Centremàtic 2011, por Joan Cabot

Asentado como uno de los acontecimientos culturales más importantes en torno a la música experimental en las islas, el festival Centremàtic celebró el pasado 27 de septiembre su VII edición en el Centre de Cultura Sa Nostra, coimpulsores del evento junto a la promotora Primeros Pasitos. Estos últimos han sabido articular una programación que huye de los huecos tópicos sobre lo que es y lo que no es avanzado. Centremàtic no es un festival de electrónica. Tampoco un festival al que haya que asistir con bata blanca y manual. De hecho, su mayor acierto ha sido siempre la mezcla de géneros, posturas e incluso generaciones de músicos que sólo tienen en común concebir su arte como un terreno todavía abierto al juego y riesgo. 
Damo Suzuki o Martin Rev, ambos protagonistas de pasadas ediciones, son un buen ejemplo de ello: dos figuras esenciales en el rock experimental de los años 70 cuyos asaltos siguen todavía hoy vigentes. Si mezclamos sus nombres con los de Alva Noto, Felix Kubin, Fennesz y Oval, podemos hacernos una idea del espíritu de un certamen que además ha mostrado siempre un empeño especial en programar actuaciones de bandas que, como Radian o los Sao Paulo Underground Duo de Rob Mazurek, usan instrumentos tradicionales en un contexto sonoro totalmente nuevo.

Por último, el festival se ha apostado desde el principio por los artistas locales, ofreciendo en muchos casos la oportunidad de ver actuar a proyectos poco pródigos, como Invaders, o directamente actuaciones irrepetibles, como la que ofrecieron los punk-rockers Phogo junto al cantante de los míticos Can. 
Lo curioso es que Centremàtic es, también, un evento realmente popular, en parte debido a que se ha convertido en un acontecimiento social, además de cultural. Y, si bien muchos de sus asistentes no saben mucho de los artistas antes de sus actuaciones, que más de uno se vaya a casa con la curiosidad despierta es una de las mejores cosas del festival. 
En su séptima edición, Centremàtic volvió a demostrar esa capacidad para ser coherentes en la diversidad y rematarlo todo con un cabeza de cartel que puso el Auditori del Centre de Cultura patas arriba. De hecho, si alguna vez éste ha sido una olla a presión a punto de estallar, ha sido con Daedelus y su live set, un despliegue de maestría en el uso del Monome, con el que Alfred Darlington lanza beat tras beat a una velocidad del demonio.

Su discografía está plagada de grandes canciones y sobre todo de una visión caleidoscópica de la música de baile, pero nada de ello te prepara para la experiencia que suponen sus directos, que son algo así como todos sus discos sonando a la vez. Y él haciendo juegos de manos sobre el Monome disfrazado de dandi victoriano, sonriendo como si todo respondiera a un plan ejecutado por puro instinto. Un gran final para una tarde-noche que había empezado con la habitual actividad dirigida a las familias en el jardín exterior, en esta ocasión del colectivo Sindicalistas/Autoplacer y el directo de Poal, uno de los proyectos de electrónica más interesantes de la isla, que además llegaban a Centremàtic en su mejor momento. En lo que va de verano habrán ofrecido más conciertos que en toda su carrera, y eso ha favorecido que las canciones de sus anteriores discos hayan tomado un nuevo vuelo. Mientras ellos actuaban, la periodista y promotora Claudia Ortiz ofrecía en el patio la primera sesión de la noche. Otro de los aciertos de la organización es precisamente este: meter en la cabina a personajes que no necesariamente son DJs, pero capaces de crear discurso con su selección. De hecho, cerró la velada el artista y crítico musical Pablo Vinuesa. También en el patio pudo verse la primera actuación de Eroica II, proyecto audiovisual –aunque en esta ocasión sólo pudimos escuchar el audio- con una sesión sobre el filo: tribal, free-jazz, no-música y edits extremos que ahondaban en un discurso artístico que brega con atmósferas desapacibles para tiempos tenebrosos.

En el Auditori, la tarde se repartió entre la abstracción sonora del proyecto AV de Jeffrey Cantu-Ledesma y Paul Clipson y el vibrante directo de Three Trapped Tigers, un trío británico entre el Math Rock y el IDM analógico cuyo batería es un prodigio de precisión. Pero uno de los mejores conciertos de la tarde fue el de los asturianos Fasenuova, especialmente por actitud. Desafiantes en todo momento, su música es parte alarma post-industrial y parte electro-pop macarra, y su directo les confirma como uno de los combos más excitantes de la electrónica nacional. Un título que les discuten The Suicide of Western Culture, que presentaban por primera vez en la isla el synth-rock contenido en su álbum de debut. Para entonces, la Sala Gran ya era una caldera. A medida que va acercándose la noche se hace de cada vez más difícil acceder a los conciertos y tocan aprietos o directamente quedarse fuera por no haber ido pronto a reservar sitio. Un precio pequeño que pagar por disfrutar de un mini-Sónar a medida en pleno centro de Palma, un festival Centremàtic que, un año más, demostró que poco tiene que envidiar a otros acontecimientos parecidos a nivel nacional y cuya medida permite además ciertas familiaridades, como charlar un rato con el cabeza de cartel, interesado en encontrar un buen sitio para cenar algo típico.

Joan Cabot


Contenido relacionado:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>