
Remontémonos al 1997, por ejemplo. Hagamos el pequeño y sencillo ejercicio de rememorar cómo los adolescentes, entre los que me incluiría, “encontrábamos” música. Eso es, los mecanismos que hacían que tal o cual banda fuera a parar a nuestras manos y, por extensión, a nuestros oídos. El entorno, los amigos, el hermano mayor de alguno de estos, las cintas de cassette, las revistas y fanzines y, por supuesto, los estantes de las tiendas recurrentes del centro de la ciudad. Estas últimas eran pequeños universos que lo albergaban todo. Como diría un profesor que tuve de filosofía: “allí no faltaba nada, estaba todo lo que tenía que estar”. Vale, quizás no siempre uno encontraba lo que buscaba pero la mayoría de las veces uno entraba con la confianza que de allí podía llevarse casi cualquier cosa. ¡Qué decir del pequeño ritual que suponía romper el plástico del CD de una banda hasta entonces desconocida, ponerlo en la platina y apretar el play!. En fin, digo todo esto porque así fue como servidor conoció a Karate. Y porque, en cierta manera -y con esto no digo nada nuevo ni pretendo sentar cátedra- continuamos (por mucho que internet pudiese suponer el inicio de una nueva era en la que búsqueda, inquietud e iniciativa fueran juntas de la mano) condicionados por lo mediático, que crea constantemente espacios sociales en los que el gusto y su práctica vienen, así, demasiado a menudo dados. Y sí, ésta es, sin duda, la manera que tengo para justificar mi discutible, si se quiere, consternación por la siempre poca presencia que tuvieron los bostonianos en la prensa especializada y, por consiguiente, el poco caso que se les hizo más allá de los circuitos en los que se empezaron a mover y del que salieron. Porque a pesar del lleno que presentó la sala Apolo en la que sería su última visita a España, tengo la sensación que Karate siempre se quedaron un poco allí, en la línea.
Karate “Small Fires” (Unsolved, 2001)

Veamos, en 1993 tres amigos del estado de Massachussets forman la banda, dos años después su primer disco de estudio de título homónimo saldría bajo el auspicio de Southern Records. Las coordenadas parecían más o menos claras: banda de indie-rock de inclinación cercana al sonido Washingotn DC y al emoneófito (¿o fue ésta ya una etiqueta-falacia?), en todo caso los hubiese emparentado más cerca del hoy llamado slow-core y bien lejos, en las antípodas, de toda esa ristra de bandas ya en suerte de extinción que se apropiaron de la etiqueta a finales de los noventa para dar rienda suelta a sus catástrofes emocionales a base de guitarrazos con pose y ridículos estribillos. A todo esto, no es de extrañar, pues, que su sello discográfico estuviese emparentado con Dischord Records, casa de Ian MacKaye (actual miembro de The Evens, ex-Minor Threat y ex-Fugazi), que junto con Jeff Nelson (también ex-Minor threat) y Nathan Strejcek crearon el sello con la intención inicial de autoproducirse, así, sus discos de Minor Threat allá por el 1980. Se les situaba en algún punto intermedio entre Fugazi y Codeine, sobre todo por lo que respecta a sus dos primeros discos. Fue The bed is in the ocean (1998) el disco que nos abrió el abanico. Se empezaban a vislumbrar otras maneras, y estas incluían el jazz. “There are ghosts” mostraba el punto de inflexión, la línea a seguir: “There was a small riot that kept me up until dawn. It seems someone had something to say to the rest of the party out on the lawn”. Ese espacio social, vamos a decirlo así, que era la “escena” hardcore, punk o post-hardcore les había, de algún modo, encasillado.
Karate “There Are Ghosts” (The Bed Is In The Ocean, 1998)

En su cuarto largo, el estilo Karate alcanza su cénit. Unsolved, su disco más bien parido, es el paradigma de cómo tocaría jazz y blues una banda de indie-rock. Sin caer en ninguna autocomplacencia, esquivos totalmente a tendencias, el trío de Boston fue un ejemplo de cómo sí es posible articular virtuosismo con alma,sin dejar que lo primero, por discursivo, estuviese fuera de lugar o engullera la frescura que se le reclama a un tipo como Geoff Farina, guitarra y cantante. Su voz, en muchos casos con un tono similar al de la reprimenda, en otros encontrando el equilibrio perfecto entre la spoken-word y la sutil melodía, intentaba incrustar frases imposibles; con el tiempo fue perfeccionando el método hasta el punto de no saber uno si cantaba lo que musicaba o musicaba lo que cantaba. En Some Boots ya incorporaban sonidos cercanos al rock setentero, y Pockets resultaría estimulante pero, a la postre, el último disco de la banda; un trío que vio truncada su trayectoria por los problemas de oído de Geoff. Karate cerraban filas un día del 2005. Después (me gustaría recordarlo así) del maravilloso, sutil y de contención desgarradora concierto que mencionaba tan sólo unas líneas más arriba.
Karate “Original Spies” (Some boots, 2002)

Para acabar siendo justos y en nombre de los nostálgicos, debo decir que no recuerdo muy bien cómo llegaron Karate a mis orejas. Haciendo memoria es posible que la culpa de todo la tuviese un fanzine, Absolut, que entre 1997 y el 2001 sacó tan sólo ocho números. Pues bien, en su cuarto número (Mayo’98), en el que aparecían en portada Refused con motivo de su visita a Barcelona presentando en la mítica sala Garage su “The shape of punk to come” (sí, un título pretencioso donde los haya), encontrábamos una escueta (sobre todo por la parquedad de palabra de Geoff) entrevista a Karate realizada por Uri Amat y compañía, en la que entre otras cosas decían que ellos no intentaban hacer música “triste”, que, en realidad, lo que pretendían era plasmar toda una serie de cosas que eran fruto de aquello que más escuchaban. Y citaban entonces a la Velvet y a Big Star. En fin, lo dicho, yo empezaría hoy a escucharlos por el Unsolved, y avanzaría o retrocedería en su discografía según quisiera saber de dónde provenían esos devaneos con el post-rock que es el final del álbum con la hermosa “This day next year” o hacía dónde les dirigieron los punteos blues con los que empezaba “Small fires”.
Karate “Water” (Pockets, 2004)

Gloves hold you in, accessorize
Corners of sin and potential crimes
The colds scolds your chin, draws some salt from an eye
But even the wind can’t get much of a rise
How long will it take you to want to go home?
How long will it take you to learn there is none?
You were a sister, a daughter, just what was your role
In that family now scored with stitches and holes?
You got somewhere to be, so you can’t get lost
And you’re filled with a substance that melts any frost
I want to take you to dinner, but you’de rather hang out at rest stops
Engaging in discourse better stratched into desk tops
Your phone rings It’s just me How long will it take you to trust me?
I’m coming down to get you even though you don’t answer
Because the snow was OK, but the rain is coming faster
Water sinks in Faster, then thickens
My pockets are drinking Your fingers are sinking
Discografía de estudio:

“Karate”, Southern Records, 1996.
“In Place Of Real Insight”, Southern Records, 1997.
“The Bed Is In The Ocean”, Southern Records, 1998.
“Unsolved”, Southern Records, 2000.
“Some Boots”, Southern Records, 2002.
“Pockets”, Southern Records, 2004.
“595 Live”, Southern Records, 2007.
Jordi Beltran
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Karate vendría a ser como estar subiendo a la torre gemela norte el 11 de septiembre de 2000 a las 8:45. Constante, con un final previsible que acaba siendo mucho peor de lo que te esperabas. Un grupo de otoño – invierno que llena esos tiempos muertos en los que te quedas en blanco ante el inquietante ‘buscar’ de spotify.
Técnicamente es excepcional. Grandiosa voz, un bajo servicial, guitarras inspiradas y un batería que tiene pinta de ser muy simpático, pero mucho da la sensación de que han ido haciendo “tastets” (en cataluf pruebas, ensayos) de estilos y no han acabado de encontrarse. Gracias a grupos como este ponerse música para trabajar o para coger el metro tiene sentido. Es un placer sacarlos a pasear en trayectos cortos, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Simplemente les falta “eso”. Encontrarse en el bermúdico triángulo del somos esto, queremos ser eso y el podríamos ser aquello.
Ojo que me encantan. Water es un inquilino fijo del “25 más escuchadas” de mi itunes pero es de esos grupos intermitentes, de los que olvidas copiar cuando trasladas tu música de ipod en ipad con las prisas de la Navidad y que, en redescubrirlos, vuelves la casilla de salida y te preguntas: “como acabará esta vez la canción”?
Felicidades por el blog!