Sónar es una cosa enorme, y no sólo en infraestructura, belleza, diseño y organización, sino también en términos de público, acontecimientos y sobre todo, espectáculo. El festival más importante del mundo para algunos, es imposible de abarcar totalmente, aunque uno vaya con el sincero objetivo de trabajar, preparado para chupar como una esponja y sin querer dejarse llevar por la fiesta, apareciendo en cada momento como el serio o asocial de turno. Ésta que van a leer ahora, es una crónica desde la impotencia, desde la más pura imposibilidad de asistir a cada uno de los fantásticos momentos que Sónar 2010 nos entregó en esta edición, la que vaticino será una de las más recordadas en los próximos años.
Antes de comenzar a relatar algunas cosas de las que pude ser testigo, permítanme que les diga que Sónar es una oportunidad infalible para presenciar el mayor repertorio de gafas, anteojos y sucedáneos que un servidor ha visto en la vida. Hay de todo tipo, de todos los estilos y abarcan absolutamente cualquier tipo de tendencia o movimiento que sobreviva en la tierra ahora mismo. Es digno de ver.
Bien, después de este importantísimo apunte que hay que tener muy en cuenta, hago un salto en el tiempo y me traslado al pasado Jueves 17 de Junio, día inaugural del festival, en el que decidí sacrificar los potentes espectáculos de Cluster, Caribou o Speech Debelle para irme al Teatre Grec a ver la escultura de luz de mi admirado Ryoji Ikeda. La “spectra [barcelona]”, que pudo verse desde las 20 horas, es uno de los espectáculos más conseguidos que el compositor japonés (establecido en New York) ha podido mostrarnos al gran público (punto a su favor que todos nosotros pudiéramos juguetear y pasear por el nexo de la escultura), contando con un esplendor y una fuerza brillantes (nunca mejor dicho), además de provocar una tremenda congestión mental agravada gracias a sus loops de audio constantes e hipnotizantes.
Su obra ha pasado por varias etapas, el estudio intenso de las características del ultrasonido, el uso metódico de las matemáticas y la geometría para la composición musical, además de una creciente evolución en cuanto a sus métodos visuales, los cuales han ido ganando en señorío gracias a sus colaboraciones con otros artistas, como por ejemplo con su amigo y compañero, Carsten Nicolai.
“Test Pattern” es el directo audiovisual que complementó la ya de por sí espectacular escultura lumínica del artista japonés, quien apareció justo detrás de una gigantesca pantalla en la que se proyectaba una inmensa luz blanca que hacía considerar la sombra de Ikeda como una más dentro de la actuación. El directo, de no más de 40 minutos, se centró (como era de esperar) en la superposición de líneas y espacios sincronizados con los potentes sonidos, ruidos e interferencias que salían de las máquinas de Ryoji, quien supo destrozar y distorsionar el píxel como nunca, siendo fiel a su razón de ser, el cero y el uno, el blanco y el negro, la línea y el espacio, el sí y el no. Nos dio lo que habíamos venido a ver, minimalismo en su expresión más clara y concisa.
Después de hacer un poco el cultureta, nos dirigimos al Apolo, donde no se podía faltar a otra de las grandes exhibiciones que Robert Hood es capaz de dar ataviado con dos platos y dos simples reproductores de CD, algo sólo a la altura de un animal como él, quien es capaz de bajar los humos de cualquier disc-jockey que se encuentre en la sala. Esto solo hacía que empezar y la serotonina ya iba bajando lentamente (al final del festival acabaría en los límites más bajos).
Amanece y es Viernes, hay que dar gracias a Dios por que empieza el Sónar de verdad, el que necesita del 100% de tu implicación, física y mental. Una vez más sorprendido me quedé del genial ambiente que se vive en el Sónar de día, donde cualquiera es capaz de contagiarte el buen rollo generalizado. Estaba claro que lo primero era visitar el Sónar Dôme, donde yo y mi era íbamos a presenciar la mayor parte de los acontecimientos más interesantes. El espacio patrocinado por la Red Bull Music Academy empezó para mi con la actuación de una peso pesada (no por su físico, que está totalmente en armonía), Belén Vidal alias BFlecha, una de las artistas más interesantes de la escena nacional actual desde el colectivo Arkestra. Aunque comenzó con un nerviosismo natural que supo convertir en garra y aplomo, la actuación de la abanderada del “”Three 6 Mafia tocando 808s y flautas en una noche estrellada alrededor de una fogata” (BFlecha dixit) fue todo un éxito. Un directo alegre y muy currado ya que no es nada fácil tocar ordenador, sintes, MPC y cantar con sólo dos manos.
Aquí te lo dejo, para que tú mismo lo juzgues.
Allí nos quedamos, esperando el bombardeo del australiano Dizz1, todo un descubrimiento de energía en directo, una gran actuación en la que el joven beatmaker repartió bass para todo el que lo necesitara. El morado iba en aumento y no era plan de moverse, ya que ahora venían dos platos bastante fuertes, dos chicas totalmente distintas pero muy cercanas musicalmente, la señoraza Pursuit Grooves y la divertidísima Tokimonsta. Por que entre chicas iba el juego el Jueves a esas horas y la neoyorkina Vanese Smith fue la primera en aterrizar en el escenario, dejando claro desde el primer momento que quería resucitar a todos los muertos de la sala, impregnando su live de bass oscuro y mucha pero que mucha clase, se centró a animar a todas las almas allí presentes desbordándonos con su poderosa energía, sus tremendos bailes y sus acertados freestyles. Tokimonsta es graciosa, es bella y dan ganas incluso de abrazarla, además tiene un flow que yo nunca hubiera podido percibir antes de su actuación en el Sónar Dôme, en su set se pudo escuchar de todo y bien conjugado, además de regalarnos un momento cumbre con Jimi Hendrix como protagonista.
Aquí te dejo los sets de Dizz1 y Pursuit Grooves a la espera de que cuelguen el de la brutal Tokimonsta!
Era tiempo para la confusión, nuestro programa del festival había desaparecido, además teníamos un par de misiones sociales que llevar a cabo, además de intentar mantener la compostura después de los bailoteos en el Dôme. Rectifico: fue tiempo perdido, podríamos haber disfrutado de los (dicen) espectaculares directos de Nosaj Thing y King Midas Sound pero la ya mencionada confusión y el alto índice de tontería en sangre nos lo impidió. El destino quiso que empezáramos a ver la luz (o subidón) cuando en el Sónar Village se preparaban los vascos Delorean. He de decir que para mi fueron la gran sorpresa del festival, donde pude ver un grupo con mucha casta y personalidad, a quien el rollito del cosmic disco les va como anillo al dedo. Flipé con su tremenda energía y calidad de sonido, que es casi exacto al que puedes oír en sus grabaciones. El momento cumbre fue cuando tocaron “Sunshine” junto al compositor de este tema, John Talabot. Esos chicos me atraparon y las drogas no tuvieron nada que ver, lo aseguro.
Uno de los momentos más esperados estaba por llegar, el de degustar una fantástica Samosa y hacer compañía a un par de Paquis a la salida del Macba. No se pueden obviar los alicientes externos del Sónar, entre los que también se encuentra la poderosa y evolutiva presencia de una desesperante masa de hembras espectacularmente entregadas. Para flipar.
El bus que te lleva al Sónar de noche es también un cachondeo, aparte de que pillamos un conductor bastante cabreado que nos quería matar a todos con contínuos frenazos y aceleraciones, hay que sumar el puntito que todo el mundo lleva ya a esa hora, del que nadie puede escapar. En el bus de camino para culminar el Viernes, éramos todos como una unidad.
PASO de Air, y por supuesto de LCD Soundsystem (que me perdonen pero esto es una reseña muy subjetiva) y nos fuimos directos a ver al príncipesco Joy Orbison, uno de los fraudes menos sentidos y esperados. Llegamos justo cuando acabó la malota de Mary Anne Hobbs, quien le preparó FRANKAmente bien el territorio al colega, quien a mi modo de ver sonó más pasteloso de lo que en un principio puede parecer (en cuanto a producciones), decantándose por un sonido muy flojo pero muy efectivo, sobre todo al final, donde cedió a los gritos de todos los asistentes y soltó un interminable “Hyph Mngo” que yo deseaba ver acabar cuanto antes.
Mi momento estaba apunto de llegar (estaba estancado en una profunda gustera) y aparecía mi querido FlyLo. A diferencia de lo que puedan pensar otros, creo que el de Los Angeles ofreció el directo más digno y potente de todos los que yo pude ver. A partir de ahora le voy a llamar el descuartizador, ya que su manera de de-construir la abstracción de sus producciones de estudio fue magnífica, ofreciendo un fantástico acontecimiento lleno de influencias del Free Jazz, sonidos cosmológicos y baterías muy pero que muy curradas y expresivas. Si a todo eso le sumamos el acertadísimo ambiente púrpura a lo Intergalactic Travel que le pusieron encima, y lo pre-dispuesto que estaba yo, la cosa era para empezar a llorar.
Las lágrimas no me duraron mucho, ya que me tuve que ir corriendo a la lata de atún que era en ese momento el Sónar Pub, para poder presenciar una enésima re-invención del sonido Plastikman. Por suerte Magda alargó su set hasta que el pequeño Hawtin estuvo preparado y pude ver comenzar una de las vaciladas más sonadas de este año. Con vacilada con quiero decir nada malo del infinito Plastikman, quien como ya sabíamos, se dedicó a rememorar todas sus grandes producciones anteriores bajo un nuevo traje, recién estrenado como quien dice. Una pantalla curva y gigantesca encerraba al rubito que se mostraba plenamente atareado entre sus cacharros, lemures y ipads, con los cuales demostraba al personal una nueva manera de fabricar sus postulados ácidos y más radicalmente technoides. Si es verdad que el tipo es único para hacer enloquecer al público fácilmente, que lo hizo, y además siempre está un punto más adelantado que los demás en cuanto a técnica, pero ni mucho menos es Dios, por que Dios no se dedica a sobre-explotar un sonido que hoy por hoy está más que desfasado. Por y para los Fans.
En un primer momento los Sugarhill Gang desentonaban como nadie en la programación de la noche (yo los hubiera puesto antes del showcase de la del cuero), pero bueno, la verdad es que fue un festival, donde “Apache” se encargó de hacer sudar a los asistentes. Fue una gran oportunidad de ver en directo a los grandes impulsores de su género (asesinos del auténtico Underground para algunos otros) y poder escuchar como superaban dignamente la prueba de enfrentarse a un público tan joven. “Rappers Delight” fue el acertado y previsible final para lo que en definitiva fue una gran dosis de buen rollo.
No lo sabía, pero la noche (en cuanto a subidones musicalmente interesantes) había acabado allí. Como por pura estupidez se me olvidó completamente que en esa misma sala venía HudMo (la mayor idiotez que he hecho en los últimos meses), me fui buscando roce de cualquier tipo al Sónar Club. Era el turno de presenciar la oleada Mainstream en mayúsculas de los Two Many DJs, quienes me dejaron asombrado con la capacidad de reunión de hits y otras mariconadas (con alguna pequeña excepción). Lo que más me impresionó de su show fue el detalle de las visuales, creadas a partir de las carátulas animadas de los temas que iban pinchando, totalmente sincronizadas con el show. Si fuesen de otra calaña, hubiera sido un espectáculo para los sentidos. Mención especial para el final, muy bien elegido, en el que pudimos sentir en todas nuestras carnes el “Love Will Tear Us Apart” de Joy Division. Gracias por eso.
Ya completamente entregado a la multitud y dejándome llevar por cualquiera que se pusiera allí encima, presencié las buenas maneras de Claude VonStroke, que pincha muy, pero que muy bien. Techno fiestero, algo facilón pero muy bien ejecutado. El tío muy gracioso y bonachón, dispuesto a hacernos bailar y sudar hasta el último gramo de estupefaciente. Debido a algunas circunstancias me encantó.
Debo decir que los 5 euros que me gasté en la chistorra (no precisamente de Navarra) con pan cuando salimos del recinto, son los 5 euros mejor gastados de toda mi vida, sin dudarlo ni un instante.
No vale la pena mencionar nada sobre los minutos que separaron las 7 de la mañana del Sábado, con las 16 horas de la tarde, fueron muy sufridos. A esa hora me dirigí hacía mi querido Sónar Dôme, donde me iba a encontrar con uno de mis ídolos de juventud, el gran Kenny Dixon Junior. El gran capitán del House creado en Detroit no me defraudó, ni por freak, ni por negro, ni por calidad, ni por fiesta. Apareció en escena con una toalla de baño blanca (típica) encima de su cabeza, que en un principio ocultaba sus cascos y más tarde los complementó. Un repertorio plagado de clásicos y la más pura negritud, adobado por pequeños discursos y homenajes que hicieron olvidar la tímida lluvia que empezó a caer, la cual favoreció para que el Dôme se llenara hasta la bandera. Fantástico el pequeño guiño que le dedicó a J Dilla con el “Big Booty Express” y el subidón electrizante del “Hydraulic Pump” de los P-Funk All Stars. Fiel a su estilo cerró su set presentando a las jacas (a quien él llama “my security”) que le acompañan a todos lados y que estuvieron amenizando el ambiente por ahí detrás, además de regalarnos un fantástico speech final pro-vinilo que hizo que todos le adoráramos aún más.
En el Sónar Dôme el ambiente estaba muy caliente después de Moodymann, así que decidí quedarme, a ver si conseguíamos el roce. Cuál fue mi sorpresa cuando casi al lado de la barra, me encontré al mismísimo Kenny Dixon dispuesto a encontrar un sitio por donde pasar…, con el morado que llevábamos, los dos y sin conocernos nos sonreímos (surgió el amor) y le felicité por su set y por su persona, qué cojones!, en ese momento me deseó que pasara un feliz día (aún más) y nos fundimos en un abrazo primerizo que me hizo amar al Sónar por encima de todas las cosas. Esto es completamente cierto.
Después de horas pisando la hierba del Dôme y ya mentalizado de que me iba a perder a The Slew y Kid Koala, apareció la sorpresa: EL GRAN LUNICE me hizo bailar hasta la última gota de birra con un set inspiradísimo y algo comercial, que me vino como la pomada para el picor. Ese chaval supo como levantar todos los bajones y demostrar que con ganas puedes hacer callos a todos los asistentes. Muchos bajos gordos y mucho groove el de este inquieto canadiense.
Flipa con el tío.
Mis pies eran como papel de fumar, cada valdosa que pisaba era como una tortura china para mi y decidimos ir en busca de Nexus. A ver que pasaba. La encontramos y por suerte, pudimos seguir con la aventura. Lo siguiente que recuerdo con gran ilusión es mi mirada observando atentamente al hacedor de Kebabs del Kapadokya Barcelona que era lo más parecido a una máquina humana que he podido ver. Cuatro y cinco Durums por minuto era capaz de fabricar delante de nuestros ojos. Impresionante.
El Sábado noche empezó como la del Viernes, en la que nos veíamos a nosotros mismos intentando subir a un bus repleto de colgados como nosotros sedientos de más fiesta y más Sónar. Ésta vez dimos con un conductor con más buena leche, que incluso buscaba interacción con los ocupantes. Nada más llegar hubo varios contratiempos, el Durum hacía estragos, mi Iphone se quedaba sin batería y un pequeño triángulo azul caía repentinamente en mi mano (como dice una amiga, “muy gore”).
Bien, mirando la programación, lo único que me interesaba ver en aquella noche era a los Fuck Buttons, a Herbert y el Del Palo Soundsystem. Roxy Music no me hubiera importado, pero me hubiera pegado bajón (me conozco) y los Chemical Brothers sabía que al final me los tragaría. Coincido con bastante gente cuando digo que Fuck Buttons dieron el mejor concierto de este año, ofreciendo una actuación memorable y caótica, como una gran ola electrónica que se les vino encima a todos los asistentes. Los ingleses tomaron las riendas de la noche desatando toda su personalidad “Drone/Pop/Noise” y llevándola a su máximo esplendor. Algo muy serio.
A partir de ahí, toda mi percepción quedo alterada. Rescaté mi motivación para presenciar en directo la meada más grande de este año, la del directo de Matthew Herbert One Club. Todos sabemos que este año Herbie tiene que publicar tres discos, el idiota “One One” (ya publicado), el “One Club” (basado en sonidos grabados en el Club Robert Johnson) y el que para mi será el colofón a su sobre-actuación: el “One Pig” (que narrará la vida y la muerte de un cerdo en una granja, creo). Considerándolo apropiadamente no parece del todo desmotivador, aunque yo creo que el principal problema estuvo en la programación, yo hubiera destinado a Matt al Sónar de día, donde hubiera estado más en su salsa. Ubicado en la noche del Sónar Pub, su espectáculo consiguió vaciar el complejo, donde se oían cada vez más pitadas a las cuales el artista hacía oídos sordos. Se mostró altivo y decidido a tomarnos el pelo, ya fuera encima de la escalera con luces de Navidad o dentro de su tienda de campaña. Su repertorio descompuesto y troceado al estilo concreto no pudo provocar más bajón en las horas en las que el cuerpo, el público y el festival pedían más movimiento y por supuesto, más buen rollo. Demostró no estar a la altura, aún con la dichosa escalera…
Ya he dicho que sabía perfectamente que me tragaría a los Chemical Brothers y así fue. Desde el principio hasta el final, pero sin quejas eh! Los puntos favorables fueron que había sobre todo mucho roce, mucha calentura, eso me encantó y me sorprendió el dineral que se han gastado en visuales esos dos tipos (que distaron mucho del mal gusto visual de Dizzee Rascal, quien adornó su directo con su cara sonriente y omnipresente), cada canción = un videoclip. La música allí escuchada no merece alargar más este larguísimo artículo.
Yo esperaba bastante empalmado la presencia a altas horas de la madrugada del Señor Ángel Molina, pero increíblemente le observé distante, más de lo normal (aunque él de por sí sea frío), des-ubicado con la multitud, muy lineal y sin ganas de motivar con su Techno, que sabemos de sobra es de lo mejor de este país. Una lástima.
El final se aproximaba y teníamos tres opciones; Sandwell District (que me motiva, por que ya saben que me encanta el Techno gris y vaporoso), Del Palo Soundsystem (festival asegurado) y DJ Hell (clásico que al final resultó ser un gran colofón). No puedo decir gran cosa de ninguno de los tres, ya que me dejé ver bastante aturdido por los tres espectáculos, dándome cuenta de pequeñas raciones que poco podrían nutrir a esta crónica. Decir que de buenas a primeras, a los Sandwell District (de los cuales pude intuir que uno era Silent Servant) les vi muy a su bola, con unas maneras demasiado distantes. Del Palo Soundsystem me encantó el poco tiempo que pude verles, visualizando a un DJ2D2 muy motivado y un show muy bien preparado. Dj Hell fue la última sorpresa de la noche, el Sónar Pub (donde por fin encontré la salida) se fue llenando poco a poco hasta la bandera, gracias a un alemanote que estuvo enorme detrás de los platos, pinchando clásicos (el House Nation vino en el mejor momento) y un Techno que una vez más MOTIVÓ el roce.
Una vez más Sónar acabó, la aventura cesó, la chistorra nos esperaba una vez más (y la fiesta si queríamos, gracias al pequeño chiringo RAVERO que se montaron en una de las salidas y que duró bastantes horas más), aunque decidimos emprender nuestra particular y repetida odisea para llegar a casa, ya fuera andando, volando o nadando. Dios apareció en forma de taxista y todo acabó. Por Fin.
Frankie Pizá
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