Notas Dispersas, por Jordi Beltran

Lo dice Marc Augé, somos hijos de la “sobremodernidad”. Estamos exhaustos de información y el tiempo pasa antes de que podamos hacer balance. No podemos interpretar el pasado porque el presente se antoja fugaz, imposible de abarcar. Pero al menos nos queda el calendario: las fechas y las horas determinan nuestras vidas y, en definitiva, cada uno hace lo que puede. No hace falta que me ponga a extender los corolarios de lo que supuso internet y todo lo que conllevó en materia de intercambio de archivos. Y sí, hablo muy en pretérito porque, total, este texto ya es historia. La inmediatez de las descargas ha cambiado muchas cosas y, como no podía ser de otra manera, también ha cambiado la manera que teníamos de concebir un LP. Mientras escribo esto, en varios lugares de este nuestro planeta se están componiendo varios hits instantáneos. Me acuerdo de alguna teoría de idílico cariz: “¿Te has dado cuenta que la pista ocho siempre es temazo?”. Yo pensaba, en cambio, que era la dos. No sé. Lo que está claro es que hay mucho consumidor de música que si no le gusta lo que escucha al principio, no tiene paciencia y a otra cosa, mariposa. Que somos muchos y yo no tengo tiempo para todos. Hecha esta introducción que, como digo, se puede obviar como obvian las bicicletas los semáforos, paso a lanzar unas ligeras, espontáneas y, en mi opinión, deliciosas correspondencias para que, tú mismo, puedas recogerlas y hacer con ellas lo que más te apetezca. Porque, precisamente por esta angustia por querer abrazar todo lo que sucede, vale la pena pararse a escuchar nuestro pasado más reciente. Adelanto ya que algunos temas son de hace siglos, fijaos que pertenecen a álbumes de febrero, incluso de enero…

Low “Nothing but heart” (C’mon, 2011)

Los de Duluth (Minnesota) no necesitan presentación; algunos pensarán que ya está bien, que llevan años haciendo lo mismo, que sus in crescendo están más que sobados. Y yo digo, que sigan, que continúen, que no es fácil condensar siempre tanta desolación, esperanza, luz y oscuridad en un tema que tan sólo nos diga “I would be your king but you wanna be free; I’m nothing but heart”.

Eleanor Friedberger “My mistakes” (Last summer, 2011)

Lo de esta chica no es normal. No tenía suficiente con ser como aquel que dice el alma mater de The Fiery Furnaces que se ha tirado a la piscina. La capacidad que tiene para componer bombas pop es, cuanto menos, asombrosa. Este primer tema abre el disco y condiciona la escucha posterior pero por si no hay bastante con semejante estribillo, presta atención al bajo sintético o a los teclados que se aprecian detrás del “pensaba que había aprendido de mis errores”.

Love Inks “Blackeye” (E.S.P., 2011)

Con una voz que nos recuerda a la recién desaparecida Trish Keenan (Broadcast) y una forma cercana de hacer canciones a The XX no inventan nada. Ahora bien, los apenas dos resolutivos minutos que dura “Blackeye” no dejan indiferente. Directa.

Washed Out “Amor Fati” (Within and without, 2011)

Su concepción de la música de baile es muy de esta década. O, mejor, de la que “acaba” de pasar. Un DIY a base de sintetizadores y bases programadas (chillwave que lo llaman) con una voz que parece que va a la suya, sensual y amarga. Eso sí, la letra rezuma un más que cuestionable positivismo: amor fati.

Vivian Girls “Take it as it comes” (Share the joy, 2011)

No debe ser fácil aunar el espíritu teenager de The Shangri-las y el garage lo-fi con esa soltura con la que se desenvuelven este power-trio de chicas afincadas en Brooklyn. No, así que mejor tomárselo tal como viene y disfrutarlo como un caramelo de los buenos.

The Fresh And Onlys “Waterfall” (Play it strange, 2011)

Su último disco es garage, rock, psicodelia, lo-fi…es un compendio de su buen gusto a la hora de aplicar todas esas correspondencias que les han sido dadas en años de megalomanía, en el mejor sentido del término. De entre todas estas canciones bien nos podríamos quedar con “Waterfall”, una canción que acaba tal y como empieza, dejándote una sonrisa durante un buen rato.

Connan Mockasin “Forever Dolphin Love” (Forever Dolphin Love, 2011)

La canción que da título al disco bien podrían ser cuatro. Una suerte de banda sonora que transita escenarios y que poco o nada entiende de tendencias: desde una isla remota al basement club más nocturno. Y viceversa. Detrás de este tema se esconde un personaje rubio y menudo de Nueva Zelanda que un buen día decidió emigrar a Inglaterra para ver qué se cocía. Free-jazz, post-rock, psicodelia… escoged vosotros. Un auténtico delirio compositivo sólo al alcance de unos pocos.


    Contenido relacionado:

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

    *

    Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>