Dam-Funk “Adolescent Funk”

Dam-Funk es algo así parecido a lo que fue Roger Troutman en su día (ya que considerarlo el alter-ego presente y sintetizado de Shuggie Otis sería meter la pata y exagerar en demasía, la cosa va de otro rollo), un hombre y músico decidido a llevar su música donde haga falta, sin importarle un comino el contexto o las repentinas ondas senoidales que suele provocar la fama. Digo parecido a Roger Toutman (ya saben, el hermano más famoso del clan Troutman, miembro tardío de Parliament/Funkadelic, líder de las formaciones Human BodyRoger & The Human Body y la legendaria Zapp) porque todo lo que hay en Dam, empezando por sus comienzos relatados en este magnífico álbum que Stones Throw se ha sacado de la manga (si fuera una carta, sería un As, por supuesto), tiene fuertes paralelismos estilísticos, evolutivos y musicales con el genio del Funk sintético y REY absoluto del Talkbox.

Podría rizar el rizo y decir que Damon G. Riddick sería la evolución normal y esperada de los últimos trabajos (serios) que nos dejó el líder de Zapp en solitario por allá en la década de los 80 (cuando aparecieron el genial “Many Facets Of Roger” o el “The Saga Continues”, justo antes de verle la cara al más desesperado Mainstream y sin contar los siempre acertados álbums con sus hermanos), en ese momento del P-Funk o del Electro-Funk más primitivo, éste Dam-Funk que escuchamos en “Adolescent Funk” tendría que haber cogido el relevo de su sensei y acompañarlo hacia una dulce retirada. Esto es imaginación, no lo olviden.

Digamos que esta odiosa (por mal explicada) comparación que hago en el párrafo anterior define perfectamente lo que pienso de este LP, de esta recopilación de tracks extraídas de los viejos cassettes que Dam grabó en su adolescencia (entre 1988 y 1992), cuando suponemos que además de la música le interesaban el ponche y los coches, que su cabellera estuviera perfecta para las ladys, esas cosas de los teenagers de la Costa Oeste. Aún así y contando con el desenfreno de la pubertad, nos encontramos con unas producciones (que aunque sucias, barrocas y con la carencia de sonido esperada) muy salvajes, sin los complejos o presión de una discográfica, muy sinceras y sobre todo, unos temas que nos demuestran que este tipo lleva haciendo lo mismo (con matices) desde que tiene edad para entrar a la discoteca. Es lo mejor que sacamos de este trabajo, saber que el de la brillantina es un BOSS de verdad, un currante que está donde está por méritos propios y que nadie le ha regalado nada.

Tampoco me entendáis mal, Zapp o Troutman no son la única influencia de este genio perseverante, por supuesto cabe mencionar a la banda Slave y a Steve Arrington (acuérdense que están preparando álbum juntos), Midnight Star (la increíble foto de portada de este álbum habla por sí sola sobre la influencia que SOLAR Records inyectó en este chico), Cameo , AurraPrince y a George Clinton y su infinita lista de compañeros. Todas estas influencias, junto al deseo desenfrenado de impresionar a las titis para llevárselas al huerto en el baile de fin de curso, crean este fabuloso álbum.

Para las grabaciones le acompañaron un teclado Casio SK-1, un micro de segunda, un Korg M1, su primera Drum Box Linn Drum y mucho desparpajo. Son 14 temas en los que hay de todo, mid-tempos de perfil romántico a lo The Real Thing, algún corte a lo Heavy-Funk con la voz de Dam monopolizando la composición, rings de teléfono de sus pretendientas, peligrosos acercamientos al Synth Pop (bien llevados) o a la New Wave más negroide y en conclusión; mucho virtuosismo, muchas ganas de comerse el estudio y unos conocimientos musicales muy depurados para su temprana edad.

Aquí está!! (enfatizando) Aquí lo tenemos, es la prueba que demuestra que Dam-Funk ya era Dam-Funk antes de ser Dam-Funk y que esto no es un producto orquestado por la siempre acertada marca de Peanut Butter Wolf (que si ha sido rápida en publicar este tesoro). Es importante destacar que Damon siempre se ocupa de identificar y etiquetar su música como Future-Funk, expresando su deseo de figurar en los libros como una nueva mutación del género y desmarcándose así de cualquier opinión que le englobe en otros estilos. Digo esto porque las bocas que aún no habían callado gracias al inmenso “Toechizown”, callarán para siempre degustando los comienzos más puros de este nuevo Ayatollah de la música negra (o The Ambassador Of Boggie Funk, como se le conoce en su tierra).

No hay mucho más que decir, es casi obligado escuchar el álbum de cabo a rabo, sin esperar grandes sorpresas pero sí disfrutando de los primeros capítulos de una de las historias musicales más verdaderas de la actualidad (que no es poco). Es una manera brillante de conocer el deseo, la pasión y la evolución de la música de Dam-Funk y sobre todo, entender el por qué de tan genial artista.

Frankie Pizá



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