
La escena musical japonesa se ha caracterizado por ser amplia en su gama de oferta, un mercado dominado por el espectro comercial llamado J-Pop que encontró su esplendor en los noventa con la amalgama irremediable del mainstream occidental y los sonidos modernos nipones. La música independiente en tanto tampoco fue ajena a la distribución de los grandes corporativos e instituciones editoriales, la corriente Shibuya-Key reunió influyentes aportaciones etiquetadas como indie: Pizzicato Five, Flipper’s Guitar, Fantastic Plastic Machine, la máxima influencia Yellow Magic Orchestra (Ryuichi Sakamoto and co.) y otros encontraban su influencia primaria en el trabajo transatlántico e intercontinental de Beck, Serge Gainsbourg, The Beach Boys, Primal Scream o The Jesus And Mary Chain para generar un pastiche colorido de fusión con sonidos populares, Bossanova, Electrónica, Jazz y cultura Pop con la cual poder experimentar. Pero esta inquietud desbordada por la música en Japón, no se restringe a este último gran boom mucho menos comercial; los verdaderos artistas independientes suelen habitar los sitios más inesperados de la capital; recluidos pero en ocasiones vinculados erróneamente al término hikikomori, los exponentes emergentes del arte sonoro parecieran desarrollarse en una línea paralela al masivo destello de la modernidad Pop cotidiana.
De Osaka a Kyoto pasando por el domo hipster de Shimokitazawa existe un efervescente movimiento underground en vìas de solidificación que se presenta como una forma basica de producción de audio, un tanto lírica y naïf que encuentra su pulso neural en un micro ecosistema virtual creado por los mismo artistas, adolescentes en su mayoría, que bajo la clásica escuela del Do It Yourself (D.I.Y) confeccionan una nueva era en la realización de cortes musicales: El Takuroku se trata de grabaciones caseras realizadas y moldeadas a partir de un software para computadora portátil como el Logic o el Garage Band de Apple y con instrumentación adicional (o sin ella) de secuencias de teclados, patrones percusivos o feedback de guitarra. El principio básico del Takuroku es la realización global del músico a partir de una idea muy concreta, hacer música sin algún motivo extra que el de ser escuchado. Para esto, en plena era de la búsqueda por medio de Google, las herramientas que ofrece internet son fundamentales en la distribución de dichas grabaciones; se ha dispuesto de plataformas como Vimeo, Bandcamp, Soundcloud y Myspace para ello, mismas que eventualmente desencadenan “el descubrimiento“, ese factor necesario para que la obra del productor sea consumada.
La realización de estos registros caseros frecuentemente se llevan a cabo en espacios pequeños como departamentos o en los mismos dormitorios de estos jóvenes; el resultado consigue ser tan íntimo como su concepción, polvosos ciclos melódicos, sonidos crudos y atmósferas bellamente retorcidas. Existe una preferencia por las cualidades del sonido lo-fi, pues un episodio de estudio se asocia con ‘una mayor calidad‘, como si se tratase de evitar al asesino de un secreto bien resguardado por estos experimentadores, para así alentar al espíritu de los curiosos y devorarlos en la entraña de un misterio que navega paralelo al background actual de restitución económica en Japón, tras el terremoto y la crisis nuclear acontecidos en marzo pasado; tiempos también en que para escarbar nuevas propuestas musicales no es necesario recurrir a los discos y a las revista, el único esfuerzo está a un click de distancia.
Los jóvenes artistas tokiotas que conforman este movimiento seductor transfieren esta emotividad melancólica tanto arquetípica como contemporánea en rasgos autodidactas e identidades de bajo perfil, literalmente están instruidos por la música de culto nacional e internacional, es inevitable recordar lo que lustros atrás Daniel Johnston hacía en sus auto-releases en cinta magnética o lo que hacían The Mountain Goats con un boombox. Esta sugerente y extraña atracción por explorar y ser descubiertos con esta sonoridad espacial y profunda concebida a partir de recursos tan limitados ha provocado que la blogosfera mire hacia estos installments asiáticos del Cinturón de Fuego del Pacífico de manera expectante en una intrigante bienvenida a actos como Jesse Ruins, Sapphire Slows y Hotel Mexico, entre otros. Descritos como números etéreos de apocalíptico trazo y delicada oscuridad. Evocadores sonidos resultado del juego con sampleos originales y otros retomados de music libraries, club beats prefabricados o descargados de la red y voces incomprensibles en ocasiones víctimas de la metamorfosis por un efecto pitch o incluídas como un susurro a causa de los reclamos de una madre que pide a su hijo baje el volumen de su ruidoso proceso creativo, como algunos de estos (aún estudiantes) confiesan.

Los principales sellos que lideran el movimiento Takuroku, son dos, el más representativo sin duda alguna es CUZ ME PAIN, fundado hace unos años por Nobuyuki Sakuma (NITES, Jesse Ruins) y Yosuke Tsuchida (:visited, Faron Square) quienes se conocieron en el networking cuando planeaban la creación de un evento llamado Cause Me Pain Nights Music que reuniría en un evento su live performance como DJs; eventualmente se les uniría Yuji Oda (Faron Square, Atlas Young, The Bauty) y Keisuke Tsukanome (Aaps, Melancholic Masculinity). La entonces nueva crew de productores de alcoba pronto unirían esfuerzos para la creación de un label que contendría todos los proyectos en uno; outfits con referentes diversos que van desde el Shoegaze electrónico de M83, a la delicadeza Electrónica Pop nórdica de The Radio Dept., el vaporoso estilo de Air France, variaciones sombrías de Funk, así como texturas híbridas y de sampleo influídas por los australianos The Avalanches o la escuela de Emori Takeaki y su banda legendaria de indie Pop, Citrus.
Abreviado como CUZ ME PAIN, el outlet ha tenido alto impacto en otros continentes gracias al atómico coverage de blogs y sites especializados de música experimental e independiente; el buzz exterior, la facilidad con la que la música se puede subir a la red y los espacios emergentes y fiestas locales para presentarse en en directo, han sido motivo para que el colectivo tome impulso, es así como las ediciones en vinilo y cassette de sencillos, EP’s y compilaciones han sido editadas exitosamente; pues aunque son artistas formados en una suerte de realidad virtual, paradójicamente resguardan un incontenible deseo por poseer la obra en físico, pues quien está familiarizado con la tecnología sabe de primera mano que todo lo que está en un ordenador de un momento a otro puede ser un archivo efímero.

Jesse Ruins (Nobuyuki Sakuma) transplantado de la ciudad Yokkaichi en la prefectura de Mie a Tokyo, emergió en el 2009 con una propuesta rodeada por misterio y hermetismo con un single llamado “End of Solitude”, una introspección oscura de electrónica baleárica post-Chillwave que a principios de 2010 se reveló así mismo como una estructura progresiva de Ambient futurista que estructuraba amorfos temas antémicos como “Dream Analysis”, “Inner Ambient” y “Sofija”; la progenie de NITES, alter ego de Sakuma como DJ, se expandió como un Dream Pop de faceta impredecible pero de carácterística omnipotente que desde su melancólica emisión catapultó una nueva forma de Synth Pop infestado por espectral electrónica y un upbeat lúgubre de acechante encanto, encandilados en un hipnótico Dancefloor. El 5 de Diciembre saldrá su primer publicación física como Jesse Ruins en Double Denim Records con el single “A Bookshelf Into The Sand/Icarus”, previamente editado en un split con The Beauty; en tanto llega el momento del lanzamiento de su LP debut, presumiblemente a través de True Panter y Mexican Summer.
El meteórico ascenso de proyectos como este también se debe a la predominante disposición de las redes sociales sobre potenciales bases de fans o interesados en este tipo de expresiones musicales; tal fue el caso de Syouta Kaneko a.k.a Friends quien fue descubierto por Second Royal Records gracias a un tweet y firmado inmediatamente en esta marca que también arropa a numerosas referencias Takuroku, entre sus filas encontramos exponentes como Turntable Films y Hotel Mexico, esta última, es una banda que reconstruye con melodías Synth Pop la época dorada del Pop de los setenta y florece en una psicodélica tropicalia informada por el Brit-Pop y otros géneros en obras como su aclamado “His Jewelled Letter Box” de 2010 y su reciente single “It’s Twinkle” publicado en un 7”. Otros imprints notables en crecimiento son Too Young Records y AWDR/LR2, que tienen en su catálogo a Memory Girls o el grupo Noise She Talks Silence respectivamente, además de publicar material de géneros como Folk, Pop y Dubstep ofrecidos en forma de compilaciones de temporada y pequeños releases.

Sapphire Slows se formó al principio del 2011 y es la última exportación Takuroku, se trata de una chica que da la vuelta al enigma creado por los blogs de música para convertirlo en su punto artístico de partida; ella produce salvajes temas Synth-influenciados y conjuga House-Pop mutante con una serie de layers etéreos para encarnar un extraño ser cósmico y siniestro que ronda las frecuencias psicodélicas de la Música Club. Su sonido mid-fi compila hipnóticas pistas dance que conservan el atractivo de una pieza de baja fidelidad, como “Animal Dreams”, “Cosmo Cities” o “Spin Lights Over You”, contiene en ellas una atípica obsesión por la experimentación con sampleos, software y teclados místicos que reflejan su empatía cuántica con sus contemporáneos María Minerva, Jesse Ruins, Grimes o Peaking Lights; era de esperarse que fuera tomada en cuenta por el matrimonio de Amanda y Britt Brown del sello Not Not Fun, para publicar su primer EP, titulado “True Breath” que es el sucesor de “Melt”, una publicación limitada en formato 7″ via Big Love Records.
Para la mayoría de los artistas Takuroku –así como sus similares en occidente–, el descubrimiento y el éxito no están garantizados, pero constituyen ya una fuente importante de fuerza creativa en un mundo agotado por los recursos de la escena musical mainstream y el ansia por salir de cacería a los sitios más inhóspitos, para encontrarse así con fascinantes fenómenos subterráneos que en tantas ocasiones logran lo que un artista afincado en una major no puede o tarda en alcanzar: el interés, la cobertura y la crítica especializada en cuestión de horas.
Friends – I Think I Love You by Second Royal Records
Invisible Sophisticated by AAPS
Sapphire Slows – Spin Lights Over You by abeano
In Memory of Sally by FARON SQUARE
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