
Este 2011 está siendo un buen año para las conversaciones astrales, para los discos tan retorcidos y perfectamente cultivados que están a un paso de entablar un generoso coloquio con el Cosmos. Ahí está la joya editada por Hooker Vision “Turn Back The Hands Of Time” de Pierrot Lunaire, la salvajada avant-Jazz de Peter Evans Quintet, “Ghosts”, el experimento de Fire! junto a Jim O’Rourke o, si me aprietas, la dulce y extravagante maravilla de Matana Roberts para Constellation. Eso por una parte –y aunque no sirva de demasiada comparación con el disco que se va a comentar–. Por otro lado está Type Records, institución que no necesita presentación ni demostrar nada a nadie, pero que está conservando una responsable y señorial actitud ante el vendaval de cambios, auto-distribuciones y bifurcaciones escénicas a las que está expuesta la música electrónica. Aunque la jugada de editar los beats de Clams Casino es brillante como pocas y denota un objetivo de ser aceptado entre los sellos y artistas más hipsters de la actualidad, la publicación de este segundo installment de la pareja Red Horse vuelve a poner las cosas en su debido sitio.
Encabeza el proyecto Eli Keszler, batería y percusionista avanzado a su tiempo que requiere de los servicios astrológicos del científico de la guitarra Steve Pyne. En esta, su segunda referencia como Red Horse –también homónima, no confundir con el álbum publicado en R.E.L Records hace dos años–, se puede percibir que ya no hay tanta intención de crear lo-fi-landscapes de diversa actitud psicodélica como en su anterior trabajo, aquí el dúo de Boston va muy al grano y se centra en destruir ambientes, provocar cacofonías y emplearse muy a fondo para reventar cualquier tipo de percepción inicial que alguien tuviera sobre la improvisación jazzística, el Noise o el post-Rock. Con gran sensibilidad e intensidad, planean 5 cortes en los que las esculturas afiladas, eléctricas y epilépticas de Pyne van sucediéndose a través del amalgama tribal, ancestral y detallista del jefe Keszler. Con aires muy free en ocasiones, las tonalidades disonantes, las cenizas sonoras y la tensión hipnótica van evolucionando por las diversas partes hasta concluir en un estropicio decadente, burbujeante y terrorífico; “Part Five” es auténtico Punk futurista, con un catálogo de bizarrismo sonoro inclasificable, ramalazos que acuchillan tu cabeza sometiéndote y llevándote en bragas a un estado entre la drogadicción simple y el estramonio.
En general, la tónica no varía demasiado de otros discos de Eli Keszler, tampoco indaga en otros mundos que no hayan indagado ya Supersilent, Jazkamer, Mika Vainio o Alberich, pero sí es debido destacar la impoluta línea evolutiva de sobrada elegancia que se mantiene a través de las viscerales 5 partes de este disco. Es muy complicado que algo así no se te vaya de las manos –imaginen a Pyne y a Keszler con 15 instrumentos caseros a su alrededor, más pedales, percusión rara, micrófonos y tapes–, es más difícil de lo que parece fabricar una maravilla tan turbulenta como esta, conectando además territorios tan poco prestados como el Free Jazz, el Noise o la simple experimentación analógica.
Frankie Pizá
Red Horse – Red Horse by _type
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