Notas Dispersas

2011: el apocalipsis o la madre del cordero

A continuación, un balance del año. Porque para eso están, los años; aunque podríamos discrepar y hablar acerca de su relatividad. Esto nos llevaría a menospreciar cualquier valoración del tipo “bueno” y “malo”. Y así será. Para el caso, hemos realizado una pequeña lista con 23 discos que, en realidad, son 24. Aquí lo que nos encontraremos será una selección que marca el criterio de esta sección que transita escenarios como el pop, el rock, el dream-pop, el folk, el blues, la nana, el ambient-drone, el garage, el lo-fi y demás etiquetas que nos vemos incapaces de seguir enumerando, entre otras cosas porque es un absurdo pretender que a un solo disco, una sola etiqueta o género. Cabe decir, para entendernos, que la ausencia de discos nacionales ha sido una elección deliberada. Y que ésta responde a una cuestión formal y arbitraria. Qué decir de un año marcado por la crisis económica y la certeza de la inminencia del Apocalipsis. En cuanto a lo musical…pues las mismas dudas y certezas de siempre, porque volver la vista atrás un año no es suficiente. Una lista con nombres propios, nombres de experiencia contrastada, nuevos valores irrumpiendo pero, sobre todo, fantasmas o estelas de otros artistas que, de algún modo, se hacen notar en el presente. Como ocurre con nuestro disco vencedor, aquel al que le hemos otorgado el honor de ser nuestro número uno: Kaputt de Destroyer. Como ya avisamos en mayo, este disco marca un antes y un después en la discografía de Dan Bejar, y lo consigue desde cuotas estilísticas reconocibles –se ha venido leyendo que si Prefab Sprout, que si Roxy Music, en toda línea dedicada a Kaputt- pero la suerte reside en crear un discurso propio que es la diferencia. Por mucho que reconozcamos los ochentas en baterías y saxos (ese regusto a Sade del Diamond Life incluso…), por mucho que queramos buscarle las tres correspondencias al gato Bejar, el disco de Destroyer aguanta el tipo y tira el ancla oteando la costa, para quedarse como de fiesta. Porque es posible que uno de los presentes estilísticos esté en recuperar sonidos del pasado y pasarlos por distintos filtros, haciendo que el producto no sólo no pierda sino que hasta gane en personalidad. Éste podría ser el caso perfectamente del hawaiano Alex Zhang Hungtai aka Dirty Beaches –si Chris Isaak recuperaba desde la oscuridad el country a mediados de los ochenta, Badlands nos ofrece un retrato contemporáneo de la balada orbisoniana- o de las mismas Vivian Girls, tan capaces de aunar el espíritu teenager de The Shangri-las con el garage y el lo-fi. Como lo es, con total seguridad, el caso de Kurt Vile y sus constantes insinuaciones a la música ya tradicional de Neil Young y Bill Callahan. Sí, en esta supuesta carrera en busca del alma y la persona unos optan por la experimentación mientras que otros, a sabiendas de su capacidad y talento, se desmarcan de cualquier género aunque beban directamente de él, aunque se identifiquen rasgos e intenciones.

En el año del regreso de la baja fidelidad y el cassette, Oomkah Dee y Black Sky Chant; dos artistas rusos, dan un paso al frente y publicanCollage un viaje de salón en forma de dos geniales piezas de treinta minutos cada una, recogidas en una cinta magnética de edición limitada que además se puede descargar en su bandcamp. La música clásica del siglo veintiuno. Sin dejar la cinta magnética, Bridget Hayden se dedicó a destrozar eso llamado Blues en  In An Indifferent Ocean. Para ello solamente empleó dos pedales, una guitarra desafinada y un cuatro pistas que encontró en la calle. David Thomas Broughton no usó mucho más que eso para grabar su Outbreeding en el que habla una vez más del desencuentro existencial y la infelicidad crónicos. Julia Shammas Holter necesitó algo más que dos pedales y tiró de tragedia griega para crear Tragedy. Basándose en Hipólito de Eurípides, pasa del mantra sobre percusión (Try to Make Yourself a Work of Art) al despertar marciano en un día de sol (Goddess Eyes), nos recuerda a Laurie Anderson (So Lillies) y termina por homenajearse a sí misma (Tragedy finale). Olé Julia. La californiana Chelsea Wolfe es menos lineal en sus formas y su discurso, autodescrita como doom-folk, justo al final de 2010 publicó The Grime and The Glow, y a mediados de este año presentaba su segundo largo, Apokalypsis, que lo mismo nos recuerda a PJ (Friedrichshain) que a Lacuna Coil sin traje de fiesta (Demons). Pero que se lo vuelvan a poner para escuchar el debut de Lee Noble, que se llama Horrorism y es una fantasmagórica maravilla de poco más de media hora. Un traje de fiesta para estar sentado viendo la lluvia a través de la ventana. Sin olvidarnos de nuestro hombre Dan Melchior que con su propuesta blues, más abstracta que nunca, avisa que, quizás, éste sea el camino que va a seguir de ahora en adelante.

Y los juguetes de J.F. Sebastian decidieron formar una orquesta en 2011. La colección de seres y sus almas artificiales repletas de melodías llegaron a nuestras antípodas y se encontraron con Connan Hosford, o lo que es lo mismo a Connan Mockasin. Él era uno más de ellos. Él no es uno más del resto. Artista total. Forever Dolphin Love es una joya que no es solo sonora sino también visual. Es una noche de sueños intensos; unos más vívidos, psicodélicos y coloristas; otros inquietos y rítmicos; otros lejanos y húmedos. Efectivamente, Connan es uno más de los que van a su bola. Ese es el caso, también, de bestias pardas de la composición que ven cómo pasan modas y tendencias a una velocidad que ni les conviene ni les entretiene. En esta lista no hemos podido (ni querido) pasar por alto los discos de Low (C’mon está grabado en la misma iglesia donde se fraguó el inmenso Trust), de Wilco o de Bill Callahan, así como tampoco el tan merecidamente ensalzado Let England Shake de PJ Harvey. Si bien es cierto que no es necesario reinventarse en cada disco, ella así lo quiere y, con el corazón en un puño y una bandera en la otra extremidad, ondeante, definitiva y apátrida, nos rendimos a los resultados.  Otros llevan años estando igualmente ahí, pasando como de puntillas. Cass McCombs es uno de ellos. Wit’s End y Humor Risk se complementan y, para unos servidores, ha sido difícil separarlos. Mientras el barroquismo de John Maus se hace un hueco sin problemas: un compendio de himnos pop cantados de manera épica;Eleanor Friedberger irrumpe con su debut y su facilidad para componer piezas pop sin necesidad de buscar el punto arty solo por distanciarse del resto. Y, como diría aquel, ya está.

23. Bridget Hayden “An indifferent ocean” (K-raa-k)³
22. The Magic Trick “The Glad Birth Of Love” (Empty Cellar Records)
21. Dan Melchior “Assemblage Blues” (Siltbreeze)
20. Wilco “The Whole Love” (dBpm Records)
19. Chelsea Wolfe “Apokalypsis” (Pendu Sound Recordings)
18. Vivian Girls “Share The Joy” (Polyvynil Records)
17. Bill Callahan “Apocalypse” (Drag City Label)
16. Tom Waits “Bad As Me” (Anti-)
15. Eleanor Friedberger “Last Summer”
14. David Thomas Broughton “Outbreeding” (Paper Garden Records)
13. Cass McCombs “Wit’s End”/”Humor Risk” (Domino Recording)
12. Lee Noble “Horrorism” (Bathetic Records)
11. Low “C’mon” (Sub Pop)
10. Nat Baldwin “People Changes” (Western Vynil)
9. Youth Lagoon “The Year Of Hibernation” (Lefse)
8. Dirty Beaches “Badlands” (Zoo Music)
7. John Maus “We Must Become The Pitiless Censors Of Ourselves” (Upset The Rhythm)
6. Julia Holter “Tragedy” (Leaving Records)
5. PJ Harvey “Let England Shake” (Universal Island Records)
4. Oomkah Dee & Black Sky Chant “Collage”
3. Kurt Vile “Smoke Ring For My Halo” (Matador Records)
2. Connan Mockasin “Forever Dolphin Love” (Nuba Records)
1. Destroyer “Kaputt” (Dead Oceans)

Jordi Beltrán / Jorge Albericio


    Contenido relacionado:

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

    *

    Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>