Sónar 2011: Chelis

Para algunos fue el mejor fin de fiesta, para otros significó el hecho de poder escuchar la música que habían venido a escuchar, para algunos de nosotros supuso perder la virginidad en términos chelísticos y, para otros simplemente constató la posición de este hombre como institución nacional a la hora de referirse a la figura del DJ. Yo particularmente era de esos que nunca le había visto en acción –ojo porque tampoco era el mejor momento, o sí, según se mire y valorando los 3 días de tute muscular y psíquico–, así que intenté aguantar con los sentidos en orden hasta el cierre para poder valorar si lo que me habían contado, era verdad. Efectivamente la cosa no pudo empezar mejor; banda sonora polvorienta a modo de intro a la que le siguió el agresivo y lógico –después de Lory D“Acid Tracks” de Phuture. Algún problema técnico no especificado –ojo, todo vinilo. No debería destacarlo, pero ya sabemos como están las cosas– no dejaba al de Zaragoza levantar la vista del mixer, aunque eso no significó un problema que debiera arruinar un momento como aquel. A partir de ahí, Bass Music retorcida, jacking-infectada, Dubstep de núcleo duro, Techno recién sacado de su colección de vinilos facturados en Birmingham, IDM, UK-Techno del valioso, UK-Funky, por supuesto Skweee, guiños a otros fantásticos productores nacionales e incluso tener los cataplines de arriesgarse con el Bubbling o el Trash Metal más clásico –Slayer en toda la cara–. Hubo parones protagonizados por Soul y Funk del añejo, del barroco, del de Chicago, discos raros y cambios imposibles, sorpresas y, sobre todo: un disco para cada persona que allí sobrevivía para ver al maestro tras los platos.

Mis momentos fueron 4, si tuviera que enumerarlos no habría posiciones, pero sí quiero comentarlos. El momento más reivindicado en redes sociales, el más inmortalizado y uno de los clímax fue la emoción transmitida y clarividencia que atravesó nuestro cuerpo cuando “Camargue” de CJ Bolland –ese gran clásico capaz de definir una época y representar la primera edad de oro de R&S– empezó a circular. Otro momentazo anunciado fue el “Desire” de 69, clásico entre los clásicos del espectro detroitiano y punto creativo inigualable en la carrera de Carl Craig. A mi y ya cuando me quedaban muy pocas fuerzas, Chelis decidió tenderme su mano desde la cabina para ayudarme, recobrar el ánimo y acabar la historia como se merecía; antes del día D, le pregunté: ¿habrá Bubbling? A lo que él contestó: “Sí, un poquito”. El resto es historia; mi culo danzando mientras Anti-G reventaba cerebros con su virulenta y adictiva mezcla de Dem-Bow riddims y poliritmos demoníacos que hacen que nos acordemos de que el Grime es una de las mejores alternativas en los tiempos que corren. Por último y además del final también anunciado con una preciosa versión UK del clásico de Stevie Wonder “Blame It To The Sun”, otro momento para recordar –al menos para mi, “The Mack” es mi banda sonora preferida desde chiquitajo– fue cuando este hombre se sacó de la manga un bootleg brillante basado en el “I Choose You” de Willie Hutch. No me ha querido decir de dónde lo ha sacado y mucha gente me comenta que es un clásico del estilo Chelis, pero acabaré consiguiendo que me lo revele! En conclusión y sin querer exagerar; Chelis es claramente una institución. ¿Por qué? Está más que claro; riesgo, cultura, técnica, mente abierta, emoción, sorpresa y, lo más importante: humildad!

Foto: José Serrano Martí.

Frankie Pizá


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