
Hay cosas que hace unos años no estaban tan extendidas, por ejemplo me acuerdo cuando descubrí la historia de The Electrifying Mojo y The Midnight Funk Association, me pareció (como a todos) fascinante, toda esa rebeldía bien encaminada de los chicos de Detroit, ese fallo o error que desembocó en una de los movimientos más interesantes y puros dentro de la Música Electrónica. En la actualidad, ya en una nueva década, todo esto está más que sabido, hasta las chicas inglesas que van al Sónar cada año saben quien era el Mojo y aunque no han visto su cara, se saben el cuento de sobra.
Porque Charles Johnson fue un precursor, un auténtico visionario al que se le dio manga ancha para poner y deshacer lo que le diera la gana. Así fue como influenció de manera capital en una muchachada hambrienta de negritud, esos chicos que solo pretendían olvidar las presiones de una ciudad que tropezó con su propio camino. 
Pero si hay que hablar de precursores (y aquí empieza la miga), no se puede obviar al gran William Roscoe Mercer aka Rosko, uno de los más grandes narradores y DJ’s radiofónicos que la clase afro-americana ha podido conocer, que Estados Unidos ha podido conocer. Ésta es la historia del que pudo ser perfectamente el antecesor del gran Mojo, el molde de barro que influenció a Spike Lee para crear a Mister Love Daddy, Rosko puede considerarse como la primera voz negra de América.
William nació un 25 de Mayo de 1927 en Nueva York, estudió en un internado en Pensilvania, donde comenzó a una temprana edad su carrera en la Radio, concretamente en la QUE de Chester, luego se trasladó a Filadelfia (WDAS) y finalmente llegó a su ciudad natal, donde ingresó en la WLBS. Allí fue donde Rosko comenzó a pulir su estilo, sus ideas, pinchando Jazz y R&B, comenzando a alargar sus narraciones, imponiendo su gusto por la poesía o retransmitiendo en directo las Jam Sessions del Palm Café de Manhattan. A finales de 1950 tuvo que trasladarse a Nueva Jersey (WNJR) por ser acusado de querer crear un sindicato de DJ’s radiofónicos, algo que le valió un sitio privilegiado en la lista de piquetes más buscados.
Después de aquel hecho y gracias a él, Mercer empezó a extenderse como figura clave de la radio libre en la costa este de Estados Unidos, además de ser el primer locutor negro que pisaba según que emisoras (WINS, KGFG y la KBLA, emisora totalmente blanca). Casi una década tuvo este gran maestro de la narración para pulir su personalidad delante del micrófono, cultivar su gusto musical y seguir extendiendo sus míticos speeches poéticos y filosóficos.
En 1966 volvió a Nueva York, a la WBLS donde residió durante unos pocos meses antes de que la Comisión Federal de Comunicaciones decidiera dar más frecuencias a las radios independientes y con otros objetivos menos politizados, separando contenidos entre AM y FM. En ese momento Rosko se trasladó a la WOR-FM, donde junto con algunas otras voces conocidas (Bill Drake o Muni Scott) se introdujo la comunicación directa con el oyente, escuchando lo que tenían que decir mientras se seleccionaba y pinchaba un repertorio musical más elegante de lo normal.
Aunque la WOR-FM podía pasar por una de las estaciones de radio más estilosas y personales, Rosko no tardó en levantar ampollas en el sistema de la emisora, lo que le obligó a dejarla tras un último programa memorable donde se despidió de su audiencia dicendo que prefería volver a ser asistente o mayordomo antes que trabajar para dicho medio.

Murder At Kent State
Sus intenciones de dejar la carrera radiofónica no llegaron muy lejos, ya que meses después fue contratado por la WNEW-FM, donde residió hasta 1970. La libertad para este gran locutor negro había llegado, la comunidad afro-americano comenzó a radiar sus programas y aunque pasando innumerables baches, se convirtió en la voz Negra más famosa de la radio estadounidense.
Una vez ahí decidió trasladar su influencia a las grabaciones de estudio, aprovechando el tirón del Spoken Word (Last Poets, Watts Prophets), la creciente lucha por los Derechos Civiles de la comunidad afro-americana y por supuesto, la Guerra de Vietnam. Rosko y Flying Dutchman editaron en 1970 el disco “Murder at Kent State University”, donde el locutor relataba la columna del periodista del New York Post Peter Hamill sobre la masacre de la universidad de Ohio (debido a una protesta contra la Guerra de Vietnam), acompañado en la flauta por James Spaulding y por Ron Carter al contrabajo. Hay que decir que gracias a este trabajo y el “Massacre at Mai Lai” (ambos producidos por Bob Thiele) del mismo sello y mismo personal, el sello en cuestión se convirtió en el sello estandarte del movimiento nacionalista negro, fijándose acertadamente en un joven Gil Scott-Heron, que editó ese mismo año su primer largo titulado Small Talk at 125th & Lenox (sin mencionar LP’s dedicados a Angela Davis o del gran Leon Thomas).
Después de aquellos sucesos Rosko se vio obligado a dejar el país y emigrar a Francia
donde permaneció durante 5 años trabajando para “La Voz de América”. Su voz ronca y con cierto acento sureño ya era más que famosa entre la comunidad negra, su influencia ya no tenía camino de vuelta. Por aquella época editó el que es uno de sus discos más buscados, el que le publicó la factoría Verve de unas narraciones que Rosko grabó del “The Prophet” (1923) del poeta libanés Khalil Gibran. En dicho disco (un clásico del Rare Groove titulado “Music And Gibran”), Mercer cuenta con la ayuda de la John Berberian Ensemble para el acompañamiento musical.
Durante la década de los 80 y de nuevo en Estados Unidos, Rosko se mantuvo firme en su puesto en la WKTU de Nueva York (de la que se dice salió despedido por prejuicios raciales de los directivos), además de darse a conocer como voz en off deportiva para la CBS Sports. En 1992 se le diagnosticó cáncer y se negó a recibir quimioterapia, encaminándose hacia la medicina alternativa. Finalmente murió el 1 de Agosto del año 2000.
El gran Rosko, auténtico precursor de las grandes voces negras y creador de la narración espiritual y poética en Estados Unidos, con su voz ronca y rasgada a modo de Orson Welles, se convirtió en el primer afro-americano en encarar la situación de su país y su raza en el medio radiofónico, influenciando a miles de estudiantes, oyentes y genios futuros como por ejemplo The Electrifying Mojo. Porque está todo más que inventado.
Frankie Pizá
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