; por un lado tenemos a Night Slugs, con el adelantado Bok Bok, Jam City o más importante, el mutante Kingdom, productor muy importante en la actualidad y dirigente de uno de los sellos más prometedores del momento, Fade To Mind. En Europa, también encontramos a Pelican Fly o Marble, sellos jóvenes con pocas pretensiones y que intentan dotar a todas sus referencias de ese tono Ghetto-infectado y House-bucólico-orientado, con muchos samples y referencias al mainstream estadounidense o al Grime instrumental. También deberíamos, ya en Los Ángeles, nombrar a BODY HIGH, pequeña marca gestionada por Samo Sound Boy y Jerome Potter que será la primera en editar un EP oficial a DJ Sliink. Y seguramente me estoy olvidando algunos otros rastros de bastante importancia.

Hablábamos de Fade To Mind, sub-marca de uno de los sellos más avanzados de UK –a medida que pasa el tiempo, uno se da cada vez más cuenta de ello– y que vendría a ser una facción estadounidense del mismo; controlado como ya he dicho por el neoyorkino Ezra Rubin, ha sido la primera marca en arriesgarse a editar un EP completo al señor MikeQ, integrarlo dentro del extenso catálogo de manifestaciones futuristas del mundo Night Slugs y proponerlo como igual entre gente como NGUZUNGUZU, Cedaa o Egyptrixx. Y es que, hasta el propio Kingdom bebe del “Ha” y la influencia MikeQ; recordemos en su último EP el fantástico corte “Stalker Ha”, en el que reinterpreta la estructura Ballroom y su tónica más conocida actualmente. Realmente, “Let It All Out” es todo un triunfo tanto para MikeQ como para el Modern Ballroom; después de años comercializando sus beats y re-edits via Queen Beat y su página web, el joven consigue entrar por la puerta grande y con un discurso muy personal en el escaparate underground que quizá más miradas provoca.

Aunque, se me olvida algo, uno de los indicios más claros, incluso más descarados de que lo patentado durante años en New York y New Jersey –casi sin repercusión internacional debido a la resaca de la época de esplendor del voguing–, es lo próximo a explotar tanto por la escena House, Bass o Techno internacional. Esta clave la tenemos en “Swims”, el rompe-pistas y rompe-charts editado por Swamp 81, producido por Boddika y Joy O y con casi un año de arrastre comercial y promocional a sus espaldas; dicho track, es una clara copia –adaptada al entorno House/Bass UK, eso sí– del “Walk For Me”, track producido originalmente por el productor antes mencionado, Robbie (Tronco Traxx) y editada por Henry Street Music en 1998. Esto demuestra una vez más que, aunque siguen habiendo propuestas que rompen tiempos, contextos y reglas, la música y su sentido no es más que una rueda que gira y gira sin parar.

Llegados a este punto, podemos estar en condiciones de asegurar que la moderna estética Ballroom será una tónica en este 2012 y años posteriores? Es complicado y sobre todo arriesgado afirmarlo; por ahora la intención y las “coincidencias” están ahí, pero al igual que pasó con el Juke y el Footwork en 2010/2011, quizá el método de reciclaje actual ha cambiado un poco de años anteriores. Ahora las cosas van demasiado rápido y un movimiento solo tiene tiempo de extraer los rasgos más destacados de un estilo, implantarlos como bien puede a su discurso y dejarse llevar una vez más hasta la próxima mutación. Quiero decir, que como las modas o las tendencias, ahora mismo los revivals son múltiples y variados, pero ninguno llega a consumarse por completo debido a la frenética desesperación de la escena avant-garde de nuevas iniciativas. Teorías y apreciaciones aparte, lo que es seguro es que ha sido buen momento para intentar de una vez por todas trazar un camino –aunque seguramente no exacto, con partes muy subjetivas y en clara perspectiva– desde el más primigenio Harlem a la escena Ballroom contemporánea. Como decía antes, es momento de dejar claras las cosas en cuanto a este tema y época de la historia; es importante darle el mismo valor que se le da actualmente a David Mancuso, sus fiestas privadas y la visión de Larry Levan detrás de la cabina, es casi obligatorio dejar de obviar –por ignorancia, por casualidad o por error– una aventura tan influyente como esta.

Sí es cierto que quizá la versión más aceptada del génesis de la música de club tenga más que ver, efectivamente, con la música, pero eso no debe restar valor a una escena subterránea como la Ball Culture, quizá el auténtico desencadenante de las actitudes sociales y de expresión que más tarde desembocaron en la afluencia de los gays, latinos y afroamericanos más necesitados a los clubs de moda, mezclándose al igual que en la Harlem Renaissance con las estrellas de cine, la burguesía y los artistas de alto standing. Concluyendo; aquí no tenemos una versión secundaria de los hechos, quizá tengamos una poderosa trama de más de 150 años de desarrollo capaz de englobar todo lo que conocíamos anteriormente. Una degeneración gradual que toca casi todos los aspectos de la evolución de la sociedad moderna y un transcurso repleto de sueños rotos, rotura de reglas, vencimiento de tópicos y morales oxidadas, una historia rebosante de espíritu y pasión de la que todos deberíamos aprender un poco.

Aquí puedes ver al completo “Paris is Burning”

Frankie Pizá


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3 Responses to FOCUS: Vogue / Ballroom

  1. Midee says:

    ESENCIAL! Espectacular reportaje Frankie, y no puedo estar más de acuerdo con las conclusiones del mismo. Gran trabajo.

  2. Igordo says:

    Bravo! Articulazo. Felicidades.

  3. JorgeP says:

    Gran trabajo, gracias por todo el curro que has hecho!

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