
La voz de Will Johnson engancha. A poco, cociéndose, lentamente el tejano te va diciendo cosas, como queriendo empezar un estribillo de repente pero no, y vuelta atrás. Siempre ha sido así. Ya hace más de 15 años que está al frente de Centro-matic. Por si esto no fuera poco también le hemos tenido en otros proyectos. Quizás el más sólido era aquel en que mostraba su vertiente más intimista, South San Gabriel. Cabe decir que entre tanto proyecto (incluso lo hemos tenido tocando y grabando no hace mucho junto a los catalanes Anímic) hará un par de años nos brindó, junto a Jason Molina (Songs:Ohio) un disco lento, de espacios y calma aún por redescubrir. Yo lo guardo para un buen día. Pero volvamos a lo que nos ocupa. Centro-matic siempre se han mostrado compactos en lo que a producción, sonido y composiciones respecta; y no es que en este 2011 lo hayan dejado de ser, ni mucho menos, sino que ahora en sus canciones, además, acaso corre el aire. Así de fresco arranca Candidate waltz (Houston Party, 2011), con una base electrónica que puede despistar a más de uno pero que no es ningún reflejo ni atisbo de que Will Johnson y los suyos quieran abrazar cierta nueva tendencia, más al contrario, Centro-matic pasan por su lado, rascando, pero firmes y con la cabeza alta nos dicen que, efectivamente, aquí están otra vez, haciendo lo de siempre, lo que mejor saben hacer. Y si Fort-recovery (Houston Party, 2006) sonaba inspirado y compacto, con una línea rítmica muy mejorada y mucho más presente respecto a sus anteriores álbumes, si habían encontrado una senda sólida por donde abordar las canciones, ya fueran aquellas de corte más clásico como otras en clave de balada indie-rock, aquí los de Texas se abren, y las canciones respiran y éstas, agradecidas, nos muestran el inicio del verano con total esperanza: posiblemente se trate de su disco más pop y canciones como “Estimate x 3” o “Solid State” no hacen otra cosa que confirmarlo. Y, sí, paradójicamente, también es éste su disco más noventero. Es un disco que respira alegría, la misma que les suponemos a los miembros de la banda; con los años han sabido hacer la criba necesaria para que sus discos duren justo lo necesario para que, cuando llegue uno al final, se lo quiera volver a enchufar. Esto es, cada vez los “largos” lo son menos. Si ya en Fort-recovery eran “solo” doce los cortes, aquí con nueve les basta, a sabiendas de los tiempos que corren de descarga e inmediatez. Si hay algo quizás reprochable sería eso, la sensación que dejan algunos temas, acabando como pronto. No obstante, a pesar de todo este jolgorio, hay tiempo para que en la última , “If they talk you down”, las guitarras y la batería aporten su granito de mala leche. Todo mientras Will, por si había alguna duda, entona un: “Put a rupture in a soul defined once fine. Once fine. So they talk you down to lower rungs, and you run. You run but you gotta hearten, overcome. It’s time”.

Y éste parecer ser el año en que todos se nos alegran. La coyuntura económica y el darse con un canto en los dientes por hacer del amor por algo un modo de vida podrían ser los desencadenantes. O no, vete tú a saber. Lo que está claro es que esa es la sensación que uno puede tener al escuchar lo nuevo de Bon Iver (“Bon Iver”, 4AD/Everlasting 2011); aquel que se fuera a la cabaña de su padre en Wisconsin, encerrado tan sólo con su angustia, una guitarra y la serie Doctor en Alaska, podría parecer alegre, solo hay que escuchar el riff con el que empieza “Towers” y la manera en cómo entra la batería para así hacerlo constar. Otra cosa es el llanto constante que es su voz, aunque aquí nos ofrezca retazos de su gravedad en temas como “Hinnom, TX” en los que abandona el falsete. Las letras, si algo nos vienen a decir es que se huele el cambio, a pasito adelante al menos. Hablan de lugares, de tiempos concretos, de encuentros y escenas de despedida. Justin Vernon ha decidido llenar su último LP de título homónimo con todos aquellos instrumentos de los que hacían (su ausencia) de For Emma, Forever ago (2008) un disco crudo y, claro, desnudo. Este nuevo trabajo, en definitiva, es una preciosidad empalagosa por momentos, donde batería y teclados abundantes tienen cabida. Son precisamente estos últimos los culpables de que uno llegue al final del disco y se encuentre con “Beth/Rest” y se pregunte si era necesaria semejante balada con aroma ochentero y unos, pues eso, teclados que chirrían, convirtiendo la pista en un despropósito, recordándonos ni más ni menos al mismísimo Kenny G. No digo más. Dicho esto, confesaré mi escepticismo hacia el canadiense y ese consenso que recibe de la crítica. Ni tantos ni tan calvos. Es un disco bonito, eso sí, lleno de matices; siempre con esa voz que tanto puede exasperar como ser motivo de beatificación según se mire. Es el disco que nos muestra a un Bon Iver saliendo no, ya completamente fuera de su cabaña, ¿veis la portada?, ¿qué debe ser?. Bon Iver quizás no esté contento, yo qué sé, pero está en el camino correcto, en el que parece quería estar. Pero yo había empezado esto con alegría; en realidad querría hablar de los tomates de mi abuela, pero eso es otro tema, creo. Aunque esos sí que no me admiten dudas.
Jordi Beltran
Contenido relacionado:













Cara B Magazine
ennegro
Felinno
Tower Of Meaning
Up Beat